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El más largo del mundo

Ulyfox | 14 de marzo de 2012 a las 14:19

Aunque nos parezca mentira, cuando por Cádiz ya ha pasado hasta el Carnaval Chiquito, hace solo unas horas acaba de terminar el de Montevideo, ese hijo nacido de la semilla que dejó una murga gaditana hace ya más de 100 años en la capital oriental. Mis amigos de Curtidores de Hongos, la murga montevideana que acaba de cumplir 100 años, han quedado los segundos en su categoría en el Concurso Oficial del Teatro de Verano, seguramente perjudicados por una penalización por pasarse de tiempo en una de las funciones. Los jóvenes de La Trasnochada los han superado por poco. Aun así, mis felicitaciones más alegres para ellos, impregnado para siempre por los agradables recuerdos que me dejó mi estancia de hace unos años en aquel Carnaval, el más largo del mundo, y por las horas compartidas con Curtidores en una memorable noche, dentro de un viaje esclarecedor.

Si pincháis aquí tendréis todos los detalles: www.montevideo.com.uy/notcarnaval_162764_1.html

De nada

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El lazo con Montevideo

Ulyfox | 13 de noviembre de 2011 a las 22:00

Con Rabelino y la murga Curtidores de Hongos, en un tablado de Montevideo.

Conocí a varias personas en aquel inolvidable Carnaval en Montevideo. Jamás un viaje de trabajo resultó tan poco trabajoso. Recuerdo un montón de gente amable y conversadora, con esa cadencia tan seductora en su forma de hablar el español rioplatense. Fuimos agasajados por el personal del Museo del Carnaval, con Eduardo Rabelino a la cabeza, y su amable cohorte de Selva, Vickys, Ana, Graciela. Pasamos una inolvidable velada de tablado en tablado en autobús, con una murga señera: Curtidores de Hongos (http://www.curtidoresdehongos.com.uy/) . El próximo año, Cádiz tomará el relevo de la capital uruguaya como Capital Iberoamericana del Carnaval. No sé cómo resultará la celebración en estos tiempos de crisis. Sé que allá lo pasamos bien, muy bien y que esa gente capitalina provenientes de todo el mundo, las activas agrupaciones de los barrios populares, el retumbar de los tambores negros me marcaron para siempre. Y espero que al menos, algunos de ellos puedan venir a Cádiz unos días, y repetir vasos, canciones y risas. Y abrazos.

Casi desde entonces, mantengo correspondencia esporádica con Curtidores de Hongos. Uno de sus integrantes, Federico Glison, me mantiene al tanto de lo que ocurre en el mundo carnavalesco y yo le correspondo desde Cádiz. Y a mí este lazo ciberespacial, salteado, como de mensajes que llegan de vez en cuando desde el más allá, y que por temporadas se intensifica, me hace feliz de una cierta manera. Porque estuve, y aún no he vuelto, de Montevideo.

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La desanimadora de Montevideo

Ulyfox | 31 de mayo de 2010 a las 1:35

La desanimadora de Montevideo, en plena euforia

La desanimadora de Montevideo, en plena euforia

 

Jorge Drexler es uruguayo. Hace sólo unos días dio un hermoso, emocionante, multitudinario e íntimo a la vez, grande y pequeño concierto en el Teatro Falla de Cádiz. En varios momentos de su actuación sonó la clave del candombe, compás de los negros traídos como esclavos a Uruguay y una de las raíces del Carnaval montevideano, junto con la murga gaditana. Para mí fue doblemente significativo porque me recordó un estupendo viaje de hace casi un año y medio a la capital de la República Oriental, uno de los pocos en los que no ha estado Penélope, el descubrimiento de que sí hay cosas que unen las dos orillas del Atlántico, de que compartimos tantas cosas. En ese viaje al Carnaval uruguayo, gentilmente invitados por la Intendencia, vivimos los periodistas una semana grande, reveladora, trasatlántica, inmersión en un mundo que a mí me pareció más humano y responsable, más solidario y concienciado que el que dejamos a este lado del charco. Me pareció.

En esa excursión grande me impresionaron grandemente dos cosas:  el retumbar de los tambores en el Desfile de Llamadas por el barrio negro, vibración hasta el corazón de los cueros y la madera, casi trance, y una noche en un autobús (que allí llaman camión o bañadera), compartiendo carretera y escenarios con una de las murgas punteras: los Curtidores de Hongos. Curtidores, grandes e irónicas letras, traía el año pasado un espectáculo llamado Los Desilusionistas.Visitamos varios barrios a bordo del camión. La murga bajaba, interpretaba su repertorio, y salía corriendo camino a otro tablado. Cuatro o cinco cada noche, durante los 40 días que dura el Carnaval de Montevideo. Esa velada, la bañadera hizo estación en el barrio de Lagomar, y sobre el tablado la animadora, bastante animada, se empeñó en hacernos subir a los periodistas que veníamos de México “¡y de Espaañaa, de Cáááadiz, la cuna de nuestro Carnaval!”, con la mala puntería de irrumpir en mitad de la retirada del grupo, momento culmen para las agrupaciones montevideanas. Nosotros (sobre todo yo) hacíamos el idiota sobre el tablado y a los amabilísimos, divertidisimos Curtidores, se les iba poniendo cara rara. Yo no lo aprecié hasta que volvimos al camión y oí las maldiciones contra la “hijap”. Uno gritaba: “Estuve a punto de decirle si te parece nos callamos y seguís hablando vos”. “Es más bien una desanimadora”, decía otro. “Ha sido como si estás enganchando con la novia y llaman a la puerta y es el padre de ella”, sentenciaban junto al conductor. Me avergoncé de haber colaborado en parte al estropicio, y balbuceé: “Entonces, he hecho el idiota”. Ernesto Muñoz, uno de los integrantes, demostró su amabilidad: “No, lo de vos estuvo bárbaro, es ella la culpable”. Me avergoncé igual, y lo malo es que Julio González tomó documento gráfico de la inusual escena, como muestra la foto de arriba. Pero eso no pudo empañar la singularidad mágica y festiva de esa noche montevideana “a marcha camión” con las voces del coro y el ritmo frenético de la batería de la murga uruguaya, bajando de los tablados entre tambores, enfilando de nuevo, una y otra vez el autobús, abandonando escenarios ese día y otros, Lagomar, Malvín, Teatro de Verano, Velódromo, Monte de la Reina…

Doble agradecimiento a Jorge Drexler, por su música y por el recuerdo.

Vos dijiste que me amabas en Montevideo

Ulyfox | 11 de marzo de 2010 a las 14:23

Kibon_n

Montevideo me atrapó para siempre no por sus restos coloniales, casi inexistentes, ni por su entorno natural (pese a la abierta belleza inabarcable del Río de la Plata), ni por su riqueza artística. Es el tipo de ciudad que enamora, y no siempre el amor que te engancha es la mujer más despampanante. La capital oriental me cautivó por su gente, por su ambiente, por la movilización social de sus barrios, por ese aire de izquierda todavía combativa y humanista. Es de los recuerdos que llevan aparejado un temblor cada vez que aparecen.

En uno de los trabajos que he hecho con más gusto, una semana en el Carnaval montevideano, parábamos muchas veces a cenar en Lo de Silverio, una parrilla al aire libre junto al tablado del Velódromo. Una de esas noches del extraño verano en febrero, nuestra tertulia multinacional (periodistas uruguayos, gallegos, brasileños, argentinos…) se vio interrumpida por un sonido identificable sólo con una gran bofetada. Lo era, en efecto, y le siguió un grito de mujer despechada: “Me estás haciendo pegarte al pedo (sin querer) ¿¡Quién es ella!?”, dirigido a un hierático joven. Luego, otro cachetazo, que el tipo aguantó como un verdadero hombre, y un reproche a continuación proferido por la chica: “¡Vos dijiste que me amabas!”.

.-¡Y sííí! ¡No más era una loca que me estaba agarrando!  Fue la desesperada e increíble excusa del hombre, que aguantó incluso una patada, mientras salían de la terraza.

Nuestro anfitrión, el jovial Eduardo Rabelino, director del Museo del Carnaval de Montevideo, fue enviado de espía ante nuestra imperiosa sed de cotilleo (cotisheo, en uruguasho), y volvió con la historia: “Se conooose que el tipo había dicho a su novia que se iba con unos amigos a las Llamadas (el desfile de las comparsas negras del Candombe), pero en realidad se vino con otra a escuchar las murgas en el tablado. Con tan mala fortuna, que unas amigas de su novia le vieron y, con esa implacable solidaridad que practican las mujeres en estos casos, la avisaron. Claro, ella (esha) vino y los pilló a los dos infieles, cuando estaban a los besos, y ahí empezó la batalla”. 

Mala suerte para el chico, que siguió un buen rato recibiendo gritos y empellones de la engañada, finalmente consolada por las chivatas. Para algo están las amigas.

P.S. La estupenda foto de la playa de Quibón, en la larguísima Rambla de Montevideo, es de Julio González, mi amigo y compañero en ese viaje, que dará para muchas entradas.