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El pueblo más bonito de Austria

Ulyfox | 20 de diciembre de 2019 a las 20:34

Vista general de Hallstat.

Vista general de Hallstat.

Eso dicen las guías, y casi todas las listas que pululan por internet, esas del tipo ‘los diez lugares que no puedes perderte en…’ o ‘los no sé cuantos sitios más bonitos de…”. Por no hablar de ‘las tantas joyas escondidas de…’ Pues bien, en todas esas clasificaciones que se refieren a Austria aparece en los primeros lugares siempre Hallstat. Muchas veces en primera posición. Y, como suele ocurrir, con todos los méritos.

El otro perfil de Hallstat.

El otro perfil de Hallstat.

La belleza de Hallstat es casi tópica e inevitable: piedras y colores en la fachada, flores en los balcones de madera, pizarra en los tejados y un esbelto y muy agudo campanario, todo ello a la orilla de un lago verde y calmado entre montañas alpinas, nevadas en invierno, brillantes de árboles cuando les da el sol del verano.

Una de las calles del pueblo más bonito de Austria.

Una de las calles del pueblo más bonito de Austria.

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Casas sobre la ladera, yla plaza central de Hallstat.

Arriba, la plaza central de Hallstat. Abajo, una cascada en el centro del pueblo.

Así que es un placer para la vista aproximarse por la carretera y divisar semejante panorama, que aparece poco a poco y según qué curvas del camino. Una maravilla para los ojos de unos andaluces acostumbrados a la llanura, a montañas mucho más bajas y a mares infinitos en el Atlántico.

El pueblo tiene más plazas de aparcamiento que viviendas. No es extraño: estar siempre en la cima de las clasificaciones de la belleza atrae a miles de visitantes. Cuando llegamos nosotros, a mediados de junio, lo hicieron a la vez cientos de chinos. más, por supuesto, otros cientos de muchas nacionalidades. Todos nos parábamos en los mismos rincones increíbles y disparábamos las mismas fotos. Me daba igual, las nuestras son mejores.

Cascada en el centro.

Cascada en el centro.

Las casas pintadas en tonos pastel, los rótulos de forja, la montaña, las cascadas que atraviesan el pueblo, la atractiva superficie del lago, los perfiles, los contornos, las siluetas, los fondos y los primeros planos: todo era fotografiable con éxito seguro. Los chinos eran ruidosos, sí, pero tras sus gritos estaba la placidez del lugar. Había que saber sentirla, pero nosotros ya nos hemos hecho unos expertos en eso.

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Un rato inolvidable comiendo junto al lago.

Un rato inolvidable comiendo junto al lago.

Así que con esa placidez nos sentamos a saborear la exquisita cerveza, y nos pusimos a pasear y a fotografiar. Y así nos sentamos luego a la mesa junto al lago de un restaurante maravilloso, de cuento centroeuropeo, de película de La 1 los sábados por la tarde. Y como si fuéramos personajes de esas historias sin drama disfrutamos durante un largo almuerzo, más que de la comida (que no estaba mal), de la situación, de lo que estaba ocurriendo.
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Ahí, en esa orilla, todo era más tranquilo, más gozoso, porque el bocado y las miradas tenían la misma importancia. El día no estaba especialmente luminoso, pero la neblina leve daba un aire indefectiblemente romántico al escenario circular de casas, lago, montañas y árboles.
Hallstaat nos sedujo, no nos importaron las multitudes de disparador compulsivo sino el poder de un paisaje hecho para acogerte.
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Strauss o Mozart

Ulyfox | 15 de noviembre de 2010 a las 2:01

 

Una juvenil Penélope en los jardines del Mozarteum de Salzburgo

Una juvenil Penélope en los jardines del Mozarteum de Salzburgo

 

Se van Paco y Paqui a Viena, y nos preguntan a dónde pueden acercarse, puesto que tienen tiempo. Deberíais conocer a Paco y Paqui, aunque muchos ya los conocéis. Son una pareja a la que no ha importado asumir cargas, si se puede llamar así a no abandonar a las personas queridas en apuros. Normalmente, este tipo de gente suelen ser forzados por la vida a convertirse en héroes sin laurel ni gloria. No tienen ninguna vocación de hermanitas de la Caridad ni de misioneros, sólo que no conciben la vida como un ir pasando lo mejor posible sin que los problemas de los demás nos arañen. Se agobian, se desesperan, se desengañan, se cansan, pero no pueden cerrar los ojos. Cuando la mayoría encuentra una excusa a la que agarrarse para no reconocer su egoísmo, estos héroes cotidianos encuentran fuerza y tiempo que arrancar a su propia vida para no dejar que ese ser querido se encuentre solo. Son imprescindibles para que este mundo nuestro no se pudra. Y, naturalmente, los queremos.

En el centro de Salzburgo, la calle del Trigo o algo así

En el centro de Salzburgo, la calle del Trigo o algo así

 

Un moderno edificio del centro de Viena. Al fondo el tejado de la catedral

Un moderno edificio del centro de Viena. Al fondo el tejado de la catedral

No somos los primeros que les decimos que Viena tiene más atractivo en el nombre que en la realidad. Tampoco es así. Están los cafés, los valses, el Hoffsburg, la catedral, el Ayuntamiento, el casco antiguo, el anillo imperial, la Underwaserhaus, la Secesion, Klimt, las historias de Sissi y sus palacios, los parques. Y por supuesto, la tarta Sacher en el Hotel Sacher.

Al fondo, el Ayuntamiento gótico de Viena

Al fondo, el Ayuntamiento gótico de Viena

Pero siempre que nos preguntan por la ciudad de los Strauss, decimos que nos gustó mucho más el Salzburgo de Mozart, aunque es empachoso el uso que hacen del nombre del genial Amadeus. Ambas ciudades están muy lejos, por lo que es apresurado hacer una visita desde Viena en un día. Preferimos Salzburgo porque es mucho más abarcable, majestuoso a la vera del río Salz, tendido a los pies de su castillo, con sus fuentes de mármol y sus decenas de estatuas a Mozart, con sus tiendas de chocolates y sus abrevaderos para caballos, incluso con su lluvia perenne. En ella, aunque no quieras, la música está presente, aunque no se oiga, y los turistas no molestan. Todo es elegante porque su fama viene del barroco, de los obispos mecenas y del dorado de las iglesias, no de su sol ni de sus bares con ‘horas felices’. Cuando estuvimos, éramos inexpertos viajeros, aunque curiosos. Por eso tenemos pendiente la vuelta a esa vieja Europa, ahora que ya casi tenemos su edad. Hace tanto tiempo ya, las fotos han perdido casi su color. Viena, Salzburgo, donde descubrimos Europa, la civilizada, la educada, cuando en España aún no éramos unos nuevos ricos. ¡Que lo pasen bien Paqui y Paco! Se lo merecen

Un coche de caballos por las calles de Viena

Un coche de caballos por las calles de Viena

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