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Cierta manera de veranear

Ulyfox | 20 de agosto de 2013 a las 13:28

Pepa en la Bahía del Silencio de Sestri Levante.

Pepa en la Bahía del Silencio de Sestri Levante.

Hay muchas, al menos varias, maneras de pasar las vacaciones. Antiguamente se decía (recuerdo y abrazo a Pepe González, aquel corresponsal gráfico de TVE, aquel hombre alto de cámara de cine en mano) que a Cádiz no venían turistas, sino veraneantes, es decir, sevillanos, cordobeses, extremeños y madrileños que pasaban al menos un mes en la capital, en Conil, Chiclana o Sanlúcar. Y durante esos treinta días vivían por aquí una segunda vida idílica a su forma consistente en conservar sólo las rutinas agradables (desayunos, tapeos, comprar el periódico de su ciudad de origen aunque fuera un día más tarde, almuerzos prolongados…) y en aparcar las desagradables, sobre todo la de acudir cada día al trabajo.

Playas privadas de recogida al atardecer.

Playas privadas de recogida al atardecer.

Nada que ver con la diversidad de maneras que se ha instalado hoy en día. Viajes de crucero, sol y playa, estancias de una semana en hoteles todo incluido, sobre todo que incluya gran piscina para los niños, rutas culturales, turismo alternativo, de aventuras, gastronómico, incluso el Camino de Santiago casi como nueva ruta del bacalao… y todo masificado en julio y agosto.

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La calle comercial de Sestri Levante. Arriba, decoración y trampantojos en las fachadas.

La calle comercial de Sestri Levante. Arriba, decoración y trampantojos en las fachadas.

Existen, sin embargo, lugares donde aparentemente nada ha cambiado desde aquellos años 60. He encontrado en Italia varios sitios así, pueblos y playas que conservan el aire de balneario de película de Fellini, a los que solo falta que los bañadores fueran más largos para componer una fotografía de una época acompañada por la banda sonora de ‘Sapore di sale’ o ‘Cuando calienta el sol’. Se han actualizado las vestimentas pero el decorado no ha cambiado. De hecho, al mobiliario y servicio de las playas, tan frecuentemente privadas, se les llama ‘atrezzo’. Contempla uno en los salones del hotel fotografías antiguas de Sestri Levante, en la zona del golfo de Génova conocida como Riviera de Levante, y no siente la nostalgia de lo desaparecido sino la alegría de que todo sigue allí, la larga playa de arena y el promontorio en la Bahía de las Fábulas, y la pequeña ensenada con el semicírculo de casas de colores en la Bahía del Silencio, coronada por los pinos. En las fachadas de colores amarillos, ocres y sienas, dibujos y trampantojos simulan molduras, cornisas y relieves donde sólo hay pintura con oficio y talento.

La Bahía del Silencio, a pie de playa.

La Bahía del Silencio, a pie de playa.

Ambiente veraniego en el centro.

Ambiente veraniego en el centro.

La mejor vista de Sestri Levante.

La mejor vista de Sestri Levante.

Al atardecer, tras la cena temprana de horario europeo, los veraneantes se lanzan a pasear por el Lungomare mientras los bagni, negocios de playa con pequeño bar y gran oferta de hamacas, duchas y sombrillas, limpian y recogen todo para la mañana del día siguiente. Casi cada mano lleva un helado, y muchas otras comparten el otro brazo con la correa de un perro que también aquí parece civilizado y veraneante. Todo tiene un aire tan apacible y lejano del turismo masivo… sin ser precisamente elitista. Tampoco estamos en el sur de Italia, tan ruidoso y jaranero, tan explosivo y cercano. El verano, tal vez, como cuando uno era chico, sólo que entonces la siesta era sobre una colcha en el suelo hidráulico acogedoramente fresco y las persianas bajadas, pero con la misma marcha lenta de las horas, y con la diferencia de que uno ni siquiera soñaba conocer esos lugares de gente con perro de raza y que toman campari en las terrazas. Y es ocioso decir que eso nos gusta.

Y Pepa en el Lungomare de Sestri.

Y Pepa en el Lungomare de Sestri.