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Kythira, la cuna de Afrodita

Ulyfox | 25 de abril de 2021 a las 21:12

En el castillo de Kythira, con la bahía de Kapsali alla abajo.

En el castillo de Kythira, con la bahía de Kapsali alla abajo.

 

Entre las islas griegas, para nosotros están aquellas que conocemos, aquellas a las que volvemos una y otra vez y las que descubrimos. Conocemos muchas y volveremos también a bastantes, pero afortunadamente aún tenemos entre nuestros planes otras desconocidas, ahí dispuestas a ofrecernos el placer de su descubrimiento. Procuramos reservar siempre una parte de nuestros viajes a estos hallazgos gozosos. En esta tarea placentera hemos tenido decepciones, lugares que han defraudado nuestras ansias o simplemente no las han colmado. Pero también, y en mucha mayor medida, hemos topado con sorpresas mayúsculas, con placeres inesperados para la vista y todos los demás sentidos, incluidos los no físicos.

Kapsali, su playa y su bahía, desde las alturas.

Kapsali, su playa y su bahía, desde las alturas.

Esto último nos pasó con Kythira, o Citera, un trozo de tierra desprendido de la península griega, casi a medio camino entre el Peloponeso y Creta. Llegamos en avión desde Atenas, aunque también se puede llegar desde el Peloponeso en barco, desde el puerto de Neápoli, y tuvimos el acierto de reservar cuatro noches en Kapsali, un lugar encantador y sereno en una pequeña bahía enmarcada por dos promontorios, en uno de los cuales, el más bajo, se asientan la capilla de San Jorge (Agios Georgios) y un faro, mientras que en el otro domina desde las alturas la blanca y bellísima Hora (Pueblo) de Kythira, con su castillo en el extremo.

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Ambiente vespertino en Kapsali, la tarde de nuestra llegada.

Ambiente vespertino en Kapsali, la tarde de nuestra llegada.

Después de un retraso ya habitual en el vuelo, Kythira nos recibió con nubes y algunas gotas de lluvia, pero la temperatura era buena y aun así nos dimos un baño en la bahía mientras caía el sol, en un agua agradable y con la compañía de unos pececillos que picoteaban los talones más de lo habitual. Nos alojamos en los apartamentos Cengo, sencillos y económicos, sin grandes alardes pero limpios y con una gran atención por parte de su encargado, Dimitris, dispuesto a colaborar en todo, como suele ser habitual en este tipo de alojamientos familiares en las islas griegas.

20190905_190629Esa tarde aprovechamos para un corto paseo (las dimensiones no permiten uno largo) frente al mar de Kapsali y para cenar con el ocaso en la terraza de Alatarea, que se convertiría casi en nuestro restaurante oficial, por su calidad y buen servicio. Antes, nos queríamos asegurar la contratación de un coche de alquiler en la oficina de Panayiotis, justo al lado. Estaba cerrada, pero llamamos a un teléfono apuntado en la puerta y la llamada pudimos oírla, puesto que el mismo Panayiotis estaba cenando a pocos metros. Se levantó y, con el aire amistoso y el toquecito en el hombro con el que los griegos sellan los acuerdos, nos prometió el vehículo para la mañana siguiente.

La playa de Kapsali, con Kythira Hora y  el castillo al fondo.

La visión de nuestro primer desayuno en Kythira.

Al levantarnos, eso fue lo primero que hicimos. No era un alquiler barato, se nota que Panayiotis es una especie de monopolio en la isla, pero el coche estaba en buenas condiciones y muy limpio. Tomamos nuestro primer y espléndido desayuno frente al mar en Al Mare, un lugar buenísimo al que volvimos todas las mañanas y que es el ejemplo de local turístico de calidad, en el que lo mismo puedes desayunar que almorzar que tomar un helado a media tarde.

En el camino hacia la playa de Kaladi.

En el camino hacia la playa de Kaladi.

La playa de Kaladi, considerada por algunos la mejor de la isla.

La playa de Kaladi, considerada por algunos la mejor de la isla.

Y salimos os a recorrer Kythira, haciendo nuestra primera parada en la playa de Kaladi, que para Dimitris era la mejor de la isla. Sin duda es muy hermosa, y su visión desde la altura de la carretera es impresionante, con un gran peñasco dividiéndola en dos mitades y un agua brillantemente azul. Pero la empinada y larga escalera de acceso, y la fila de gente que bajaba pertrechada de hamacas y sombrillas, junto con la certeza de que abajo no había ni una cantina, nos hicieron limitar nuestro disfrute al disparo de varias fotos desde arriba.

El entrante marino en el enclave de Avlemonas.

El entrante marino en el enclave de Avlemonas.

20190906_123321Así que dirigimos nuestros pasos hacia la cercana Avlémonas, que tiene una especie de minifiordo rocoso que forma una piscina natural, rodeado de algunas casas y apartamentos, y al que alguien con gustos mitológicos y poéticos ha llamado el Baño de Afrodita (Loutró Afroditis). Aquello estaba mucho más tranquilo, aunque la calita aparecía llena de un grupo de mujeres mayores que disfrutaban como pequeñas diosas del agua remansada, al igual que hacen en miles de rincones griegos, preferentemente por la mañana temprano, equipadas con sus gorros blancos y manteniendo intensas conversaciones mientras flotan. Ese mismo grupo nos perseguiría luego por casi toda la isla, y nos las encontramos en varios lugares en diferentes días.

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Otra vista de Avlemonas.

Otra vista de Avlemonas.

Al poco tiempo, las mujeres se subieron a una de las tabernas a comer, largo rato que aprovechamos para tomar el lugar y darnos uno de los baños más gustosos de nuestra estancia, con continuas entradas y salidas del agua y dándole trabajo al dedo disparador de cámara y móviles. Cuando la taberna se despobló, entonces fue nuestro turno de almuerzo tardío en la Psarotaverna O Sotiris, que vendría a ser algo así como la Taberna de Pescado de Salvador.

Ante el fuerte de Avlemonas.

Ante el fuerte de Avlemonas.

Por el lugar se esparcen algunas casas particulares de vacaciones y en un entrante rocoso, se halla un mínimo atracadero para barcas junto a un pequeño castillo octogonal, torre defensiva contra los constantes ataques de piratas en el pasado. Es uno de esos paraderos tan serenos y tan abundantes en Grecia.

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Tras el gran día, el atardecer era obligatorio pasarlo en las alturas pétreas e imponentes de Hora Kythira. Nos encontramos un lugar tan apacible que parecía dormir todavía a esa hora. Es prácticamente una sola calle alargada, con una plaza a mitad del recorrido que acaba en el Kastro, o sea el Castillo.

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El viajero encuentra a su paso tiendas, bares, restaurantes, pequeñas iglesias, casas blancas, buganvillas y muchos ramilletes de siemprevivas, la flor emblemática local. Cuando llegamos, aún muchas tiendas estaban por abrir y la población sesteaba, pese a que estaba próximo el atardecer.

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El pueblo capital, que se extiende por una cresta montañosa, recuerda por su trazado y la blancura de sus casas cúbicas a los de las islas Cícladas, pese a que está bastante lejos de ellas y normalmente se las encuadra en el archipiélago de las Jónicas.

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Al llegar al castillo, el visitante asciende por una impresionante rampa y atraviesa un túnel de entrada a la fortaleza. En el amplio recinto interior la mayoría de edificios está en ruinas y algunos completamente derruidos. Sobreviven algunos almacenes, uno de los cuales está convertido en pequeño museo lapidario. Al final, ya casi sobre el risco, está la iglesia de la Panagía, blanca con un aspecto primitivo y un llamativo campanario.

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La vista desde el extremo del castillo quita la respiración. La fortaleza fue construida en el siglo XIII pero fueron los venecianos los que la ampliaron y le dieron su actual aspecto en el XVI. Dada su altitud y ubicación fue llamado ‘el ojo de Creta’ porque desde allí se podían ver los barcos que salían o entraban de esta isla. Muy abajo está la hermosa bahía de Kapsali, sobre las laderas hay varias iglesias, en una pared al fondo está agarrada la de San Juan en el Acantilado, con su  llamativa escalera blanca.

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La iglesia de la Panagia, dentro del castillo de Kythira.

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En el interior del castillo.

En el interior del castillo.

Y allá lejos, en medio del mar, se eleva el islote que dicen que es el órgano genital que Cronos cortó a Urano y arrojó al mar. De la espuma resultante surgió ya adulta y deseable Afrodita, que tiene también entre sus nombres, precisamente, el de Citerea. Así que, entre los muchos atractivos de esta isla no es el menor ser el lugar de nacimiento de la diosa del amor, conocida como Venus por los romanos. Aunque este honor lo disputa con la playa de Pafos, en Chipre.

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Kiythira es la isla donde algunos clásicos situaron el nacimiento de Afrodita.

El primer día completo en la asombrosa Kythira acabó de nuevo en el paseo de Kapsali, sobre la mesa del atractivo restaurante Apagio, ante unas gambas fritas y un risotto… Los siguientes días también dieron mucho para contar. Y lo contaremos…

 

Vista desde la terraza del restaurante Alatarea.

Vista desde la terraza del restaurante Alatarea.

  • Carmen

    ¡Oh, Ulyfox! ¡qué destino más hermoso, plácido y atrayente! Las fotos son maravillosas y seguro que le hacen justicia. ¡Este sí que es un destino de los que me gustan!.
    Hace años que quiero ir a Kythera, desde que estuvimos en la isla de Elefonisos, pero entre una cosa y otra, nuestros viajes se han decantado por otros lugares menos complicados para llegar en coche. Si quieres coger un ferry desde Vion Neapolis, has de hacer irremediablemente una parada intermedia en algún lugar del Peloponeso, ya que resulta complicado llegar hasta allí. De hecho, este año mi intención era volver a Methana y hacer Kythera entera, pero no sé muy bien me he liado con Euboea, así que lo dejo para otro año (si la pandemia nos deja…).
    Saludos

  • Ulyfox

    Carmen, Kythira es uno de las islas más auténticas y tranquilas que hemos visitado en los últimos tiempos. Aún me quedan por escribir un par de entradas por lo menos sobre los días que pasamos en ella.
    La tranquilidad que encontramos puede que tuviera que ver con que era a mediados de septiembre. En julio y agosto creo que está bastante más concurrida, aunque la mayoría son griegos, según parece.
    Desde luego, no dudes en ir a concerla. De Eubea no puedo decir nada, sólo hicimos una fugaz visita, que ni siquiera se puede llamar así, de un par de horas, y camino de Atenas…
    Saludos

  • Carmen

    Hola, Ulyfox
    Además de Kythera, hay otras islas griegas que quiero conocer. Estas otras, no tienen ninguna complicación para acceder a ellas. Están relativamente cerca del aeropuerto de Atenas. No están lejos como Kythera, Lefkada, Corfú o Kefalonia. He pensado en ir a Kéa y Kithnos y en otra ocasión hacer Skyros. ¿las conoces?
    Saludos

  • Ulyfox

    Hola, Carmen.
    Te contesto cuando acabamos de regresar de otra escapada a Grecia. Hemos estado por el centro y el norte, entre montañas, gargantas y monasterios: ya contaremos…
    Precisamente para este año ya tenemos reservado en Kea, además de Sérifos y Kimolos, ninguna de las cuales conocemos. Kithnos está ahí ahí, y es posible que este año también la visitemos, pero no es seguro. De Skiros no te puedo decir nada: es una isla lejos de casi todo y con pocas comunicaciones, aunque tampoco es que sea imposible ir, simplemente está apartada. Nos ha llamado la atención y alguna vez hemos pensado en visitarla, pero hasta ahora no ha surgido el momento…