Archivos para el tag ‘Liguria’

Monterrosso al Mare

Ulyfox | 23 de agosto de 2013 a las 13:33

Gigante de piedra en la playa de Monterosso.

Gigante de piedra en la playa de Monterosso.

A veces me parto la cabeza intentando buscar un título para una entrada, y hoy me he dado cuenta de que algunos nombres son de por sí como grandes títulos. Como este, Monterosso al Mare, algo así como monte rojo junto al mar, el nombre de uno de los cinco pueblos italianos que componen la comarca llamada de Cinque Terre, en la costa de Liguria. Entre dos grandes puertos, Génova y La Spezia, se reparte un buen número de lugares pequeños, de puertecitos coloridos y centros turísticos de otro tiempo… y estas Cinco Tierras como cinco gotas derramadas entre los acantilados, las viñas y el mar.

La playa de Monterosso, por la tarde.

La playa de Monterosso, por la tarde.

Monterosso es el mayor del quinteto extraordinario, y el único que dispone de una playa que merezca tal nombre. Tal vez por eso es el más concurrido y ambientado. Vinimos hace ya varios años buscando los paisajes que habíamos visto en no recuerdo qué película, y hemos vuelto ahora para rememorar, disfrutar con calma, compartir con Pepa y porque en el fondo somos fieles a las cosas que nos gustan, tal vez menos exploradores que regodeantes disfrutones. Y desde Sestri Levante es muy sencillo y cómodo, en ese tren que va horadando montañas y asomándose fugazmente al mar, hacer visitas de un día o unas horas a estas brillantes aldeas que parecen pelearse con las paredes montañosas que las empujan al agua.

Vernazza, una de las Cinque Terre, vista desde Monterosso

Vernazza, una de las Cinque Terre, vista desde Monterosso…

... y los otros tres, Corniglia, Manarola y Riomagiore

… y los otros tres, Corniglia, Manarola y Riomagiore

Monterosso tiene una larga, concurrida y ensombrillada playa, con un estrecho paseo marítimo cerrado por dos promontorios. En uno de ellos, la colosal estatua de un gigante disimulado con la piedra llama la atención, y al final del otro se abre un túnel peatonal que da paso al centro histórico. Se atraviesa esa entrada oscura y se sale al brillo asombroso de las paredes, los estucados y los trampantojos, las flores en los balcones y los comercios discretos para turistas, bares, enotecas y restaurantes de todo tipo.

La fachada de mármol bicolor de la iglesia mayor de Monterosso.

La fachada de mármol bicolor de la iglesia mayor de Monterosso.

Un rincón color Italia de Monterosso.

Un rincón color Italia de Monterosso.

Más Italia en las fachadas del interior

Más Italia en las fachadas del interior

Bares y tiendas en las calles estrechas.

Bares y tiendas en las calles estrechas.

Dentro del pueblo, que es como de decorado pero auténtico, sólo hay que hacer lo que se espera del visitante: recorrer a paso lento las estrechas calles, disparar la cámara cientos de veces y entretenerse con la parsimonia que da todo el tiempo del mundo a mirar pequeños escaparates, hasta que el estómago y la garganta pidan por la boca. Nosotros oímos su llamada e hicimos la posta en la Enoteca Internazionale (  http://www.enotecainternazionale.com/contatti.html ), un lugar a propósito para probar y comprar vinos de la zona, quesos y bruschette de todo tipo. Un gran rato, previo a hacer la digestión con el paseo reposado, cuesta abajo y de nuevo vuelta al tren, repleto de turistas, excursionistas que regresan de hacer el bellísimo sendero del Parque Natural de Cinque Terre ( http://www.cinqueterre.eu.com/es/cinque-terre-card ), que va de pueblo a pueblo subiendo y bajando montes, descubriendo paisajes marinos y atravesando tanto calles como caminos.

Lardo (tocino) con anchoas, quesos de Liguria, carpaccio de pescado...

Lardo (tocino) con anchoas, quesos de Liguria, carpaccio de pescado…

Pepa, degustando el chardonnay de la zona, no tocando la trompeta.

Pepa, degustando el chardonnay de la zona, no tocando la trompeta.

El corazón se engrandece con experiencias tan pequeñas.

Cierta manera de veranear

Ulyfox | 20 de agosto de 2013 a las 13:28

Pepa en la Bahía del Silencio de Sestri Levante.

Pepa en la Bahía del Silencio de Sestri Levante.

Hay muchas, al menos varias, maneras de pasar las vacaciones. Antiguamente se decía (recuerdo y abrazo a Pepe González, aquel corresponsal gráfico de TVE, aquel hombre alto de cámara de cine en mano) que a Cádiz no venían turistas, sino veraneantes, es decir, sevillanos, cordobeses, extremeños y madrileños que pasaban al menos un mes en la capital, en Conil, Chiclana o Sanlúcar. Y durante esos treinta días vivían por aquí una segunda vida idílica a su forma consistente en conservar sólo las rutinas agradables (desayunos, tapeos, comprar el periódico de su ciudad de origen aunque fuera un día más tarde, almuerzos prolongados…) y en aparcar las desagradables, sobre todo la de acudir cada día al trabajo.

Playas privadas de recogida al atardecer.

Playas privadas de recogida al atardecer.

Nada que ver con la diversidad de maneras que se ha instalado hoy en día. Viajes de crucero, sol y playa, estancias de una semana en hoteles todo incluido, sobre todo que incluya gran piscina para los niños, rutas culturales, turismo alternativo, de aventuras, gastronómico, incluso el Camino de Santiago casi como nueva ruta del bacalao… y todo masificado en julio y agosto.

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La calle comercial de Sestri Levante. Arriba, decoración y trampantojos en las fachadas.

La calle comercial de Sestri Levante. Arriba, decoración y trampantojos en las fachadas.

Existen, sin embargo, lugares donde aparentemente nada ha cambiado desde aquellos años 60. He encontrado en Italia varios sitios así, pueblos y playas que conservan el aire de balneario de película de Fellini, a los que solo falta que los bañadores fueran más largos para componer una fotografía de una época acompañada por la banda sonora de ‘Sapore di sale’ o ‘Cuando calienta el sol’. Se han actualizado las vestimentas pero el decorado no ha cambiado. De hecho, al mobiliario y servicio de las playas, tan frecuentemente privadas, se les llama ‘atrezzo’. Contempla uno en los salones del hotel fotografías antiguas de Sestri Levante, en la zona del golfo de Génova conocida como Riviera de Levante, y no siente la nostalgia de lo desaparecido sino la alegría de que todo sigue allí, la larga playa de arena y el promontorio en la Bahía de las Fábulas, y la pequeña ensenada con el semicírculo de casas de colores en la Bahía del Silencio, coronada por los pinos. En las fachadas de colores amarillos, ocres y sienas, dibujos y trampantojos simulan molduras, cornisas y relieves donde sólo hay pintura con oficio y talento.

La Bahía del Silencio, a pie de playa.

La Bahía del Silencio, a pie de playa.

Ambiente veraniego en el centro.

Ambiente veraniego en el centro.

La mejor vista de Sestri Levante.

La mejor vista de Sestri Levante.

Al atardecer, tras la cena temprana de horario europeo, los veraneantes se lanzan a pasear por el Lungomare mientras los bagni, negocios de playa con pequeño bar y gran oferta de hamacas, duchas y sombrillas, limpian y recogen todo para la mañana del día siguiente. Casi cada mano lleva un helado, y muchas otras comparten el otro brazo con la correa de un perro que también aquí parece civilizado y veraneante. Todo tiene un aire tan apacible y lejano del turismo masivo… sin ser precisamente elitista. Tampoco estamos en el sur de Italia, tan ruidoso y jaranero, tan explosivo y cercano. El verano, tal vez, como cuando uno era chico, sólo que entonces la siesta era sobre una colcha en el suelo hidráulico acogedoramente fresco y las persianas bajadas, pero con la misma marcha lenta de las horas, y con la diferencia de que uno ni siquiera soñaba conocer esos lugares de gente con perro de raza y que toman campari en las terrazas. Y es ocioso decir que eso nos gusta.

Y Pepa en el Lungomare de Sestri.

Y Pepa en el Lungomare de Sestri.

Un viejo en la Bahía del Silenzio

Ulyfox | 25 de marzo de 2010 a las 10:14

La Bahía del Silenzio, en Sestri Levante

La Bahía del Silenzio, en Sestri Levante

La playita en la que estaba ese hombre es como una Caleta en el corazón de la Liguria, en Sestri Levante, con la notoria diferencia del grande estilo italiano. Estás en un istmo estrechísimo, que es el centro de la ciudad, coges una callecita y llegas en seguida a la Bahía del Silenzio, precioso nombre que los lugareños truecan muchas veces por el más cariñoso de mare piccolo (mar pequeño). Probablemente, el oficial se lo puso un poeta porque el mar abierto del otro lado se llama Bahía delle Favole (de las Fábulas). Apareces en la playa y dejas a tu espalda una hilera de casas antiguas, de colores rojizos y amarillos de todos los tonos; a la derecha, cerrando el promontorio, una iglesia rayada, y a tu izquierda una colina que trepa llena de pinos, con un sendero bordeado de bancos y salpicada de mansiones ajardinadas. Enfrente, un mar calmo para hacer homenaje al nombre del enclave.

El viejo estaba rodeado de mujeres de su edad y les daba charla a todas, más bien un discurso. Vestía un bañador tipo meyba, de hombre mayor, vaya. No paraba de hablar y todas le prestaban mucha atención. Seguro que eran asiduos. Era vivificante oírlos conversar de todo. En un momento dado, el viejo reparó en que éramos españoles. Porque, a la vez que hablaba, era capaz de pegar el oído a la conversación de aquella pareja de forasteros, no asiduos. Ché bella spiaggia! le dije sacando mi macarrónico. Bellísima, questo é il paradiso, me respondió, y siguió hablando del espléndido verano que estaba muriendo. Hay que aprovechar ahora, continuó, perche l’inverno é troppo lungo! Al día siguiente seguía allí, escoltado por los mismos. Parecía que no se habían movido ni para ir a dormir. Saludó discretamente con la mano, mientras no paraba de hablar a su fiel y sonriente  auditorio.

DSC_0200 Sestri Levante es una ciudad mediana, reposado centro de veraneo, situada estratégicamente a medio camino de las increíbles bellezas de Portofino y Cinque Terre. A nosotros nos resultó más barato alojarnos  aquí, y el magnífico y panorámico tren nos dejaba en menos de una hora en estos dos lugares únicos, que quedan para otro capítulo. El pueblo es encantadoramente elegante, de una gran categoría, pocas calles, muy colorido, con fachadas pintadas con trampantojo y no mucha gente cuando fuimos, con un buen surtido de restaurantes y tiendas y ese aire de distinción italiana inimitable. El hotel estaba en el camino del castillo, y no debéis perdonarme haber olvidado el nombre. De todas formas, la oferta de alojamiento es amplia, y toda con el sabor sosegado de la zona.

Casas cerca del Paseo Marítimo

Casas cerca del Paseo Marítimo

Es muy fácil llegar desde Pisa a Sestri en tren, en menos de dos horas, y ya sabéis que Pisa tiene buenas opciones en vuelo barato desde España. Pasamos cinco días allí, visitando en varios días, ya lo he dicho, Portofino y Cinque Terre, que dan para muchos capítulos. Ciao!

Calle principal del centro de Sestri

Calle principal del centro de Sestri

Fachada decorada con trampantojo

Fachada decorada con trampantojo

Terraza en la Bahía del Silenzio

Terraza en la Bahía del Silenzio