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Padua sin coronavirus

Ulyfox | 24 de marzo de 2020 a las 13:03

El monumento a Gattamelata, ante la Basílica del Santo, en Padua.

El monumento a Gattamelata, ante la Basílica del Santo, en Padua.

Ante situaciones malas o graves, decía mucho un amigo mío, el gran Valdés, copiando un dicho de su madre que contradecía el aserto general, que “ya vendrán tiempos peores”. Como homenaje y recurso brillante, otro amigo, el no menos grande Pepe Landi, trasladó la oración al título de un magnífico libro generacional. Profetas de una frase que combina intermitentes optimismo y pesimismo para devenir en lo que realmente es: realismo. Creo que es una magnífica proposición para mantener el espíritu, mientras salimos de esta. O sea, que siempre se puede estar peor, así que no nos quejemos tanto. O algo así. Anímate, hombre, podría ser la conclusión.

Una calle del centro de Padua.

Una calle del centro de Padua.

Desde luego, ahora estamos mucho peor que hace cuatro meses, cuando visitamos el Véneto, e indudablemente en esa región del Norte italiano están infinitamente peor. Pero cuando estuvimos allí nada de esto era previsible, ni siquiera imaginable. Las hermosas ciudades que visitamos estaban tranquilas, fuera de las aglomeraciones turísticas estivales y primaverales, pero nada que ver con el confinamiento de ahora.

La Basílica del Santo, desde el hotel Casa del Pellegrino.

La Basílica del Santo, desde el hotel Casa del Pellegrino.

De todas, la más concurrida era Padua, por la evidente atracción que ejercen el nombre de su Patrón, San Antonio, y la basílica donde se guarda su cuerpo y que atrae a millones de turistas y peregrinos todo el año. No ahora, claro, pero entonces la gran iglesia, aun a finales de noviembre y con una lluvia fina pero incesante, estaba llena. Pudimos ver con mucha tranquilidad maravillas  como Rávena y sus mosaicos bizantinos y Vicenza con los palacios renacentistas de Palladio, pero en Padua tuvimos que hacer cola para acercarnos a la tumba del santo.

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Algunas vistas del interior de la Basílica.

Algunas vistas del magnífico interior de la Basílica.

La Basílica, sin duda, merece un viaje se sea creyente o no. Tal es la riqueza artística que guarda, tan impresionante es la capilla de mármol que alberga los restos del franciscano también patrón de Lisboa puesto que nació allí, gran predicador y taumaturgo como pocos. Los milagros que realizó están contados en relieves enormes de gran influencia clásica.

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La tumba del Santo, y la capilla que lo alberga.

La tumba del Santo, y la capilla que lo alberga.

Ya desde fuera el templo impresiona, con su gran número de cúpulas orientalizantes y sus campanarios semejando minaretes turcos. Además, ante una de las esquinas de la fachada se alza una de las más imponentes estatuas ecuestres de bronce del Renacimiento, que fue modelo para muchas otras, la del Gattamelata de Donatello. También de Donatello son las esculturas y el crucifijo del altar mayor. Además de eso, las obras maestras de escultura y pintura de numerosos artistas llenan la iglesia.

Recorrimos lenta  y detenidamente las naves, la girola, las capillas, la majestuosa tumba del Santo, incluso hicimos la cola para tocarla, nunca se sabe. Mejor, porque ahora no se puede tocar nada…

La Piazza della Frutta, con el espléndido Palazzo de la Ragione.

La Piazza della Frutta, con el espléndido Palazzo de la Ragione.

El hotel en el que nos quedamos, sólo una noche, está pegado a la basílica y se llama muy apropiadamente Casa del Pellegrino. Y efectivamente parece una de esas residencias para ejercicios espirituales, con pasillos anchos y largos y crucifijos en las habitaciones, y un precio estupendo…

Vista nocturna del Prato della Valle.

Vista nocturna del Prato della Valle.

La ciudad estaba bañada por la lluvia pero afortunadamente muchas de sus calles cuentan con soportales para pasear bien guarecidos. El conjunto es monumental y destaca especialmente el magnífico Palazzo de la Ragione, así como las plazas que bordean sus dos flancos, la Piazza della Frutta y la Piazza delle Erbe, o sea de la Fruta y de la Verdura, por cuyos nombres es fácil adivinar que siempre han servido de mercados.

Ante la Torre del Reloj en la Piazza della Frutta.

Ante la Torre del Reloj en la Piazza della Frutta.

Una pena nos quedó, aparte de la persistente lluvia que impidió el paseo normal. Y es la de no haber podido visitar la Capilla de los Scrovegni, cubierta desde el suelo hasta la bóveda por las maravillosas pinturas de Giotto, el maestro del pre Renacimiento italiano. Sólo se permiten grupos reducidos de 10 personas y cada 15 minutos. Las visitas estaban reservadas desde muchos días antes… Otra vez será

Tal vez cuando levanten la cuarentena, que precisamente empezó en el Norte de Italia…

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  • Avenger

    Claro que si Uly, como en la película siempre nos quedará Paris y nos quedará Italia, buen sitio para volver cuando todo est pase, que aunque tarde pasará. Es hora de volver a ver al Santo de mi onomástica. Un abrazo, algo no cambia lo bien que cuentas los viajes y las ganas de ir a todos los sitios que se nos agolpan en el corazón y en la agenda. Abrazos y besos.

  • Ulyfox

    Avenger, ahí está Italia siempre. Y fue un placer poder ver tantas cosas como vimos, en temporada baja, casi sin gente en los monumentos y lugares artísticos. ¡La maravilla de Rávena! Perdón, que esto lo contaremos en una próxima entrada…
    ¡Besos!

  • Carmen

    ¡Qué ganas de ir a Padua! o a cualquier sitio, pero creo que queda mucho, mucho…, pero soñar se puede ¿no?

  • Ulyfox

    Carmen, si nos quitaran también los sueños esto ya sería el acabóse.
    A Padua creo que volveremos, esperando que haga mejor tiempo y reservando para ver la capilla de los Scrovegni, que nos quedó dolorosamente pendiente…

  • Paco Piniella

    ¿Vistes la Capella degli Scrovegni? la joya del Giotto en Padua.
    Una ciudad encantadora sin duda,

  • Paco Piniella

    Ah no he leído el comentario anterior. Te recomiendo sacar las entradas varios días antes por internet.

  • Ulyfox

    Sactamente! Sí, Paco, las intenté sacar por internet, pero no lo hice con la suficiente antelación, me confié pensando que no era temporada alta. Tres días antes no es suficiente ni en noviembre, al parecer. Para otra vez, seguro. me queda mucho Véneto que ver, bueno no tanto…