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El respiro de Skópelos

Ulyfox | 14 de julio de 2020 a las 12:12

Iglesia en Skópelos.

Iglesia en Skópelos.

La iglesia de la Virgen María, sobre la roca.

La iglesia de la Virgen María, sobre la roca.

Seguramente la clave está en que no tiene aeropuerto pero, comparado con Skiathos, Skópelos es un alivio. No le falta gente en temporada alta, pero no tiene comparación con el caos multitudinario de la isla vecina. Su belleza, además, es extraordinaria. Es probablemente una de las islas más verdes del Mediterráneo, y eso a pesar de que es castigada regularmente con incendios forestales. Es, además, junto con la vecina penínsua del Pilion, el lugar en el que se rodaron la mayor parte de las escenas al aire libre de la película Mamma Mía!  con todo lo que eso significa como atractivo turístico.

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Detalles en el interior de Skópelos.

Detalles en el interior de Skópelos.

Era la tercera vez que visitábamos Skópelos, lo que da idea de lo que nos gusta. Arribamos a su puerto a bordo del Skiathos Express. Nos recogió el amable Dimitris, responsable del hotel Villa Blé, es decir Villa Azul, para trasladarnos a su agradable establecimiento, situado lo bastante alejado del bullicio y lo suficientemente cerca de todo, en medio de un jardín.

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El hotel tenía solo un inconveniente (y grande) pero no achacable a sus dueños: estaba ocupado entero por italianos. No tengo nada en su contra, me caen bien y tengo antepasados del Piamonte. Pero estos, que parecían formar parte de un mismo grupo, se comportaban de una manera extrañamente superior. Bajaban al desayuno todos media hora antes de lo estipulado, y acababan con el bufet, llevándose pancillos y embutido para el resto del día, llenaban los espacios de la terraza y se comunicaban a gritos. Sus ‘buongiorno, Rafaele, Fabrizio, Flavia…’ por la mañana al saludarse y los ‘buonanotte’ al irse a la cama sonaban por todo el espacio. En la noche, llegaban de regreso al hotel y entre portazos de los coches y sus despedidas hacían notar que habían vuelto. Los portazos se repetían al entrar en sus habitaciones. No parecían conocer la discreción y el silencio. En las playas, la invasión era pareja, y entre las sombrillas o en las mesas de los restaurantes y bares, se oía mucho más italiano que griego o cualquier otro idioma. Parecían estar como señores por su casa.

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La fabulosa playa de Panormos.

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Decoración de una iglesia en Skópelos.

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La calma volvía a reinar cuando se iban, y desde el hotel lo controlamos todo en los cuatro días de estancia en la capital de la isla, que lleva el mismo nombre, un pueblo blanco precioso, de tejas rojas y salpicado por decenas de iglesias y capillas con cúpulas cubiertas de láminas de piedra. Una de ellas, la dedicada a la Virgen María (Panagitsa) y que se alza sobre un promontorio en un extremo del puerto, es especialmente bella. Pero el interior del pueblo es igualmente maravilloso, con sus cuestas, sus flores y sus casas, muchas de ellas señoriales.

Atardecer en Skópelos capital.

Atardecer en Skópelos capital.

Escenas en Kastani.

Escenas en Kastani.

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La playa de Kastani.

La playa de Kastani.

Visitamos con gusto varias playas asombrosas, como las de Panormos y Kastani, que se pueden ver en la famosa película; atravesamos algún apuro grande para aparcar en la estrecha y empinada carretera de acceso a la segunda, que nos resolvió un habilidoso muchacho isleño; subimos hasta el pueblo de Glossa para comprobar que algunas cosas sí han cambiado; disfrutamos de la comida y mucho más de algunos atardeceres violetas como sólo se pueden dar en esta parte del mundo.

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La capilla de Ayios Yiannis, más conocida como la capilla de Mamma Mía, su explanada y su descenso.

La capilla de Ayios Yiannis, más conocida como la capilla de Mamma Mía, su explanada y su descenso.

Uno de los días quisimos dedicarlo a acercarnos a la capilla más famosa, la de Ayios Yiannis. Sí, aquella en que transcurren las escenas finales de la peli, la de la boda. Los griegos son conocidos por muchas cosas, y una de ellas es su afición a colocar capillas y monasterios en lugares inverosímiles. Esta sí que lo está: encima de una gran roca, un peñasco que se eleva sobre el mar. Desde que apareció en las pantallas, peregrina allí casi tanta gente como a La Meca. Nosotros la habíamos visitado hacía años, pero recordábamos de aquello un día especialmente gris y, sobre todo, una carretera infernal. Así que decidimos apuntarnos a una excursión con un grupo pequeñito, algo que no acostumbramos a hacer pero que se nos antojó una solución apañada para no tener que conducir.

Y allí salimos a media tarde para hacer una parada en una playa, y luego visitar la capilla tras recorrer con habilidad grande del conductor una vía estrecha y llena de curvas inverosímiles. El chófer también pasó algún apuro. Pero, sea como fuere, allí estábamos ante aquella extraña preciosidad en las horas previas al atardecer. Subir fue duro, nada que ver con las alegres carreras ascendentes de Meryl Streeep y Pierce Brosnan en la película, por una empinada escalera agarrada a la pared vertical en sus últimos tramos.

Tirópita, la empanadilla espiral de queso típica de Skópelos.

Tirópita, la empanadilla espiral de queso típica de Skópelos.

La pequeñísima explanada ante la iglesia estaba naturalmente llena de gente, y nos dio miedo pensar lo que sería subir ahí en fila en horas punta. El panorama era grandioso desde allí arriba, eso sí, pero comprobamos que es imposible una boda y que felizmente el cine es una gran mentira.

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Una casa en Glossa.

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Rincones de Sópelos capital.

Rincones de Skópelos capital.

La vuelta sirvió para parar ante uno de los atardeceres irrepetibles a través de los pinos, y para confirmar que Skópelos, aún y gracias a los dioses, sigue pudiendo ser un lugar para respirar.

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Penélope, respirando y disfrutando en Skópelos.

Penélope, respirando y disfrutando en Skópelos.

 

  • Carmen

    ¡Qué lugar más especial! Es realmente bonito. Te dan ganas de sentarte a mirar cómo de bien viven el transcurrir de la vida en algunos lugares de Grecia.
    Ahora mismo, me cae una lagrima de morriña… por Ellada!!!

    No sé si algún podremos volver a viajar tan despreocupadamente. Eso sí que era un lujo, de verdad.

  • Ulyfox

    Carmen, Skópelos es de las islas más bellas, y mira qué Grecia las tiene a montones. Y de momento, el turismo, sin ser escaso, no la agobia. O a lo mejor es la sensación de venir de la saturada Skiathos.
    De momento, tardaremos en volver a viajar sin preocupaciones, pero estoy seguro de que pronto volverán esos buenos tiempos. Quizá este año, si conseguimos nuestro objetivo de volver a Grecia, nos encontremos un país parecido al que conocimos…