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La estatua que abandonó su pedestal

Ulyfox | 17 de mayo de 2013 a las 1:43

 
Monumento a Charles Buls en Bruselas.

En la apacible, concurrida y musical plaza del Agora de Bruselas hay una estatua que abandonó su pedestal, se sentó a ras de calle, llamó a su perro, que acudió a mordisquearle como siempre la manga de su chaqueta, y se puso a esperar que miles de personas se sentaran a su lado. Después de que esto hubo sucedido, se quedó para siempre allí, en bronce, el bigote brillante toqueteteado una y otra vez y las manos de dedos largos estirados. Y desde esa sublime decisión, miles de personas se han sentado junto, debajo, encima de la imagen de Charles Buls, que una vez fue alcalde amado de Bruselas y que salvó con su visión enamorada y su firme decisión de burgomaestre las nobles, hermosas fachadas de la Grand Place, impidió su destrucción y ordenó su restauración.

Buls da la espalda a su pedestal.

Y uno, que de vez en cuando sueña, imagina que después de que muriera este sabio que hablaba varios idiomas, entre ellos seguramente el más valioso y difícil, el del pueblo, el artista quiso representarlo así: a la manera de alguien merecedor del mejor pedestal como tantos militares, políticos, banqueros, tiranos, santos, pero que para diferenciarse alcanza su máxima altura a ras de suelo. Alguien más amante del contacto que de la gloria ensalzada, alguien que no quiso ponerse por encima de los demás. O mejor aún: que Charles (o Karel) Buls, una vez inaugurado su monumento, decidiese bajar de esa peana, dejarse de tonterías y bajar al banco, a permitir que al gente le frotara el bigote de bronce, o le abrillantara con su trasero los faldones de la levita.

Gracias a Buls que salvó este conjunto bellísimo de la Grand Place.

Todo esto soñaba yo mientras fotografiaba asombrado este monumento, siempre rodeado, acompañado de gente, en el corazón de Bruselas, justo detrás de la Grand Place, salvada para siempre por el empeño de Buls. Gloria a él. Con o sin pedestal.

Un rincón de la Grand Place.

…y otro rincón.

 

La terraza de uno de los bares más célebres de la Grand Place, Le Roi dÉspagne.