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Una visita (en) pendiente

Ulyfox | 30 de noviembre de 2020 a las 20:15

El monasterio Katholikon, incrustado en una pared de la garganta.

El monasterio Katholikon, con la iglesia incrustada en una pared de la garganta.

Habíamos querido hacerla varias veces. De hecho, una de ellas incluso iniciamos el camino, pero la hora y el calor que caía nos convencieron de volvernos antes de la mitad del trayecto. Era la visita al monasterio Katholikon, escondido en las profundidades de una pequeña garganta al norte de la península de Akrotiri, cerca de la bellísima ciudad de La Canea. No hace falta entenderla para admirar la peculiar costumbre de los griegos ortodoxos de colocar muchos de sus santuarios en los lugares más difíciles e inaccesibles.

 

Los monasterios Gouvernoto y Agia Triada, casi unas fortalezas en la península de Akrotiri.

El monasterio de Agia Triada, casi una fortaleza en la península de Akrotiri.

Esta vez, por fin todo se alineó para que pudiéramos llevar a cabo la visita. Akrotiri, una meseta de forma redondeada, es un paraje sembrado de iglesias peor o mejor conservadas y monasterios fortificados, algunos de los cuales son de belleza excepcional, como los de Agia Triada (Santa Trinidad) y Kyrias ton Angelon, es decir Nuestra Señora de los Ángeles, aunque es más conocido como Gouvernetos. Para empezar la caminata a Katholikon hay que pasar por delante de Agia Triada y llegar a Gouvernetos, y dejar el coche antes de la cerca de este último. Si se quiere visitar este singular edificio de fachada con columnas labradas hay que asegurarse antes de los horarios, que son muy restringidos.

Monasterio Gouverneto, tras unos fuertes muros.

Monasterio Gouverneto, tras unos fuertes muros.

Nosotros pudimos verlo en su día, pero esta vez estaba cerrado, y pasamos por delante de su muro, casi como un castillo. El tiempo, afortunadamente, acompañaba para la caminata, puesto que el sol no era muy fuerte y además soplaba de vez en cuando un viento refrescante. El camino está bien pavimentado al principio y es siempre cuesta abajo. Se pone más incómodo llegando a la iglesia de San Antonio y la anexa cueva de Panagia Arkoudiotissa, ambos edificios casi abandonados y en ruinas aunque mantienen trazos de uso esporádico para cultos, como velas y altares improvisados.

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El inicio del camino, con el mar al fondo.

El inicio del camino, con el mar al fondo.

Ruinas de iglesias y pequeños monasterios en el camino.

Ruinas de iglesias y pequeños monasterios en el camino.

El panorama es casi desértico y pedregoso cuando empieza el pronunciado descenso por las paredes de la garganta Avlaki. Nada más comenzar a bajar se divisan algunas ruinas y cuevas que fueron habitadas por eremitas. La pendiente casi vertical hace pensar que sus moradores buscaban evitar en todo lo posible las visitas y procurarse una vida ciertamente retirada. Por fin, tras mucho descender por un sendero lleno de curvas cerradas se divisa el Katholikon. En primer lugar, el impresionante puente que se construyó para salvar la garganta y crear delante del monasterio una gran plaza o patio. El interior de los dos grandes pilares servía además de almacenes.

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Cuevas que fueron residencias de eremitas, colgadas sobre la garganta.

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Cuevas que son capillas.

Cuevas que son capillas.

El monasterio Katholikon, cuyos restos son aún impresionantes, conserva las celdas de los monjes y una iglesia excavada en la roca con un hermoso campanario. Fue erigido en el lugar en el que se encontraba la cueva donde murió San Juan el Eremita en el siglo XI, y a partir de entonces se convirtió en el centro ascético más importante de Creta y refugio de ermitaños, tanto el monasterio, con alojamiento para peregrinos, como las numerosas cuevas de las proximidades.

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Primera visión del monasterio Katholikon.

Primera visión del monasterio Katholikon.

 

Fue en el siglo XVII cuando se terminó el gran complejo cuyos restos son visibles hoy, así como el puente, y todavía admira a la vista y al ánimo cómo se pudo llevar a cabo toda la obra y cómo el centro religioso tenía tantos visitantes, si tenemos en cuenta las dificultades de su acceso. Este esplendor acabó cuando en el siglo XVIII las costas de Creta se convirtieron en objetivo de los piratas, y los monjes se vieron forzados a abandonar el monasterio y retirarse un poco más al interior, entre los muros del monasterio Gouvernetos.

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Distintas vistas de los restos del Katholikon.

Distintas vistas de los restos del Katholikon.

Si se continúa descendiendo y hacia el mar, la garganta acaba en una grieta rocosa por donde entra el mar, con los restos abovedados del que fuera puerto del monasterio. Pero eso no llegamos a verlo ni a bañarnos en sus aguas que dicen turquesas, puesto que ahí nos quedamos junto al monasterio, recorriendo el paraje con el corazón satisfecho y preparado para la ardua subida de vuelta que nos esperaba. Aunque creíamos que íbamos a estar solos, eso no fue así en ningún momento.

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Detalles del interior de la iglesia del monasterio Katholikon.

Detalles del interior de la iglesia del monasterio Katholikon, en la cueva donde murió San Juan el Eremita.

Es verdad que había muy poca gente, apenas tres parejas de andarines, y entre ellas, una armada con un dron que hicieron volar allí mismo para tomar imágenes, rompiendo con su zumbido la paz del sitio. No quisimos ni imaginar el gentío que acudiría en pasados veranos de prepandemia a este lugar, que en otro tiempo más lejano fuera centro de retiro y espiritualidad.

Sobre el puente del monasterio y ante la garganta.

Sobre el puente del monasterio y ante la garganta.

La subida fue efectivamente dura pero, tomándonos los suficientes descansos, llegamos a la cima enteros y en poco más de media hora, y con todo nuestro ser dispuesto a dirigirnos a la tranquila y familiar playa de Marathi, escenario de aguas azules en la bahía de Suda, con las cumbres de las Montañas Blancas al fondo, con un espigón de barcos pesqueros y con uno de los mejores restaurantes de Creta, el Patrelantonis, que nunca dejamos de visitar cuando estamos en La Canea. ¿Qué mejor lugar para reponerse del esfuerzo y poner en orden los recuerdos de una mañana que ya será siempre inolvidable?

Penélope, a la puerta del monasterio Gouverneto, cerrado.

Penélope, a la puerta del monasterio Gouverneto, cerrado.