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Lo pequeño

Ulyfox | 29 de noviembre de 2011 a las 13:40

Vista general de Primosten.

Parece que por fin no vamos a ir a Bilbao. Estaba casi todo decidido, pero la previsión meteorológica es de mucha lluvia toda la primera parte del puente, y no sé… No es normal que a pocos días de emprender un viaje no sepamos aún a dónde. Ahora las opciones se decantan por algunos pequeños pueblos de nuestra amada Castilla la Vieja. La Alberca, en Salamanca, por ejemplo. Andamos rondando la atractiva idea de unos días. Nos entusiasman esos pueblos amurallados o no, con frío en el aliento y refugios calentitos, minúsculas plazas mayores con picos nevados al fondo, en los que quejarse de la desacostumbrada y reconfortante helada temperatura para desquitarse con un buen café o un buen vino, según la hora. Carne, legumbre, sopas o cocidos para amigarse con las raíces. Todo muy escueto, necesariamente sobrio y sabio, la vida reducida, acotada a los límites de la vida.

Un helado a la caída del día, en la playa de Primosten.

A veces, muchas veces, los pueblos pequeños nos han hecho disfrutar del encogimiento y del recogimiento. Es la sensación de no querer nada más porque no hay mucho más que tener: dos, tres calles, alguna iglesia, un castillo en ruinas; uno, dos restaurantes; uno, dos hoteles… dan como resultado muchas horas de regalo. Si no hay mucho que hacer, muchos monumentos que visitar o museos que recorrer, tienes que concentrarte en ti mismo, tus lecturas, tu compañía y hasta puedes terminar gustándote. Vale la pena.

Pesca en el Adriático, en la misma playa.

Aún estaréis preguntándoos qué pintan las fotos que acompañan esta entrada. Son de Primosten, un pequeño pueblo costero de Croacia. No sé, pero pueden servir para ilustrar la tesis. Primosten está en la costa dálmata, y no disfruta la fama de sus hermanos mayores. Obviamente, no es Dubrovnik, ni Trogir, ni Split, ni siquiera Sibenik o Zadar. No tiene monumentos. Sólo una pequeña muralla imperceptible, una torre veneciana a escala mínima que lo convierte en una réplica de Rovinj, un cementerio marino encantador, callejuelas medievales, una placita con restaurantes, un paseo que rodea el pueblo y, eso sí, todo el Adriático a su alrededor y magníficas playas llenas de pinos. Es un pequeño tómbolo en una costa tan recortada como la dálmata, apenas un respiro en esta tierra saturada de belleza.

El cementerio marino de Primosten, un mirador sobre el Adriático.

A esas cosas me refiero cuando hablo de lo pequeño. Si queréis conocer Primosten, debéis saber que no es fácil, como cualquier viaje a Croacia desde España. Podéis volar a Split, que no está muy lejos pero harán falta una o dos escala. Dubrovnik está más lejos, pero Easyjet tiene vuelo directo a la perla del Adriático desde Madrid, en verano y por precios bastante buenos si se compran con antelación. Después de pasar al menos una noche en Dubrovnik, para poder disfrutarla sin cruceristas, habría que ir por carretera, deliciosa carretera hacia el norte. ¡Adelante!