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Románico palentino, con los cinco sentidos y alguno más

Ulyfox | 15 de mayo de 2020 a las 13:17

Santa Eufemia de Cozuelo, no tan sola en el campo palentino.

Santa Eufemia de Cozuelo, no tan sola en el campo palentino.

Una columna de piedra etérea en San Andrés del Arroyo.

Una columna de piedra etérea en San Andrés del Arroyo.

Si lo hiciéramos como una descripción mecánica, vendríamos a decir que el románico es algo así como una sucesión de arcos, arquivoltas, ventanas lobuladas, vanos y capiteles esculpidos de manera frondosa e imaginativa. Pero lo que llama la atención es la capacidad de este estilo arquitectónico que dominó toda Europa durante casi tres siglos en la Edad Media para provocar emociones desde su aparente sencillez de concepto. La belleza de un cimborrio o de un triple ábside no es fácilmente descriptible con palabras técnicas. Habría que servirse de la mejor y menos rimbombante poesía, y ahí es donde el románico conecta con el alma del contemplador que acude a él de manera forzosamente inocente.

Santa Cecilia Vallespinoso San Juan Bautista de Matamorisca Detalles en San Martín de Frómista

Detalles decorativos en San Juan de Vallespinoso, Santa Juan de Matamorisca y San Martín de Frómista.

Detalles decorativos en San Juan de Vallespinoso, Santa Juan de Matamorisca y San Martín de Frómista.

Es verdad que el románico puede llegar a ser lujoso, y ahí están algunas muestras excelsas en Alemania, Francia e Italia. Sin duda, catedrales como la de Pisa producen arrobo por su belleza, pero en cuanto a emoción, y sabiendo siempre que este sentimiento responde a cuestiones personales, preferimos las pequeñas maravillas del románico palentino, por ejemplo, tan alejado de los mármoles toscanos. Así se nos quedó el corazón cuando lo descubrimos (qué alborozo conocer esas cosas todavía, pasada la sesentena) en un reciente viaje invernal por esos viejos campos de Castilla la Vieja.

San Matín de Tours, en Frómista.

San Matín de Tours, en Frómista.

El monasterio de Santa María la Real (que aloja una fundación dedicada al estudio y promoción del románico además de un hotel del que disfrutamos) y la ermita de Santa Cecilia en Aguilar de Campoo, la del mismo nombre en Vallespinoso, la de Santa Eulalia en Barrio de Santa María, la de Santa Eufemia de Cozuelo, solitarias en lo alto de una loma o sobre una piedra recia, con apenas una nave, una portada y algunas ventanas con arcos trenzados o ajedrezados, incluso bajo la lluvia del diciembre más cerrado, son capaces de impactar al corazón dispuesto. La majestuosidad de la modélica San Martín de Frómista, canon de escultura en capiteles en sus tres naves modélicas, sus ábsides armoniosos, sus remates exteriores profusamente labrados, sus dos torres cilíndricas… son un salto hacia arriba en la escalera de la belleza.

Santa Cecilia, sobre su roca en Vallespinoso.

Santa Cecilia, sobre su roca en Vallespinoso.

Santa Eulalia en Barrio de Santa María.

Santa Eulalia en Barrio de Santa María.

Y a un nivel sublime están el asombroso claustro de columnas labradas de manera casi aérea en el monasterio de San Andrés del Arroyo, los frisos de las portadas de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes (maravilloso hotel en el convento de San Zoilo) y de la de San Juan Bautista en Moarves de Ojeda. Un derroche escultural semejante en ambos casos, representando al Cristo Pantocrátor rodeado de los doce apóstoles, pero que en el segundo caso añade la el llamativo color rojizo de la piedra oxidada y la excepcionalidad de que esa maravilla artística sin igual está en un pueblo de poco más de una decena de habitantes, lo que acentúa la sensación de reino divino en solitario sobre la estepa. Ya lo escribimos hace un tiempo, pero no me resisto a repetirlo aquí: el amable y septuagenario señor que tiene la llave del templo nos dijo: “Ya tienen que tener ustedes amor a esto para venir aquí desde tan lejos…” ¡Claro, pero cómo no caer rendidamente enamorado ante esa fachada de color rojizo…!

El maravilloso claustro del convento de San Andrés del Arroyo.

El maravilloso claustro del convento de San Andrés del Arroyo.

Santa Cecilia, en Aguilar de Campoo.

Santa Cecilia, en Aguilar de Campoo.

Nuestro viaje se topó con varios inconvenientes que quedaron en simples contratiempos dada la magnitud de lo contemplado. Especalmente doloroso fue no poder ver algunas pinturas al fresco en los muros de pequeñas iglesias, cerradas y sin nadie visible para que las abriera, a causa de la temporada invernal.  En Barrio de Santa María localizamos a la mujer que tiene la llave de Santa Eulalia, a las afueras del pueblo, pero era un día lluvioso y frío, y la señora se asomó a la puerta en bata y pijama, para excusarse: “Es que miren ustedes, estoy regular y con este tiempo…”. Estaría de Dios…

Monasterio de Santa María la Real en Aguilar de Campoo

Monasterio de Santa María la Real en Aguilar de Campoo

Fachada de Santa María del Camino, en Carrión de los Condes.

Fachada de Santa María del Camino, en Carrión de los Condes.

Friso de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes.

Friso de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes.

Ábsides de San Martín de Frómista

Ábsides de San Martín de Frómista

 

 

 

Palencia ya no es desconocida

Ulyfox | 10 de febrero de 2020 a las 13:38

vista del ábside de la catedral de Palencia.

vista del ábside de la catedral de Palencia.

No haber visitado Palencia hasta una cierta y elevada edad podría no tener perdón, ni siquiera con la  válida excusa de vivir en la más baja Andalucía. No, porque hemos pasado bastantes veces por su cercanía en nuestros viajes al Norte. Sí, podría no tener perdón, una vez visto lo que nos habíamos estado perdiendo. Me refiero a la capital, aunque la provincia tiene una gran cantidad de tesoros románicos que otro día os contaremos.

La Plaza Mayor de Palencia.

La Plaza Mayor de Palencia.

Aun estando tan lejos, no sé qué hace que viajemos al Norte siempre en invierno. En esta ocasión fue a finales del otoño, tiempo gris, en ocasiones lluvioso, que sin embargo no nos ha impedido nunca el disfrute de esas regiones españolas. Añoramos más sol y menos agua cuando estamos por allí, pero los recuerdos siempre han sido duraderos.

El Mercado Central y la sede de la Diputación Provincial.

El Mercado Central y la sede de la Diputación Provincial.

En las horas que pasamos allí comprobamos que Palencia es para pasearla, con un casco antiguo pequeño, con monumentos esparcidos por toda su extensión pero no especialmente bello. Parece haber sido modernizado en una buena parte y eso le resta asombro al callejeo, aunque no encanto ni comodidad. Tiene, eso sí, algunas iglesias góticas muy interesantes como las de San Miguel y San Pablo, el monasterio de Santa Clara, y sobre todo, por encima de todo, su asombrosa catedral, la dedicada a San Antolín, que se había designado siempre como ‘la bella desconocida’ y que a partir de su restauración en marcha se está llamando ‘la bella reconocida’. Con cuánta justicia.

Detalle del retablo de una de los altares principales de la Catedral.

Detalle del retablo de una de los altares principales de la Catedral.

 

La catedral por sí sola, se puede decir alta y claramente, merece una visita a Palencia. Es un asombro de belleza que injustamente no figura entre las de obligado cumplimiento para los amantes del arte. Cuando la visitamos estaba en obras, y tenía desafortunadamente cerradas la nave central y el altar mayor. También por desgracia había concluido unos días antes la posibilidad de visitar los trabajos usando un ascensor desde el que se podía contemplar toda su grandeza. En temporada, se podrá volver a disponer de este circuito.

Portada de la iglesia del Monasterio de Santa Clara.

Portada de la iglesia del Monasterio de Santa Clara.

 

Pero lo que se podía ver, aun así, es maravilloso, una riqueza artística en arquitectura, en escultura, pinturas y relieves insospechada en la que es (otra vez un dato descubierto) la tercera catedral más grande de España. Las piezas únicas se despliegan en las naves, en el coro, en el trascoro, en las numerosas capillas laterales y de la girola, y en la misteriosa cripta de San Antolín. La restauración en marcha debe dejar un conjunto ciertamente admirable. Ya lo es en lo que se puede ver.

Vista de la fachada principal de la Catedral.

Vista de la fachada principal de la Catedral.

 

Una estupenda audioguía sirve de perfecto acompañamiento a la visita, que forzosamente debe ser lenta y reposada, demorándose uno en cada rincón para admirar la factura de las obras de arte y las historias que estas te cuentan.

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Imágenes del interior de la bellísima catedral gótica.

Imágenes del interior de la bellísima catedral gótica.

El recorrido debe incluir también el magnífico museo, que incluye esculturas románicas, tapices y obras de El Greco, Zurbarán, Silóe y otros muchos, aparte de curiosidades como el retrato deformado a lo ancho de Carlos V que sólo se puede apreciar a través de un minúsculo agujero lateral.

La antiquísima cripta de San Antolín.

La antiquísima cripta de San Antolín.

 

Y después de esto, siempre se tiene la posibilidad cierta de acabar el disfrute con las delicias de la comida castellana en alguno de los restaurantes o bares de tapas palentinos. Sería imperdonable perderse este final. Nosotros nos lo dimos en el restaurante Los Candiles, con un estupendo lechazo.

Estupendo lechazo en Los Candiles.

Estupendo lechazo en Los Candiles.

Vicenza, un arquitecto, un teatro

Ulyfox | 21 de enero de 2020 a las 21:18

El magnifico Teatro Olímpico de Vicenza.

El magnifico Teatro Olímpico de Vicenza.

La gente visita Vicenza por un arquitecto. Bueno, también por más cosas, pero sobre todo por Andrea Palladio, uno de los genios del Renacimiento italiano, del esplendor del Cinquecento. O sea, que se no te interesa la arquitectura no vayas a Vicenza. Pero qué digo: es imposible que no te interese la arquitectura de Palladio. El artista nacido al lado, en Padua, inventó un concepto de palacio y, sobre todo, de villa campestre señorial que fue copiado en todo el mundo rico hasta cientos de años después.

La espléndida Piazza dei Signori.

La espléndida Piazza dei Signori.

Y Vicenza, en la región del Véneto, es un derroche de Palladio. Tiene una calle que lleva su nombre, claro, el Corso Palladio, que atraviesa la ciudad antigua y está llena de palacios diseñados por él, como una exposición permanente de su obra, como un catálogo a tamaño natural de asombros, un compendio de columnas, pilastras y ventanas enormes pensados y realizados con un gusto único.

Un lateral de la Piazza dei Signori.

Un lateral de la Piazza dei Signori.

Esa calle, que uno tiene que recorrer mirando forzosamente a uno y otro lado, levantando y bajando la mirada, entrando y saliendo de los patios, va a parar en lo que para mí es una maravilla única, un lugar que por sí solo merece la visita a esta ciudad asombrosa llena de maravillas: el Teatro Olímpico. También está, por supuesto, la Basílica Palladiana, un invento asombroso y bellísimo para envolver con clasicismo renacentista un palacio comunal medieval. Tal vez, dicen los entendidos, lo mejor de este arquitecto, junto con la Villa La Rotonda, en las afueras, que no nos dio tiempo a visitar.

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La Basílica Palladiana, obra cumbre de este arquitecto en Vicenza.

La Basílica Palladiana, obra cumbre de este arquitecto en Vicenza.

Pero el Teatro Olímpico, que una de las últimas realizaciones de Palladio, que no llegó a terminarla, es algo singular, una locura diría yo si no fuera porque es completamente racional y equilibrada: la reproducción de un teatro romano clásico, hecho a base de maderas y estucos imitando mármol, con gradas, columnas y esculturas, y con un decorado hecho enteramente para la ocasión de la representación de Edipo Rey de Sófocles, que figura la antigua ciudad griega de Tebas. Hasta un cielo falso pintado quiere dar la impresión de que es un espacio al aire libre.

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El fabuloso Teatro...

El fabuloso Teatro…

El pequeño auditorio sobrecoge y alegra a la vez, con esa alegría que da la hermosura, un poco a lo mejor la alegría que da compartir especie con esos grandes hombres. Digo yo.

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El palazzo Chiericati, también de Palladio.

El palazzo Chiericati, también de Palladio.

Ese día, fuera de temporada a mediados de noviembre, llovía en Vicenza. No mucho, pero los palacios brillaban menos por la luz gris. Algún rayo de sol salió para iluminar la Basílica, entendida según la dominación que se le daba en tiempos griegos y romanos a los edificios de los regidores y administradores de la ciudad, en una gran plaza casi rectangular. El edificio, que ha conservado la altísima torre medieval, reina imponente en ese espacio.

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Dos rincones de Vicenza.

Tres rincones de Vicenza.

Tres rincones de Vicenza.

Tres rincones de Vicenza.

Sí, sí, pero el Teatro Olímpico…

Split, vivir como un emperador

Ulyfox | 16 de noviembre de 2016 a las 13:58

El Peristilo del palacio de Diocleciano, centro de Split, bajo la lluvia.

El Peristilo del palacio de Diocleciano, centro de Split, bajo la lluvia.

El Peristilo, con la torre de la Catedral al lado.

El Peristilo, con la torre de la Catedral al lado.

El Peristilo, de noche.

El Peristilo, de noche.

 

En Split es muy sencillo vivir, comer, beber, pasear y dormir en el palacio de un emperador romano. Basta con alojarse en el centro histórico de esta ciudad croata, auténtica capital de la región de Dalmacia. Buena parte del casco antiguo de esta luminosa población a orillas del Adriático se asienta sobre el palacio del emperador Diocleciano, que escogió su lugar de nacimiento para construir este inmenso edificio, donde pasó sus últimos años, entre los siglos tercero y cuarto de nuestra era. El tiempo posterior hizo de las suyas y tras la época romana el edificio fue ocupado por la gente ‘normal’, que en la Edad Media edificó allí sus viviendas, añadiendo y quitando muros y tabiques, reutilizando material. Una reforma de siglos que ha dado como resultado un intrincado laberinto de callejuelas de piedra salpicado de restos de columnas, arcos, templos y galerías, integrados en la trama urbana con una naturalidad que pasma, mezclando estilos arquitectónicos y componiendo una bellísima imagen.

Mezcla de estilos en la Puerta Oeste del Palacio de Diocleciano.

Mezcla de estilos en la Puerta Oeste del Palacio de Diocleciano.

Aún hay que cruzar alguna de las cuatro puertas monumentales abiertas en la muralla que era la pared exterior del palacio para entrar en este casco antiguo y que sigue en pie, mil setecientos años después. El panteón octogonal que mandó construir Diocleciano para que descansaran sus restos, y donde fue enterrado, es hoy la catedral pero se conserva tal cual, con sus mármoles y sus columnas, si bien con el añadido de un altísimo campanario. Frente a su puerta está el asombroso Peristilo, un patio rectangular bordeado de columnas y arcos que después de siglos es hoy la plaza central de la ciudad y centro de reuniones de turistas, artistas y músicos. Al lado, la Rotonda, una bóveda circular con cúpula abierta donde durante todo el día un coro entona canciones tradicionales croatas aprovechando su perfecta acústica. Por todas partes, escalones de mármol o de la hermosa piedra blanca de Dalmacia, cada vía desemboca en un arco o una galería, un par de esfinges traídas por los ejércitos imperiales desde Egipto presiden alguna esquina, en los sótanos del antiguo palacio se acumulan las tiendas de recuerdos, por algún lado se puede ver el mosaico de una estancia de aquella época.

La Puerta Este del Palacio

La Puerta Este del Palacio

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Restos romanos, palacios góticos y piedras antiguas en el interior del Palacio, ahora casco antiguo.

Restos romanos, palacios góticos y piedras antiguas en el interior del Palacio, ahora casco antiguo.

La gente tomó el abandonado palacio para vivir, y en lo que eran alojamientos de oficiales o funcionarios del emperador instaló su cuarto o su cocina, su tienda o su caballeriza. Hoy, casi todo está dedicado al turismo, y la imperial ciudad está llena de restaurantes, vinaterías o gastrobares a la última moda. Y en Croacia se come muy bien, os lo puedo asegurar. La anterior vez que estuvimos en Split (Spalato, según la larga historia de esta región vinculada con Italia), ya era naturalmente una joya, pero en los últimos tiempos se ha pulido con la aparición de todos estos negocios, y ha enriquecido su vida con el creciente tráfico de ferris y catamaranes a las islas, siempre rebosantes de visitantes en temporada. Hasta tres veces paramos en Split en el pasado septiembre, en nuestras idas y venidas precisamente a las islas. El primer día nos recibió un gran chaparrón, pero las otras dos jornadas pudimos disfrutar de su belleza iluminada por un gran sol mediterráneo.

Las dos esfinges egipcias, una en el Peristilo, y otra ante el Templo de Júpiter.

Las dos esfinges egipcias, una ante el Templo de Júpiter, y abajo en el Peristilo.

 

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La Rotonda, con el remate de la Catedral asomando por su agujero.

La Rotonda, con el remate de la Catedral asomando por su agujero superior.

 

Por dentro, el palacio de Diocleciano apabulla con su abigarramiento, y por fuera, sus altos muros adornados con arcos y columnas transportan a siglos atrás como cuando uno está ante algunos edificios de la Roma más antigua. De ellos, los laterales más cercanos al puerto están literalmente tomados, quizá demasiado, por los puestos para turistas. Esclavitudes de las costumbres masivas. Eso no quita que uno pueda disfrutar del inmenso placer de tomar un café con las mismas vistas que el viejo emperador tendría desde sus balcones, al atardecer y con la silueta de las hermosas islas allá enfrente. Más afuera, aún hay multitud de calles que trepan hacia la colina arbolada o que se desparraman hacia las playas. Aún más al exterior, la ciudad ha crecido como un gigante moderno, no tan acogedor. Pero desde y junto al mar, Split es impresionante en sus recuerdos y en su realidad actual.

Calle del casco histórico, fuera del palacio.

Calle del casco histórico, fuera del palacio.

El hermoso mar Adriático, en el puerto de Split

El hermoso mar Adriático, en el puerto de Split

A la izquierda, la tumba de Diocleciano, hoy Catedral.

A la izquierda, la tumba de Diocleciano, hoy Catedral.

En la plaza de la República de Split.

En la plaza de la República de Split.

En la parte que sube hacia la colina Marjan.

En la parte que sube hacia la colina Marjan.

En nuestra estancia fragmentada en Split recorrimos varias veces el palacio que ahora son calles, disfrutamos del hermoso paseo marítimo, probamos los estupendos vinos y nos solazamos con la intensa rakia, el equivalente al raki griego o al orujo español. Un aguardiente de uvas, que aquí se perfuma con diferentes hierbas y frutas como la cereza o la algarroba. No faltó ni un día en el que el rakia fuera la despedida de cualquier comida o el acompañante ideal del café. En esas cortas jornadas, pasamos no sé cuántas veces por el Peristilo. Pero también admiramos el mar Adriático en el agitado puerto y oíamos los cantos croatas en la Rotonda.

La luminosa Split, frente al Adriático.

La luminosa Split, frente al Adriático.

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Una de las esupendas terrazas para beber y comer en el interior del Palacio de Diocleciano.

Una de las esupendas terrazas para beber y comer en el interior del Palacio de Diocleciano.

Diocleciano fue uno de los más tardíos emperadores romanos. En realidad, él, que ordenó la más implacable persecución contra los cristianos, logró que el Imperio durase unos cien años más antes de su derrumbe estrepitoso. A su vejez, fue el primer emperador que abandonó voluntariamente su cetro, y se retiró a su gran palacio de Split, casi una ciudad, a cuidar de sus huertos y jardines. Pero quizá el mejor fruto de su labor de siembra fue este impresionante legado que ahora es el centro de la ciudad.

Zadar saca la música del mar

Ulyfox | 7 de noviembre de 2016 a las 13:51

La primitiva catedral de Santa Anastasia y la torre posterior.

La iglesia de San Donato y la torre románica de la catedral de Santa Anastasia.

Turistas al atardecer, sentados sobre el Órgano Marino de Zadar.

Turistas al atardecer, sentados sobre el Órgano Marino de Zadar.

 

En realidad, lo que me atraía desde hacía mucho tiempo de Zadar, otra de las joyas dálmatas de Croacia, era la iglesia de San Donato: un templo prerrománico circular como muchos templos clásicos, antiquísimo y singular, con una nave redonda, tres ábsides y dos niveles de galerías conectadas internamente por una escalera curva. Algo muy raro. Una curiosidad intelectual, digamos. Y efectivamente, me gustó su apariencia altiva y poderosa, y su interior de aroma medieval primitivo, con una acústica extraordinaria, con altas columnas reutilizadas obviamente de edificios romanos, y esos cimientos en los que el sustento lo ofrecían cornisas y estelas de la misma época milenaria, su suelo del mismo tiempo que el foro romano que se adivina en su exterior. Como me gustaron las trazas italianas de la adjunta Catedral de Santa Anastasia, con esa apariencia de románico tardío italiano, como tantas que se pueden ver pertenecientes a la época dorada en la península itálica.

Vista interior de la iglesia de San Donato.

Vista interior de la iglesia de San Donato.

Escalera que comunica con la galería superior.

Escalera que comunica con la galería superior.

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Pero al final, como turista ignorante y dispuesto a maravillarse, me fascinó el Órgano Marino que el arquitecto Nikola Basic construyó hace una década en su paseo frente al Adriático, un artilugio de apariencia sencilla pero que seguramente debe haber costado imaginar y desarrollar. Frente al mar, una serie de escalones de piedra blanca con unos huecos y ranuras sabiamente dispuestos, recogen los continuos golpes del oleaje, que según su intensidad producen unos sonidos armoniosos al expulsar el aire impulsado por las olas. El efecto es sencillamente mágico y, si al principio resulta asombroso, pasado un tiempo se vuelve hipnótico y casi como un mantra. Aunque parezca siempre lo mismo, no puede ser. Porque de pronto pasa una embarcación y la onda actúa como un potenciómetro en el volumen de un aparato de alta fidelidad. Y la ecuación es: a agua más revuelta, mayor variedad musical y un tempo más acelerado.

Panorámica del atardecer sobre el örgano

Panorámica del atardecer sobre el örgano

Sobre el Órgano Marino se congrega la gente al atardecer para conjugar el efecto visual del ocaso con la música que produce el mar. Todo el mundo va a esa zona al caer la tarde, porque además es un paseo comodísimo y bordeado de jardines. El lugar guarda además otra sorpresa cuando el astro rey dice adiós, y se llama precisamente Ofrenda al Sol. Un gran círculo formado por centenares de placas fotovotaicas desprende al llegar la noche toda la energía luminosa que ha acumulado durante el día, en forma de luces de colores. Imaginaos la cantidad de selfies que puede llegar a hacerse la gente con tan imaginativa ocasión. Y se trata en verdad de un efecto sorprendente y, sobre todo, divertido. Como una gran atracción de feria gratuita, caldo de cultivo para fotos reenviadas por whatsapp.  Un hallazgo brillante esta combinación Órgano Marino-Ofrenda al Sol.

Turistas en la Ofrenda al Sol.

Turistas en la Ofrenda al Sol.

Otro turista sobre la Ofrenda al Sol.

Otro turista sobre la Ofrenda al Sol.

Pero además Zadar tiene un casco antiguo hermosísimo, salpicado de restos romanos y con una unidad de estilo desde el románico hasta el barroco, lleno de restaurantes y terrazas, animadísimo como el gran punto de atracción turística en que se ha convertido. No hay forma de terminar de asombrarse con Croacia.

El antiguo Foro romano de Zadar, con San Donato y la catedral al fondo.

El antiguo Foro romano de Zadar, con San Donato y la catedral al fondo.

Fachada de la catedral de Santa Anastasia.

Fachada de la catedral de Santa Anastasia.

La mañana siguiente fue el momento de visitar tranquilamente el casco antiguo de Zadar, pero la lluvia nos sorprendió fuertemente. Y nos acompañó durante unos días. Lo contaremos.

 

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Por fin, Santa María del Naranco

Ulyfox | 7 de mayo de 2016 a las 19:57

Ante Santa María del Naranco, cerca de Oviedo.

Ante Santa María del Naranco, cerca de Oviedo.

Tengo por seguro que una buena parte de lo que fueron con el paso de los años mis intereses, aficiones y deseos proviene de aquel libro de texto, básico, elemental, de Historia del Arte en sexto de Bachillerato, aquel sistema antiguo de enseñanza, que de todas formas también dio sus frutos. ¿Quién sabe a qué obedecen los gustos, por qué determinadas materias nos llegan como si no fueran estudios sino primeros encuentros con nuestro yo? Nunca soporté las matemáticas y en general las ciencias. Me sigue pasando aún cuando veo dos números seguidos, una curva gráfica o una fórmula química. Sufría con esas asignaturas y en cambio disfrutaba casi en secreto de las dificultades de traducir un texto en latín o griego, de casar los nominativos con los genitivos hasta dar forma comprensible a un párrafo que normalmente debe sonar caótico. Y en la cumbre de la distracción estaba la Historia del Arte, aquellas fotos de remotos azulejos persas que representaban un desfile de arqueros o un león colorido, la Puerta de los Leones de Micenas, los bajorrelieves de carros y caballos mesopotámicos, el Partenón y el Hermes de Praxíteles, el auriga de Delfos, el Coliseo, el galo moribundo, los almocávares de la Alhambra… y como un gran descubrimiento, el prerrománico asturiano, una arquitectura asombrosa con arcos de herradura en puertas y ventanas antes de que los adoptaran los árabes. Santa María del Naranco era una de esas fotos que permanecieron como lugares que más tarde o más temprano había de tener ante mis ojos y tocar con mis manos.

Vista lateral de Santa María, con Oviedo al fondo.

Vista lateral de Santa María, con Oviedo al fondo.

He tardado, la verdad, pero por fin hace unos meses nos pudimos plantar ante esta cumbre del arte universal, espléndida en su sencillez de líneas pétreas, emocionante por la vibración que transmiten sus quietos sillares. Ya sabéis, aunque ahora es un monumento y durante mucho tiempo fue iglesia, en realidad fue concebida como pequeño palacio de descanso en sus cacerías por el rey asturiano Ramiro. Junto a estas estancias reales del siglo IX, de hecho, se encuentra la verdadera iglesia, San Miguel de Lillo, de la misma época. Su imagen era para mí uno de los principales reclamos del viaje a Asturias tan aplazado. Y en esta ocasión, no defraudó mis expectativas sentimentales. Entré en su alta nave superior y me reencontré con aquel sentimiento que esperaba expresarse desde Bachillerato. Me gustaron sus columnas con decoración helicoidal, sus medallones decorativos, el techo alto, su silueta esbelta, su aire ligero pese a lo pesado de sus piedras. Me pareció, como ya sospechaban mis gustos juveniles, una cumbre de la obra humana. Y no me pidáis opiniones de experto, no tengo más experiencia que la que han ido adquiriendo mis sentidos.

Vista trasera de la iglesia prerrománica.

Vista trasera de la iglesia prerrománica.

Santa María del Naranco y San Miguel de Lillo, además, están enmarcados en un paisaje espléndido, verdemente asturiano, casi sobrevolando Oviedo en la ladera sur del Monte Naranco. Junto a San Miguel, el terreno aparecía muy removido por los jabalíes en su busca de raíces, según nos explicó el atento guía que se pasaba el día subiendo y bajando entre los dos monumentos. El tiempo era muy húmedo como correspondía a los primeros días de enero, pero no llovía aunque constantemente amenazaba. En apenas una hora se visitan estos dos espacios que atestiguan un tiempo en el que casi toda la península estaba dominada por los musulmanes y sólo el norte sostenía la religión católica. Mucha historia entre pocos muros.

Vista del paisaje desde el pórtico frontal de Santa María.

Vista del paisaje desde el pórtico frontal de Santa María.

 

San Miguel de Lillo, la otra joya ovetense.

San Miguel de Lillo, la otra joya ovetense.

 

Lecciones de lo común (Crónicas desde el paraíso VI)

Ulyfox | 27 de octubre de 2015 a las 13:37

La foto más repetida de Egisheim.

La foto más repetida de Egisheim.

Esa casa tan estrecha que se ve en esta primera foto no es en realidad una casa, claro. ¿Quién podría vivir en esa estrechez? Bueno, sí, mucha gente se ve forzada, pero estamos hablando de Centroeuropa. Esa esquina tan bonita, tan espectacular, tan fotogénica de Egisheim, en la Alsacia francesa, es un palomar. Pero es una de las esquinas más fotografiadas, entre los cientos de rincones hermosos, de ese pueblo entre decenas de ellos de esa zona, privilegiada. Ahí, en Egisheim, cuando ya llevábamos varios días en Alsacia, aprendimos algunas cosas. Por ejemplo, que los restallantes colores que los distinguen, que les hacen anualmente ganar premios de embellecimiento, son una costumbre muy moderna, del pasado siglo solamente. Que evidentemente en la dura Edad Media y en los turbulentos siglos que les siguieron no había colores, sino que había lo que se podía, es decir: casas pobres para gente humilde la mayoría, y algunas casonas para los más adinerados.

Las calles de Egisheim avanzan como en espiral.

Las calles de Egisheim avanzan como en espiral.

Pero hace unas décadas, con el esplendor, con la riqueza tras las terribles guerras mundiales, ya hubo dinero, y ganas y tiempo para embellecer calles y fachadas, para recuperar murallas y pavimentar calles a la antigua usanza, para prohibir el tráfico rodado… En realidad, paseando durante toda una jornada por los tesoros que son Egisheim, Turckheim  y Kaysersberg, aprendimos más cosas y dedujimos otras. Por ejemplo, que si le quitáramos esas vistosas capas de pintura, muchas de estas poblaciones serían casi iguales a multitud de polvorientos villorrios castellanos o extremeños, en los que las casas se caen y los entramados de madera se apolillan, al menos hasta hace poco. Ahora, esos pueblos españoles se están cuidando mucho más, supongo que porque ese estallar de riqueza que hubo en Europa nos llegó a estos rincones mucho más tarde y con menos fuerza.

Y se llenan de colores.

Y se llenan de colores.

Sea como fuera, aunque repasando las fotos ahora se podría pensar que tanta madera y tanto color pastel llegaría a hartar, eso no nos ocurrió. No salimos de nuestro estado de admiración durante los cinco días en Alsacia. Aunque con el transcurso de la jornada llegáramos a pensar que algo turbio debería de esconderse de tanto jardín recortado y tanto buen acabado… no sé tal vez sólo fuera envidia de sureño que observa la despreocupación y el abandono de los territorios comunes en tanta ciudad nuestra. El amor a lo propio nunca puede ser malo, siempre que no excluya a los demás.

 

Las firmas de los propietarios, en los balcones.

Las firmas de los propietarios, en los balcones.

Sí, es verdad, todo era como de cuento, como de decorado. Y quizá lo fuera, pero en cualquier caso es un decorado cuidado por todos, y eso no deja de ser una virtud. Era nuestro penúltimo día en Alsacia, y todo lo que veíamos nos hacía exclamar para nuestros adentros la estulticia del que piensa que no quiere salir de su pueblo porque no va a encontrar nada mejor. Hay tantísima belleza…

El sol lo enriquece todo.

El sol lo enriquece todo.

En cualquier caso, el aspecto exterior de las poblaciones explica tanto del carácter de sus habitantes… Ahora bien, ¿qué es lo que forma el carácter? ¿Por qué la despreocupación y el desprecio existentes aquí por lo común?¿ Es explicable la suciedad de nuestras calles? Aunque nada más que sea para ver que las cosas se hacen y se pueden hacer de otra manera, ya veis amigos, conviene salir.

Una bodega de los cientos existentes.

Una bodega de los cientos existentes.

 

La plaza del castillo de Egisheim.

La plaza del castillo de Egisheim.

 

Y hacia el otro lado.

Y hacia el otro lado.

En el interior de Turckheim.

En el interior de Turckheim.

 

Haciendo el guiri...

Haciendo el guiri…

 

Un ayuntamiento precioso en Turckheim.

Un ayuntamiento precioso en Turckheim.

 

La muralla de Turckheim.

La muralla de Turckheim.

 

Otra de las puertas.

Otra de las puertas de Turckheim.

 

Kaysersberg es la joyita entre las joyas.

Kaysersberg es la joyita entre las joyas.

 

Fuentes, flores y colores.

Fuentes, flores y colores.

 

El esplendor de las viñas bajo el castillo de Kaysersberg.

El esplendor de las viñas bajo el castillo de Kaysersberg.

 

La plaza de la Alcaldía de Kaysersberg.

La plaza de la Alcaldía de Kaysersberg.

 

Junto al río en Kaysersberg.

Junto al río en Kaysersberg.

 

 

 

Crónicas desde el Paraíso (IV) La capital de Europa

Ulyfox | 13 de octubre de 2015 a las 13:33

Espectaculares entramados de madera en las calles de la Petite France.

Espectaculares entramados de madera en las calles de la Petite France.

Como una pequeña Francia, pero también como la esencia de Europa, podríamos decir que es Estrasburgo, capital de la Alsacia y de tantas cosas. En este sitio se diría que se puede vivir bien y civilizadamente. Sede del Consejo de Europa, del Parlamento Europeo, del Tribunal de Derechos Humanos, se siente uno protegido por la civilización que tantas potencias enemigas decidieron crear para no tirarse más bombas unos a otros ni tener que entretenerse en hacerse tirabuzones sangrientos. El casco antiguo está limpio, ordenado, peatonalizado o motorizado con un extraordinario sentido cívico, la parte moderna tiene un aire imperial o contemporáneo según la zona, los tranvías, los autobuses circulan cada dos minutos y te dejan casi donde quieres…

 

La Rue des Bains Aux Plantes, antiguo barrio de los curtidores de Estrasburgo.

La Rue des Bains Aux Plantes, antiguo barrio de los curtidores de Estrasburgo.

Es difícil encontrar un pero a esta ciudad, que imagina uno habitada por limpios funcionarios y aplicados estudiantes, además de visitada por millones de turistas, políticos y hombres de negocios. El centro histórico está delimitado por el río Ill, que forma una gran isla llena de casas con entramados de madera, tejados empinados y balcones apropiados para que los curtidores, junto a los canales, airearan las pieles, los carniceros hicieran su trabajo o los diferentes comerciantes trataran sus precios. Seguramente en aquellos años en que sus habitantes desarrollaban estos trabajos, los edificios no lucirían tan limpios y pintados, pero ahora, sí, da gusto verlos y fotografiarlos para que luego los amigos vean que sí, que es verdad que existen ciudades limpias, cuidadas y hermosas.

Los canales atraviesan la Petite France.

Los canales atraviesan la Petite France.

El barrio más visitado de Estrasburgo es el que se conoce como la Petite France, el antiguo barrio de los curtidores, surcado por canales como otro remedo de Venecia, y salpicado de esclusas, molinos y puentes. Pocos lugares tan adecuados para las fotos de recuerdo. Es el paraíso de los paseos en barcazas, aunque nosotros siempre preferimos recorrerlos a pie, poder rodear, atravesar o franquear las vías de agua. Entre los puentes, los más conocidos son los llamados ‘puentes fortificados’ o ‘ponts couverts’ sobre los que varias imponentes torres recuerdan que en otros tiempos era obligado defenderse de ataques enemigos.

Y por todos lados, flores...

Y por todos lados, flores…

 

Los 'puentes protegidos' o 'ponts couverts'.

Los ‘puentes protegidos’ o ‘ponts couverts’.

Paseando por la Grand Rue, se puede uno ir acercando, mientras observa las grandes mansiones de madera, a otro de los grandes atractivos de Estrasburgo: la Catedral de Notre Dâme, que está a punto de cumplir mil años del inicio de su construcción, una obra maestra del gótico europeo, patrimonio de la humanidad, y para la que se agotan los récords. La flecha que remata su única torre se eleva hasta los 142 metros de altura y fue durante siglos el edificio más alto del mundo. La fachada es desconcertante, hasta que uno advierte su singularidad: Los adornos, molduras arquitectónicas y esculturas están separados al menos 23 centímetros de la pared, y eso le da un aspecto de encaje o labrado muy especial. Impresionante, en una plaza por la que siempre corre el viento, en invierno con un frío glacial, fenómeno que la leyenda local atribuye al diablo envidioso, que daría vueltas sin cesar alrededor del templo esperando un día poder penetrar en él para profanarlo. Nosotros sólo notamos un ligero airecillo, que se agradecía.

Hacia la fachada principal de la Catedral de Notre Dame de Estrasburgo.

Hacia la fachada principal de la Catedral de Notre Dame de Estrasburgo.

Estrasburgo es comodísima. Se puede acceder a ella por las mejores autopistas y los trenes más veloces de Francia. Optamos por el tren desde Colmar, y en una hora estábamos en la capital de Europa. Luego, una vez que nos acercamos desde el centro a la zona imperial, mucho menos interesante pero igualmente agradable, sólo tuvimos que coger un cómodo tranvía que nos volvió a dejar en la moderna estación ferroviaria. Desde el tranvía, pudimos observar a numerosa gente que andaba o circulaba en bicicleta por las principales vías de la ciudad, o paseaba con aire de ir a tomar un café mientras caía la tarde. O alguno de los maravillosos blancos alsacianos. Nosotros no dejamos de probar otra variedad, en este caso el sylvaner, también muy bueno…

La singular fachada de la Catedral.

La singular fachada de la Catedral.

 

En los alrededores dela Catedral.

En los alrededores dela Catedral.

 

El Ill es el río de Estrasburgo,  y delimita el casco antiguo.

El Ill es el río de Estrasburgo, y delimita el casco antiguo…

... y lo cruzan bellos puentes.

… y lo cruzan bellos puentes.

Esto debe de ser Europa…

 

 

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Un reino de otro mundo, o no

Ulyfox | 17 de febrero de 2015 a las 13:21

La plaza de San Pedro de Roma, en el día de Año Nuevo.

La plaza de San Pedro de Roma, en el día de Año Nuevo.

Pues sí, el día de este último Año Nuevo fuimos a ver al Papa. Estábamos en Roma y entendimos que había que hacerlo, nos apetecía hacerlo. No es que seamos especialmente creyentes, más bien poco. Bueno, más bien nada y más bien descreídos. Pienso más bien, como el inmortal Perich, que la religión ayuda a resolver problemas que no existirían si no existiera la religión. Pero las audiencias públicas del Papa en la plaza de San Pedro forman parte de los atractivos de la Ciudad Eterna, y hay que reconocer que Francisco le ha dado un interés nuevo a este espectáculo coral.

El Papa Francisco, en el Angelus de Año Nuevo en Roma.

El Papa Francisco, en el Angelus de Año Nuevo en Roma.

Una corta, y barata, carrera en taxi nos libró del frío y nos dejó a los pies de la Via della Conciliazione, esa recta y un poco mussoliniana avenida que conduce a la imponente plaza de San Pedro. Ya había mucha gente allí a esa hora cercana al Angelus, y un río humano se dirigía hacia la apabullante fachada de la basílica, atraída por ese imán que es la gran cúpula de Miguel Ángel. La corriente estaba formada por gente suelta, familias, parejas, pero también numerosos grupos organizados como en un desfile, uniformados y con bandas de música, banderas, pancartas y todo tipo de adornos distintivos de su adscripción cristiana y nacional, conjuntos venidos de los cinco continentes y unidos seguramente por lo que se llama una sola fe. Había un aire de alegría, tal vez la que tienen los que están convencidos de que su camino es el correcto. Según se mire y según los momentos, es envidiable esa seguridad.

Hay varias formas de seguir las palabras del Papa en San Pedro.

Hay varias formas de seguir las palabras del Papa en San Pedro.

Como llegamos con tiempo, hubo ocasión de impresionarse y admirar la enorme y equilibrada plaza, introducirse por la Columnata elíptica y simétrica que diseñó Bernini para ‘abrazar’ a los fieles a su llegada, y buscar la ventana por donde habría de asomar Francisco a dar su discurso y rezo del Angelus. Esto fue fácil: era aquella tan pequeña de cuyo alféizar colgaba un gran tapiz rojo, o púrpura o como quiera que se llame ese color tan vaticano.  Por allí apareció en medio de la ovación, puntual como el anuncio del ángel del señor que anunció a María que nos hacía levantarnos de los pupitres en aquel colegio de La Salle todos los mediodías lectivos. No entendí muy bien lo que dijo, y eso que me defiendo bastante bien en italiano, pero estábamos más pendientes de la reacción de la gente, de las fotos, del ambiente, de los gritos conjuntados de un extraño grupo detrás nuestro, que felicitaban al Papa “¡Auguriiiii!”. Creo que habló de inmigrantes y esclavitudes modernas, como siempre con un tono progresista. Es una lástima que todo ese poder de millones de personas unidos por una fe no haya sido dirigido muchas veces en el sentido adecuado. Habría sido imparable una creencia basada en el amor si ese hubiera sido su norte irrenunciable.

La impresionante Columnata de Bernini.

La impresionante Columnata de Bernini, por dentro.

Me quedo con la hermosa imagen que puede provocar el genio humano, esté tocado o no por lo divino, con ese culmen del talento que es la Basílica de San Pedro, con la belleza eterna de los órdenes arquitectónicos clásicos, el dórico, el jónico, el corintio, aún utilizados después de siglos, con la matemática razón puesta al servicio de la estética, o tal vez sea a la inversa, reversa o viceversa. Con la Columnata, con sus 140 estatuas de santos, y hasta con el remate excéntrico de dos mocetones robustos de la Guardia Suiza, guardianes bien terrenales de un reino que dijo ser de otro mundo.

La multitud se encamina a San Pedro por la Via della Conciliazione.

La multitud se encamina a San Pedro por la Via della Conciliazione.

Algunas de las 140 estatuas colocadas sobre las 140 columnas de la plaza.

Algunas de las 140 estatuas colocadas sobre las 140 columnas de la plaza.

 

Dos integrantes de la Guardia Suiza en el Vaticano.

Dos integrantes de la Guardia Suiza en el Vaticano.

Bajo el signo de la antigua Roma

Ulyfox | 6 de febrero de 2015 a las 13:08

En el patio del Museo Capitolino.

En el patio del Museo Capitolino.

 

Uno puede o no emocionarse ante los vestigios desvencijados o extraordinariamente conservados del mundo antiguo. La inteligencia, la sensibilidad y las ganas son particulares. De acuerdo, pero resulta difícil pensar que alguien normal pueda pasar indiferente ante la riqueza arqueológica de ciudades como Roma, que fue varias veces capital del mundo terrenal y desde hace casi dos milenios capital espiritual universal. Es posible que entre el gentío multitudinario que estos pasados Nochevieja y Año Nuevo invadía la Ciudad Eterna, entre los grupos que caminan apresurados tras el paraguas levantado del guía, entre las bandas de jóvenes y no tanto que esgrimen como una nueva arma de disuasión los palos de selfies, es posible que entre todos ellos haya mucha gente a la que le da igual estar pisando el mismo suelo que hollaban los emperadores, centuriones, patricios y plebeyos de la capital del Imperio, pero incluso ellos sentirán un microsegundo el peso ineludible de la historia.

El antiguo mercado de Trajano, un auténtico centro comercial en la Roma antigua.

El antiguo mercado de Trajano, un auténtico centro comercial en la Roma antigua.

Era la tercera vez que visitábamos Roma y sentíamos que se triplicaba, al menos, el gusto de estar allí, en medio del transcurrir imparable de los siglos humanos. Sí, porque aquello era el Foro donde se gobernaba el mundo, era el Coliseo donde se divertían todas las clases sociales con la cruel representación de la vida, era el Teatro de Marcello para la comedia y la tragedia, era el Ara Pacis para brindar por la paz del siglo de Augusto, era la huella del genio humano inmortal de aquellos genios de lo práctico y lo bello, en los bronces y mármoles del Museo Capitolino, en la arquitectura indestructible del Panteón, en la desmesura de los mausoleos imperiales como el que ahora se llama Castel Sant’Angelo.

El arco de Vespasiano, en los Foros Imperiales.

El arco de Settimio Severo, en el Foro romano.

Hay miles de razones para ir y volver a Roma, las siguen desde hace cientos de años millones de personas, todos los caminos del corazón llevan a ella. Aquel centro telúrico que inventaron los romanos sigue atrayendo multitudes que desafían al frío invierno. Aquellos hombres y mujeres de toga y túnica, de legiones y espectáculos sangrientos, de legisladores que marcaron el mundo son los responsables de esta atracción. Hay miles de razones, pero entre ellas, es la más importante el legado en ruinas brillantes de aquellos fundadores.

 

El Foro Romano.

El Foro Romano.

“Ver Roma y después morir” dice el dicho romano para halagar las bellezas de este lugar. Es mejor, pienso yo, ver y volver a ver Roma siempre.

El Coliseo, en la tarde del 31 de diciembre de 2014.

El Coliseo, en la tarde del 31 de diciembre de 2014.

 

Visión nocturna y fría del Arco de Constantino.

Visión nocturna y fría del Arco de Constantino.

 

El Castel Sant'Angelo, antiguo mausoleo de Adriano, y el puente del mismo nombre sobre el Tíber.

El Castel Sant’Angelo, antiguo mausoleo de Adriano, y el puente del mismo nombre sobre el Tíber.

 

El impresionante interior del Coliseo.

El impresionante interior del Coliseo.

 

El gentío ante el Arco de Tito.

El gentío ante el Arco de Tito.

 

El Espinario, maravilloso bronce en los Museos Capitolinos.

El Espinario, maravilloso bronce en los Museos Capitolinos.

 

La Loba Capitolina, símbolo de la antigua Roma.

La Loba Capitolina, símbolo de la antigua Roma.

 

La estatua ecuestre de Marco Aurelio, otra de las joyas del Museo Capitolino.

La estatua ecuestre de Marco Aurelio, otra de las joyas del Museo Capitolino.

 

 

Cerca del Teatro Marcello.

Cerca del Teatro Marcello.

 

Ante el Ara Pacis, prodigio de la escultura romana.

Ante el Ara Pacis, prodigio de la escultura romana.