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Recorriendo la isla de Kea

Ulyfox | 19 de octubre de 2021 a las 14:09

Baños transparentes en la estupenda playa de Otzias.

Baños transparentes en la estupenda playa de Otzias, organizada y cómoda.

Kea es pequeña, al menos para nuestros esquemas mentales. Pero no por eso deja de encerrar bellezas. Al verla en el mapa no se esperaría que fuera tan montañosa, y el interior es especialmente salvaje. pese a que las zonas costeras, sobre todo las de las playas del oeste, estén bastante masificadas. Entiéndase, no se habla de grandes resorts ni hoteles de cientos de habitaciones, pero sí hay una saturación de viviendas y chalés, y sobre todo de piscinas, muchas piscinas, en una isla en la que el agua dulce debe de ser escasa y en la que sobra mar para bañarse. Pero esos son los patrones de la felicidad moderna, qué le vamos a hacer.

La playa de Otzias, desde las alturas.

La playa de Otzias, desde las alturas.

Alquilamos un coche para recorrer en lo posible la isla durante tres días, pero sin un ánimo excesivamente veloz ni explorador: ¡estábamos de vacaciones! Así que lo primero que hicimos fue irnos a una playa fantástica a apenas un cuarto de hora de carretera: la de Otzia, con la intención de pasar unas cuantas horas tumbados y bañándonos.

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Otra imagen de la playa de Otzias.

La playa, totalmente organizada, se reveló como ideal para esos fines. Como Kea es un lugar que vive para el descanso, aunque no llegamos demasiado temprano, había un buen número de hamacas disponibles, con un servicio esmerado. Luego, la zona se llenó, pero ya nosotros estábamos perfectamente acomodados. La mañana y buena parte de la tarde se nos fue entre la tumbona, la lectura y los baños en un agua transparente como acostumbra a ser la del Egeo. Como el ambiente lo pedía, bebimos y tapeamos en las mismas hamacas.

El monasterio de Panagia Kastriani, sobre el acantilado.

El monasterio de Panagia Kastriani, sobre el acantilado.

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Cuando el sol empezó a declinar, decidimos que era una buena hora para visitar el monasterio de Panagia Kastriani, un poco más al norte y situado sobre un acantilado. La carretera era tan difícil como se esperaba, pero mereció la pena acercarse a divisar su silueta blanca frente al mar, y adentrarse en su patio igualmente blanco con el toque azul de su cúpula y campanario. No parecía haber nadie en el monasterio, aunque se escuchaba un rumor de voces en el interior, y la limpieza del recinto y del interior de la iglesia hacía sospechar que más de una mano se ocupaba de su cuidado.

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Nos gustó la visita en solitario que nos permitió mirar al mar y hacer decenas de fotografías, tanto del monasterio como de la playa que se divisaba tentadora abajo y que lleva el mismo nombre del convento.

La playa de Kastriani, bajo el monasterio del mismo nombre.

La playa de Kastriani, bajo el monasterio del mismo nombre.

Abandonamos el lugar con la misma discreción, y nos encaminamos de vuelta al hotel, para culminar ese día con nuestra segunda subida a Ioulida y cena al atardecer. En la capital interior de la isla la luz era mágica, y presenciamos cómo los vehículos de los invitados a una boda, coincidentes con la llegada del único autobús por una estrecha y empinada calle, pueden colapsar un pueblo entero. Pero a base de paciencia y maniobras todo se resolvió en pocos minutos. Es extraordinaria la capacidad y habilidad que los griegos tienen para la conducción en los lugares más complicados.

Atardecer desde las alturas de Ioulida, con otras islas al fondo.

Atardecer desde las alturas de Ioulida, con otras islas al fondo.

El día siguiente nos dirigimos al sur, a ver otras playas famosas. Primero nos paramos en Pisses, donde estuvimos un buen rato, pero tampoco nos entusiasmó. El lugar dio para un par de cervezas y un rato tumbados, pero no nos inspiraba mucho para el baño el ligero viento que soplaba y el oleaje de la orilla, nada espantoso pero suficiente para quitarle el encanto.

Las calas de Koundouros y Kampi, las más turísticas de la isla.

Nos habían hablado de lugares turísticos como Koundouros y Kampi, no demasiado lejos de Pisses, así que decidimos ir a conocerlos. Sólo puedo decir que salimos huyendo: el tráfico intenso, los coches aparcados en las estrechas carreteras y el sonido fuerte de la música y los motores de las lanchas y motos náuticas nos hicieron comprender que no era nuestro sitio. Probablemente sí lo era para quien quisiera lucir glamour y ropa cara allí, pero ese no es nuestro caso. Demasiadas urbanizaciones sobre un mar azul, y en unas calas sin duda muy bellas, pero con un ambiente Riviera de estelas blancas de embarcaciones que hacían figuras sobre el agua. Nos fuimos.

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Atardecer junto a la capilla de Agios Georgios, en Corissia.

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La vuelta hacia el puerto de Corissia, sin embargo, fue agradable, recorriendo colinas abruptas de color terroso con el Egeo de fondo. Esa noche, además, nos vestimos de verano y paseamos hacia la ensenada, subimos hasta el promontorio presidido por la capilla blanca de Agios Georgios, y cenamos en un lugar más que recomendable, Magazés, un restaurante frente a los muelles donde dimos cuenta de un fresquísimo sargo a la parrilla, con entrantes de boquerones en vinagre y calabacines fritos, mientras veíamos llegar y salir los ferries, que se tragaban largas colas de personas y vehículos abandonando la isla en el último fin de semana de agosto, y anunciándonos que una estación más tranquila llegaba a las Cícladas.

Nos quedaba un apasionante último día, pero eso lo relataremos en otra entrada…

  • Carmen

    Hola, Ulyfox,
    Buena playa la de Otzias. Dan ganas de darse un chapuzón. Supongo que a principios de agosto esa playa debe estar llena de gente. Es fácil llegar hasta Kea. Demasiado fácil…
    La saturación de viviendas, chalet y piscinas es un mal endémico de todo el Mediterráneo. No entiendo que cada chalet tenga su piscina. Es incomprensible en el siglo XXI. Me parece mucho mejor, no tener piscina, pero si se tiene que sea comunitaria de la urbanización y si puedo elegir que no se construya en la costa. Ya está saturada. Absolutamente, al límite. Pero, esto es un sueño y los sueños, sueños, son…
    Saludos

  • Ulyfox

    Hola, Carmen.
    No quiero ni imaginarme Kea en agosto. Es verdad que está demasiado cerca. La isla tiene su encanto en cuanto te alejas de los centros turísticos. A final de agosto se nota que la gente está volviendo ya a Atenas, y es un remanso. Lo de la saturación urbanística es, como tú dices, un mal del Mediterráneo. Y tiene remedio, que el control de las construcciones. Otra cosa es que se quiera hacer…
    Saludos

  • Carmen

    Hola, Ulyfox
    Pues llevo tiempo pensando en ir a Kea, pero también quiero ir a Pelion y a Kythera (del Peloponeso solamente me falta por conocer Kythera), así que no sé que hacer. Puedo combinar 2 y 2. Ya que Kea está muy cerca del aeropuerto. Puedo buscar un alojamiento apartodo del barullo.

    Este verano 2021, allí ha sido duro sobre todo por los incendios. Además, había plaga de medusas, en unas playas más que en otras. Para nadar era incómodo y preocupante. Entre las medusas que no hacen nada (medusas huevo frito-Cotylorhiza tuberculata), se mezclaban otras que te daban calambrazos. Un incordio.

  • Carmen

    ¡ah! puedo cambiar Kea por Skyros, pero supongo que también estará a tope de gente en agosto…

  • Ulyfox

    Carmen, desgraciadamente pienso que Kea en agosto puede ser infernal. Nosotros estuvimos a finales de mes, y además coincidió con el fin de semana y ya estaba la gente volviendo al continente. De Skyros no te puedo contar nada, no lo conocemos, pero esa sí está realmente apartada. Eso no te garantiza nada, pero seguro que hay menos gente. Pelion es precioso y Kythira es una joya. Lo malo de todo eso es el mes de agosto, pero bueno…
    Saludos