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Napoleón en Elba

Ulyfox | 13 de agosto de 2013 a las 13:41

La entrada a la villa napoleónica en Elba.

La entrada a la villa napoleónica en Elba.

Napoleón Bonaparte es un personaje de tal presencia en la Historia mundial que podríamos decir con San Juan de la Cruz (con perdón por el sacrilegio de usar al más grande poeta de la lengua española) que por los sitios por donde pasó “yéndolos mirando/ con sola su figura/ vestidos los dejó de su hermosura”. Y como su recorrido por el planeta fue tan grande y ancho, muchos lugares en la tierra conservan esa huella. En la misma isla de Creta, tan amada, tan alejada y tan en el centro de todo, hay una de esas huellas, mínima, leve. Está en Ierápetra, el puerto más sureño del territorio europeo, frente al mar de Libia. Allí, en el destrozado centro histórico conviven retales descuidados del pasado turco y bizantino. En una de esas calles, una casa igualmente abandonada es testigo del paso del temible general corso. Nada, ni una placa mísera lo recuerda oficialmente, pero todo el mundo sabe que en ese edificio de dos plantas a punto de caerse, durmió una noche el gran Napoleón, cuando regresaba a Francia después de su gran victoria en la Batalla de las Pirámides, contemplado en su gloria por 50 siglos de historia, como él mismo dijo a sus soldados.

La vista imperial desde la villa, Portoferraio al fondo.

La vista imperial desde la villa, Portoferraio al fondo.

Entonces estaba en el apogeo de su fama, pero la casa que hemos visitado hace poco más de un mes no era esa del medio salvaje sur cretense, sino una mansión con jardín en la apacible (si obviamos a los miles de turistas) isla toscana de Elba. Allí donde pasó poco más de un año de exilio, donde las potencias que le vencieron por primera vez le obligaron a ejercer de rey, como un premio de consolación, demasiado pequeño para el más grande. Napoleón no pudo soportarlo y poco tiempo después escapó, llegó a París aclamado y corrió raudo a su definitiva derrota en las llanuras belgas de Waterloo.

El pequeño emperador no se sintió bien aquí.

El pequeño emperador no se sintió bien aquí.

Pero, genio y figura, en los pocos meses que pasó como pequeño emperador de Elba le dio tiempo a intentar reformar los sistemas agrícolas de la verde isla. Tenía su residencia oficial en Portoferraio, y se construyó una villa en el campo, a unos cuantos kilómetros, donde quizá podía sentirse algo más emperador. No fue posible, aquello no era nada comparado con el gran imperio que soñó y construyó durante algunas décadas, peleando contra todas las monarquías reinantes en la vieja Europa y tal vez convirtiéndose en el más absoluto de los absolutistas que decía combatir.

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Cocina, salón y baño, y poco más en la casa de Napoleón.

Cocina, salón y baño, y poco más en la casa de Napoleón.

En la villa campera de Elba, una reja con las águilas napoleónicas precede a una avenida bordeada de cipreses que dirige hacia un pórtico monumental y clásico: primer engaño, en realidad esas columnas, capiteles y frontón fueron construidos bastante después de la estancia del emperador venido a menos, como un homenaje demasiado tardío. La verdadera casa de Napoleón está detrás, subiendo unas escaleras y es en realidad una modesta residencia, eso sí, con una perfecta vista de la capital de la isla, allá a lo lejos. En la galería clásica edificada posteriormente hay una exposición que es en realidad infamante para la memoria del gran general: numerosas caricaturas de la época representan a un emperador de pega dirigiendo un imperio minúsculo a lomos de un burro y comandando a ejércitos de atunes. No extraña que estuviera deseando salir de allí y reivindicar su fama y honor.

La fotógrafa ciega en acción de nuevo.

La fotógrafa ciega en acción de nuevo.

Pero es un encuentro esclarecedor con la Historia, casi una miniatura versallesca en medio de la campiña y a un corto paseo en coche de playas y puertos mediterráneos. La isla explota con sabiduría esta herencia, y bares, calles e incluso una cerveza artesanal llevan un nombre grande como pocos: Napoleón.

El decrépito recuerdo de Napoleón en Ierápetra, Creta.

El decrépito recuerdo de Napoleón en Ierápetra, Creta.