Nauplia revivida

Ulyfox | 5 de septiembre de 2013 a las 19:54

Calle del casco antiguo de Nauplia, con la fortaleza de Acronafplia al fondo.

Calle del casco antiguo de Nauplia, con la fortaleza de Acronafplia al fondo.

La fortaleza de Palamidi, vista de Nauplia.

La fortaleza de Palamidi, vista desde Nauplia.

Lo primero que destaca de Nauplia (Nafplio, dicen los griegos) es su perfil acorazado: dos fortalezas encima del casco antiguo, la de Acronafplia primero, y allá en las alturas la de Palamidi, un prodigio de arquitectura militar, hecha por los mejores en este asunto: los venecianos, que fueron dejando castillos por todo el Mediterráneo, y coronando sus grandes puertas con el león alado, símbolo de la Sereníssima República. Los hay por toda Grecia, pero también en Croacia y Turquía, además de Italia por supuesto.

Bourtzi, en medio de la bahía.

Bourtzi, en medio de la bahía, muy de mañana.

Por si fuera poco, un islote justo a la entrada del puerto, Bourtzi, también fue fortificado, y ahora es uno de los lugares más fotografiados de Grecia, sobre todo cuando el sol de la mañana lo ilumina, en medio de la ensenada y con el golfo Argólico al fondo.

 

Una calle del centro, en la tranquila primera hora de la mañana.

Una calle del centro, en la tranquila primera hora de la mañana.

Pero a esa hora mañanera, no se debe dejar de visitar el casco antiguo, a los pies de los castillos, un prodigio de equilibrio de casas neoclásicas, salpicado con algunas mezquitas y fuentes turcas en las calles, vestigios también de otra dominación, la otomana, la más reciente. Precisamente, Nauplia fue la primera capital de Grecia tras la revolución que la sacudió del dominio del sultán de Estambul, que los griegos siguen llamando Constantinopla.

Vista parcial de la plaza Syntagma, con la antigua mezquita.

Vista parcial de la plaza Syntagma, con la antigua mezquita.

Pensiones restauradas en Nauplia.

Pensiones restauradas en Nauplia.

Es reconfortante el modo en que se están restaurando las antiguas casas de Nauplia, recuperando colores y balcones, puertas y ventanas. Las numerosas tiendas tienen como norma el buen gusto, y sólo algunas se pueden considerar como las típicas para turistas. Los hoteles prefieren ponerse el nombre de ‘pension’ o ’boutique hotel’ y destacan por su encanto en la decoración entre tradicional y moderna. No sé si con todo esto pierde autenticidad o simplemente la realza. Diría yo que a sus habitantes este traje les gusta.

Casas neoclásicas en el centro de Nauplia.

Casas neoclásicas en el centro de Nauplia.

Y naturalmente, no falta la insuperable habilidad griega para instalar y decorar terrazas: terrazas en los bares, en los restaurantes, en las tabernas, en los cafés, en los hoteles, en las plazas o frente al mar, para demostrar que aquí el verano se vive fuera: ¿quién quiere mirar paredes si en la calle está la vida?

Terrazas frente al golfo Argólico.

Terrazas frente al golfo Argólico.

 

La animación de un domingo por la noche en la plaza Syntagma de Nauplia.

La animación de un domingo por la noche en la plaza Syntagma de Nauplia.

 

Tabernas y terrazas en las calles.

Tabernas y terrazas en las calles.

El islote fortaleza de Bourtzi, y parte del casco antiguo, vistos desde el castillo de Palamidi al atardecer.

El islote fortaleza de Bourtzi, y parte del casco antiguo, vistos desde el castillo de Palamidi al atardecer.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Etiquetas: , ,

Aviso de salida

Ulyfox | 31 de agosto de 2013 a las 21:09

Penélope en Nauplia, en aquel lejano 1992.

Penélope en Nauplia, en aquel lejano 1992.

Nos vamos. De nuevo. Cuando muchos (perdonad la petulancia) de vosotros leáis esto, ya estaremos en camino, en el avión o aterrizando en Atenas, o quizá ya habremos pasado nuestra primera tarde en Nauplia, allá en la Argólida, cerca del asombroso teatro de Epidauro.  Nauplia, extraordinariamente fortificada por los venecianos, fue la primera capital de Grecia tras la independencia, y es una de las ciudades más bonitas del país. Allí estuvimos apenas unas horas en el revelador año de 1992. Llena de bares, cafés y restaurantes que prometen largas veladas en maravillosas terrazas. Desde allí os saludaremos en la próxima entrada, si quieren los dioses de internet, que deben existir también.

En las gradas eternas de mámol del grandioso Epidauro.

En las gradas eternas de mámol del grandioso Epidauro.

Nos espera un mes por tierras helenas, por ese histórico, micénico y clásico Peloponeso, por nuestro hogar-Creta, por las Cícladas, y por Atenas a ver a Margaritoula, la cañaílla entusiasta que ha hecho de la capital griega su hogar, y solo pedimos que el tiempo, el meteorológico, no sea inmisericorde con nosotros. Deseamos largos días de playa y atardeceres majestuosos, y ropa ligera, para disfrutar esa tierra en todo lo que se debe.

Otro rincón de la Nauplia de hace 21 años.

Otro rincón de la Nauplia de hace 21 años.

Apenas hemos terminado de contar nuestra visita a Italia del pasado mes de julio, y ya tendremos material griego en pocas horas para desplegarlo ante los ojos de todo el que quiera verlo. Y el tiempo (Cronos) irá diciendo.

Etiquetas: , , ,

Volver a Vernazza

Ulyfox | 28 de agosto de 2013 a las 1:09

El espolón de Vernazza sobre el mar.

El espolón de Vernazza sobre el mar.

Y una vista general del pueblo.

Y una vista general del pueblo.

En ese viaje último que hicimos en julio hubo mucho de vuelta. Excepto la isla de Elba, habíamos estado antes en todos los lugares que visitamos: Venecia, Verona, Sestri Levante, Cinque Terre, Bérgamo al final. Ya he escrito alguna vez que nos gusta volver, sea o no con la frente marchita, a los sitios que amamos, en los que pasamos grandes o pequeños ratos, a regustar lo que disfrutamos pero también a probar lo que nos quedó por ver o vimos solo de pasada.

Subir alguna escalera para las mejores vistas.

Subir alguna escalera para las mejores vistas.

Lo de Cinque Terre, esta vez, fue el ansia de redisfrutar, del reencuentro que nunca es igual, del ángulo diferente, del ‘pues yo no lo recordaba así’ y también del ‘qué bien comimos aquí’. Pues bien, volver a Vernazza, lo miremos como lo miremos, era una necesidad. La más genuina de las Cinque Terre según sus propios habitantes, es una calle profunda que lleva directamente del tren hasta el minúsculo puerto y la microscópica playa, y cientos de casa de colores que se elevan por las laderas a ambos lados de esta vía atestada en temporada turística. En una de esas carreras por subir, un grupito de casas trepa hasta un espolón sobre el mar, dominado por una torre de vigilancia medieval, sobre el puerto. En el otro lado, una iglesia de torre amarilla que se refleja en el mar da el contrapunto a la foto.

La plaza junto al puerto de Vernazza.

La plaza junto al puerto de Vernazza.

Si uno sube un tramo corto por el antiguo camino, hoy sendero, que lleva a Cornigia y Manarola, termina descubriendo fantásticas perspectivas del pueblo, y obtiene el premio de la gran foto, la de esa punta de lanza de colores sobre el mar, inverosímil barrio pequeño y elevado, agarrado como en escalada libre a la roca negra.

Un helado en el puerto.

Un helado en el puerto.

Bajamos luego de esa miniexcursión de nuevo al puerto, cuando ya el sol brillaba y daba sentido a las fachadas, y comimos junto al muelle pasta y pescado, y rematamos con una grappa destilada de la uva sciachetrá, autóctona y dulce, deliciosa y euforizante, víctimas de esa pasión que nos ha cogido últimamente por los aguardientes blancos desde que caímos presos del hospitalario raki cretense. Cosas de viejos.

En la calle principal.

En la calle principal.

Y pese a la invasión turística de los cruceristas llegados de La Spezia o Génova, pese a los miles de apasionado del senderismo que llenan los caminos del parque natural, pese a esta multitud que lleva a que se cobre ocho euros por cartuchitos de pescado frito de muestra, y a llenar algunas calles de tiendas de recuerdos, desde ese rincón marinero de comer pudimos observar escenas que, sí, parecían auténticas, de niños y mayores, y uno miraba a ese abuelo y esa nieta jugando al futbolín en medio del pueblo, y a ese hombre enorme descamisado tomando el sol a despecho de los turistas, y veía una cierta Italia de película, que digo yo que algo debe tener de verdad. Y volvimos felices al tren y al Sestri Levante apacible de turismo antiguo.

Escena en el puerto.

Escena en el puerto.

Futbolín en la plaza.

Futbolín en la plaza.

 

 

La zona VIP del Paraíso

Ulyfox | 26 de agosto de 2013 a las 12:42

Oia, frente a la caldera de Santorini.

Oia, frente a la caldera de Santorini.

Esta es la descripción feliz y certera que me envían Rafa e Isa desde Grecia, tras haber pasado tres días en Santorini y cuando empezaban su estancia de cuatro en Paros. “Esto es la zona VIP del Paraíso” me dicen para agradecernos el diseño de viaje que le hemos hecho, y con eso nos han hecho felices.  Me parece una definición acertadísima, y si es suya, les felicito por el titular y se lo copio. Espero que el resto de su periplo helénico, que incluye también dos noches en Atenas para rematar y que ya está acabando, les vaya tan bien. “El viaje ha superado nuestras expectativas” me cuentan, y a nosotros, que sabemos del encanto irresistible de aquellas tierras y mares, no nos sorprende. Y nos hablan de la gente del Vallas Apartments, y de la comida, y nos alegran el día. Porque esto de recomendar a alguien un sitio, lo sabéis, te crea una responsabilidad. Como cuando hablas bien de un restaurante a un amigo. Si te hace caso y tiene una mala experiencia, sin saber por qué, te sientes en parte culpable del chasco, pero si te viene hablando de lo bien que comieron crees que es también mérito tuyo.

La playa de Martselo, en Paros.

La playa de Martselo, en Paros.

Pues eso: Santorini, Paros, Grecia… la zona vip del Paraíso. Ya sé que somos pesados en esto, pero vamos teniendo cada vez más aliados.

Capilla y calle en Parikia, capital de Paros.

Capilla y calle en Parikia, capital de Paros.

No vayais a ver ‘Elysium’

Ulyfox | 26 de agosto de 2013 a las 1:30

No vayais si no quereis ver el futuro que ya empieza, no compreis la entrada si no estais dispuestos a deprimiros con ese retrato de lo porvenir inmediato, no os senteis ante la pantalla si no pensais que la ciencia ficción, algunas películas de ese género futurista, puede provocar más terror que todas las series de zombies, vampiros y monstruos de moda.

Pero id a verla si os queda alguna duda de cuál es el camino que han emprendido la mayoría de los gobiernos occidentales, de las grandes fuerzas financieras occidentales que los tienen a su servicio, de cuál es el futuro que nos tienen escrito y cuya hoja de ruta, esa expresión que tanto les gusta, escriben cada día en cada reunión que tienen en el Eurogrupo, en el FMI o en cualquiera de esas cumbres que empiezan por G- y que son más poderosas cuanto menor es el número que sigue al guión.

A mí, ya os lo digo, aparte de las cualidades cinematográficas de la película, me ha indignado, aterrorizado, preocupado y rebelado, ese futuro dibujado de ricos viviendo en un mundo aparte, legiones de pobres y multitudes de trabajadores haciendo labores durísimas por una miseria de salario. No sé si os suena pero a mí me resulta muy familiar.

Monterrosso al Mare

Ulyfox | 23 de agosto de 2013 a las 13:33

Gigante de piedra en la playa de Monterosso.

Gigante de piedra en la playa de Monterosso.

A veces me parto la cabeza intentando buscar un título para una entrada, y hoy me he dado cuenta de que algunos nombres son de por sí como grandes títulos. Como este, Monterosso al Mare, algo así como monte rojo junto al mar, el nombre de uno de los cinco pueblos italianos que componen la comarca llamada de Cinque Terre, en la costa de Liguria. Entre dos grandes puertos, Génova y La Spezia, se reparte un buen número de lugares pequeños, de puertecitos coloridos y centros turísticos de otro tiempo… y estas Cinco Tierras como cinco gotas derramadas entre los acantilados, las viñas y el mar.

La playa de Monterosso, por la tarde.

La playa de Monterosso, por la tarde.

Monterosso es el mayor del quinteto extraordinario, y el único que dispone de una playa que merezca tal nombre. Tal vez por eso es el más concurrido y ambientado. Vinimos hace ya varios años buscando los paisajes que habíamos visto en no recuerdo qué película, y hemos vuelto ahora para rememorar, disfrutar con calma, compartir con Pepa y porque en el fondo somos fieles a las cosas que nos gustan, tal vez menos exploradores que regodeantes disfrutones. Y desde Sestri Levante es muy sencillo y cómodo, en ese tren que va horadando montañas y asomándose fugazmente al mar, hacer visitas de un día o unas horas a estas brillantes aldeas que parecen pelearse con las paredes montañosas que las empujan al agua.

Vernazza, una de las Cinque Terre, vista desde Monterosso

Vernazza, una de las Cinque Terre, vista desde Monterosso…

... y los otros tres, Corniglia, Manarola y Riomagiore

… y los otros tres, Corniglia, Manarola y Riomagiore

Monterosso tiene una larga, concurrida y ensombrillada playa, con un estrecho paseo marítimo cerrado por dos promontorios. En uno de ellos, la colosal estatua de un gigante disimulado con la piedra llama la atención, y al final del otro se abre un túnel peatonal que da paso al centro histórico. Se atraviesa esa entrada oscura y se sale al brillo asombroso de las paredes, los estucados y los trampantojos, las flores en los balcones y los comercios discretos para turistas, bares, enotecas y restaurantes de todo tipo.

La fachada de mármol bicolor de la iglesia mayor de Monterosso.

La fachada de mármol bicolor de la iglesia mayor de Monterosso.

Un rincón color Italia de Monterosso.

Un rincón color Italia de Monterosso.

Más Italia en las fachadas del interior

Más Italia en las fachadas del interior

Bares y tiendas en las calles estrechas.

Bares y tiendas en las calles estrechas.

Dentro del pueblo, que es como de decorado pero auténtico, sólo hay que hacer lo que se espera del visitante: recorrer a paso lento las estrechas calles, disparar la cámara cientos de veces y entretenerse con la parsimonia que da todo el tiempo del mundo a mirar pequeños escaparates, hasta que el estómago y la garganta pidan por la boca. Nosotros oímos su llamada e hicimos la posta en la Enoteca Internazionale (  http://www.enotecainternazionale.com/contatti.html ), un lugar a propósito para probar y comprar vinos de la zona, quesos y bruschette de todo tipo. Un gran rato, previo a hacer la digestión con el paseo reposado, cuesta abajo y de nuevo vuelta al tren, repleto de turistas, excursionistas que regresan de hacer el bellísimo sendero del Parque Natural de Cinque Terre ( http://www.cinqueterre.eu.com/es/cinque-terre-card ), que va de pueblo a pueblo subiendo y bajando montes, descubriendo paisajes marinos y atravesando tanto calles como caminos.

Lardo (tocino) con anchoas, quesos de Liguria, carpaccio de pescado...

Lardo (tocino) con anchoas, quesos de Liguria, carpaccio de pescado…

Pepa, degustando el chardonnay de la zona, no tocando la trompeta.

Pepa, degustando el chardonnay de la zona, no tocando la trompeta.

El corazón se engrandece con experiencias tan pequeñas.

Cierta manera de veranear

Ulyfox | 20 de agosto de 2013 a las 13:28

Pepa en la Bahía del Silencio de Sestri Levante.

Pepa en la Bahía del Silencio de Sestri Levante.

Hay muchas, al menos varias, maneras de pasar las vacaciones. Antiguamente se decía (recuerdo y abrazo a Pepe González, aquel corresponsal gráfico de TVE, aquel hombre alto de cámara de cine en mano) que a Cádiz no venían turistas, sino veraneantes, es decir, sevillanos, cordobeses, extremeños y madrileños que pasaban al menos un mes en la capital, en Conil, Chiclana o Sanlúcar. Y durante esos treinta días vivían por aquí una segunda vida idílica a su forma consistente en conservar sólo las rutinas agradables (desayunos, tapeos, comprar el periódico de su ciudad de origen aunque fuera un día más tarde, almuerzos prolongados…) y en aparcar las desagradables, sobre todo la de acudir cada día al trabajo.

Playas privadas de recogida al atardecer.

Playas privadas de recogida al atardecer.

Nada que ver con la diversidad de maneras que se ha instalado hoy en día. Viajes de crucero, sol y playa, estancias de una semana en hoteles todo incluido, sobre todo que incluya gran piscina para los niños, rutas culturales, turismo alternativo, de aventuras, gastronómico, incluso el Camino de Santiago casi como nueva ruta del bacalao… y todo masificado en julio y agosto.

P1020332

La calle comercial de Sestri Levante. Arriba, decoración y trampantojos en las fachadas.

La calle comercial de Sestri Levante. Arriba, decoración y trampantojos en las fachadas.

Existen, sin embargo, lugares donde aparentemente nada ha cambiado desde aquellos años 60. He encontrado en Italia varios sitios así, pueblos y playas que conservan el aire de balneario de película de Fellini, a los que solo falta que los bañadores fueran más largos para componer una fotografía de una época acompañada por la banda sonora de ‘Sapore di sale’ o ‘Cuando calienta el sol’. Se han actualizado las vestimentas pero el decorado no ha cambiado. De hecho, al mobiliario y servicio de las playas, tan frecuentemente privadas, se les llama ‘atrezzo’. Contempla uno en los salones del hotel fotografías antiguas de Sestri Levante, en la zona del golfo de Génova conocida como Riviera de Levante, y no siente la nostalgia de lo desaparecido sino la alegría de que todo sigue allí, la larga playa de arena y el promontorio en la Bahía de las Fábulas, y la pequeña ensenada con el semicírculo de casas de colores en la Bahía del Silencio, coronada por los pinos. En las fachadas de colores amarillos, ocres y sienas, dibujos y trampantojos simulan molduras, cornisas y relieves donde sólo hay pintura con oficio y talento.

La Bahía del Silencio, a pie de playa.

La Bahía del Silencio, a pie de playa.

Ambiente veraniego en el centro.

Ambiente veraniego en el centro.

La mejor vista de Sestri Levante.

La mejor vista de Sestri Levante.

Al atardecer, tras la cena temprana de horario europeo, los veraneantes se lanzan a pasear por el Lungomare mientras los bagni, negocios de playa con pequeño bar y gran oferta de hamacas, duchas y sombrillas, limpian y recogen todo para la mañana del día siguiente. Casi cada mano lleva un helado, y muchas otras comparten el otro brazo con la correa de un perro que también aquí parece civilizado y veraneante. Todo tiene un aire tan apacible y lejano del turismo masivo… sin ser precisamente elitista. Tampoco estamos en el sur de Italia, tan ruidoso y jaranero, tan explosivo y cercano. El verano, tal vez, como cuando uno era chico, sólo que entonces la siesta era sobre una colcha en el suelo hidráulico acogedoramente fresco y las persianas bajadas, pero con la misma marcha lenta de las horas, y con la diferencia de que uno ni siquiera soñaba conocer esos lugares de gente con perro de raza y que toman campari en las terrazas. Y es ocioso decir que eso nos gusta.

Y Pepa en el Lungomare de Sestri.

Y Pepa en el Lungomare de Sestri.

Cuando no luce el sol

Ulyfox | 17 de agosto de 2013 a las 19:33

Tejados de Capoliveri.

Tejados de Capoliveri.

A veces, en los lugares turísticos hace mal tiempo, o no tan bueno como para que el visitante normal se sienta obligado a ir a la playa. Sí, sí, aunque nos parezca mentira, en las islas mediterráneas puede hacer un viento desagradable al caer la tarde, o por la mañana, aunque estemos a finales de junio y el cuerpo pida ya dejar su blancura invernal y empezar a tomar color. Entonces, en esos días, los turistas normales se acuerdan de que todas las islas, además de costa con arena y sombrillas, tienen un interior, y que normalmente suele estar habitado, y tiene historias, y monumentos y casas y museos y restaurantes y todo lo demás. No podemos ir a la playa, vayamos de visita.

Un rincón de Capoliveri

Un rincón de Capoliveri

En Elba nos ocurrió. Veíamos desde el coche las cristalinas calas y los arenales blancos, pero las nubes ocultaban alternativamente la luz. Acarreamos cada día con los bañadores y no los estrenamos. Uno de esos días decidimos visitar un pueblo del interior, Capoliveri, figurante en todas las guías, allá en lo alto, intacto de urbanizaciones. Llegamos y era bonito, con zona peatonal, miradores, casas con arcos, calles en cuesta pintadas en colores toscanos o despintadas, una larga y curva vía principal que dirigía al mirador, pero las nubes seguían yendo y viniendo, y los turistas paseando. Tejados a dos aguas sobre el promontorio y el mar al fondo por un lado, el valle por el otro. Buen consuelo para otro día más sin playa.

Un alto en la visita.

Un alto en la visita.

Y otra vez a andar...

Y otra vez a andar…

La isla de Elba fue el único lugar nuevo que visitamos en nuestro último viaje en junio. Queríamos que Pepa los conociera y a la vez volver a disfrutar con lo conocido. Elba fue un descubrimiento, nuevo y reconocible a la vez, en Capoliveri, en Porto Azzurro, en Marciana Marina, en Marina del Campo, en Portoferraio…

Imagen de Porto Azzurro a la hora de la siesta.

Imagen de Porto Azzurro a la hora de la siesta.

 

Una animada calle de Porto Azzurro.

Una animada calle de Porto Azzurro.

 

Puerto y playa de Marina del Campo.

Puerto y playa de Marina del Campo.

 

Un balcón de Marciana Marina.

Un balcón de Marciana Marina.

El rincón completo

El rincón completo

 

 

La tarde en Portoferraio.

La tarde en Portoferraio.

 

Que al atardecer es rosa.

Que al atardecer es rosa.

 

La salida de Elba en ferry. Portoferraio por la ventana.

La salida de Elba en ferry. Portoferraio por la ventana.

 

 

 

 

Napoleón en Elba

Ulyfox | 13 de agosto de 2013 a las 13:41

La entrada a la villa napoleónica en Elba.

La entrada a la villa napoleónica en Elba.

Napoleón Bonaparte es un personaje de tal presencia en la Historia mundial que podríamos decir con San Juan de la Cruz (con perdón por el sacrilegio de usar al más grande poeta de la lengua española) que por los sitios por donde pasó “yéndolos mirando/ con sola su figura/ vestidos los dejó de su hermosura”. Y como su recorrido por el planeta fue tan grande y ancho, muchos lugares en la tierra conservan esa huella. En la misma isla de Creta, tan amada, tan alejada y tan en el centro de todo, hay una de esas huellas, mínima, leve. Está en Ierápetra, el puerto más sureño del territorio europeo, frente al mar de Libia. Allí, en el destrozado centro histórico conviven retales descuidados del pasado turco y bizantino. En una de esas calles, una casa igualmente abandonada es testigo del paso del temible general corso. Nada, ni una placa mísera lo recuerda oficialmente, pero todo el mundo sabe que en ese edificio de dos plantas a punto de caerse, durmió una noche el gran Napoleón, cuando regresaba a Francia después de su gran victoria en la Batalla de las Pirámides, contemplado en su gloria por 50 siglos de historia, como él mismo dijo a sus soldados.

La vista imperial desde la villa, Portoferraio al fondo.

La vista imperial desde la villa, Portoferraio al fondo.

Entonces estaba en el apogeo de su fama, pero la casa que hemos visitado hace poco más de un mes no era esa del medio salvaje sur cretense, sino una mansión con jardín en la apacible (si obviamos a los miles de turistas) isla toscana de Elba. Allí donde pasó poco más de un año de exilio, donde las potencias que le vencieron por primera vez le obligaron a ejercer de rey, como un premio de consolación, demasiado pequeño para el más grande. Napoleón no pudo soportarlo y poco tiempo después escapó, llegó a París aclamado y corrió raudo a su definitiva derrota en las llanuras belgas de Waterloo.

El pequeño emperador no se sintió bien aquí.

El pequeño emperador no se sintió bien aquí.

Pero, genio y figura, en los pocos meses que pasó como pequeño emperador de Elba le dio tiempo a intentar reformar los sistemas agrícolas de la verde isla. Tenía su residencia oficial en Portoferraio, y se construyó una villa en el campo, a unos cuantos kilómetros, donde quizá podía sentirse algo más emperador. No fue posible, aquello no era nada comparado con el gran imperio que soñó y construyó durante algunas décadas, peleando contra todas las monarquías reinantes en la vieja Europa y tal vez convirtiéndose en el más absoluto de los absolutistas que decía combatir.

P1020274

 

P1020275

Cocina, salón y baño, y poco más en la casa de Napoleón.

Cocina, salón y baño, y poco más en la casa de Napoleón.

En la villa campera de Elba, una reja con las águilas napoleónicas precede a una avenida bordeada de cipreses que dirige hacia un pórtico monumental y clásico: primer engaño, en realidad esas columnas, capiteles y frontón fueron construidos bastante después de la estancia del emperador venido a menos, como un homenaje demasiado tardío. La verdadera casa de Napoleón está detrás, subiendo unas escaleras y es en realidad una modesta residencia, eso sí, con una perfecta vista de la capital de la isla, allá a lo lejos. En la galería clásica edificada posteriormente hay una exposición que es en realidad infamante para la memoria del gran general: numerosas caricaturas de la época representan a un emperador de pega dirigiendo un imperio minúsculo a lomos de un burro y comandando a ejércitos de atunes. No extraña que estuviera deseando salir de allí y reivindicar su fama y honor.

La fotógrafa ciega en acción de nuevo.

La fotógrafa ciega en acción de nuevo.

Pero es un encuentro esclarecedor con la Historia, casi una miniatura versallesca en medio de la campiña y a un corto paseo en coche de playas y puertos mediterráneos. La isla explota con sabiduría esta herencia, y bares, calles e incluso una cerveza artesanal llevan un nombre grande como pocos: Napoleón.

El decrépito recuerdo de Napoleón en Ierápetra, Creta.

El decrépito recuerdo de Napoleón en Ierápetra, Creta.

Gibraltar es peñón

Ulyfox | 12 de agosto de 2013 a las 13:33

Como viajero gozador, os podéis imaginar la gracia que me hacen las fronteras. Todas son un incordio, y algunas una simple forma de sacar dinero en forma de visado. Celebré tanto por eso la eliminación de barreras y la libre circulación por Europa, nuestra casa histórica al fin y al cabo. No he estado nunca en Gibraltar, y aún diría que no me llama la atención, pero sí he podido disfrutar con su enorme presencia verde y gris cerrando la Bahía de Algeciras, imponente al bajar de los puertos que nos traen desde Tarifa, y su aire de verdadera columna de Hércules si se viene desde la provincia de Málaga. También su presencia de promontorio avanzado apuntando a Africa, allá a lo lejos en los días claros desde las alturas de Castellar viejo, y su silueta apuntada emergiendo del mar si se mira desde el otro lado, en la kashba de Tánger.

Todo lo demás es juego político: un gobernador valentón que arroja bloques de hormigón, un gobierno en apuros que ve la ocasión perfecta para armar un escándalo y se hable menos del verdadero problema nacional, y un azuzar no sé qué hormonas patrioteras en uno y otro lado, olvidando que siempre, siempre, los verdaderos son los asuntos de la gente, habitantes del Peñón o del Campo de Gibraltar. Y la terrible mentalidad colonialista que nos lleva a proclamar sin pestañear que no se puede consentir en la Europa del siglo XXI que haya una colonia extranjera en territorio nacional. Como diciendo: sí se pueden consentir los numerosos ejemplos de colonias en otros continentes, porque naturalmente la potencia colonizadora somos nosotros. En todos los conflictos hay intereses que desconocemos pero en este caso muchos los podemos intuir. Tan natural debe ser tener ciudades inglesas en España como españolas en Africa, tendería a pensar la mente lógica, tan proscrita en estos asuntos de las entretelas carpetovetónicas. Por no hablar del islote de Perejil, tan fundamental para el honor patrio.

¿Qué hacemos con los miles de gibraltareños que quieren ser ingleses? Yo lo único que quiero es llevarme bien con ellos, y a ser posible, que no sean un refugio de dinero sucio. Todo lo demás se puede hablar, al menos conmigo. Oigo hablar a los yanitos con ese acento andaluz tan fuerte como el mío y no se me ocurre ningún motivo para pelearme con ellos. Qué queréis, siempre me ha podido la palabra.