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Romanos y árabes en Málaga

Ulyfox | 11 de julio de 2021 a las 19:29

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Visión nocturna del Teatro Romano y, arriba, la Alcazba de Málaga.

La guía era menuda y desenvuelta, morena y escueta, y apareció puntualmente y armada como nos dijo el día anterior: con un paraguas color naranja y a la entrada de la Alcazaba de Málaga. Teníamos concertada una visita guiada a este monumento de la dominación musulmana, combinada con un recorrido por el teatro romano, situado justo debajo del gran castillo árabe. Otra pareja debía unirse a nosotros tres para la visita, pero sencillamente no aparecieron, sin siquiera dignarse a avisar. “Es lo menos grave que te puede pasar”, nos contó resignada Candi, de Top Tour Málaga, que se convirtió por mor de la descortesía de unos clientes y para alegría nuestra, en ‘cicerone’ particular y relajada.

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El graderío y la ‘orchestra’ del Teatro Romano.

El teatro romano fue la primera etapa. El monumento, abierto y visible en pleno centro de la ciudad, da un especial y único ambiente a la calle Alcazabilla, dominando todo el paisaje urbano con su fila de gradas muy bien conservada. Construido en tiempos del Imperio y dejado de utilizar como teatro aproximadamente en el siglo III d.C., estuvo oculto para los malagueños durante centurias hasta que, en los años cincuenta del pasado siglo, se descubrió su existencia al hacer unos trabajos para la realización de un jardín público. Aún tuvo que esperar décadas, hasta 1991, para que se derribara el último edificio existente sobre él y pudiera ser contemplado en todo su esplendor. Ese edificio era precisamente la Casa de la Cultura, y la resistencia de sus administradores al derribo hizo que se la conociera en Málaga como la ‘Casa de la Incultura’.

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El ‘auditus máximus’, entrada de las gentes principales.

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Impresiona, aparte de su graderío y la zona de la orchestra, un arco lateral abovedado con sillares, que se pensó en principio que podría ser una de las puertas de la antigua muralla romana pero luego se comprobó que correspondía al auditus máximus, es decir la entrada para los ciudadanos de más alto rango, según la estricta división por clases que regía la distribución del espacio en el teatro. Las detalladas explicaciones de Candi contribuían al encanto instructivo de la visita a este lugar, que fue sucesivamente factoría de salazones e incluso lugar de enterramiento hasta que desapareció durante cientos de años bajo las mil capas de la Historia.

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A los pies de la Alcazaba, esperando a nuestra guía, Candi.

Después emprendimos el camino de subida hacia la Alcazaba, el castillo palacio que los gobernantes árabes hicieron construir para defender la valiosa plaza de Málaga, allá por el siglo XI. Durante el recorrido lo que primero se aprecia es la perfecta fortificación del lugar, con tres murallas concéntricas y varias entradas en curva, que hacían muy difícil el asalto. Preciosas puertas con arcos de herradura que utilizan algunos elementos constructivos de anteriores edificios romanos se pueden ver al paso.

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Fortificaciones dobles y triples en las murallas de la Alcazaba.

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Columnas romanas, reutilizadas en la llamada Puerta de las Columnas.

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Cuando se abandonó la utilidad militar y de residencia de los gobernadores musulmanes, la Alcazaba fue ocupada durante décadas por gente que se construyó sus casas adosadas a los muros. Candi nos enseñó algunas fotos antiguas que demuestran esa utilización como pueblo dentro de la ciudad, con sus calles. Eso sí, la vida allí no debia ser muy cómoda. Cuando a principios del siglo pasado se empezó a restaurar la fortaleza, esa gente fue desalojada.

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Vistas del palacio del gobernador, en la Alcazaba.

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El recorrido culmina en el antiguo palacio del gobernador, algunas de cuyas estancias recuerdan a una Alhambra en pequeñito, sin alcanzar el esplendor de los palacios granadinos, pero mostrando que no era una residencia cualquiera. Los siglos posteriores no la trataron con tanto cariño como a las estancias nazaríes ni su tamaño se puede comparar, pero sin duda tienen y debieron tener una gran belleza.

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Además, desde su ubicación se tiene una espléndida vista de la ciudad y su puerto. Más arriba y allá lejos se ve el castillo de Gibralfaro, que estaba unido a la Alcazaba por la llamada Coracha, dos muros paralelos que aún existen hoy y que, según los planes, algún día se restaurarán.

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Salimos de la visita tan empapados de historia que aún tuvimos ganas y tiempo de visitar brevemente la sección arqueológica del Museo de Málaga, situado en un magnífico edificio, el antiguo Palacio de la Aduana. Nos gustaron mucho las descripciones sobre el importante arte rupestre y los monumentos megalíticos en la provincia, y especialmente interesante es la llamada Tumba del Guerrero, un enterramiento donde se halló un ajuar que incluía un casco griego, por lo que se supone que mercenarios de esa procedencia servían de escolta o fuerza al servicio de los señores fenicios de la época.

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Mosaico romano en el Museo Arqueológico.

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Cerámica árabe.

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Un desagüe de piedra ibero.

Tanta historia nos llevó a abrirnos el apetito, eventualidad que combatimos de manera muy eficaz y sabrosa en el chiringuito El Cachalote, en la playa de la Malagueta, con un menú veraniego lleno de espetos, boquerones, coquinas y pimientos asados…

El mal de Antequera

Ulyfox | 5 de julio de 2021 a las 17:58

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La monumental entrada al dolmen de Menga.

El animado, joven y locuaz guía lo explicó bien mientras esperábamos a la entrada del Dolmen del Romeral, en Antequera. Hablaba de lo que él llamó ‘mal de Antequera’, y al describirlo relató justo lo que yo había sentido unos minutos antes. Al parecer, los visitantes de esta hermosa y monumental población, al poco tiempo de visitar el maravilloso conjunto de los Dólmenes a las afuera y de escuchar la historia de su descubrimiento, empiezan a imaginar que cada colina o pequeña elevación del terreno se podría encontrar uno de estos impresionantes monumentos megalíticos prehistóricos. Y efectivamente: me había ocurrido mientras miraba los dos montículos allá lejos, a los pies de la no menos asombrosa Peña de los Enamorados, que los antequeranos llaman también ‘El Indio’ por semejar su silueta claramente el perfil de un nativo americano acostado. Quién sabe, igual no ando tan descaminado en mi intuición, puesto que al lado se acaba de descubrir otro, aunque este mucho más pequeño que sus hermanos de la zona.

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Tres imágenes del impresionante interior del dolmen de Menga.

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Visitábamos por segunda vez Antequera y este conjunto único de enterramientos prehistóricos, y era normal que yo tuviera, como tantos, esa curiosa inquietud subterránea, después de conocer la historia de los hermanos Viera, que se toparon con el dolmen que ahora lleva su nombre y tal vez fueran los primeros en padecer ese síndrome. Tras el descubrimiento de ese monumento, se imaginaron que un poco más lejos, bajo aquel montecito llamado del Romeral podría aguardar su alumbramiento otro dolmen. Y su intuición no les falló, y después de buscar lo hallaron: allí estaba el dolmen del Romeral, construido con una ingeniosa técnica de bóveda falsa, lasca de piedra sobre lasca de piedra estrechando el espacio, hasta llegar incluso a construir dos cúpulas cerradas con una gran roca plana. Asombroso.

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Entrada al dolmen de Viera.

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Entrada al dolmen del Romeral, y el montículo artificial que lo cubre.

El más apabullante de los tres que componen el conjunto antequerano, por sus dimensiones, es el más antiguo, el dolmen de Menga, que figura en los libros desde hace siglos. Compuesto por un corredor y una sala con paredes y techos construidos con grandes piedras de toneladas de peso, su visita obliga al pasmo mientras se repasa el nombre de sus componentes: ortostatos las paredes clavadas metros bajo tierra, cobijas los techos, pilares que los sustentan. Y admira cómo pudieron hacerlo hombres, mujeres y niños del Neolítico, por mucho que te cuenten las teorías sobre ello los y las magníficas guías del yacimiento.

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En el interior del Romeral.

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La falsa cúpula del dolmen del Romeral.

La visita se hace en un par de horas y es una delicia de información sobre aquella época en la que la Humanidad estaba descubriendo e inventando tantas cosas. El síndrome conocido como ‘el mal de Antequera’ no hace daño y además alimenta la imaginación…

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Alcachofitas de la huerta de Antequera con jamón.

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Surtido de porras.

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Porrilla de garbanzos y espinacas, una de las delicias de Arte de Cozina.

La delicia se prolongó después en Antequera, puesto que la rematamos con un almuerzo fantástico en el establecimiento Arte de Cozina, una comida que resultó también un viaje en el tiempo hacia recetas antiguas, sencillas y sabrosas, elaboradas con esmero y amor por el personal. Una auténtica experiencia de autenticidad y buen servicio. Imposible mejor remate.

Una parada en Jaén

Ulyfox | 22 de junio de 2021 a las 21:08

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Una vista cercana de la Catedral de Jaén.

No habíamos estado nunca y, fuerza es reconocerlo, tampoco nos había interesado mucho viajar a Jaén capital. Pero debería estar escrito que es muy equivocado desdeñar cualquier rincón. Yo había leído y sabido siempre de su catedral, de los trabajos maestros que en ella realizó su diseñador original, Andrés de Vandelvira, y uno de los mejores ejemplos del estilo renacentista en España, pero siempre lo dejaba para mejor ocasión. La ubicación apartada de la llamada capital del Santo Reino tampoco facilitaba la decisión.

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El Museo Ibero, una joya aún por pulir.

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Pero esta vez sí: la acumulación de un par de días libres de Penélope y el interés mostrado por Pepa por conocer el Museo Ibero, inaugurado hace pocos años, se conjugaron para que fuera posible la visita, que planeamos incluyera Baeza y Úbeda.

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Sólo teníamos previsto medio día y una noche en Jaén y, sin correr ni apresuramientos, queríamos aprovecharlo. Nada más llegar, soltamos las maletas en el hotel y nos dirigimos al Museo Ibero, muy cercano. Éramos los tres únicos visitantes en un espacio grande, diáfano y reluciente, por lo que disfrutamos de la visita. El Museo se ve vacío, con espacio para albergar muchas más piezas y colecciones que están por venir pero aún no han llegado. No obstante, lo mostrado es excepcional para conocer algo más de esta cultura anterior y contemporánea a la de los romanos en la Península, tan fundamental en nuestro país y aún tan desconocida.

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Lo expuesto en el centro hace hincapié sobre todo en su organización social y en sus costumbres religiosas, con la exposición de piezas singulares, sobre todo idolillos y exvotos, y con unos paneles y vídeos explicativos muy didácticos. Interesante es su apartado dedicado a la plaga del expolio en yacimientos y a sus nefastas consecuencias para el estudio de la historia.

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Cerámica griega, que indica el rico comercio con otras civilizaciones.

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La muestra principal, la que lleva por título ‘La Dama, el Príncipe, el Héroe y la Diosa’ es extraordinaria y explica a través de estos cuatro personajes prototípicos la complejidad de la cultura ibera. De manera muy sencilla, lo consigue, y lo hace de forma suficientemente breve y completa.

Fue una delicia de paseo cultural, que nos abrió el apetito y nos predispuso a buscar un lugar donde reparar este inconveniente. Y lo encontramos en un establecimiento estupendo con nombre inspirador: Panaceite, con una excelente comida tradicional, de calidad y platos generosos, y donde comenzamos a disfrutar esa grata costumbre de Andalucía Oriental que consiste en ponerte una tapa gratis con cada consumición de bebida.

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De camino a la Catedral de Jaén.

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Detalle de la fachada de la Catedral.

 

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Tras la comida, aún nos quedaron ganas de seguir andando, y enfilamos la cuesta hacia la catedral, lamentablemente cerrada al público a esas horas, así que nos tuvimos que conformar con admirar su impresionante fachada barroca y con esperar que para otra ocasión sea posible admirar su interior, por ejemplo la sacristía y la sala capitular, obras maestras de Vandelvira.

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Los Baños Árabes, esplendor subterráneo.

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Teníamos una cita con una amiga, pero calculamos y nos daba tiempo de acercarnos a los Baños Árabes, entre los más grandes y mejor conservados de España. Parece que su origen corresponde al periodo de dominio almohade en la Península, en el siglo XII, y después pasó por varios avatares, incluido el de que una buena parte de ellos quedara oculta durante siglos por la construcción sobre ellos, en el XVI, del palacio del Conde de Villardompardo, hasta que a principios del siglo XX fueron redescubiertos en su totalidad. En 1931 fue declarado Monumento Nacional.

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El Palacio es centro cultural y alberga varias exposiciones permanentes, pero sin duda el interés máximo está en los Baños, su vestíbulo y su distribución clásica en sala fría, sala templada y sala caliente. La sala templada sobre todo es espectacular, con sus arcos y su gran cúpula agujereada con luceras en forma de estrella, al estilo clásico árabe. Una visita rápida pero muy grata, en un ambiente de penumbra, antes de salir disparados para nuestra cita.

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Las deliciosas alcachofas fritas sobre ajoblanco de Mangas Verdes.

La corta pero productiva jornada acabó en una cena frugal, pero intensa y deliciosa, en otro local recomendable, Mangas Verdes, claro de luz y acogedor de espacio, donde degustamos varias raciones, entre las que quiero destacar unas alcachofas fritas sobre ajoblanco memorables.

No nos arrepentimos, al revés, nos dejó buenas impresiones Jaén, a la vez que ganas de volver a sus monumentos, su gente y su buena comida. Lo haremos.

Córdoba y el misterio

Ulyfox | 21 de febrero de 2021 a las 20:15

 

La entrada del mihrab de la Mezquita de Córdoba, orlada de mosaicos bizantinos.

La entrada del mihrab de la Mezquita de Córdoba, orlada de mosaicos bizantinos.

Una de las fachadas laterales de la Mezquita.

Una de las fachadas laterales de la Mezquita.

El misterio es la sal de la vida. No hay nada más atractivo,  y para los ignorantes de tantas cosas como yo cualquiera de ellas puede convertirse en misterio. O a lo mejor es que lo buscamos en todo. El caso es que estuvimos en Córdoba el pasado día de Reyes y su víspera, y nos volvimos a encontrar frente a frente con lo misterioso de una cultura que vivió y dominó en Andalucía durante siete siglos y de la que podemos decir que desconocemos casi todo: la civilización islámica.

En el patio de los Naranjos de la Mezquita.

En el patio de los Naranjos de la Mezquita.

Fue un respiro que nos permitimos con todas las precauciones por la pandemia, y poco antes de que recomenzaran los cierres de todo por aquí. No era la primera vez que visitábamos Córdoba, pero esta vez lo hicimos con la conciencia de revisitar la Mezquita (se me hace rara esa denominación postiza de Mezquita-Catedral, aunque sea más apropiada) y de conocer las ruinas de Medina Azahara, o Madinat Al-Zahra.

Ante la Puerta de Almodóvar, una de las entradas a la antigua muralla.

Ante la Puerta de Almodóvar, una de las entradas a la antigua muralla.

Adoro este tipo de turismo de invierno en el que el apresuramiento es imposible. La corta duración de los días obliga a preparar agendas cortas, y la baja temperatura anima a recogerse pronto. Llegamos cerca del mediodía a Córdoba, y apenas dejadas las mínimas maletas en el hotel Eurostars Palace, un cinco estrellas magnífico con un precio increíble por la baja temporada y supongo que la escasa demanda en estas fechas, nos dirigimos a la Mezquita, a diez minutos a pie.

 

El impresionante bosque de columnas del interior de la Mezquita.

El impresionante bosque de columnas del interior de la Mezquita.

La visita estaba reservada por internet, pero nos dio la impresión de que no hacía falta. El singular monumento estaba tranquilo en un día frío y húmedo. Preferimos coger una visita guiada en exclusiva para los tres, con una guía solícita y didáctica. Suele ser la mejor forma de conocer un monumento, a menos que uno lleve puesta la formación adecuada. Nosotros sólo llevábamos unos abrigos demasiado gruesos, y esos fueron las únicas incomodidades de la visita.

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Siempre me ha impresionado lo que es conocido como “el bosque de columnas” de la Mezquita, todas distintas y reutilizadas de anteriores edificios visigodos y romanos, pero la maestría en la construcción hace que formen una gran unidad. Hileras e hileras de ‘árboles’ pétreos dan una profundidad sin igual al templo y le proporcionan, creo yo, un gran misticismo al conjunto.

 

Cristiana y musulmana.

Cristiana y musulmana.

Para mi gusto, la catedral católica que se construyó en el centro del edificio rompe lo que debió ser una incomparable perspectiva y profundidad en los tiempos espléndidos del Califato. Se destrozó un monumento único para encastrar una catedral que no es precisamente la más bella de las que hay en nuestro país. De todas maneras, hay que reconocer que se respetó la mayor parte de la fastuosa mezquita aljama de Córdoba, lo que constituye una excepción en la actuación de las diferentes religiones.

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De hecho se respetó casi toda la estructura y, afortunadamente, se preservó la parte más bella y espectacular del monumento: el mihrab, la estancia abierta en la qibla, la pared trasera del templo que indica la dirección de La Meca, hacia la que deben volver sus miradas los fieles cuando rezan. Extrañamente, y sin que se sepa muy bien por qué, esta no está orientada hacia la ciudad santa de los musulmanes, sino más bien al sur, lo que también es habitual en otras mezquitas de Al Andalus. Podría ser que siguieran la orientación que tenían las mezquitas en Siria.

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El mihrab, auténtica joya de la Mezquita, con mosaicos bizantinos.

El mihrab, auténtica joya de la Mezquita, con mosaicos bizantinos.

De todas formas, eso no es lo importante, sino el propio mihrab: una joya hecha en estucos decorados y mosaicos bizantinos, que, mira qué hermosa casualidad y contradicción, fueron un regalo del emperador de Bizancio Nicéforo Fokas, que liberó la isla de Creta de la dominación musulmana. ¡Y qué mosaicos! Dibujos geométricos coloridos sobre un fondo dorado, como sólo podrían hacerlo los artesanos que envió el propio Fokas desde la cuna de ese arte hecho con millones de teselas.

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Vistas del muro exterior de la Mezquita.

Vistas del muro exterior de la Mezquita.

La poca asistencia de público nos permitió realizar una visita detenida y tranquila, siempre lo más deseable, y sobre todo en lugares tan singulares como este.

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El misterio nos esperaba aún más al día siguiente en Medina Azahara, la ciudad palacial fundada a unos 8 kilómetros de Córdoba por el califa Abderranmán III, y de la que sólo quedan restos, aunque magníficos y significativos del esplendor y riqueza que debió tener. Sin el reducido pero más que didáctico centro de interpretación situado a la entrada del recinto sería muy difícil de apreciar su importancia, tal es el grado de destrucción que sufrió una vez fue abandonada tras no llegar ni a cien años de vida.

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Medina Azahara, el esplendor del califato.

Medina Azahara, el esplendor del califato.

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Medina Azahara.

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El pequeño museo del yacimiento Madinat Al-Zahara merece un detenido paseo.

Pero todo eso basta para disfrutar de la visita. No entendimos cómo el poco público que tenía ese día el recinto pasaba sin parar por el museo, y perdiéndose el documental que explica la historia y significado del monumento. Formas de visitar…

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Dos detalles de la Sinagoga en la Judería.

Dos vistas de la Sinagoga en la Judería.

Mejor para nosotros. Pudimos detenernos casi ante cada piedra, cada arco, cada estucado en filigrana. La pena fue que no fue posible visitar la parte más suntuosa, el llamado Salón Rico, que está en proceso de restauración.

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En la Taberna de la Viuda.

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Calles del centro histórico de Córdoba, al mediodía de la víspera de Reyes.

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El día continuó de la mejor manera, puesto que volvimos a Córdoba capital con tiempo suficiente de pasear un rato por la judería, conocer la solitaria Sinagoga (otra joyita) y caminar por la famosa zona de los patios (cerrados todos a cal y canto) hasta la Taberna de la Viuda, donde almorzamos estupendamente.

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Y la jornada culminó muy bien, puesto que tras el almuerzo nos reencontramos con un viejo amigo y compañero de la Facultad madrileña, al que no veía desde hacía muchos años. Esta visita tuvo muchos de los ingredientes de las que nos gustan: tranquilidad, un poco de historia, mucho de arte, buena comida y ausencia total de prisas turísticas. Y un pasito, atravesando un arco de herradura, al interior del misterio hispano-musulmán.

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Románico palentino, con los cinco sentidos y alguno más

Ulyfox | 15 de mayo de 2020 a las 13:17

Santa Eufemia de Cozuelo, no tan sola en el campo palentino.

Santa Eufemia de Cozuelo, no tan sola en el campo palentino.

Una columna de piedra etérea en San Andrés del Arroyo.

Una columna de piedra etérea en San Andrés del Arroyo.

Si lo hiciéramos como una descripción mecánica, vendríamos a decir que el románico es algo así como una sucesión de arcos, arquivoltas, ventanas lobuladas, vanos y capiteles esculpidos de manera frondosa e imaginativa. Pero lo que llama la atención es la capacidad de este estilo arquitectónico que dominó toda Europa durante casi tres siglos en la Edad Media para provocar emociones desde su aparente sencillez de concepto. La belleza de un cimborrio o de un triple ábside no es fácilmente descriptible con palabras técnicas. Habría que servirse de la mejor y menos rimbombante poesía, y ahí es donde el románico conecta con el alma del contemplador que acude a él de manera forzosamente inocente.

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Detalles decorativos en San Juan de Vallespinoso, Santa Juan de Matamorisca y San Martín de Frómista.

Detalles decorativos en San Juan de Vallespinoso, Santa Juan de Matamorisca y San Martín de Frómista.

Es verdad que el románico puede llegar a ser lujoso, y ahí están algunas muestras excelsas en Alemania, Francia e Italia. Sin duda, catedrales como la de Pisa producen arrobo por su belleza, pero en cuanto a emoción, y sabiendo siempre que este sentimiento responde a cuestiones personales, preferimos las pequeñas maravillas del románico palentino, por ejemplo, tan alejado de los mármoles toscanos. Así se nos quedó el corazón cuando lo descubrimos (qué alborozo conocer esas cosas todavía, pasada la sesentena) en un reciente viaje invernal por esos viejos campos de Castilla la Vieja.

San Matín de Tours, en Frómista.

San Matín de Tours, en Frómista.

El monasterio de Santa María la Real (que aloja una fundación dedicada al estudio y promoción del románico además de un hotel del que disfrutamos) y la ermita de Santa Cecilia en Aguilar de Campoo, la del mismo nombre en Vallespinoso, la de Santa Eulalia en Barrio de Santa María, la de Santa Eufemia de Cozuelo, solitarias en lo alto de una loma o sobre una piedra recia, con apenas una nave, una portada y algunas ventanas con arcos trenzados o ajedrezados, incluso bajo la lluvia del diciembre más cerrado, son capaces de impactar al corazón dispuesto. La majestuosidad de la modélica San Martín de Frómista, canon de escultura en capiteles en sus tres naves modélicas, sus ábsides armoniosos, sus remates exteriores profusamente labrados, sus dos torres cilíndricas… son un salto hacia arriba en la escalera de la belleza.

Santa Cecilia, sobre su roca en Vallespinoso.

Santa Cecilia, sobre su roca en Vallespinoso.

Santa Eulalia en Barrio de Santa María.

Santa Eulalia en Barrio de Santa María.

Y a un nivel sublime están el asombroso claustro de columnas labradas de manera casi aérea en el monasterio de San Andrés del Arroyo, los frisos de las portadas de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes (maravilloso hotel en el convento de San Zoilo) y de la de San Juan Bautista en Moarves de Ojeda. Un derroche escultural semejante en ambos casos, representando al Cristo Pantocrátor rodeado de los doce apóstoles, pero que en el segundo caso añade la el llamativo color rojizo de la piedra oxidada y la excepcionalidad de que esa maravilla artística sin igual está en un pueblo de poco más de una decena de habitantes, lo que acentúa la sensación de reino divino en solitario sobre la estepa. Ya lo escribimos hace un tiempo, pero no me resisto a repetirlo aquí: el amable y septuagenario señor que tiene la llave del templo nos dijo: “Ya tienen que tener ustedes amor a esto para venir aquí desde tan lejos…” ¡Claro, pero cómo no caer rendidamente enamorado ante esa fachada de color rojizo…!

El maravilloso claustro del convento de San Andrés del Arroyo.

El maravilloso claustro del convento de San Andrés del Arroyo.

Santa Cecilia, en Aguilar de Campoo.

Santa Cecilia, en Aguilar de Campoo.

Nuestro viaje se topó con varios inconvenientes que quedaron en simples contratiempos dada la magnitud de lo contemplado. Especalmente doloroso fue no poder ver algunas pinturas al fresco en los muros de pequeñas iglesias, cerradas y sin nadie visible para que las abriera, a causa de la temporada invernal.  En Barrio de Santa María localizamos a la mujer que tiene la llave de Santa Eulalia, a las afueras del pueblo, pero era un día lluvioso y frío, y la señora se asomó a la puerta en bata y pijama, para excusarse: “Es que miren ustedes, estoy regular y con este tiempo…”. Estaría de Dios…

Monasterio de Santa María la Real en Aguilar de Campoo

Monasterio de Santa María la Real en Aguilar de Campoo

Fachada de Santa María del Camino, en Carrión de los Condes.

Fachada de Santa María del Camino, en Carrión de los Condes.

Friso de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes.

Friso de la iglesia de Santiago en Carrión de los Condes.

Ábsides de San Martín de Frómista

Ábsides de San Martín de Frómista

 

 

 

Moarves de Ojeda, esa fachada

Ulyfox | 17 de febrero de 2020 a las 20:51

 

El espléndido friso de San Juan Bautista en Moarves de Ojeda.

El espléndido friso de San Juan Bautista en Moarves de Ojeda.

 

“Pues ya tienen que tenerle ustedes amor a esto para venir de tan lejos”, nos dijo el hombre que nos abrió la puerta de la iglesia románica de San Juan Bautista en Moarves de Ojeda. Apenas unos minutos antes, yo había entrevisto la maravillosa portada desde la carretera, visión de la que no había podido gozar Penélope, que estaba atenta a la conducción. Aparcamos detrás de la iglesia, y yo disfrutaba ya del momento en que rodeáramos el pequeño templo y pudiéramos compartir el asombro.

La sencilla fachada trasera de la iglesia.

La sencilla fachada trasera de la iglesia.

Es inútil escribir la onomatopeya de la estupefacción que nos produjo ese conjunto labrado en piedra que, de oxidada, parece hierro viejo. Un friso rojizo que muestra una representación clásica: en el centro el Cristo Pantocrátor rodeado del llamado Tetramorfos, es decir los cuatro animales que son el símbolo de los cuatro evangelistas. Y a un lado y otro, los doce apóstoles divididos en dos hileras de seis. Los expertos en arte dirán lo que tengan que decir de la calidad de las esculturas, nosotros nos limitamos a sufrir uno de los impactos artísticos más profundos que recordamos de los últimos tiempos.

Detalle del Pantocrátor y parte de los Apóstoles.

Detalle del Pantocrátor y parte de los Apóstoles.

Bajo el singular friso, la puerta está flanqueada por arquivoltas ajedrezadas, y los capiteles representan músicos, animales mitológicos y reales e incluso dos guerreros batallando. El color rojo y el casi perfecto estado de conservación ayudan al pasmo que produce esta obra singular con aspecto de retablo, en el centro de esta pedanía del municipio de Olmos de Ojeda, más que humilde y en la que en la actualidad viven sólo 14 personas. “Y todas mayores”, según nos dijo nuestro guía.

Ante la maravillosa fachada...

Ante la maravillosa fachada…

El hombre vive en una casa de piedra situada justo enfrente de la iglesia, y cuando lo fuimos a buscar al enterarnos de que era él quien guardaba la llave, nos advirtió:

-Pero dentro hace mucho frío, eh.

-No pasa nada -le tranquilizamos- venimos abrigados.

-Y además, saben que tienen que pagar un euro cada uno.

-Sí, hombre, no se preocupe- le repetimos. Hacía más de un mes que nadie había venido a visitar San Juan.

Los capiteles de la portada principal.

Los capiteles de la portada principal.

Al responderle a su pregunta que veníamos de Cádiz para ver el románico palentino, mientras abría la puerta, fue cuando dijo aquello: “Pues ya tienen que tenerle ustedes amor a esto para venir de tan lejos”. Y ciertamente es así. El románico es tal vez el estilo arquitectónico que despierta más enamoramiento. Al menos, el románico de esta gran cantidad de pequeñas iglesias y ermitas del campo y la montaña en las cercanías de Aguilar de Campoo, tan alejado de las imponentes catedrales del mismo estilo en  Santiago y Zamora o, no digamos, sus hermanas espléndidas en Francia, Alemania o Italia.

Más capiteles en el lado opuesto de la puerta.

Más capiteles en el lado opuesto de la puerta.

En el románico palentino, que visitamos en diciembre y del cual San Juan de Moarves es una de sus cumbres, te emociona la grandeza que supone que en estos enclaves humanos mínimos se erijan estas maravillas asombrosas. Nuestro humilde cicerone seguía con sus advertencias:

-Pero de todas formas lo importante está fuera -mientras nos contaba con expresión de experto los detalles escultóricos de la fachada.

Una peculiar imagen de San Juan Bautista, nada que ver con las representaciones tradicionales.

Una peculiar imagen de San Juan Bautista, nada que ver con las representaciones tradicionales.

Ya dentro relataba historias del casi desnudo interior: las pequeñas figuras de san Juan que sacaban en procesión antes para rogativas de las lluvias. No se veía muy creyente, puesto que de vez en cuando acotaba a sus intervenciones, con “eso dicen…” o “eso es lo que la Iglesia dice…”.

Detalle de la pila bautismal.

Detalle de la pila bautismal.

-Y miren la pila bautismal esta. Parece que es también Cristo con los apóstoles, como el friso de fuera, pero aquí hay trece apóstoles ¿cómo puede ser eso? A lo mejor el otro es San Pablo, eso dicen, pero para mí que igual es la Virgen ¿no?

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La visita es corta, claro, porque el hombre tiene razón y lo verdaderamente precioso está fuera, en esa fachada única que, una vez que se ha ido, y con la compañía silenciosa de otra pareja que se ha sumado a la cita de manera repentina, nos demoramos en seguir contemplando largo rato, prolongando la partida porque ¿quién sabe cuándo vamos a volver desde tan lejos?

En esos días fríos y lluviosos, nos sobrepusimos a los elementos para poder conocer esta y otras pequeñas maravillas en piedra. El tiempo y la soledad del invierno nos negaron la entrada en algunas. Lo iremos contando, pero San Juan de Moarves, su friso de piedra y su manera de reinar en el solitario frío de los campos palentinos, merecían el detalle de figurar solo aquí.

Palencia ya no es desconocida

Ulyfox | 10 de febrero de 2020 a las 13:38

vista del ábside de la catedral de Palencia.

vista del ábside de la catedral de Palencia.

No haber visitado Palencia hasta una cierta y elevada edad podría no tener perdón, ni siquiera con la  válida excusa de vivir en la más baja Andalucía. No, porque hemos pasado bastantes veces por su cercanía en nuestros viajes al Norte. Sí, podría no tener perdón, una vez visto lo que nos habíamos estado perdiendo. Me refiero a la capital, aunque la provincia tiene una gran cantidad de tesoros románicos que otro día os contaremos.

La Plaza Mayor de Palencia.

La Plaza Mayor de Palencia.

Aun estando tan lejos, no sé qué hace que viajemos al Norte siempre en invierno. En esta ocasión fue a finales del otoño, tiempo gris, en ocasiones lluvioso, que sin embargo no nos ha impedido nunca el disfrute de esas regiones españolas. Añoramos más sol y menos agua cuando estamos por allí, pero los recuerdos siempre han sido duraderos.

El Mercado Central y la sede de la Diputación Provincial.

El Mercado Central y la sede de la Diputación Provincial.

En las horas que pasamos allí comprobamos que Palencia es para pasearla, con un casco antiguo pequeño, con monumentos esparcidos por toda su extensión pero no especialmente bello. Parece haber sido modernizado en una buena parte y eso le resta asombro al callejeo, aunque no encanto ni comodidad. Tiene, eso sí, algunas iglesias góticas muy interesantes como las de San Miguel y San Pablo, el monasterio de Santa Clara, y sobre todo, por encima de todo, su asombrosa catedral, la dedicada a San Antolín, que se había designado siempre como ‘la bella desconocida’ y que a partir de su restauración en marcha se está llamando ‘la bella reconocida’. Con cuánta justicia.

Detalle del retablo de una de los altares principales de la Catedral.

Detalle del retablo de una de los altares principales de la Catedral.

 

La catedral por sí sola, se puede decir alta y claramente, merece una visita a Palencia. Es un asombro de belleza que injustamente no figura entre las de obligado cumplimiento para los amantes del arte. Cuando la visitamos estaba en obras, y tenía desafortunadamente cerradas la nave central y el altar mayor. También por desgracia había concluido unos días antes la posibilidad de visitar los trabajos usando un ascensor desde el que se podía contemplar toda su grandeza. En temporada, se podrá volver a disponer de este circuito.

Portada de la iglesia del Monasterio de Santa Clara.

Portada de la iglesia del Monasterio de Santa Clara.

 

Pero lo que se podía ver, aun así, es maravilloso, una riqueza artística en arquitectura, en escultura, pinturas y relieves insospechada en la que es (otra vez un dato descubierto) la tercera catedral más grande de España. Las piezas únicas se despliegan en las naves, en el coro, en el trascoro, en las numerosas capillas laterales y de la girola, y en la misteriosa cripta de San Antolín. La restauración en marcha debe dejar un conjunto ciertamente admirable. Ya lo es en lo que se puede ver.

Vista de la fachada principal de la Catedral.

Vista de la fachada principal de la Catedral.

 

Una estupenda audioguía sirve de perfecto acompañamiento a la visita, que forzosamente debe ser lenta y reposada, demorándose uno en cada rincón para admirar la factura de las obras de arte y las historias que estas te cuentan.

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Imágenes del interior de la bellísima catedral gótica.

Imágenes del interior de la bellísima catedral gótica.

El recorrido debe incluir también el magnífico museo, que incluye esculturas románicas, tapices y obras de El Greco, Zurbarán, Silóe y otros muchos, aparte de curiosidades como el retrato deformado a lo ancho de Carlos V que sólo se puede apreciar a través de un minúsculo agujero lateral.

La antiquísima cripta de San Antolín.

La antiquísima cripta de San Antolín.

 

Y después de esto, siempre se tiene la posibilidad cierta de acabar el disfrute con las delicias de la comida castellana en alguno de los restaurantes o bares de tapas palentinos. Sería imperdonable perderse este final. Nosotros nos lo dimos en el restaurante Los Candiles, con un estupendo lechazo.

Estupendo lechazo en Los Candiles.

Estupendo lechazo en Los Candiles.

Trenes para viajarlos

Ulyfox | 28 de diciembre de 2019 a las 13:29

TRENES
Yo diría que el turismo moderno empezó con el tren. Los miles, millones de viajeros anteriores al invento de la máquina de vapor seguramente eran o bien guerreros o gente que huía de ellos o en busca de mejor vida, o comerciantes, o pertenecían a esa admirable especie humana de los exploradores. Muchos eran todo eso a la vez.
La llegada del tren tuvo que suponer en el siglo XIX algo parecido al fenómeno de los vuelos de bajo coste de hoy en día: abrió el mundo a las personas simplemente interesadas en conocerlo, individuos ansiosos de contemplar con sus ojos lo que habían visto en los libros, las maravillas de Roma y Grecia, el exotismo de Oriente.
El ferrocarril llegó y se quedó, hoy convertido en un medio de transporte y comunicación limpio y civilizado, que se salta atascos y llega al centro de las ciudades. El tren ha añadido comodidades sin perder el encanto y la emoción de ver pasar por las ventanillas países enteros.
Algunos convoyes se han mantenido, o incluso creado, para rememorar los viajes románticos y de lujo. Así que tengo que contaros mi orgullo e incluso satisfacción al anunciaros la salida a la venta del libro ‘Trenes por el mundo‘ que acaba de editar Anaya Touring y que incluye entre los 20 recorridos por los cinco continentes, uno dedicado al Tren Al Andalus, que he escrito yo. Este y todos los demás capítulos cuentan la historia de cada trazado, un mapa esquema del recorrido, detalles de cada tren, los atractivos turísticos en las diferentes paradas, descripciones paisajísticas…
Trenes típicos y únicos, nostálgicos y supermodernos, con trazados tortuosos o repletos de público local. De eso va, ilustrado con una magníficas fotos de su autor, el periodista Sergi Reboredo, que ha escrito todos los demás textos. Esta obra que su autor define como “una lista de deseos” describe los viajes en tren más míticos del mundo como el Transiberiano, el Transcantábrico, Al-Andalus, el Belmond Machu-Picchu, el Maharajás Express de la India… pero también incluye rutas convencionales como el tren de la selva de Madagascar, el tren bala de Japón o el tren del círculo polar en Noruega.
Qué os voy a decir, se trata de un magnífico regalo para estas fiestas, y lo digo obviamente como parte interesada pero también con la sinceridad que eso me permite…

Pueblos sin fronteras,Tui y Valença

Ulyfox | 15 de febrero de 2019 a las 12:31

Fachada principal de la catedral de Tui, al atardecer.

Fachada principal de la catedral de Tui, al atardecer.

Bendeciremos siempre a la Unión Europea por la supresión de fronteras, perdonaremos sus múltiples pecados por mor de la virtud que supone el libre tránsito de personas. Los viajeros seremos siempre, ya pueden venir mil razones para cualquier tipo de ‘brexit’, misericordiosos con el Tratado de Schengen. Derribadas las barreras, que nadie tenga la tentación de volver a ponerlas sobre un río o en los puertos de montaña. Que los mares sean como ahora una vía de comunicación y que los puentes lleven siempre con orgullo el significado de su nombre.

Casas en la Praza da República de Valença.

Casas en la Praza da República de Valença.

Algo parecido a esta especie de oración habría que entonar mirando desde las alturas de la fortaleza de Valença do Minho, en Portugal, hacia Tuy (o Tui), España, sobrevolando la vista sobre el  Miño, vadeando sin dificultad la corriente. Sin fronteras, por más que un pasado de recelos levantara en ambos lados imponentes castillos.

En los días finales de 2019, hace poco más de un mes, acudimos en una mañana a las dos poblaciones, a los dos países unidos por un hermoso puente de hierro que sirve de plataforma a la vez para el paso de tren, coches y peatones. Primero, Valença, su hermosa e imponente fortaleza sobre la colina, que es a la vez castillo y población de larga historia de victorias y derrotas. Para llegar al pueblo hay que atravesar primero un bastión de avanzada y, tras un segundo puente, una puerta en la muralla da acceso al centro.

Fortificaciones de Valença do Miño.

Fortificaciones de Valença do Miño.

Aunque parezca contradictorio con la oración anterior, a veces hay que agradecer, por qué no, las fronteras, las que en el pasado decidieron casi de manera inconsciente que, sólo con cruzarlas, pudiéramos apreciar estilos de construcción, lenguas y formas de vida diferentes. Por eso, la Praza de República de Valença es inequívocamente portuguesa y no gallega: los azulejos decoran las fachadas de una manera elegante sólo posible en Portugal; por eso la iglesia tiene la fachada blanqueada y las pilastras, esquinas y cornisas de piedra vista; por eso el dulce acento luso.

La suerte y la pena de Valença es que ahora vive tanto del turismo que es casi imposible apreciar sus viejas puertas, tapadas por la abundancia de tiendas y, como consecuencia, del género mayoritariamente textil colgado en su exterior y ocultando la visión de piedras centenarias. Digamos, dejándonos llevar por la buena disposición que propician los buenos momentos, que está bien así.

El maravilloso pórtico de la catedral.

El maravilloso pórtico de la catedral.

Detalle del pórtico.

Detalle del pórtico.

Después cruzamos el río sobre el puente para disfrutar el casco antiguo de Tuy, parada señera del Camino Portugués hacia Santiago de Compostela, y sobre todo de su bellísima catedral. Dice Julio Llamazares en su libro ‘Las rosas de piedra’, que el pórtico de este templo es uno de los más hermosos de entre todas las catedrales góticas españolas. Y contemplándolo, se comprende que no podría haber escrito otra cosa. Como adelantado sobre la sobria y a la vez impactante fachada con apariencia de castillo, las columnas decoradas con notables esculturas de profetas y reyes, y sus arquivoltas apuntadas esculpidas impresionan incluso al que haya visto muchas portadas góticas. Para terminar de maravillar, el grupo que corona el dintel conserva aún buena parte de la policromía original. Asombroso.

El puente sobre el Miño, y al fondo Tui, desde la fortaleza de Valença.

El puente sobre el Miño, y al fondo Tui, desde la fortaleza de Valença.

El interior no desmerece esta gloriosa entrada. Una audioguía complementa perfectamente el recorrido, que debe hacerse pausadamente hasta llegar al sobrio claustro, dorado a la hora del atardecer y que tiene una culminación extraordinaria con una salida al jardín monacal, precioso mirador sobre el Miño, sobre esa linde que ahora une, mucho más que separa, devolviendo a Valença la mirada que por la mañana lanzamos desde el otro lado.

No hay fronteras.

Getaria, el norte sonriente

Ulyfox | 6 de julio de 2018 a las 12:27

La kale Nagusia de Getaria.

La kale Nagusia de Getaria.

 

Habría parecido increíle, pero la gente se despojó de los chaquetones, algunos hasta de los jerseys. Era el norte de España a principios de enero, pero de pronto hacía un calor impropio y lucía un sol alegre. El mar seguía encabritado, rociando con una neblina de color de fumata blanca toda la línea de costa, y sin embargo las nubes se habían apartado propiciando que el azul fuera más azul y en la tierra el verde, más intenso. Estábamos llegando a Getaria en mañana de domingo,  así que no estábamos precisamente solos, porque al olor de sus parrillas y al reclamo de las calles pétreas y marineras de esta milenaria villa guipuzcoana, cientos de familias y grupos nos congregamos como si nos hubiéramos puesto de acuerdo, como en una procesión civil que bajaba por la calle Mayor (kale Nagusia) desde el monumento a Elkano hasta el puerto de aromas sublimes.

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Exterior e interior del Museo Balenciaga.

Exterior e interior del Museo Balenciaga.

Pero nosotros habíamos preferido subir antes, tomar las empinadas escaleras, afortunadamente automáticas, hasta el magnífico Museo Balenciaga, en la parte alta de la población. Pensábamos antes de verlo, y lo confirmamos tras la visita, que era un lugar imprescindible de la visita a este puerto histórico y tan alejado de nuestro Sur natal. Casi no sabíamos nada de la vida y la obra de este genio de la costura aparte de su conocidísima importancia, pero el centro, tan moderno en concepción y presentación, nos hizo disfrutar del trabajo y la sabiduría que hay detrás de algo tan aparentemente sencillo como son trozos de tela pensados y dispuestos de determinada manera por el trabajo de la aguja y el hilo. Si el ilustre marinero Juan Sebastián de Elcano le dio la vuelta al mundo es indudable que su paisano de varios siglos después le dio más de una al mundo de la moda. Un museo para disfrutar.

Entrada al casco antiguo de Getaria.

Entrada al casco antiguo de Getaria.

Luego todo fue rodar cuesta abajo mirando balconadas, retorciendo calles y rozando la iglesia de San Sebastián, tan doblemente alta, para desembocar en el muelle con el apetito dispuesto y, afortunada y previsoramente, con mesa reservada en uno de los atestados asadores. Kokotxas, almejas y rodaballo, claro, como una maravillosa obligación gastronómica a la que nuestro educado paladar respondió devolviendo los platos casi limpios al fregadero. Txakolí de allí mismo para acompañar, y para alegrarnos el ánimo con el que nos dirigimos hacia el Ratón, el promontorio que debe su apodo a la forma que recuerda al roedor, y con el que jugamos a esquivar las bravas olas como los niños que nunca dejaremos de ser.

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Las parrillas de Getaria, el mejor lugar para un buen rodaballo a la brasa.

Las parrillas de Getaria, el mejor lugar para un buen rodaballo a la brasa.

 

Era casi imposible encontrar mejores ingredientes para un día de vacaciones en ese Norte tan amado y al que algo habremos dado también para que nos quiera tanto, así de pronto como un amor repentino después de haber pasado décadas sin saber de él. No nos faltó ni la pizca de emoción por la carretera nocturna con las olas rociando el coche. A punto estuvieron de no dejarnos pasar, pero la llegada al hotel se pudo hacer para encontrar la serenidad y el descanso después de un día de emociones suaves.

El Ratón de Getaria, el promontorio que domina el paisaje costero de Getaria.

El Ratón de Getaria, el promontorio que domina el paisaje costero de Getaria.