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La mejor playa de Kythira, la más fácil

Ulyfox | 11 de junio de 2021 a las 14:25

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En el agua transparente de la playa de Diakoftí.

Nos habían dicho que era muy buena playa, pero no tiene ni mucho menos la ‘fama’ que en la redes atesoran todas las demás que Kythira ofrece. Pero Diakoftí es maravillosa, un espectáculo azul de aguas calmadas por la cercanía de un islote que le hace de rompeolas, y sobre el que se asienta el puerto principal de la isla, donde atracan los ferries que la comunican con el Peloponeso y con Creta.

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Al fondo, el ferry que va a Creta.

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Es muy fácil llegar a Diakoftí, puesto que se hace por la mejor carretera de la isla, la misma que conecta también con el aeropuerto, así que por eso se hace más incomprensible que no esté tan visitada como las otras playas, con mucho peores accesos. Debe de ser que estas dificultades de los lugares llamados ‘salvajes’ les otorgan más interés, pero sin duda las aguas más transparentes y tranquilas están aquí.

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Vista general de Diakoftí, con el islote que la cierra y donde se sitúa el puerto.

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Diakoftí es, aparte de su grandioso espectáculo marino, un brevísimo grupo de casas de vacaciones desperdigadas, un café y un arenal con hamacas que cuenta con un kiosco de bebidas y aperitivos como único servicio hostelero. En un extremo, un puente la une con el islote donde se asienta el puerto. La llegada de los escasos ferries, con su trasiego de coches, camiones y furgonetas de suministros, es el único momento ‘animado’ del día. Los vehículos pasan rápidos en busca de los escasos núcleos turísticos de la isla, y ninguno parece tener interés en quedarse. Mejor para los que tengan el acierto de quedarse a pasar un día de baños.

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Barcos atrapados en Diakoftí.

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Es difícil dejar de asombrarse a cada momento por las tonalidades del agua. La vista vuelve una y otra vez a los azules y turquesas, y de vez en cuando se desvía hacia la silueta parcial de un par de cascos oxidados de barcos embarrancados, o tal vez abandonados, y semihundidos a unos pocos metros de la orilla. No tiene más tema Diakoftí que esa gradación de añiles y esmeraldas, pero en querer salir y entrar de ellos constantemente se pasa el día.

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También aquí coincidimos en el primer café con el grupo de mujeres que iban recorriendo la isla, y que seguramente estaban alojadas en Agia Pelagia, el único centro turístico que merece ese nombre, porque tiene apartamentos y hoteles, alguno de ellos incluso con piscina. No podemos decir nada más, porque ni nos acercamos.

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En la calle principal de Potamós.

 

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Sí nos desviamos un momento para visitar esa tarde el pueblo más grande del interior de la isla, Potamós, con una gran iglesia y unas muestras interesantes de arquitectura popular. Tomamos un café en una plaza casi desierta. Era precisamente el último día en Kythira, una de las grandes sorpresas del año de nuestro gran periplo griego, y la llegada al atardecer a nuestra base de Kapsali fue de nuevo gloriosa con la luz declinante y el islote de Hitra en el horizonte.

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Doble visión, al atardecer y por la mañana, de la iglesia de San Juan en el Acantilado, pegada a la roca.

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Al día siguiente teníamos que tomar el avión a Atenas para dirigirnos a nuestros acostumbrados destinos finales en Creta y Mikonos, pero todavía tuvimos una larga mañana para disfrutar de un desayuno largo y de un último paseo hasta el promontorio donde reposan la iglesia y el faro, y disfrutar de la preciosa y luminosa visión de la Bahía de Kapsali mientras disparábamos nuestras cámaras.

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El castro de Jora, desde la bahia de Kapsali.

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En el faro.

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La capilla, el faro, en la bahía de Kapsali…

Un taxista nos esperaba a mediodía para llevarnos al aeropuerto, en un corto viaje de media hora por las serpenteantes y estrechas carreteras de la isla, amenizado por una conversación en griego dubitativo con el conductor. Nos contó que estaba acabando la temporada y entonces la isla se duerme durante largos meses. “En Kapsali cierra todo”, nos dijo, y la gente se va a vivir a los pueblos de Livadi y Potamos. “Y entonces, un taxista no tiene trabajo”, le dijimos, pero nos contradijo: “Sí, sí, claro que sí, en invierno trabajo para el ayuntamiento y llevo a los niños al colegio”.

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Última visión de Kapsali, desde la capilla en el promontorio.

Atravesábamos aldeas y dejábamos al lado numerosas iglesias bien conservadas. “Aquí tenemos 365 iglesias -contó a bote pronto-, una para cada día del año. Así que cuando morimos, vamos seguro al Paraíso”, concluyó el conductor con una sonrisa, la misma que dejó para siempre en nuestro interior esta isla maravillosa…

Cascadas, puentes y playas en Kythira

Ulyfox | 31 de mayo de 2021 a las 21:00

La cascada de Milopótamos, en el centro de la isla de Kythira.

La cascada de Milopótamos, en el centro de la isla de Kythira.

Kythira no sólo tiene unas espléndidas aguas rodeando su costa, sino que ofrece otras ‘presentaciones’ del líquido elemento mucho más inesperadas: las cascadas de Milopótamos, una sorpresa de verdor y agua en el centro de la isla. Ese fue el primer objetivo de nuestro segundo día completo allí.

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Iglesias en el camino.

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Tras serpentear por las estrechas y dificiles carreteras, admirando a nuestro paso iglesias y pueblecitos, dejamos el coche en la plaza de Milopótamos (que podría traducirse como Molino de Río) y emprendimos una corta y placentera excursión hacia las cataratas, como las llaman pomposamente allí. El camino tiene un trecho de carretera, y luego se desvía por un carril hacia el rio. Es más cómodo, saludable y ecológico hacerlo a pie, pero demasiada gente accede en su propio coche hasta la profundidad cercana a la cascada, y además sin ningún pudor de dejar su huella por allí en forma de restos, envases y bolsas. Una pena.

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El lugar tiene el encanto de pasar en pocos metros de un paisaje ‘normal’ a un pequeño hábitat selvático, por el rumor del agua y la abundante vegetación que lo sombrea. La cascada cae sobre una pequeña laguna, que, pese a la poca afluencia de la hora, estaba ocupada por una familia que se bañaba desafiando el frío del agua para hacerse algunos selfies. Nosotros no. Nos limitamos a hacer fotos.

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Paseo por el río de Milopótamos.

Después de eso, emprendimos un paseo a lo largo del río en busca del Molino de Filipos, una construcción de piedra con regueros de agua, que aún funciona, según parece, pero en el que sólo había un hombre mayor trabajando y no muy hablador.

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Torre campanario en Milopótamos.

 

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Un café frappé, auténtica bebida nacional griega, en la plaza de MIlopótamos.

A la vuelta, paramos en la plaza del pequeño pueblo a tomar un café frappé, auténtico vicio griego . La taberna y su amplia terraza, que en principio estaban muy tranquilos, se llenó de pronto con la llegada del autobús de la misma excursión de señoras mayores con la que coincidimos en todos sitios. El alboroto al ocupar las mesas, dejarlas señaladas con alguna prenda y largarse con su charla a las cercanas cataratas fue monumental.

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Playa de Jolkós.

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Nosotros decidimos que ya era hora de un baño y fuimos a la playa de Jolkós, accesible en coche por un carril de tierra. Se trata de un lugar de aguas frescas y transparentes y con una orilla formada por grandes guijarros, y con la ventaja práctica de tener un servicio de hamacas  y sombrillas, además de una cantina con algunas contadas vituallas para comer y beber.

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Jolkós es una playa rocosa y hermosa.

Rodeada de rocas, es ideal para bañarse y tomar buenas fotos si trepamos a alguno de los peñascos desde los que los más valientes se lanzan al agua. Cuando fuimos nosotros, estaba muy tranquilo.

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El puente Koutani, una obra extraordinaria en una islita griega.

Antes de llegar a la playa, paramos junto al pueblo de Livadi para admirar el bello puente Katouni, construido en el siglo XIX por los ingleses. Con más de 100 metros de largo y sus trece arcos es una de las construcciones más llamativas e impresionantes de la isla.

Acabamos el segundo día en la sorprendente Kythira cruzando la isla para acabar la jornada con nuestra habitual cena en Kapsali, lugar de reposo de todas las inquietudes. En esta ocasión, la comida fue en Apagio, un lugar interesante con modernas presentaciones de la comida tradicional griega.