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Elafónisos, baños de felicidad

Ulyfox | 22 de abril de 2020 a las 13:31

La playa de Simos, en Elafónisos, para soñar libertad.

La playa de Simos, en Elafónisos, para soñar libertad.

Hacen falta ganas para llegar hasta Elafónisos. Y a nosotros nunca nos faltan para descubrir lugares en Grecia. En realidad, mucha gente acumula estas ganas para visitar cada año esta minúscula islita, a un salto del Peloponeso más meridional, y que tiene una playa única, entre las más transparentes que hemos conocido.

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A bordo del transbordador desde Pounta hacia Elafónisos.

A bordo del transbordador desde Pounta hacia Elafónisos.

Nosotros viajamos por la costa este, veníamos de Leonidio con esa meta clara, casi cuatro horas de camino por esas carreteras del Peloponeso, y tuvimos que renunciar a hacer ni siquiera una parada gozosa en el peñón y pueblo amurallado de Monenvasia, que de todas formas ya conocíamos. Elafónisos (que significa ‘isla de los ciervos’ y no hay que confundir con otra maravilla playera cretense de nombre casi igual) no es una desconocida. Para embarcar hay que dirigirse al puertecito de Pounta, en el extremo sur la región de Laconia, de donde sale el transbordador. En temporada alta, hay barcos durante todo el día y cada media hora. Era temporada alta, principios de agosto nada menos, y una larga cola de coches se extendía por la carretera. Tuvimos que hacerla también. Muchísimo más tiempo de espera que los escasos diez minutos que emplea el barco.

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El puertecito de Elafónisos.

El puertecito de Elafónisos.

La maniobra de embarque del coche fue complicada: había que meterlo por una rampa no muy ancha marcha atrás, y luego pegarlo lo más posible a los otros vehículos. Penélope se empleó a fondo y con el apoyo entusiasta de uno de los tripulantes, ya experto, que cogió desde fuera el volante y gritaba animoso: “¡Ahí, más a la derecha, ahora a la izquierda, más, bien. Usted no es una conductora, es piloto de carreras!” Las risas pudieron a los nervios, porque esas instrucciones eran ¡en griego!

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Por las callejuelas de Elafónisos pueblo.

Por las callejuelas de Elafónisos pueblo.

Elafónisos resultó lo que nos esperábamos. Apenas un asentamiento de pescadores tranquilo que se revoluciona en verano. Y tan griego: su puertecito con su iglesia blanca en el espigón, sus barcos de colores pegados al cantil, y naturalmente, sus tabernas, bares y restaurantes para los turistas. Hace años debió ser un paraíso. A pesar de todo, ahora, y lleno de familias italianas en agosto, es un lugar amable, inigualable si el tiempo y el viento se portan bien, y te ofrece el plan perfecto de descanso: mucha playa durante todo el día, y un paseo con aperitivo y cena en el puerto tras la ducha en el apartamento, hotel o pensión.

Otra vista del puerto.

Otra vista del puerto.

A pesar de la saturación, habíamos logrado reservar por teléfono un par de días antes para una noche en Anett Studios. Allí nos recibió un hombre griego mayor del que no recuerdo el nombre. Sí me acuerdo, en cambio del de la perrita que nos recibió ladrando, Lily. En seguida apareció Anett, la esposa de aquel, sudafricana y gerente real del negocio. El marido no parece que haga nada más que acompañar a la habitación a los huéspedes. Pero eran los dos muy amables, a pesar del cerrado acento que nos impedía entender muy bien su inglés.

El sublime pastel de queso de la Taberna Ourania.

El sublime pastel de queso de la Taberna Ourania.

Ese día hicimos poco más que acercarnos al casi despoblado puerto, a través de unas sencillas callejulas, y almorzar en la espléndida taberna ouzeri (lugar donde sirven ouzo con mezedes, una especie de tapas) Ourania. Memorable su empanada de queso al estilo local. Luego nos dimos un baño en la cercana playa urbana. La tarde no era especialmente hermosa, pero al poco se quedó un atardecer entre nubes y rayos de sol que aprovechamos para pedir un café frappé sobre la arena. Queríamos leer, pero esa vez la belleza de la hora atrajo más nuestra mirada que el libro.

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El primer atardecer.

El primer atardecer.

Por la noche, el puerto era un hervidero. Familias enteras ocupando todas las terrazas y locales. Casi imposible encontrar un lugar para cenar, el típico ambiente veraniego que te puede llegar a agobiar pero en el fondo de tus recuerdos te reconcilia con tantos estíos de disfrute simple. Al final de la playa urbana, allí lejos, conseguimos cenar en el restaurante Aronis un buen pescado fresco y casi con los pies sobre el mar.

No teníamos donde quedarnos para el día siguiente, pero los buenos oficios de Annett nos consiguieron un alojamiento en el local de una amiga suya: Lisa’s Place. Se lo agradecimos y, con la cama resuelta, nos lanzamos muy temprano hacia la playa de Simos, la auténtica gema de este lugar. Esta vez sí madrugamos puesto que no queríamos encontrarla atestada. Y lo conseguimos: a las ocho de la mañana estábamos tomando posesión de un par de hamacas y una sombrilla en segunda fila de playa. La primera estaba toda reservada desde el día anterior o quién sabe si por varios días.

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El espectáculo de la playa de Simos, solitaria por la mañana.

El espectáculo de la playa de Simos, solitaria por la mañana.

No nos importó: el espectáculo de esa luminosa y maravillosa playa vacía a esa hora era inigualable. Una larga franja de arena dividida en dos por un tómbolo apareció ante nuestros ojos para nosotros solos. O casi solos: una pareja italiana con dos niños armaban bastante ruido. También lo dimos por bueno. Recorrimos la maravilla de una punta a otra, subimos a la cima del tómbolo, admiramos la transparencia de sus aguas calmadas. Empleamos el día en trabajos tan bien recompensados como bañarnos una y otra y otra y otra vez, hacer fotos y fotos y fotos, regodearnos en nuestra felicidad de bañistas privilegiados en el agua más acogedora, comentar y criticar a los vecinos de playa cada vez más numerosos, leer páginas y páginas y páginas del libro, y en felicitarnos a cada momento por estar allí…

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Cuántos baños en esas aguas de cristal...

Cuántos baños en esas aguas de cristal…

Ni siquiera almorzamos, sólo pedimos unas cervezas al cercano bar, para así volvernos no demasiado tarde al pueblo, a apenas cinco minutos de carretera. Nuestro alojamiento, Lisa’s Place, está situado en una pequeña elevación de la isla, no muy lejos del ‘centro’ y, ¡oh casualidad! la dueña se llama Lisa y, quién lo iba a decir, es otra anglosajona, en este caso canadiense, casada con un griego. Y envidiamos esa situación. “Cásate con un griego, vete a vivir a su isla y pon un hotel”, deben decirse muchas. Qué buen consejo…

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Como la distancia era razonablemente corta y como la tarde estaba como estaba de bonita, fuimos de paseo feliz entre los campos dorados, y luego entre las callejuelas blancas, hasta el puerto. Y acertamos otra vez con la hora: no había mucha gente, el ambiente era delicioso, y encontramos una mesa junto a las barcas de nuevo en Ourania, y de nuevo saludamos al peculiar dueño, un joven hirsuto y barbudo llamado Petros. Salmonetes fritos, taramosalata (una crema exquisita de huevas de pescado) y ensalada griega, mejor llamada horiátiki, fueron la opípara cena mientras se iba apagando la luz del sol. No hubo posibilidad de probar nuestra idolatrada ajinosalata (ensalada de erizos de mar), puesto que Petros nos informó en susurros que su pesca estaba prohibida.

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Y cena a la caída de la segunda tarde, de nuevo en Ourania.

Y cena a la caída de la segunda tarde, de nuevo en Ourania.

A la mañana siguiente, igualmente muy temprano, esperábamos en el puerto el primer barco para volver al continente, acumulando otra promesa más de volver a un lugar en Grecia.

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En el balcón de Lisa’s Place.

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La fachada de la iglesia en el puerto.

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¡Qué disfrute infantil!

 

  • Carmen

    Sí, Ulyfox, la playa de Simos es espectacular. Nos gustó mucho toda la pequeña isla y también la aventura que supone coger un ferry en un lugar tan apartado de todo. Nosotros fuimos a Pounta temprano. Somos madrugadores. No encontramos muchos coches en Pounta y tampoco en paralia Simos. Fue un día memorable. Desearía volver allí. Esa zona nos encantó sobre todo unos pequeños pueblos que hay antes de llegar: Elea y Plytra. En estas playas solamente encontramos con turistas de la zona del interior, de Atenas o de Molaoi. Ni un alemán, ni un italiano, ni ningún otro de otras nacionalidades.
    Desde Neapolis Vion intentamos ir a Kythira, pero no teníamos mucho tiempo y para ir allí se necesitan unos días.
    Saludos

  • Ulyfox

    Carmen, me encanta compartir estas emociones. Yo supongo que si hubiéramos ido a mediados de septiembre no hubiéramos encontrado tanta gente. Pero igual te digo que no nos importó. ¿en qué época estuvisteis vosotros? Hacerlo a principios de agosto tiene estos inconvenientes. Pero sin embargo, ese mismo año pasado, fuimos a Kythira a mediados de septiembre y fueron cyatro días increíbles, paradisíaco… pero eso lo contaremos en una posterior entrada, jeje

  • Carmen

    Fuimos a finales de julio y estuvimos hasta la primera semana de agosto. Nos alojamos en Elea y en Plytra (4 días en Elea y 5 en Plytra). Es decir, no muy lejos del ferry.
    A nosotros nos extrañó que no hubiese más gente en la playa de Simos, aunque a partir de las 12 del mediodía la playa se iba llenando más y más. Nos marchamos de la isla después de comer.
    Estabámos cansados de tanto sol y no solemos tomarlo entre las 13:00h y las 16:00h. Cuando estamos en Grecia, somos de siesta en penumbra.

  • Ulyfox

    AAaah, Carmen. Pensé que te habías alojado en Elafónisos. Merece la pena, sin duda. Y lo mismo te digo de Kythira… Na iste kalá!

  • Carmen

    Estuvimos por esa zona de Plytra hace ya unos años. Siempre hemos querido ir a Kythira. Pero, nunca nos ha dado tiempo. El Peloponeso es tan grande y Grecia tiene tantas islas… Nos queda mucho por hacer aún.

    Vosotros tenéis la suerte de haber ido a Grecia mucho antes que nosotros.

  • Ulyfox

    Pues Carmen, me permito recomendaros que reservéis unos días para Kythira para la próxima vez.. Claro que es mejor en septiembre, a mediados o finales… Para nosotros fue especial, nos recordó nuestros primeros viajes a Grecia, cuando descubrimos lugares entonces tranquilos como Paros, Kastelorizo, Koufonisia o Itaca…

  • Carmen

    Este año, aunque tenemos todo reservado, no creo podamos ir allí, porque es difícil que se active el turismo. Así que lo dejaremos para otro año.

    Desde Plytra continuamos nuestro viaje más al norte del Peloponeso después de unos días en Poulithra, seguimos hacia la zona de Kylada, Porto Heli y Erminioni. Teníamos los alojamientos reservados desde España, por esa razón no pudimos ir a Kythira. Como son fechas claves (agosto) reservamos con tiempo y no podemos variar nuestra ruta. Aunque, está en nuestro pensamiento ir a Kythira, algún día.

  • Ulyfox

    Sin duda, CArmen, este año está muy difícil. Nosotros tenemos alguna esperanza de que en septiembre podamos ir a Grecia, pero las esperanzas están más o menos parejas con los temores de que no sea posible. En fin…

  • Carmen

    Ulyfox,estoy pensando que si se puede ir, viajar en avión y se abren fronteras, quizás sea más sencillo para nosotros que conocemos muy bien el Peloponeso, cambiar nuestro viaje. Ya que ir a Kefalonia y Zante supone coger muchos ferries y toparte con aglomeraciones. En el Peloponeso, sabemos dónde ir para no encontrarnos con nadie. No sé. Me da miedo también, porque nuestro país tiene más casos que Grecia y no quisiera ser un problema. No sé. Cómo no se sabe nada de nada.
    Creo que no voy a organizar mis viajes con tanto tiempo de antelación. Puede ser que, a partir de ahora, cambie mucho nuestra forma de viajar.

  • Avenger

    Uly, esta vez sin palabras, no puedo más que decir ufff…., que playa, que fotos. Ese localito del puerto, me ha hecho recordar Naussa, que la vivimos hace ya unos años, tranquila, pausada para nosotros casi, con unos atardeceres también mágicos. Un abrazo y muchso besos y a ver si todo se va arregalando un poco y nos permite si quiera pensar en hacer algo parecido. Gracias por lo menos a que tenemos vuestra ventana y podemos cambiar de vistas, a otro mar.

  • Ulyfox

    Carmen, ya veremos cómo se va desarrollando esto… y cómo se regula los viajes entre países. Está todo por aclarar. Nosotros no planificamos nunca con tanto tiempo. digamos que el prudencial. Y después de esto, mucho más. En fin, confiemos…

  • Ulyfox

    Querido Avenger, te imaginarás cómo echamos de menos esas cenas en los puertos… y más con el temor tan grande a que este año no se puedan repetir. Confiemos. Hablas de Naussa, y recuerdo la primera vez que estuvimos allí… y las posteriores. La última ya no era tan tranquila y pausada, pero desde luego la cena fue igualmente memorable con unos amigos… Ainsss