Mil sitios tan bonitos como Cádiz » Archivo » Visitando a Ulises en su casa

Visitando a Ulises en su casa

Ulyfox | 28 de octubre de 2020 a las 18:59

Los restos del palacio de Ulises, sobre el mar de Ítaca.

Los restos del palacio de Ulises, sobre el mar de Ítaca.

 

Gerásimos llegó a la misma hora que el día anterior, con su aspecto de hombre al que no hace falta preguntarle si le gusta comer. Esta vez habíamos concertado con nuestro taxista en Ítaca un recorrido más largo por la isla, haciendo varias paradas, con un punto muy destacado, por encima de todos: el palacio de Ulises, o sea, sus supuestas ruinas, que me había marcado en mi agenda casi desde que era chico.

IMG_20200903_093437 20200903_102628

En el monasterio Katharon.

En el monasterio Katharon.

Yo llevaba dos mañanas ya haciendo una de las cosas que más me gustan en las islas griegas: levantarme bastante temprano y acercarme a la panadería (artopoiío en griego), siempre hay una panadería con pan caliente en las islas. Mejor si el mandado exige un paseo previo bordeando el mar como era el caso en Vathy. En veinte minutos da tiempo de llegar al horno, hacerse con una barra de pan fresco de corteza cubierta de sésamo y volver al apartamento donde ya Penélope, mientras, ha cocido los huevos y preparado el café, por ejemplo.

Vistas del monasterio Katharon hacia la isla vecina de Cefalonia.

Vistas del monasterio Katharon hacia la isla vecina de Cefalonia.

IMG_20200903_095730 IMG_20200903_095553 IMG_20200903_094315

Vistas del monasterio hacia la bahía de Vathy y la península griega.

Vistas del monasterio hacia la bahía de Vathy y la península griega.

Con esas bondades en el cuerpo nos montamos en el taxi para conocer Ítaca más a fondo. Subiendo y subiendo, la primera parada fue en el monasterio Katharon, el punto más alto de la isla. No es el convento más bonito ni mejor conservado de Grecia precisamente, pero tiene unas vistas estupendas, a más de 800 metros  de altura y cuenta inevitablemente con la emoción ingenua que siempre se halla en las iglesias ortodoxas, llenas de imágenes. Sólo otra pareja paseaba por el jardín y contemplaba los frescos y la aparatosa lámpara en el pequeño templo.

La maqueta del palacio de Ulises que se encuentra en Stavros.

La maqueta del palacio de Ulises que se encuentra en Stavros.

Tras la breve visita al monasterio y el paso por Anogi, enfilamos hacia el bonito pueblo de Stavros, el más animado de la isla, en el interior montañoso, con una plaza llena de bares y un anticipo de lo que veríamos poco después: en el centro hay una vitrina con la maqueta figurada del palacio de Ulises, que se encuentra en las cercanías. Ya se ve que el ingenioso Odiseo no era un rey rico, pero el trabajo de los arqueólogos en esta reconstrucción virtual es estupendo.

Exogí. Bajo el emparrado nos esperaba Gerásimos.

Una vista de Exogí. Bajo el emparrado nos esperaba el gigante Gerásimos.

Propusimos a Gerásimos tomar un café en la plaza, pero nos hizo una oferta más atractiva: “¿Por qué no tomamos ese café en Exogí, el pueblo que para mí tiene la mejor vista de toda Ítaca?”. Claro, claro. En el camino a Exogí, paramos no más de un cuarto de hora en el pequeño museo de Stavros. Una sola sala para mostrar algunos de los hallazgos de las excavaciones del palacio de Ulises. Poca cosa: algunas jarras, herramientas, joyas y algo especialmente significativo: un pequeño trozo de cerámica en el que aparece el nombre de Odiseo, el héroe de Troya.

DSC_0127

Apabullantes vistas subiendo a Exogí.

Apabullantes vistas subiendo a Exogí.

Por carreteras aún más estrechas y pasando una cantidad asombrosa de casas tradicionales en venta, nos aproximamos a Exogí, una villa con casi más iglesias que casas y desde mucho antes de llegar empezamos a darle la razón a Gerásimos. Allí abajo, muy abajo resplandecía uno de los mares más azules que hemos visto, y bajo los acantilados blancos pequeñas franjas de playas accesibles sólo en barco, ribeteadas de turquesa. En el café Extraterrestrial, que realmente parece estar situado en el espacio, nos tomamos un café griego con azúcar (elinikó glikó) mirando el paisaje en la terraza, y haciendo decenas de fotos. Mientras, nuestro taxista se sentó en otra mesa bajo el emparrado con el propietario del kafeneion y se pidió un frappé. Éramos los únicos clientes. Gerásimos, dando muestras de que es griego de verdad, pagó nuestra consumición.

IMG_20200903_113343

Un banco bien situado, junto a la entrada de Panagía Elousa.

Un banco bien situado, junto a la entrada de Panagía Elousa.

Exogí visto desde más arriba aún.

Exogí visto desde más arriba aún.

Y entonces, decidió llevarnos aún más alto, y enfiló las curvas de un carril asfaltado sólo un poco más ancho que el propio Gerásimos. “No hay problema (kanena próblima)”, dijo. Y nos plantamos ante la verja cerrada del monasterio de Panagía Eleousa, a menos de un kilómetro. Ahí paró, y ahí había un banco para contemplar un panorama aún más hermoso. Y ahí nos sentamos a disfrutarlo sin parar de dar las gracias a nuestro chófer. Desde ahí también nos señaló: “Y ese edificio derruido que se ve allí abajo es el palacio de Ulises”. ¡Sí, ese era! la casa que como dice la Odisea “mira a los tres mares”. Le repetimos varias veces nuestras gracias a Maki, diminutivo del nombre del chófer (de Gerásimos, Gerasimaki, y de ahí solo Maki, así es la lógica onomástica).

DSC_0138

Yacimiento no muy bien protegido del palacio de Ulises.

Yacimiento no muy bien protegido del palacio de Ulises.

Llegó el momento, pues, de visitar el palacio, que está junto a la carretera descendente, pero rotulado como ‘Escuela de Homero’ porque hasta hace poco se pensaba que eso eran las ruinas. Pero las teorías más recientes sostienen que esas escasas piedras milenarias son efectivamente los restos del que fuera palacio del héroe de mil ardides, el mismo Ulises que se inventó la estratagema de un enorme caballo de madera, preñado de soldados aqueos para vencer la firme resistencia de los troyanos.

IMG_20200903_121203

 

El lugar está destrozado. Se conoce que hace un tiempo estuvo más cuidado, con maderas, cercas y superficies acristaladas para contemplar los restos. Ahora todo está roto. Se aprecian escaleras de piedra que conducen a la historia y, ya que nos ponemos a temblar, hacia el Olimpo, agujeros en el suelo que bien podrían ser silos o almacenes. Pero la precaución impide acercarse mucho, rodeados como están de tablas caídas con los clavos oxidados.

IMG_20200903_122043

Subiendo entre árboles hacia una pequeña roca elevada aparece una construcción derruida hecha de grandes bloques de piedra, y ahí sí que uno siente la trepidación homérica ante esa esquina, ese dintel que da a una habitación desde la que se contempla el mar cuyo dios Poseidón se apiadó del héroe y le permitió regresar a su casa tras diez años de calamidades y placeres. Varios cipreses han crecido a su lado para acompañar estos muros, de los que éramos ese día únicos visitantes. Uno no puede comprender cómo este enclave crucial de la historia de la Humanidad puede estar así de abandonado por parte de las autoridades, pero a lo mejor es, otra vez, el destino de Ulises…

El palacio de Ulises, desde la altura más alta.

El palacio de Ulises, desde la altura más alta.

Vagó por el Mediterráneo sufriendo y venciendo a sirenas, cíclopes y brujas, disfrutó de placeres con ninfas, peleó con la furia de Poseidón por atreverse a desafiarlo y dio nombre a las aventuras que le sobrevienen al ser humano por reivindicar su condición libre. Y ahora, sigue sin hacérsele justicia a su recuerdo en estos trozos de muros descuidados, por mucho que la isla esté llena de estatuas y rótulos que recuerdan su gesta única y su memoria, aprovechada comercialmente muy bien, eso sí, en souvenirs.

 

La playa de Polis, apuntada para otra visita.

La playa de Polis, apuntada para otra visita.

El día fue bello, memorable. Eso íbamos pensando mientras volvíamos por la carretera de la costa occidental contemplando la cercana silueta de Cefalonia, apenas separada por un ancho brazo de mar, parando para fotografiar y apuntar para la próxima vez la playa de Polis. Volvimos a Vathy a la hora ideal para sentarnos en la taberna Batis, un clásico, y dar buena cuenta de una escorpina a la parrilla, acompañada por una abundante ensalada y mejillones al vino, pegados al mar. Todo con vino blanco Róbola, de la vecina isla. No habíamos vivido una odisea, sino un viaje en el tiempo hacia una época mítica, terrible y fascinante.

Almuerzo en la taberna Batis, el mejor final para una excursión espléndida.

Almuerzo en la taberna Batis, el mejor final para una excursión espléndida.

  • Isabel

    Me ha emocionado tu relato, como bien dices…un viaje en el tiempo. Casi casi me he sentido allí. Debió ser un dia muy especial, llegar allí también fue épico para vosotros. Un abrazo a mis Uli y Pe!!!

  • Ulyfox

    Hola Isabel. Claro que fue muy especial llegar al mismo lugar al que regresó Ulises después de tantas peripecias, aventuras y desgracias. Casi esperábamos que saliera a recibirnos Argos, el perro de Odiseo ;)
    Besos

  • Carmen

    ¡Qué suerte de viaje! Las fotos espectaculares y se nota que el día fue redondo. ¡Destiláis felicidad y buen rollo!

    Hace muchos años que vamos por la zona del mar Jónico. ¡Cómo echo de menos ese azul eléctrico del mar! Esos paisajes abruptos e indómitos y lo feliz que siempre estoy cuando piso tierras helenas.

    El año que viene cambiaré de mar, pero solamente de pensar que no voy a ir a esa zona de Grecia, ya me entra la morriña.

  • Ulyfox

    Carmen, como tú bien sabes, el Jónico y sus Heptá Nisia (siete islas) son bellísimos. Pero Grecia es bella en todos lados, porque las Cícladas son únicas y su mar, transparente, el Dodecaneso tiene una grandiosa mezcla de turco y griego, las Espóradas son inigualablemente verdes, de Creta qué te voy a contar si es nuestro amor. El Peloponeso lo conoces bastante bien, así que tampoco te cuento nada. Única es Meteora, y en Macedonia la historia se nos acumula…
    ¿A qué mar pensáis ir el año que viene?
    Nuestros planes para el próximo año incluyen de momento (ya veremos qué nos permiten) entrar por el norte, caminar por la garganta de Vikos, volver a Meteora, conocer Samotracia…
    Nunca se nos acaba Grecia.

  • Carmen

    Una compañera del trabajo, ya jubilada, estaba enamorada de Eubea. Fue 9 veces con un Diane6 atravesando Yugoslavia y casi toda Grecia. ¡Imagínatelo! Así que el año que viene iremos a la zona del mar Egeo: Eubea (Evia island). A la zona de Ellenika, Liminionas y la por Kymi, Xili y Petries. Ya veremos.

    Ella me aconsejo antes de jubilarse que fuera al Epiro. Yo había ido ya a Creta, dos años y al Peloponeso. Le estoy tan agradecida (el Epiro me encanta) que en su honor voy a conocer la parte de Grecia que más le gustaba (hace unos 40 años).

  • Ulyfox

    Carmen, sólo pasamos por Eubea un par de horas, mientras hacíamos tiempo para un llegar a un vuelo desde Atenas, así que no tengo opinión. Pero seguro que si tu amiga estaba enamorada de esa isla, y conociendo como conocemos el país, es porque encierra tantas cosas buenas…

  • Carmen

    Hola, Ulyfox
    Hay poca información sobre Euboea, únicamente he encontrado una guía online que tiene buena pinta (mysteriousgreece.com/travel-guides/islands/euboea/euboea-2/). No queremos ir a la capital. Nos gustaría hacer excursiones y también ir a buenas playas. Creo que en general, las playas de Euboea son playas muy ventosas. Tendremos que buscar aguas tranquilas. Nos gustan las playas con poca ocupación y relajantes. Además, queremos ir al museo arqueológico de Eretria, al salto o cascada Drimona y al barranco de Dimosari. Ya veremos si podemos hacerlo todo. Euboea es muy grande.