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¿Siros es de verdad una Cíclada?

Ulyfox | 19 de enero de 2021 a las 18:59

 

La catedral ortodoxa de San Nicolás y el barrio de Vaporia en Ermoúpoli, desde las plataformas de baño.

La catedral ortodoxa de San Nicolás y el barrio de Vaporia en Ermoúpoli, desde las plataformas de baño.

 

Nadie lo diría. A nosotros por lo menos nos habría pasado que, si nos sueltan de pronto en Ermoúpoli, la señorial capital de Siros, con los ojos vendados y sin saber cómo se llega, nunca habríamos dicho que es una isla que está en el centro de las Cícladas. Sus sonidos y sus olores habrían delatado inmediatamente su carácter griego, pero por la apariencia tal vez la habríamos situado en otras latitudes, más hacia el Jónico e incluso en el continente. En esa hermosa, bien pavimentada y bien organizada ciudad no se ven fachadas cúbicas y encaladas, ni abundan las cúpulas azules, ni sus suelos tienen las uniones entre las irregulares baldosas pintadas de blanco, ni sus puertas y ventanas lucen colores netos azules y rojos.

Vista general de Ermoúpoli desde el mar.

Vista general de Ermoúpoli desde el mar.

A la llegada en ferry a Ermoúpoli (que vendría a significar ‘ciudad de Hermes’) se ven dos altas y empinadas colinas, repletas de casas y culminadas en iglesias, pero llama la atención la presencia de unos importantes astilleros junto a los muelles donde atracan los barcos de línea, así como la apariencia neoclásica de los edificios junto a los muelles. Por momentos, me recordó al frente marítimo de Mitilene, la capital de Lesbos, a un tiro de piedra de la costa turca.

Barcos en el paseo marítimo de Ermoúpoli.

Barcos en el paseo marítimo de Ermoúpoli.

La impresión oriental persiste al desembarcar y pasar con las maletas bajo las numerosas marquesinas de bares y tiendas. Poco después, es el asombro. Junto al puerto, unas calles rectas, con calzadas firmes y aceras bien dibujadas: en la mayoría de las ciudades griegas, el estado de las aceras delante de las casas parece depender de cada vecino, y solamente en los últimos tiempos ha pasado a ser una responsabilidad y un planteamiento municipal.

La plaza (plateía) Miaouli, centro de la vida social, con su imponente Ayuntamiento.

La plaza (plateía) Miaouli, centro de la vida social, con su imponente Ayuntamiento.

En la parte baja y llana de la ciudad, ganada al mar a finales del siglo XIX, una calle que sale del puerto desemboca en la impresionante plaza Miaouli, y uno parece haber cambiado de mundo hasta aterrizar en Europa continental. Pavimentada en mármol, la preside el llamativo y monumental ayuntamiento de estilo neoclásico, al que se accede por una solemne escalinata de piedra, y está rodeada por arcadas y edificios del mismo porte. Es el centro de la vida social de la urbe y en las noches de verano bulle de gente de todas las edades, con las familias que pasean, los niños que corretean y los jóvenes que se sientan en los escalones municipales.

Una placita con restaurantes, vacía a mediodía.

Una placita con restaurantes, vacía a mediodía.

Ermoúpolis no es normal en este archipiélago cicládico: tiene varios centros culturales importantes, un gran teatro con programación continua, un festival internacional de cine de animación, varios cines, y una llamativa vida social. Sus tiendas evidencian una clientela de alto poder adquisitivo.

Centro de la capital, con el Teatro al fondo.

Centro de la capital, con el Teatro al fondo.

Todo esto tiene una causa histórica. Como otra particularidad, hasta hace poco su población era de mayoría católica, una rareza en el predominio ortodoxo en todo el país y que venía de anteriores dominaciones italianas y francesas. De hecho a los católicos griegos se les conoce con el apelativo de ‘francos’. Pero a finales del XIX se produjo la venida de un gran número de griegos provenientes de Turquía, de donde fueron expulsados o de donde huyeron en uno de los cíclicos conflictos entre los dos países, después de siglos y siglos viviendo allí.

La plaza Miaouli, a mediodia.

La plaza Miaouli, a mediodia.

Los inmigrados eran personas de alto poder adquisitivo y muchos de ellos comerciantes o industriales. Y llegaron a Siros, además de con su religión ortodoxa, con todo su capital y sus ganas. De modo que en poco tiempo hicieron de la isla uno de los centros económicos de Grecia, el más importante desde el punto de vista comercial, marítimo y de construcción naval. Como nos explicó el dueño de nuestro alojamiento en la ciudad, Dimitri, “llegaron con mucho dinero y dijeron queremos un teatro, y lo hicieron, hagamos una aduana, y la hicieron, construyamos un astillero y lo hicieron, una gran catedral, y la hicieron, un casino para nuestra élite…”

La catedral de San Nicolás (Agios Nikolaos).

La catedral de San Nicolás (Agios Nikolaos).

Y en verdad todo es impresionante y desusado en la zona: las grandes y altas mansiones neoclásicas, el resistente pavimento de las calles, la decoración de las fachadas, la esbelta y colorida catedral de San Nicolás (Agios Nikolaos) que rivaliza y supera en apariencia a la Metrópolis de Atenas, el barrio de Vaporia sobre el mar, la elegancia de los escaparates, la variedad de tiendas. Siros sigue siendo la capital administrativa de las Cícladas y a ella acuden para todo tipo de gestiones gentes del archipiélago entero.

Junto a la catedral, de camino al barrio de Vaporia.

Junto a la catedral, de camino al barrio de Vaporia.

Dejamos nuestras maletas en el 5 Hermoupolis Concept Sites (el largo nombre de nuestro hotel). Antes, Tonia, la dispuesta y risueña mujer de Dimitri que subió ella sola el equipaje las tres plantas de escaleras hasta nuestra habitación, desmintiendo su apariencia delgada, nos dio una serie de informaciones sobre la isla y su capital. Y, como era mediodía y hacía calor nos dirigimos a la zona de Vaporia, donde hay una pequeña zona de baño.

Vista del frente marítimo neoclásico de Ermoúpoli.

Vista del frente marítimo neoclásico de Ermoúpoli.

Bajando a la playa de Vaporia.

Bajando a la playa de Vaporia.

Al final, no nos animamos a bañarnos, la zona parecía estar tomada por una peculiar fauna de bañistas, solitarios y estrambóticos, pero disfrutamos de la vista más famosa de Siros, la colorida de las casas neoclásicas sobre el mar culminadas por la vistosa imagen de la catedral de San Nicolás, escenario de un conocido vídeo de la cantante Eleftheria Arvanitaki.

Desde el mar de Vaporia, con el barrio al fondo.

Desde el mar de Vaporia, con el barrio al fondo.

Plataformas para el baño en Vaporia

Plataformas para el baño en Vaporia

Deambulamos un rato por la ciudad despoblada por el calor del mediodía, los comercios y el mismo mercado parecían ir cerrando a nuestro paso; el momento pedía una cerveza fresca. La ribera del muelle está llena de bares y restaurantes como ocurre siempre en Grecia. El rubio elemento nos animó a pensar en comer, puesto que ya era hora.

Terraza de 'Stoa ton Athanaton', atendidos por la 'joven' camarera.

Terraza de ‘Stoa ton Athanaton’, atendidos por la ‘joven’ camarera.

Al paso habíamos visto un sitio peculiar en una esquina cercana al puerto. Unas pocas mesas en una terraza y un pequeñísimo local pintado en azul y blanco, atendido por dos mujeres bastante mayores. Respondía al extraño nombre de ‘Stoa ton Athanaton’, que yo quise traducir como ‘Galería de los Inmortales’, quizá porque la parte superior de su mínima fachada estaba decorada con fotografías de cantantes griegos ciertamente inmortales como Stelios Kazantzidis, Dimitris Mitropanos y otros.

Una de las mujeres nos atendió y nos recitó la lista de platos disponibles, inusualmente larga para las expectativas que despertaba el local. Nos recomendó especialmente la kakaviá (una sopa de pescado suculenta), y nos apetecía mucho, pero no nos parecía la hora apropiada, aunque nos hicimos el propósito de volver una de las cuatro noches que teníamos planeadas en la isla. Al final, no volvimos. Pero no porque nos decepcionara el lugar, ni mucho menos. Pedimos un plato de atherina, unos pescaditos fritos tipo chanquetes, y una buena ración de habichuelas con verdura, riquísima y caserísima.

Vista de Ermoúpoli desde las alturas de Ano Siros.

Vista de Ermoúpoli desde las alturas de Ano Siros.

Exterior y torre de la catedral católica.

Exterior y torre de la catedral católica.

Interior de la catedral católic.

Interior de la catedral católica.

Y ese primer día también quisimos visitar el barrio todavía católico de Ano Siros (algo así como ‘Siros de arriba’), el primer núcleo de la capital, encaramado en una empinada colina y en realidad una población distinta a unos dos kilómetros. Ese sí, ese enclave parecía una isla griega, con callejuelas estrechas, intrincadas y laberínticas, cuestas casi imposibles y fachadas floreadas. Visitamos en primer lugar la catedral católica, que corona la colina y ofrece una vista espléndida de la ciudad y de las islas cercanas: Mikonos, Tinos, Naxos, Paros….

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Por las callejuelas de Ano Siros.

Por las callejuelas de Ano Siros.

Luego echamos a andar, casi a rodar, cuesta abajo, hasta tropezarnos ya anocheciendo con la calle principal, extrañamente llana y que, en tiempos normales debe estar más animada. Al pararnos y vernos dudar, una mujer sentada en una silla ante su casa nos indicó: “Ekí tragoudisa o Vamvakaris” o algo así, que yo inmediatamente me traduje como “Ahí cantaba Vamvakaris”. Se refería a Markos Vamvakaris, hijo ilustre de esta ciudad y otro más de los inmortales músicos griegos, que tiene también un museo en esa calle, y un recodo urbano pomposamente llamado ‘plaza’ dedicado a él.

Terraza de un restaurante en Ano Siros.

Terraza de un restaurante en Ano Siros.

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Las mujeres que nos dieron indicaciones.

Las mujeres que nos dieron indicaciones.

Tras un par de vueltas de inspección, volvimos a preguntarle a la misma mujer por donde se volvía a Ermoúpolis, y nos indicó una calle escalonada que empezaba allí mismo y que no acabó hasta más de media hora de descenso después. La calle típicamente griega, tras cruzar un puente y acercarnos al núcleo bajo, volvió a cambiar de aspecto y a mostrarnos altas y señoriales fachadas con puertas de piedra, amplias ventanas y balcones de rejas forjadas.

Llegando a lo más bajo...

Llegando a lo más bajo…

El sonido de un coro extraordinariamente afinado atrajo nuestra atención y nuestros pasos hacia el lugar de donde provenía: la catedral ortodoxa. La música salía de una puerta entornada, lo cual nos incitó aún más a entrar en un saloncito desierto que, unos pasos después, nos hizo aparecer en la galería superior del templo. Abajo se desarrollaba una función religiosa con la pompa y la solemnidad de los ritos ortodoxos, en el que unos sacerdotes lujosa y brillantemente ataviados de dorados entonaban sus cánticos ante los fieles. Fue un momento mágico, acentuado por la sensación de ser unos intrusos tolerados en una ceremonia ajena.

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En el exterior y el interior de la iglesia ortodoxa.

En el exterior y el interior de la iglesia ortodoxa.

Ya en la parte baja de Ermoúpoli volvimos a asombrarnos de la vida comercial de esta población que, con unos 15.000 habitantes, es la más grande de las Cícladas. Ahora sí, ahora los restaurantes, bien puestos y decorados, tenían sus terrazas llenas, iluminadas y animadas, cubiertas de flores y con aspecto invitador. Pero, frugales como nos hemos vuelto con la edad y como habíamos almorzado bien, nos contentamos con una cerveza y los abundantes aperitivos con que te obsequian por estas latitudes paradisíacas. Y hasta el siguiente día, que iríamos a recorrer la isla…

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Escaparates nocturnos en  Ermoúpoli.

Escaparates nocturnos en Ermoúpoli.

Una última curiosidad de Ermoupoli: está hermanada con El Puerto de Santa María, quién lo iba a sospechar. Siempre según Wikipedia.

  • Avenger

    Yasas amigos. Anotada queda la isla de Siros, en esa libreta de los viajes pendientes y que tanto echamos de menos, aunque por ahora todo parece indicar que así seguiremos un poco más de tiempo. Bueno ves tener esta reseña,como siempre, de este lugar que pinta muy bien, y que como decís tan distinta a las Cicladas que conocemos tradicionalmente. Muchas gracias por vuestras descripciones y por esta magnífica ventana al Mediterraneo. Cuidaos mucho, ahora que todos estamos confinados en nuestra propia ciudad. Abrazos y besos.

  • Ulyfox

    Yasas, Avenger. Es un placer escribir de Grecia, como bien sabes. Os deseo lo mismo, y que pronto podamos ponernos las alas y volar…

  • Carmen

    Maravillosa Siros. No sabía nada de ella. Gracias por acercárnosla.

    ¡Vaya lujo de viaje más espectacular os regalasteis en septiembre! Espléndido todo lo que he visto y leído hasta ahora.

    Tienes razón, algunas de las construcciones que aparecen en las fotos podrían estar en cualquier lugar del Jónico. Hasta podría ser Siros vecina de Corfú. Hasta podría localizarse en Italia. Respira un aire genuinamente italo-mediterráneo.

    Es curioso que esta semana, he conocido Siros a través de tu texto y vuestras fotos y también, esta semana me hablaron muy bien de otra pequeña isla griega que ni la había oído nombrar: Astipalea. Entre unos y otros conoceremos mejor Grecia que los propios griegos. Saludos

  • Ulyfox

    Carmen, Siros es sorprendente. Y con un aire cosmopolita extraordinario, extraño. Me alegra habértela descubierto. Para nosotros también fue un descubrimiento, y muy agradable.
    En cuanto a Astipalea, nosotros estuvimos allí en 2008, y efectivamente es preciosa también. Entonces allí no llegaba el turismo masivo. Playas estupendas y tranquilas, gente muy amable y una Hora blanca en lo alto de una colina sobre la bahía. Pasamos sólo dos días, pero nos dio para mucho.
    Pocos años después, escribí esta entrada en mi blog: https://blogs.grupojoly.com/mil-sitios-bonitos-cadiz/tag/astipalea/
    Y no te quepa duda de que conocemos mejor Grecia que la mayoría de los griegos. Me ha dado por contar las islas que conocemos y salen 48, si no me olvido de ninguna. Y en alguna hemos estado más de una, dos o tres veces… Además del Peloponeso, Tracia, Macedonia, Tesalia, Epiro, Atenas por supuesto cien veces…
    Y lo que nos queda
    SAludos