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Playas de Creta, una inquietud inevitable

Ulyfox | 13 de marzo de 2019 a las 9:56

 

Era inevitable, lógico y justo. E incluso bueno para ellos, pero me produce un temblor inquietante. Ha ocurrido, claro: dos playas de la isla de Creta aparecen entre las 25 mejores playas del mundo de la lista de este año de la todopoderosa web TripAdvisor. Que me digan a mí si es justo. Claro que sí, no hay duda. Los amplios, brillantes, bellísimos arenales y lagunas de de Balos y Elafonisi, ambos en la provincia de La Canea allá en el oeste extremo de nuestra amada isla, son únicos, impensables en el continente europeo para el que no las conozca. Perfectamente comprensible que hayan terminado apareciendo en estas abundantes listas por las que el mundo se mueve hoy en día.

Pero a nosotros nos provoca esa inquietud. Las últimas veces que hemos ido a esas playas el temblor ha llegado a ser de estremecimiento. En Balos, la cola de coches aparcados en el inhóspito carril que da acceso al aparcamiento de tierra que da acceso a la playa tras un paseo a pie de media hora tenía una extensión de varios kilómetros. Y eso a finales de septiembre. Qué lejos aquella imagen que pudimos disfrutar en nuestra anterior visita a lo que era un paraíso único, el día del descubrimiento y de la boca abierta ante tal maravilla. Había gente, sí, pero no en las cantidades industriales en las que arriban ahora. Da miedo (al menos a mí) imaginar lo que pueda ser esta temporada… Lo indudable es que el paraje merece toda visita…

En Elafonisi, la de la arena rosada y las aguas transparentes, el efecto es el mismo o incluso más acentuado porque se puede llegar hasta ella por carretera bien pavimentada aunque llena de curvas. Allí acceden miles de autobuses y coches particulares, aparte de los barcos de excursión desde la cercana Paleochora. La invasión de hamacas y sombrillas ni siquiera da abasto para tanto turista. Qué se puede decir: la playa es hermosísima, sorprendente con su aspecto de mares del sur.

Esta inclusión en la lista, incluso este post modestamente puede contribuir aún más a la masificación, que de todas formas es insoslayable… pero al menos, que estéis avisados. No os puedo recomendar que no las conozcáis, pero evitad en lo posible los días y las horas punta. En fin…

Los baños felices

Ulyfox | 19 de noviembre de 2013 a las 0:49

 
Azul intenso en la playa de Elafonisi.

Azul intenso en la playa de Elafonisi.

Pasa el tiempo, llegan los fríos y sigo rememorando nuestra reciente estancia en Grecia. El blog avanza muy lento y, para quitarme la mala conciencia de este ritmo perezoso, me da por pensar que en realidad me estoy administrando una medicina espaciada y lenta, una vez o dos por semana, antes o después de las comidas, al acostarme o al levantarme, con la que curarme la nostalgia. O aliviarme, si no la enfermedad, al menos los síntomas.

Se puede llegar andando al islote.

Se puede llegar andando al islote.

Como diría Fray Luis, contábamos ayer que aún estábamos en Creta, nuestra visita a Paleohora y su cercana playa de Gialiskari. Y mencionábamos de pasada Elafonisi. Pero Elafonisi es una palabra mayor, es un asombro, es la playa con letras capitulares, es una invasión de azul infinito, es algo sin igual. Es difícil llegar, está lejos de cualquier núcleo de población grande, en uno de esos confines impactantes de la isla, pero está llena de sombrillas y hamacas, recibe a miles de personas todos los días en temporada alta. Los visitantes llegan en sus coches, en autobuses de excursión desde La Canea y en barco desde Paleohora, porque es una atracción única. Sí, puede llegar a ser un agobio. Sólo en junio o pasado mediados de septiembre es amable. De cualquier forma, si uno se toma la molestia de caminar un rato hacia el este, encuentra otra playa, descrita como maravillosa y aún no pisada por nosotros, la de Kedrodassos, en la que como su nombre indica, es posible descansar entre baño y baño a la sombra de los cedros y con mucha menos gente.

Hay pocos azules como el de Elafonisi.

Hay pocos azules como el de Elafonisi.

Tras la laguna, la arena.

Tras la laguna, la arena.

Bañarse en el azul.

Bañarse en el azul.

Deportes acuáticos a favor del viento.

Deportes acuáticos a favor del viento.

Y ya dejo de apabullaros.

Y ya dejo de apabullaros.

Ya os hemos hablado alguna vez de Elafonisi, esa gran flecha de arena, prolongada en su base y hacia los lados, que apunta hacia un islote de piedra y más arena. La flecha cambia de anchura según los vientos y las mareas, igual que lo hace la escasa profundidad de las aguas, más bien una serie de lagunas transparentes. Se puede ir andando al islote, hundido hasta la cintura. El lugar adquiere la apariencia de infinito. La mejor visión, como siempre, se obtiene desde las alturas, un poco antes de bajar a la playa. Hemos estado tres veces, siempre buscando la ocasión extraña en la que no sople el viento. En la última casi lo conseguimos, y con eso quiero decir que Eolo tenía un día tranquilito pero no estaba precisamente dormido. Se podía estar de manera agradable, paseamos por la orilla sin que la arena nos fusilara las pantorrilas, cruzamos hasta el islote, nos pudimos bañar sin que el agua perdiera su transparencia, pudimos tirarnos en las hamacas, y comer algo en la escueta cantina, antes de nuestro segundo encuentro de este viaje con La Canea. Os juro que volveremos para intentar ver y vivir Elafonisi sin viento.

La bahía de Souda, con la base de la OTAN y la fortaleza veneciana.

La bahía de Souda, con la base de la OTAN y la fortaleza veneciana.

El tiempo se estaba portando bien con nosotros, que anhelábamos tranquilos y completos días de playa. En Paleohora disfrutamos del calor y la calma. Elafonisi nos mostró su cara más amable esta vez. Y la racha se prolongó en La Canea. Sí, hacía viento, el enemigo mayor del bañista exigente. Pero eso tenía remedio. Miramos la dirección del aire, miramos el mapa y pensamos en nuestras ganas de conocer. Allí, en un rincón de la península de Akrotiri, casi pegada a la famosa base de la OTAN en Souda, aparecía el nombre de Marathi, al resguardo del viento. En llegando vimos que eran dos pequeños trechos de arena dorada divididos por un espigón que daba refugio a unas cuantas barcas. Un islote, de nuevo, cerraba la bahía calmando las aguas. Levantando la vista al otro lado de la bahía de Souda se podía divisar , de este a oeste el cabo Drapanos, con una enorme falla circular a modo de cráter, el farallón de Malaxa con sus ecos bélicos de la batalla de Creta y más allá, muy lejos pero muy grandes, las Montañas Blancas.

Playa de Marathi, con las Montañas Blancas al fondo.

Playa de Marathi, con las Montañas Blancas al fondo.

Un velero, desde la taberna en Marathi.

Un velero, y al fondo la falla-cráter de Drapanos.

Pero aquí cerca, a nuestros pies, el baño cristalino, el baño feliz de las playas domésticas con un público mayoritariamente griego. Detrás unas tabernas muy cuidadas, a medio camino entre la tradición y el diseño y cerrando la playa, como casi siempre, una pequeña capilla blanca. Marathi estaba bien abastecida de público y servicios, pero todo parecía transcurrir con la placidez aparentemente lubricada de lo espontáneo y bien organizado. Cuando ya abandonábamos el remanso, los camareros preparaban las preciosas terrazas para lo que prometía ser una colección de cenas agradables con luz tenue y a la orilla del mar. Nos dio cierta pena dejar aquel lugar, por mucho que este sentimiento se viera mitigado con la promesa de otras terrazas en el puerto veneciano de La Canea.

Los baños felices.

Los baños felices.

La playa

Ulyfox | 22 de septiembre de 2010 a las 20:10

La playa de Elafonisi, en el sur de Creta

La playa de Elafonisi, en el sur de Creta

Elafonisi está en la punta suroeste de Creta y está entre las mejores playas del mundo, si es que existe tal clasificación. Se trata de un lugar mágico, el color del agua no figura en la gama de los conocidos, entre esmeralda y blanco. Cuando el viento no sopla (y eso sólo lo hemos visto en postales) es un inmenso lago transparente, pero aunque el dios Eolo haga su aparición, es también impresionante. No son pocos los que nos han preguntado extrañados cómo es que se nos ocurre ir de vacaciones a lugares con playa viviendo en Cádiz y teniendo la maravillosa costa que tenemos. Eso es porque no conocen la playa de Elafonisi, por ejemplo, o la de Mirtos en Cefalonia, o la Agia Anna en Naxos, ni ninguna de las maravillas de Mikonos en septiembre, o en las verdes calas de Corfú o Paxos, o en la singular Olu Deniz en Turquía, o no se han bañado bajo la acrópolis de Lindos, en Rodas, en entre las rocas de Kolimbitres. Elafonisi es una extensión de arena unida a un islote, en algunos lugares es posible andar como si fuera sobre las aguas y por todos lados asombra la transparencia. No lo puedo describir, lo siento. Pero tampoco tuvimos suerte esta vez con el viento ni con las nubes que con demasiada frecuencia tapaban el débil sol. Otra vez será.

Penélope, en el azul aguamarina de Elafonisi

Penélope, en el azul aguamarina de Elafonisi

Para llegar a Elafonisi desde La Canea, abandonada con pesar, hay que atravesar la isla, y os puedo asegurar que es difícil. El interior de Creta es abrupto, muy montañoso, duro y hermoso. Pasas por bosques de coníferas, castaños, olivos y cipreses y por algunos tramos de alta montaña pelada, visiones que remiten a escenarios míticos, bélicos. Todo ello lo sorteó con tremenda habilidad conductora Penélope, la directora de escena, la muñidora de este viaje fantástico.

P y MJ emprenden un viaje con niños

Ulyfox | 15 de abril de 2010 a las 0:25

Una niña en la playa de Paranga, Mikonos

Una niña en la playa de Paranga, Mikonos

P acaba de tener una niña y MJ está a punto de tener gemelos. Ése sí que es un viaje. Todo bien para la primera, esperemos que igual de bien al menos para la segunda, más nerviosa. Una engordó de manera asombrosa, la otra ha guardado su eterna delgadez de manera milagrosa. La primera es también primeriza, pero parecía haber nacido para esto durante todo su embarazo, lento, digerido, naturalmente cansino, sonreído. En la segunda, ni en la risa han dejado de reír los nervios.

En la misma playa, grupo de niños al atardecer

En la misma playa, grupo de niños al atardecer

Ahora vendrán las frases manidas, aunque dichas con su mijita de razón: olvídate de los viajes, les dirán a los heroicos padres. Siempre, Penélope y yo hemos sostenido la tesis contraria, y siempre nos han replicado que es porque no tenemos hijos. P engendró muy probablemente a su niña en un viaje a Grecia. Y en la Hélade, hemos visto disfrutar a niños como en ningún sitio: en sus viajes en barco, en la playa, comiendo souvlakis, en la playa calmada y sin olas, jugando con los pequeños griegos en la plaza, en la playa dorada al atardecer. Sin peligro, el mar no sube, los padres están a un metro, con la hamaca rozando el agua.

El grupo se dispersa

El grupo se dispersa

Nosotros mismos hicimos uno de nuestros mejores viajes hace casi dos años a Grecia, con unos amigos y su hija de cuatro años, M, dormilona y la que menos come del mundo. Fue delicioso, gozoso, enseñar las islas a alguien tan pequeño y tan insistente en sus juegos, exigente como la vida, que te hacía estar alerta y se te subía a los brazos de un brinco, su cuerpecito tan ligero. Un aliciente más para el viaje, nuevo, un destello naciente en el azul del Egeo. Así. ¡Y buen viaje a las dos madres, acompañadas de los padres!

M y un amigo de su viaje, en la inmensidad azul de la playa de Elafonisi, Creta

M y un amigo de su viaje, en la inmensidad azul de la playa de Elafonisi, Creta