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Leonidio, el auténtico reino de la berenjena

Ulyfox | 3 de abril de 2020 a las 21:06

Leonidio, bajo la montaña.

Leonidio, bajo la montaña.

Amurallado en un flanco por un imponente farallón de piedra, la llanura de Leonidio, en la costa oeste del Peloponeso, es el reino de la berenjena. Dicho así puede parecer vulgar, verdulero, diríamos apropiada e inapropiadamente a la vez. Porque este pueblo antiguo, tiene una huerta espléndida escondida bajo un mar de plástico invernadero, sí, pero guarda a la vista y en sus calles tambén un pasado que se adivina bellísimo. Tiene además una playa familiar, modesta, local, pueblerina, partida en dos por la desembocadura de un arroyo y llena de restaurantes que llevan la fama de servir los mejores pescados frescos de la zona.

Vista general de Leonidio, con el cauce seco del río.

Vista general de Leonidio, con el cauce seco del río, al anochecer.

Podemos dar fe de casi todo eso. Partimos hacia Leonidio después de una experiencia dolorosamente frustrante en la noche de Nauplia (Nafplio en griego), una de las ciudades más bellas del país, que fue además la primera capital de Grecia tras la independencia de Turquía. Nauplia es maravillosa, pero estaba llena, rebosante de gente, por la temporada agosteña y porque ese día coincidía con el festival de teatro en Epidauro, el cercano, milenario y asombroso teatro griego de la acústica inmejorable. El caso es que esa noche allí fuimos a parar al único hotel que quedaba, una desgracia llamada Hotel Argolis, con una recepcionista mayor y desaliñada y una familia salidos todos directamente de una película de terror. De broma, llegamos a imaginar a alguno de ellos con una sierra mecánica… Y además carísimo. La dueña llegó a decirnos que si nos quedábamos un día más el precio bajaría considerablemente, porque ya habría acabado el festival de teatro… En fin.

Una de los puertecitos de la costa este del Peloponeso, camino de Leonidio.

Una de los puertecitos de la costa este del Peloponeso, camino de Leonidio.

El caso es que después de eso, el día nos compensó con un precioso recorrido en coche por la costa del Peloponeso disfrutando de olivares a la derecha y playas y calas a la izquierda. Una ruta antigua y bucólica.

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Un desayuno inolvidable servidos por dos mujeres camareras y gasolineras.

Un desayuno inolvidable servidos por dos mujeres (en la foto de arriba) camareras y gasolineras.

En el camino paramos a desayunar en un pueblo cuyo nombre no recordamos. La carretera lo atravesaba, y en un café grande y destartalado dos mujeres mayores nos sirvieron un desayuno magnífico con aceite y tomates de la zona, un pan tierno y sabroso y un huevo de campo para mojarlo como se merecía. Las mismas mujeres, orondas, servían gasolina a los conductores en el surtidor cercano, y se prestaban a la charla en un inglés impropio de su aspecto, a la vez que celebraban las pocas palabras que les lanzábamos en un griego osado. Fuimos felices en esa parada de media hora.

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Baños y almuerzo en la playa de Leonidio.

Baños y almuerzo en la playa de Leonidio.

Al llegar a Leonidio, nos vino a la mente y el alma el recuerdo de nuestra amiga Margarita, profesora y cocinera en Atenas, porque una de las últimas cosas que hizo en su demasiado corta vida fue participar en el Festival de la Berenjena de ese pueblo, una cita gastronómica y musical anual y, según contaba ella, divertidísima.

Nos dirigimos a la playa de guijarros finos. Aunque comparada con las hermosuras de Grecia no era particularmente bonita, nos gustó por su aire popular. Se veía que casi todos se conocían y saludaban, eran gente del pueblo, con sus niños y sus abuelos. Nos acomodamos en dos de las hamacas con sombrilla, que responden a un servicio muy común en el país: no cobran nada por ellas pero se supone que tienes que pedir alguna consumición al bar del que dependen.

Los baños, con la montaña al fondo, fueron agradables, y escuchar las animadas conversaciones mientras intentaba entender algo del griego rapidísimo que hablaban… El pescado fresco del restaurante no lo resultó tanto, pero dio paso a alguna anécdota. No estábamos por la labor de pedir una pieza grande, y en cambio nos apetecía algo ligero para acompañar el vino blanco. Pedimos unas berenjenas guisadas, claro, que estaban buenísimas, una ensalada griega (horiátiki)  y unos boquerones (gávros).

Al ver llegar a la mesa los boquerones con un aspecto oscuro nada apetecible los dos pusimos la misma cara de desagrado que el camarero interpretó equivocadamente: “¿No es esto lo que han pedido?”. “Sí, sí…” le dijimos sin terminar la frase, esperando a probarlos. En seguida notamos que no estaban frescos. Sí secos, así que se lo dijimos al dueño, que sabiendo que estábamos en lo cierto nos ofreció una alternativa: “Sin problema ¿les pongo unas atherina (algo parecido a los pejerreyes o chanquetes de por aquí)?” Estas sí que estaban buenísimas, y terminamos bien la comida, aunque no pudimos comprobar aquello del mejor pescado fresco…

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El magnífico Hotel Hatzi Panayotis.

El magnífico Hotel Hatzi Panayotis.

Tras el almuerzo y una pequeña estirada en la playa, nos dirigimos al pueblo, y al hotel que habíamos reservado, que resultó una sorpresa enorme, y más en comparación con el de la noche anterior. El Hotel Hatzipanayotis, instalado en una casa antigua con un precioso patio y habitaciones en dos niveles, es una preciosidad… y mucho más barato que el nefasto de Nauplia.

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Las calles de Leonidio tienen un precioso aire auténtico.

Las calles de Leonidio tienen un precioso aire auténtico.

Con la suave luz del atardecer recorrimos las calles de un pueblo tranquilo, sin turistas en plena temporada. Con sus mujeres y hombres de pueblo sentadas ante las puertas, con niños correteando, con casas que reflejaban algún pasado glorioso, pintadas de colores ocres, y otras que denotaban el paso inmisericorde del tiempo. Situado en la ladera y con el impresionante muro de roca detrás, descansa al lado de un río seco en verano y que debe correr estruendoso en invierno.

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El tranquilo paseo al atardecer

El tranquilo paseo al atardecer

De algún lado salían sonidos de una banda ensayando, y el sonido nos llevó a una vieja escuela de estilo neoclásico, muy parecida a otras que hemos visto en muchos pueblos griegos, y que deben responder a un plan nacional de enseñanza de principios del siglo XX. Es una preciosidad arquitectónica pintada en colores amarillo y azul, indudablemente griega. La escuela está muy cerca del lecho del río y eso nos permitió tener una panorámica general del pueblo.

La preciosa escuela municipal.

La preciosa escuela municipal.

 

Vida de pueblo...

Vida de pueblo…

La relajante y agradable jornada finalizó en la taberna I Metrópoli (la Catedral), situada en una amplia plaza junto al templo, y con una comida tradicional magnífica: ese cordero con berenjenas…

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Cena en I Metrópoli para rematar el día.

Cena en I Metrópoli para rematar el día.

Leonidio, con ese nombre tan bonito y ese ambiente tan rural, nos atrapó, como todo el Peloponeso, esa mal llamada ‘isla de Pélope’.

  • Carmen

    Hola, Ulyfox. ¡Cuántos buenos recuerdos me trae este texto y las fotos!
    He estado varias veces en Leonidio y nos encantó. Dormíamos cerca, pero con el coche nos desplazábamos varias veces a Leonidio. Es de verdad. Los comercios, las farmacias, las pastelerías. Es auténtico y eso que tiene un bazar chino, cosa rara, porque es difícil llegar hasta allí.

    ¿Sabéis que allí la fiesta de la Pascua es importante? Hacen eso de los globos encendidos…

    Adoramos un restaurante que está en Poulithra: Myrtos. Se come de maravilla y luego puedes nadar mientras hace el café y la digestión.
    Los platos de berenjena son buenísimos en todos los sitios de esa zona.

    Hay una playa escondida que se accede a ella por una carretera de piedra, que no digo el nombre para poder mantenerla cómo me la encontré: vacía. Pero, a vosotros os lo diré algún (hay que guardar el secreto…).

    Estoy valorando anular mi viaje a Grecia. Tengo miedo que esto dure y dure…

    Saludos desde mi casa.

  • Carmen

    Ulyfox,te paso este blog. Que en realida es un fotoblog. Merece la pena es de una chica de allí. Me encanta. Se ha de buscar no te lo envío con el enlace por si no quieres que lo haga. (poulithragr es de blogspot.com). Creo que os gustará mucho y se ve la vida de allí. Cómo es, fuera de la temporada turística.
    Salud

  • Ulyfox

    Carmen, ya lo he escrito. Nos encantó Leonidio, que parece que se mantiene en su vida antigua y al margen del turismo de masas. El Peloponeso, en general, es así. Nos recuerda mucho a la Creta más profunda, también cada día más amenazada. Te agradeceré que compartas ese secreto de la playa con nosotros, aunque sea por vía privada, jaja. No hay que difundir tantos secretos, que la gente en seguida lo pilla y se planta allí con sus palos de selfies…
    Lo del viaje a Grecia es verdad que debe quedar en el aire. Nosotros vamos siempre en septiembre y para entonces puede que todo haya pasado. Aún así, nada es seguro en estos momentos.
    Saludos y ánimo

  • Ulyfox

    Carmen, me encanta ese blog. Acabo de echarle un vistazo, y te puedes imaginar las emociones que me provocan esas fotografías… Muchas gracias y salud