Mil sitios tan bonitos como Cádiz

Taxi driver

Ulyfox | 12 de enero de 2013 a las 19:25

Manuel en griego es Manuel, Manolo es Manolis y Manu es Manos. Vale. Manos era el taxista al que llamó la encargada del Hotel Cosmos de Rethymnon para que nos llevara a la estación de autobuses, la KTEL, que es como decir la Renfe de aquí pero en autobuses y con un servicio inmejorable, frecuente, cómodo y que llega a todos lados. Manos es un joven dinámico, con media barba. Apareció sonriente y desplegó toda la batería de saludos que los griegos utilizan: kalimera, jronia polá, kalí jroniá, naste kalá, es decir algo así como buenos días, felicidades, feliz año, espero que esté bien, acompañado de un fuerte apretón de mano y una disposición absoluta.

Manos se disculpó con nosotros un minuto y pasó a saludar a la encargada del hotel y desearle feliz año, por supuesto. Luego montamos, y por el camino saludó no menos de cinco veces jovialmente a sus conocidos, incluyendo al menos un par de paradas para hacer los cumplidos de rigor con sus más allegados, supongo. Naturalmente, se ofreció a hacernos un precio especial por llevarnos directamente a La Canea. Ni siquiera le preguntamos el precio y rechazamos la oferta, aunque no dudo de que el trayecto habría sido de lo más entretenido.

Llegando a la estación de autobuses, dijo de pronto “¡un momento”! y se bajó corriendo a parar un vehículo que ya salía por las puertas. “¿Este va a La Canea?” preguntó al conductor. Vista su respuesta afirmativa, bajó rápidamente las maletas del taxi y nos dijo “ahí está”. Naturalmente (en Grecia, porque en España es bastante impensable que te hagan caso), el autobús nos esperó, el ayudante del conductor abrió las puertas y metió nuestro equipaje en el compartimento y salimos pitando hacia La Canea, en una conexión de las más rápidas y ajustadas que hemos vivido. Todo gracias al taxista más dispuesto que hemos conocido. Lo único malo es que su energía nos privó de fotografiar la increíble vista del azul golfo de Rethymnon con las Montañas Blancas nevadas casi allí mismo. Quedó en nuestras retinas pero no en nuestro blog. Nada es perfecto.

Ahora, si queréis, comparad servicios de taxi y bus con los que conocéis. Me parece que esperar, ayudar y facilitar razonablemente debería ser la máxima de cualquier servicio público. Aquí, en Creta, todavía se tiene esta medida humana de las cosas. Evharistó.

El invierno en Rethymnon

Ulyfox | 12 de enero de 2013 a las 0:28

En el puerto de Rethymnon, con el faro y el monte Psiloritis nevado, al fondo.

A ver: Rethymnon es una joya, una mezcla perfecta, antigua y con el punto justo de decadencia entre Venecia y Turquía. La gran fortaleza allá en lo alto vigila un casco antiguo con minaretes, palacios en ruinas, viejas mezquitas y loggias italianas. Unas calles estrechas pintadas en amarillo o colores siena, bordeadas de plantas, forman el entramado de casas y palacios antiguos de dos o tres alturas como máximo, y muchos de ellos en estado ruinoso. Las puertas tienen dinteles de piedra grabadas en relieve, de pronto te aparece una fuente con cabezas de león, y si miras hacia arriba ves balcones otomanos de madera. El minúsculo puerto veneciano tiene un faro de piedra que culminaron los egipcios, cuando durante un corto periodo de tiempo el sultán de El Cairo mandaba aquí.

Las calles del casco antiguo, en verano repletas, ahora están vacías.

En junio pasado estuvimos aquí, por el trabajo de nuestra guía. Entonces estaba lleno de turistas, porque no os he dicho que, además, Rethymnon tiene una playa de arena fantástica y kilométrica. Ahora, la ciudad vieja tiene un aire fantasmal: la gran mayoría de los comercios y restaurantes están cerrados. En el paseo marítimo la sensación es aún más palpable.

La Fuente Rimondi, sola, en una foto imposible de hacer en verano.

Cuando cae la lluvia y arrecia el frío, el turista anacrónico se siente como un ser perdido en busca de refugio, pero a la vez experimenta la sensación de ser el dueño de la ciudad como es sin otros visitantes. No hay apenas terrazas en las calles, esas sillas y mesas que tan bien quedan entre los colores cretenses no están. En la calle Vernadou, buscas el obrador del maestro de la pasta filo, Giorgos Hasparakos, al que visitaste en junio. La puerta está entornada pero hay luz de fluorescente en el interior. Giorgos y su mujer se asoman y los saludas. Y te cuentan que ahora no hay trabajo, porque no hay grupos de turistas, pero él está con un rollo de pasta en la mano, y sigue estirando la filo y el kataifi como ha hecho desde hace más de 60 años. Dice que hace unos años estuvieron en Andalucía de vacaciones y un poco después en Barcelona. Y les gustó.

Yiorgos Hasparaskos, el maestro de la pasta filo, y su mujer, a la puerta de su negocio.

El mar embravecido por el invierno, y la silueta gris de Rethymnon.

 

La enorme fortaleza veneciana (Fortetza) domina el casco antiguo.

Nada es igual que en verano, el puerto está vacío, y el faro recorta su silueta fría contra la estampa aún más fría y nevada del Monte Psiloritis, el más alto de la isla con sus 2.456 metros de altitud bien contados. No hay tiendas ni bares abiertos ni expositores de objetos turísticos llenando las parees, y por eso observas con más gusto los detalles arquitectónicos de esta mezcla de siglos en colores pastel. Y añoras el buen tiempo, pero no desdeñas el invierno, tan cretense como el verano.

La puerta de un palacio ruinoso en Rethymnon.

Cómo sortear la crisis

Ulyfox | 10 de enero de 2013 a las 0:21

La calle Handakos de Heraklion alrededor de las ocho de la tarde de un día de enero.

Me he traído a Creta la última novela de Petros Márkaris, Liquidación final, segunda de la trilogía que protagoniza el peculiar comisario Kostas Jaritos con el telón de fondo de la crisis económica griega. Márkaris pinta una Atenas triste en la que la gente pierde el trabajo y ve reducido su sueldo, y donde crecen los suicidios casi tanto como los asesinatos que su inspector investiga. En este ambiente, un asesino en serie elige como víctimas a los evasores de impuestos, con lo que se convierte rápidamente en un héroe popular, algo así como un Robin Hood a lo bestia. La novela es espléndida y muy descorazonadora a la vez.

Pides una cerveza y te ponen esto

Hace tiempo que no hemos estado en Atenas, más de un año y medio, y naturalmente en las zonas que visitamos, las más turísticas, no parecía notarse esa crisis. Lo mismo nos pasa en Creta. Heraklion, la capital, es un hervidero de jóvenes y mayores llenando las hermosas terrazas que saben poner los griegos. Los restaurantes también, en pleno enero, realizan un buen negocio. Y tenéis que ver comer a los cretenses: platos y platos, piden siempre para que sobre, les gusta tener raciones variadas, probar un poco de todo, y no es extraño ver comida de más.

Una terraza exterior ¡con chimenea!, en el paseo marítimo de Rethymnon

Así que no sé. Nos han dicho que en la isla la crisis no se nota tanto porque el turismo da para vivir bien todo el año. Además, tiene varias facultades universitarias y la agricultura tiene una buena producción que se envía a todo el país. No parece, a simple vista, que haya los gravísimos problemas que todos asociamos mentalmente al nombre de Grecia.

Es asombroso el gran número de jóvenes que se ve consumiendo en las terrazas, y ¡qué terrazas! No hay problema porque sea invierno: no hay cerramiento posible ni sistema de calefacción callejera que no hayan inventado contra el frío y la lluvia. En muchos lugares se ve que la inversión en la adaptación de esos bares debe de haber sido cuantiosa. No me puedo imaginar estos montajes en ningún lugar de España ni casi del mundo. Pero todo vale antes que dejar la costumbre de consumir en la calle, sentados, con mucho café y helados y poco alcohol, y si es posible con el backgammon sobre la mesa. Así pasan horas y horas en una tertulia incansable. Las consumiciones no son baratas, pero sí duraderas. Otro gran detalle: no hay bebida, sea café, refresco, chocolate, vino o cerveza que no venga acompañada de algo para comer, y en algunas ocasiones de manera tan abundante que casi es una merienda contundente. Eso unido a que las condiciones del local son en muchas ocasiones de auténtico lujo hacen que el precio de un café a tres euros resulte bastante bien compensado, y el de una cerveza de abadía grande a 4,50 casi barato. Sea como sea, mucha gente puede pagarlo, así que… no sé que pensar de la crisis en Creta.

Bendito sea el mar

Ulyfox | 8 de enero de 2013 a las 0:43

El mejor recupera la cruz del agua (la foto es de internet)

Mantengo con la religión una relación atípica, o quizá no tanto. No diré como el Perich que la religión ayuda a resolver problemas que no existirían si no existiera la religión. Detesto las soflamas de algunos representantes de la jerarquía, y su empeño en dictar sentencias dogmáticas, negando la humanidad de las dudas y el derecho a tenerlas, así como la necesidad de rebelarse. Y lo que me parece artificial y despótico es su milenaria repulsión por el sexo, para mí incomprensible, como si fuera un obstáculo para la rectitud moral. Y es imperdonable su capacidad para ver la paja en el ojo ajeno y ser ciego para la viga en el suyo. Por no hablar de su tradicional cercanía, como institución, a los poderosos, a los que ha bendecido en tantas ocasiones.

Los habitantes de Heraklion toman agua bendita el día de la Epifanía.

Dicho esto, considero revolucionarias frases como “el que esté limpio de culpa que tire la primera piedra”, “bienaventurados los pobres de espíritu”, “has pecado mucho porque has amado mucho”, “si quieres seguirme, vende todo lo que tienes y repártelo a los pobres” y por supuesto “haced como los lirios del valle”, entre otras muchas. Máximas que si los adalides de la ortodoxia cristiana hubieran respetado y aplicado en una mínima parte, nos hubieran ayudado mucho a hacer de este mundo algo mejor.

Bendición del mar en el puerto de Heraklion.

¿Todo esto a qué viene? diréis. Pues porque acabamos de ver una demostración más del apego de los griegos por las tradiciones religiosas. En Grecia, la religión está imbricada con el Estado. Los curas son funcionarios públicos, y el patriarca ortodoxo bendice la sesión inaugural del Parlamento y a todos los parlamentarios, incluidos los comunistas más ateos. Es así. Las iglesias son los edificios mejor cuidados en todos los pueblos, pintados siempre aunque las casas a su lado se estén cayendo o sean un desastre de cuidado. La gente se santigua al paso por los templos o al salir de su casa, las celebraciones religiosas son seguidas masivamente.

La multitud observa la ceremonia desde la fortaleza Koules o Rocca al Mare, que cierra el puerto veneciano.

En la mañana de Reyes, el puerto veneciano de Heraklion vivía una extraña agitación, las familias se agolpaban en las cafeterías de los alrededores ante tazones de chocolate, la televisión y los fotógrafos se apelotonaban ante una plataforma adornada con hojas de palma. El viento había empezado a soplar con esa suavidad fría que anuncia lluvia.

Los sacerdotes ortodoxos, de vuelta hacia la iglesia.

Un poco antes del medíodía, una procesión compuesta por autoridades civiles, escolta militar, banda de música y curas bajó por la calle 25 de Agosto procedente de la basílica de Agios Titos. Allí habían celebrado la Eucaristía y bendecido el agua, que los fieles habían bebido poco después, tomándola de unos grifitos instalados en una pila de plata. Los popes aparecían con sus vestiduras de gala. Tras rodear la histórica dársena, los curas subieron a la plataforma. Junto a ella, una treintena de hombres en bañador desafiaban la fría temperatura y el viento que se acababa de levantar bajo las nubes grises. En el agua esperaban también más de una docena de ellos. Tras unas palabras solemnes por la megafonía, el que por sus vestiduras y su tocado parecía el de más rango entre los sacerdotes arrojó una cruz al agua helada. Y entonces se formó el barullo en el mar. Los bañistas se lanzaron todos a por la cruz de metal. El más hábil en el buceo se hizo con ella y la enarboló orgulloso. Se aseguró así un año de buena suerte para él y para su familia.  Enseguida, los barcos hicieron sonar sus sirenas y lanzaron bengalas para celebrarlo. Así fue la Bendición del Mar, una ceremonia que se repite la mañana de Reyes, en todos los puertos griegos. Es la Teofanía, equivalente de nuestra Epifanía, y con esta celebración demuestra la extraordinaria y milenaria relación del pueblo de Grecia con el pélagos, en su hermosa lengua milenaria.

La cruz, rescatada del mar, en buenas manos.

La tumba de un hombre

Ulyfox | 5 de enero de 2013 a las 23:31

La tumba de Kazantzakis en Heraklion

“No espero nada, no temo nada, soy libre” es el epitafio escrito sobre la sencilla tumba (tafos) de Nikos Kazantzakis en el bastión Martinengo, en la imponente muralla veneciana de Heraklion. Una lápida de piedra y una cruz de madera por todo adorno para un gran escritor y humanista, defensor de los derechos humanos y casi Premio Nobel de Literatura. El autor de Zorba el griego y La última tentación de Cristo, entre otras decenas de libros, gran escritor de viajes, ministro de izquierdas, reverenciado en su patria cretense y en toda Grecia, yace aquí, y en esta mañana lluviosa de enero, su tumba estaba más solitaria que nunca. Sólo el graznido de los grajos lo acompañaba. Mientras, desde lo alto de la fortaleza se divisaba toda la caótica, desastrosa y viva ciudad, y el mar gris. Cuando los cretenses enterraron a su paisano en 1957, miles de personas subieron al bastión a despedirlo. El aeropuerto de Heraklion lleva su nombre, en el cercano pueblo de Mirtia hay un estupendo museo dedicado a él. Kazantzakis y Elefterios Venizelos son los dos rostros de Creta.

Parte de la imponente muralla que rodea Heraklion.

Al final, todo es por amor

Ulyfox | 4 de enero de 2013 a las 0:40

Un organillero, en la plaz Venizelos de Heraklion.

Los dos besos que Yiorgos, el dueño de la taberna Hipokampos de Heraklion, nos ha plantado esta noche en cuanto nos ha visto entrar a su local nos dieron la respuesta inmediata a la pregunta de por qué estamos aquí: estamos aquí para que nos reconozcan como de los suyos. Mientras intercambiábamos los abundantes saludos que se hacen los griegos, cómo estás, qué tal todo, estás bien, y le añadíamos los propios de las fechas, felicidades, feliz año (jronia polá, kalí jroniá) entendimos que hemos venido para esto.

Berenjenas ahumadas con nueces en el restaurante Kouzineri.

A mediodía hemos almorzado en el restaurante Kouzineri, donde el pasado septiembre nos comimos uno de los mejores cerdos al horno de nuestra vida. Tras contárselo a Dimitris, el encargado, me miró y me dijo en inglés: “Your name is Manolis?” ¡Efectivamente, se acordaba de nosotros y de la mesa en la que habíamos comido esa pata dorada y crujiente por fuera y jugosa por dentro!

En la nueva sala de esculturas del Museo de Heraklion

Excuso decir que en los dos casos la comida ha sido excelente y las conversaciones confiadas e ilustrativas. Dimitris y Yiorgos, dos amigos en Heraklion, ese desastre urbanístico tan atractivo. Además, hemos descubierto que el maravilloso Museo Arqueológico parece avanzar por primera vez en su laboriosa renovación que dura ya más de seis años: dos espléndidas salas han abierto luminosas y alojan una preciosa colección de esculturas y los incomparables frescos hallados en el palacio de Cnosos. Albricias, la vida sigue.

La tienda de música cretense Aerakis.

Y más buenas noticias: encontramos la tienda de música Aerakis, la mejor en música cretense, que se había mudado a solo unos metros de su lugar habitual, lo que nos dio a pensar en nuestra anterior visita que había cerrado. No. El negocio no va muy bien, pero ellos siguen vendiendo discos, y produciéndolos, incansables en su trabajo de fomentar este singular y bellísimo arte hecho con laúdes, lyras, guitarras y percusión, con ecos orientales y bizantinos. Salimos cargados de discos y con la pena de que seguramente no podremos asistir al recital de Vasilis Skoulás, uno de los grandes maestros, este mismo sábado en un pueblo no muy lejano de aquí. La música forma parte fundamental del alma cretense, muy ligada a las fiestas, la comida e incluso a la resistencia, ya fuera contra los turcos, los alemanes o la dictadura de los coroneles.

La basílica de Agios Titos en Heraklion, que antes fue mezquita.

No está mal para el primer día. De amor.

Cazón en Heraklion ¿Qué hacemos aquí?

Ulyfox | 3 de enero de 2013 a las 0:32

Ante la fuente Morosini, en el centro de Heraklion (la foto es de hace tres años)

Hemos llegado tarde a Heraklion. Con el tiempo justo de dejar la maleta y buscar un lugar para cenar. Cerca del Hotel Atrion, varios sitios para comer. Abiertos y llenos. Dicen que la crisis, pero en la capital de Creta los locales están llenos de gente joven con buen apetito. Hemos viajado con Aegean Airlines, que se merece un premio por sus precios y su amabilidad. Las comparaciones están dejando de ser odiosas para ser solamente necesarias: desde Jerez a Madrid ya no vuela Iberia sino Iberia Express ¡atención! las maletas las cobran aparte ¡a 24 euros cada una! Y han suprimido dos vuelos cada día. Dicen que es una compañía de bajo coste, pero nos ha costado más caro volar de Jerez a Madrid que de Madrid a Atenas. Sigamos comparando: en esa Iberia Express despótica con el cliente no te dan ni los buenos días. En Aegean, en tres horas de vuelo a Atenas nos recibieron con una bandeja de caramelos, luego bebida a petición, luego una una comida con vino blanco y luego otra bebida de cortesía. Después, en los apenas 40 minutos de viaje a Heraklion, nueva bebida y un pastelito. Y miles de sonrisas. Y son griegos, pobres y despilfarradores, según nuestra institutriz, la señorita Rotenmerkel,

Luego, hace nada, hemos cenado en Ladokolla, un restaurante de Heraklion, aquí al lado, los únicos españoles en toda Creta, creo. Y nos han puesto cazón (gáleos) a la parrilla con una salsita ladolémono, es decir aceite y limón: delicioso. Unos calabacines cortados muy finos fritos, un carpaccio de pescado y una taramosalata sublime. Y el final regalado del raki y el postre. Estamos en Creta: felicitadnos.

¿Por qué estamos aquí de nuevo? Si ya hemos venido tanto, si el trabajo de campo está hecho, si…. Nos gusta esta negación de la crisis, esta reivindicación de un espíritu nacido miles de años antes que la prima de riesgo, esta forma de convivir con el déficit público pero también con el superávit de generosidad. Europa prohíbe fumar, pero en este lugar nos han dejado hacerlo (a mí no, ya sabéis que yo no) con la sonrisa cómplice del amigo que dice ‘hombre, por favor’.

Y el cazón estaba buenísimo.

Un año feliz

Ulyfox | 31 de diciembre de 2012 a las 17:51

Extenuados, casi casi vencidos, derrotados en algunos aspectos, aún vivos. Así hemos llegado algunos al final de este año doce. Como aún no estamos muertos, hemos decidido vivir un rato en nuestra otra vida. Así que cuando muchos leáis esto, estaremos otra vez en Creta. Será la segunda vez que visitemos la isla en invierno, y esperamos ver la nieve en las montañas Psiloritis o en las Blancas. Esperamos también ver a algunos amigos que nos han insistido en que los visitemos. Esperamos.

En la invernal playa de Myrtos

Aquella primera vez, hace unos años, estuvimos en Creta para firmar la compra de la casa-ruina de Pefki (en la primera foto, vista general del pueblo). Ya tenía una higuera en la chimenea del salón sin techo. Pasamos unos días invernales en Makry Gialos: cero turistas y algo de frío, pero también un domingo luminoso en Elounda y el descubrimiento de la taberna Hipokampos. Y el paseo solitario por el palacio de Cnosos. Y las olas enormes contra la playa de Myrtos. Creta en invierno tiene algo de familiar y a la vez imponente. Esperamos recalar en Heraklion, en Rethymnon, en La Canea, subir a Drosia y a Archanes a probar algunos restaurantes; si el tiempo lo permite, recorrer el valle de Amari, y quién sabe si darán los días para aceptar las invitaciones de Stella en Kato Zakros y de Klío en Vamos. Zeus dirá. Y esas tardes, para escribir, que la guía apremia. Como nos llevamos el equipo, estaremos en contacto.

El palacio de Cnosos, solitario un domingo de invierno.

Que el nuevo año nos traiga a todos algo mejor. Por Zeus.

Después de todo, felicitémonos

Ulyfox | 27 de diciembre de 2012 a las 1:50

El christmas calendario del Hotel Votsala de Lesvos.

A pesar de todo, a mí me sigue gustando felicitar por estas fechas. Uno no sabe muy bien por qué. Convengamos, si queréis, en que es sólo una costumbre, un rito social, un formalismo sin fondo, un tópico, una herencia de una creencia que ya no es la de muchos de nosotros. Vale, muy bien, y qué. No es dañino y, por el contrario, puede agradar a mucha gente. Uno frena su coche, baja la ventanilla y grita al vecino: ¡felicidades, Juan! y el vecino se acerca a tu ventanilla abierta y te responde ¡hombre, Manuel, felicidades! ¿a trabajar ya? ¡Ahí vamos! ¡Dale un beso a tu mujer! Y ya está. Está muy bien, hombre. No es falsedad. En otros días, a lo mejor sólo saludas levantando la mano y no te paras. Que la Navidad propicia esto, pues bienvenida sea.

Y además, en estas fechas, la invariable Teresa manda su christmas. Todos los años, la antigua compañera de Facultad, la que siempre nos dejaba los apuntes, Teresita, envía sus pocas líneas en una tarjeta de Unicef. Y este recuerdo postal mantiene unido al grupo de andaluces y manchegos que compartieron sus ocios inocentes en un Madrid que empezó frío y franquista y al acabar la carrera era luminoso y gobernado por Tierno Galván, el viejo profesor socialista ¿Cómo no me van a gustar estos ritos?

El christmas electrónico del Vamos Traditional Village

Y últimamente, cada vez más, en estos días, llegan otros buenos deseos desde Grecia. Ya hace años, el hotel Votsala de la isla de Lesvos nos manda su original tarjeta. Allí estuvimos hace ya diez, al menos, como una maravillosa parada en el camino hacia Turquía. En la otra orilla nos esperaba la sugerente Ayvalik, pero en el Votsala, junto a Mitilene, encontramos un refugio singular con un jardín junto al mar y unos dueños de los que solo encuentras en Creta, amables, solícitos, prestos a dar toda la información y a facilitar la estancia. Desde entonces, todos los años, un christmas. Este año, se trata de un calendario que va de verano a verano. Lo podéis ver arriba, con una fotografía del embarcadero y plataforma de baño que está frente a su hotel, allí en el Egeo norte, frente la costa jónica de Turquía, no tan lejos de la homérica Troya. Será mi calendario y en él tacharé los días que van de vacación a vacación, de sueño a sueño, de amor a amor, de verano a verano.

También hemos tenido correo electrónico de Vamos, un pueblo de la comarca cretense de Apokoronas, cerca de La Canea y en las estribaciones de las Montañas Blancas. Quizá recordéis que allí recibimos el pasado septiembre unas lecciones de comida de Creta. Clío, una de las encargadas de los alojamientos tradicionales, ha estado este año en Madrid, y gracias a esta tarjeta ahora sé que lo pasó muy bien. Viva la Navidad por esto.

Así que sigamos los ritos, por qué no. Os deseo felicidades a todos y que os duren al menos tanto como ese calendario eterno. Entre nosotros, al menos, bajémonos las ventanillas. Felicidades.

No sin mi guía

Ulyfox | 15 de diciembre de 2012 a las 18:58

En Venecia, con la Guía del Trotamundos.

Recuerdo que sólo en nuestros dos primeros viajes no llevamos una guía. En Cuba éramos ignorantes viajeros, insulsos primerizos, y además aquello estaba tan organizado que no había por qué. Pero al año siguiente, en nuestro primer contacto con Italia descubrimos al sabio. Uno de los compañeros del grupo parecía saber más que todos los demás, y siempre tenía claro dónde se podía comer y qué esquina doblar para que el viaje fuera más interesante, mucho más que nuestro guía oficial, bastante interesado en que entráramos en ciertas tiendas y déspota a su manera. Ese hombre tenía un secreto que lo hacía más poderoso que a todos nosotros: iba armado con la Guía del Trotamundos, y en sus páginas mágicas encontraba respuesta a sus preguntas y a las de todo el grupo. Él por ejemplo, con sus letras, nos proporcionó uno de los mejores descubrimientos: la Trattoría Al Mascaron de Venecia, donde descubrimos que la pasta al forno con verdura podía ser una delicia, y en la que confirmamos años después que los spaguetti podían saber a almejas en toda su longitud.

En Atenas, con una guía mucho más gorda.

La Guía del Trotamundos fue nuestra biblia a partir de entonces, y a ella le debemos gran parte de nuestro descubrimiento de Grecia, cuando nos llevaba de cabeza a sitios en los que parecía inverosímil que se pudiera comer tan bien ¡Ese cerdo con berenjenas en Esparta! Regada con vino rosado de barril, con el acompañamiento del canto de los dos ociosos camareros en una mesa cercana, en un local que no invitaba precisamente a entrar, esa cena forma parte de nuestra vida casi como la primera vez que nos besamos. Y esa guía nos enseñó cómo ir y volver de los altos, etéreos monasterios de Meteora, sin perdernos, hasta ganarnos el calificativo de aventureros por todos los compañeros de grupo que no se salieron del carril.

La mejor guía para el Périgord.

El Trotamundos, las guías Total, Guiarama o Viva de Anaya Touring, la Lonely Planet son como nuestra Trilogía de las Guías. No se nos ocurre viajar sin esas páginas llenas de información hechas, sudadas, amadas y vividas por gente que conoce el destino al que están dedicadas. ¿Cómo ir sin guía? Pero, quién lo iba a decir, parece que en este mundo tan irreconocible que nos están dejando, la gente está empezando a perderle el cariño a las guías. O eso dicen.

Nosotros qué os vamos a decir, si estamos escribiendo una trabajada y gozosa guía de Creta para Anaya. Pero esto es lo que ha escrito nuestra editora (me encanta como suena) Ana López: http://www.anayatouring.com/blog/2012/12/14/%c2%a1no-sin-mi-guia/#comments. Leedlo, retuiteadlo, difundidlo o como quiera que se diga en lenguaje de ahora lo de apoyar una causa justa. Por los viajeros, que somos todos.

 

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