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Tren sin final de trayecto hacia Kalavryta

Ulyfox | 7 de febrero de 2020 a las 12:17

El train hacia Kalavryta recorre lugares inverosímiles. La foto es de los ferrocarriles griegos.

El tren hacia Kalavryta recorre lugares inverosímiles. La foto es de los ferrocarriles griegos.

Ese viaje en tren tan excitante, tan emocionante, tan hermoso, tan adrenalínico por momentos, no tiene un final feliz. Al menos no un final feliz como se entiende normalmente. Pero es el final adecuado, como una película redonda. Como un peliculón, un melodrama de Douglas Sirk o del mejor Almodóvar. El mínimo convoy que parte desde el nivel del mar en Diakoftó, en la misma orilla del Golfo de Corinto y asciende en una hora larga hasta Kalavryta, a más de 700 metros de altitud en el interior del Peloponeso, enseña mil historias mientras serpentea y escala, pero guarda la más conmovedora para el fin de trayecto.

La antigua locomotora, en la vieja estación junto al mar.

La antigua locomotora, en la vieja estación junto al mar.

Sale alegre este tren griego compuesto por tres vagoncitos, ahora modernos y dotados de aire acondicionado y hasta hace poco lleno de aromas antiguos, recorriendo los primeros kilómetros en llano. Pero al poco tiempo comienza su senda montañera por una vía muy estrecha, y por tramos parece que se despeñará sin remedio sobre el río que baja bravo, o que simplemente no acertará con los numerosos y estrechos túneles horadados a duras penas en la piedra hace más de cien años en una gesta ingenieril admirable. Apenas unos centímetros de holgura. Aunque se pudiera, no sería conveniente sacar una mano por la ventanilla. Mucho menos la cabeza.

El tren cruza numerosos puentes sobre el río bravo.

El tren cruza numerosos puentes sobre el río bravo.

Sube y sube, siguiendo la garganta de Vouraikós, casi mimetizado con la naturaleza. Y la vista de los pasajeros va desde los altos árboles a las profundas pozas y las frescas cascadas. Más vale no mirar abajo. El caminar es lento y más de una vez suena el silbato, porque algunos senderistas eligen la propia vía para hacer el camino de vuelta desde Kalavryta, degustando el peligro, que sobre gustos no hay nada fiable escrito.

El tren en la estación de Kalavryta.

El tren en la estación de Kalavryta.

El tren de Kalavryta, ahora pasto del turismo familiar en verano y también conocido por el nombre de Odontotos, nació de un sueño de desarrollo en 1896. Unos 22 kilómetros de recorrido que funciona todos los días del año y en todas condiciones atmosféricas. Un logro extraordinario, con trechos dificultosos de cremallera, a una velocidad que no supera los 40 kilómetros por hora. Y que es mucho menor en los tramos de cremallera. Histórico, en todos los sentidos. Hermoso.

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El puelo es ahora centro de turismo.

El puelo es ahora centro de turismo.

El pueblo, cuyo nombre viene a significar seguramente algo así como “fuentes buenas”, es en sí mismo un centro de turismo de invierno y sus construcciones son modernas aunque su edad es considerable. Kalavryta era un pueblo feliz y próspero hasta que les cayó encima la Segunda Guerra Mundial y con ella la atroz invasión alemana. La dominación nazi provocó la resistencia guerrillera, y la ejecución por parte de los milicianos de 70 soldados prisioneros alemanes conllevó una represalia brutal: unos 500 varones mayores de 14 años fueron apresados en el pueblo, encerrados en la escuela municipal y poco después sacados a las afueras y fusilados sin piedad ni, por supuesto, juicio el 10 de diciembre de 1943. Solo 14 hombres se salvaron porque se refugiaron bajo los cuerpos de los muertos. Las mujeres fueron encerradas en el colegio, que fue incendiado, aunque lograron escapar.

La escuela municipal, ahora memorial de la matanza.

La escuela municipal, ahora memorial de la matanza.

La escuela es ahora un emocionante museo memorial en donde se muestra cómo era la vida social de Kalavryta y su comarca (varias aldeas también fueron arrasadas) antes de aquel horrible suceso que acabó con el pueblo, y donde se puede conocer las circunstancias de la matanza. Y llorar ante las fotografías de niños y hombres poco antes de que fueran ejecutados.

Una placa recuerda la puerta que se cerró en la escuela para que las mujeres perecieran en el incendio.

Una placa recuerda la puerta por la que entraron para separarse y no verse más mujeres y hombres.

En el lugar donde ocurrió la masacre, a 15 minutos andando desde el pueblo hay ahora una gran cruz y un monumento que recuerda a los mártires con un gran letrero: “Oji pió polemoi,  No más guerras”. El descenso vespertino por la misma vía se hace ya de otra manera, más entristecidos pero también más sabios. El viaje a Kalavryta no acaba nunca.

El monumento levantado en el lugar donde fueron fusilados los hombres en 1943.

El monumento levantado en el lugar donde fueron fusilados los hombres en 1943.

 

  • Carmen

    Hola, Ulyfox
    ¡qué recuerdos me trae tu texto!

    Nosotros estuvimos en Kalavrita. Llegamos en coche, desde Eleonas (al lado de Diakopto). La carretera que arriba hasta allí es igualmente bonita. Una estrecha carretera con curvas.
    Lo primero que hicimos al llegar a Kalavrita fue ir a ver cómo llegaba el tren. Nos hacía ilusión.
    No pudimos ver el museo por estar cerrado. ¡Otra vez será!
    Aunque, aprovechamos para ver uno de esos monasterios que están colgados en un acantilado rocoso: Moni Megalou Spileou. Impresionante de verdad. Este monasterio está a unos 10 kilómetros antes de llegar a Kalavrita.
    Saludos
    Carmen

  • Paco Piniella

    Sensacional el relato, como siempre. Esperamos ahora que Ulyfox tenga más tiempo para darnos más goces con su blog. Viva el Júbilo, viva Manué.
    Bsts

  • Ulyfox

    Carmen, Kalavryta encierra tantas historias como formas hay de conocerlas. A nosotros nos pareció que para vivirlas mejor era más conveniente tomar el tren, lo que, evidentemente, nos privó de la posibilidad de ver el Moni Megalou Spileou. Qué le vamos a hacer.
    Es una pena que no pudiérais ver el Museo, que es una ocasión más de comprobar como la estupidez humana puede causar tanto daño irreparable…
    Sigamos viajando siempre.

  • Ulyfox

    Paco, magnífica ocasión la que tiene este blog de recibir tus comentarios. Sin duda, el júbilo jubilar me permitirá cuidar este modesto espacio.
    Buen viaje!