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Cómo sortear la crisis

Ulyfox | 10 de enero de 2013 a las 0:21

La calle Handakos de Heraklion alrededor de las ocho de la tarde de un día de enero.

Me he traído a Creta la última novela de Petros Márkaris, Liquidación final, segunda de la trilogía que protagoniza el peculiar comisario Kostas Jaritos con el telón de fondo de la crisis económica griega. Márkaris pinta una Atenas triste en la que la gente pierde el trabajo y ve reducido su sueldo, y donde crecen los suicidios casi tanto como los asesinatos que su inspector investiga. En este ambiente, un asesino en serie elige como víctimas a los evasores de impuestos, con lo que se convierte rápidamente en un héroe popular, algo así como un Robin Hood a lo bestia. La novela es espléndida y muy descorazonadora a la vez.

Pides una cerveza y te ponen esto

Hace tiempo que no hemos estado en Atenas, más de un año y medio, y naturalmente en las zonas que visitamos, las más turísticas, no parecía notarse esa crisis. Lo mismo nos pasa en Creta. Heraklion, la capital, es un hervidero de jóvenes y mayores llenando las hermosas terrazas que saben poner los griegos. Los restaurantes también, en pleno enero, realizan un buen negocio. Y tenéis que ver comer a los cretenses: platos y platos, piden siempre para que sobre, les gusta tener raciones variadas, probar un poco de todo, y no es extraño ver comida de más.

Una terraza exterior ¡con chimenea!, en el paseo marítimo de Rethymnon

Así que no sé. Nos han dicho que en la isla la crisis no se nota tanto porque el turismo da para vivir bien todo el año. Además, tiene varias facultades universitarias y la agricultura tiene una buena producción que se envía a todo el país. No parece, a simple vista, que haya los gravísimos problemas que todos asociamos mentalmente al nombre de Grecia.

Es asombroso el gran número de jóvenes que se ve consumiendo en las terrazas, y ¡qué terrazas! No hay problema porque sea invierno: no hay cerramiento posible ni sistema de calefacción callejera que no hayan inventado contra el frío y la lluvia. En muchos lugares se ve que la inversión en la adaptación de esos bares debe de haber sido cuantiosa. No me puedo imaginar estos montajes en ningún lugar de España ni casi del mundo. Pero todo vale antes que dejar la costumbre de consumir en la calle, sentados, con mucho café y helados y poco alcohol, y si es posible con el backgammon sobre la mesa. Así pasan horas y horas en una tertulia incansable. Las consumiciones no son baratas, pero sí duraderas. Otro gran detalle: no hay bebida, sea café, refresco, chocolate, vino o cerveza que no venga acompañada de algo para comer, y en algunas ocasiones de manera tan abundante que casi es una merienda contundente. Eso unido a que las condiciones del local son en muchas ocasiones de auténtico lujo hacen que el precio de un café a tres euros resulte bastante bien compensado, y el de una cerveza de abadía grande a 4,50 casi barato. Sea como sea, mucha gente puede pagarlo, así que… no sé que pensar de la crisis en Creta.

La crisis griega, según Vasilis

Ulyfox | 10 de junio de 2012 a las 1:13

La explicación gráfica escrita por Vasilis en un mantel de su taberna.

 

Ahora que ya los españoles estamos al misno nivel que Grecia, rescatados por los representantes de los mismos que nos han hundido, a lo mejor sería conveniente importar a algún ciudadano griego, conocedor y sufridor, para que nos explique la crisis. Por ejemplo, a Vasilis, dueño de la taberna de comida tradicional ‘Kronios’ en Tzermiados, un pueblito de los que rodean la meseta de Lasithi, en el interior de Creta. Lasithi es una sorprendente llanura cultivada a más de 800 metros de altura y rodeada de montañas, algunas nevadas aún a principios de junio. En una de sus laderas se encuentra la impresionante cueva Diktea, donde Rea dio a luz y escondió a Zeus para salvarlo de la ira de su padre, Cronos, que acostumbraba a devorar a sus hijos. Antes, la meseta estaba llena de cientos de molinos para sacar agua y circundada por otros tantos para moler el cereal. Ahora las bombas y las máquinas han reemplazado esa energía natural, y sólo quedan restos de aquellos gigantes con velas.

Vasilis explica la situación griega, bolígrafo en mano.

A Vasilis se nos ocurrió preguntarle por la complicada situación política y económica griega, y por las próximas elecciones. Los griegos son políticos como ningún pueblo, les encanta hablar de política. Pidió permiso para sentarse con nosotros, y en el mismo mantel en el que nos había hecho la corta cuenta del increíble cordero con alcachofas y limón, la gloriosa ensalada de berenjenas, las albóndigas, el vino y el postre con el raki regalados, explicó con su bolígrafo la crisis griega: “Antes había diferencias entre la derecha de Nueva Democracia y los socialistas del Pasok, ahora los dos dicen lo mismo, cortar, cortar, cortar. Las anteriores elecciones las ganó el Pasok porque prometía y daba dinero a la gente, para estudiar, por tener hijos, por casarse… En las últimas, nadie sacó suficientes votos para gobernar, y tenemos que repetirlas. Ahora aparece Tsiriza, la nueva izquierda, que vuelve a prometer que dará dinero a todos, y a mí me da miedo, porque me pregunto ¿de dónde?” Y usted ¿a quién va a votar? le preguntamos. Tocándose la barbilla y tras un breve silencio contestó: “Por primera vez en mi vida, no lo sé, porque ninguno tiene la solución. El pueblo griego tiene que cambiar, y dejar de pedir a los partidos, para empezar a dar. En nuestras manos está la solución, tenemos que cambiar”.

Molinos abandonados y en ruinas en la meseta de Lasithi.

“Pues todos dicen en Europa que los griegos podrían empezar por pagar impuestos”, me atrevo a decir. “¿Impuestos?”, pregunta con una mirada irónica, coge el ticket de nuestra cuenta para señalar el porcentaje que el Estado se lleva de la misma y demostrar que él sí los paga, y toma de nuevo el bolígrafo: “Les cuento. Mi hermano, con 48 años y después de 24 trabajando como funcionario, se ha retirado con una indemnización de 90.000 euros, y con el 80% de su sueldo, es decir 14 pagas al año de 2.400 euros. Yo tengo esta taberna, trabajo todo el día, y no me importa pagar impuestos, pero sí para gente como mi hermano que está cobrando sin trabajar” Y Vasilis soltó el bolígrafo.

La meseta de Lasithi vista desde una de las laderas que la circundan.

La pesadilla de la Merkel

Ulyfox | 7 de junio de 2012 a las 23:44

 

Los jóvenes cretenses bailan en la pesadilla de la Merkel.

 

Resulta difícil de creer que Angela Merkel tenga sueños pesados por una noche en la que se pase con el alcohol, pero alguna vez habrá tenido una pesadilla, supongo. Hoy, en Sitía, una apacible población portuaria y centro de una comarca de sabrosos vinos del nordeste de Creta, hemos vivido lo que la canciller alemana podría soñar en sus peores noches: un pueblo griego que sale a beber y a comer, fuma debajo de los carteles de prohibición, y canta y baila en una taberna hasta que el cuerpo, el mejor baremo humano de la cordura, diga basta.

La lira cretense es un hermoso instrumento, como una viola antigua que se toca apoyándola en el muslo mientras la mano derecha rasga las cuerdas con el arco. Su sonido es quejoso pese a que el ritmo puede sonar alegre. El que la toca suele cantar a la vez unas canciones repetitivas, como una letanía relajante. Los laúdes la acompañan. Esta noche, cuatro jóvenes vestidos de negro bailaban de vez en cuando al son de esta música que parece venir de muy antiguo. Forman un círculo abierto y van dando vueltas. Una vez que se han calentado, el del extremo de la derecha empieza a dar saltos apoyándose en su compañero contiguo, sin soltarse de su mano, que le sirve de apoyo como si fuera una barra, a la vez que se golpea rítmicamente muslos y talones haciendo figuras acrobáticas. Es el viril baile de Creta.

El local, la Taverna Rakadiko (que quiere decir un lugar donde el rakí es el rey)Tzivaeri, estaba llena de gente, de griegos aparentemente despreocupados por el euro, por las elecciones y por la Merkel. Hemos comido cuatro platos abundantes y naturales, una cerveza para calentar, medio litro de vino blanco de la zona, una botellita de rakí, una enorme ración de fruta buenísima, y un yogur con fruta para cada uno, con música y baile en directo. Y todo por 26 euros.

Estos griegos no van a prosperar nunca. Hemos sido felices (aprended la palabra en griego: eutihismenos)

Un cumpleaños familiar improvisado con raki. El chef Stelios y su familia.

 

 

 

Otro ejemplo: ayer fue mi cumpleaños (gracias) Coincidimos en una taverna junto al mar, dónde si no, con una familia que resultó ser la de un cocinero de la isla. Tras decirle una tontería al rubio niño que acompañaba a la pareja (Angelos), entablamos conversación. El chef se llamaba Stelios y le preguntamos a dónde podíamos ir a cenar para celebrar este día tan especial, al menos para mí. Antes de decir nada, llamó al camarero inmediatamente: “Una botellita de raki, que vamos a celebrar el cumpleaños de este compañero (palikari)” ¡Error griego, de nuevo! ¡Tanto celebrar ni tanto celebrar, con lo que debe este pueblo, hombre ya! La Merkel se revolvió de nuevo en su cama, entre sudores. Así no hay forma de que este pueblo salga de su postración. Y sin embargo, parecen felices, lo son seguramente cuando convidan a raki a los desconocidos extranjeros que se esfuerzan en chapurrear la hermosa lengua de Kazantzakis, ese cretense.