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Casi tocando el Monte Olimpo, el hogar de los dioses

Ulyfox | 11 de agosto de 2020 a las 12:10

Ahí está...

Ahí está… al fondo a la izquierda

Si queréis ir a visitar a los dioses griegos, podéis hacerlo. Tienen su casa, como sabéis, en el Monte Olimpo, la montaña más alta de Grecia, a casi tres mil metros de altura. No es un lugar mítico, a pesar de ser la morada de los dioses olímpicos, los más importantes en la mitología. Existe, y es posible verlo, recorrerlo y escalar el pico más alto entre todos los que tiene. Se encuentra prácticamente en la linde entre las regiones de Tesalia y Macedonia, en la Grecia Central (Stérea Ellada).

Ruinas de la Antigua Dion, con el Olimpo al fondo.

Ruinas de la Antigua Dion, con el Olimpo al fondo.

Nosotros tuvimos que limitarnos a verlo de lejos, como siempre lo vieron los mortales en la Antigüedad, cuando hicimos un alto a sus pies en nuestro camino hacia el aeropuerto de Salónica, o Thesaloniki. Paramos porque no podíamos dejar de hacerlo. A los pies de esta montaña, que es parque natural (aunque habría que llamarlo quizá sobrenatural dado su carácter divino), se encuentran las ruinas de la Antigua Dion.

Parte de las murallas.

Parte de las murallas.

Calle principal de Dion, con el pavimento original

Calle principal de Dion, con el pavimento original

Dion fue uno de los primeros y más importantes santuarios en la antigua Macedonia, y como corresponde a la cercanía del monte sagrado, albergaba un gran templo dedicado a Zeus Olímpico, pero también se han hallado restos de otros dedicados a Isis y Deméter, además de una basílica paleocristiana y un teatro helenístico. Aunque todo está bastante devastado por inundaciones, seísmos y por el paso del tiempo, resultan especialmente llamativos los pavimentos de varias calles, unas letrinas públicas y los vestigios de la antigua muralla.

Panorámica del yacimiento de la Antigua Dion.

Panorámica del yacimiento de la Antigua Dion.

Una escultura utilizada como parte de un muro.

Una escultura utilizada como parte de un muro.

Las letrinas públicas.

Las letrinas públicas.

Otra vista del yacimiento.

Otra vista del yacimiento.

Los hallazgos de la excavación, así como de algunos yacimientos de la zona, están expuestos en un pequeño y no muy bien organizado museo muy cerca, en la nueva Dion. Allí, aparte de las esculturas, la cerámica y los mosaicos, lo más llamativo es un órgano hidráulico, uno de los instrumentos musicales más antiguos conservados, aunque no está completo naturalmente.

El órgano hidráulico, uno de los instrumentos más antiguos conservados.

El órgano hidráulico, uno de los instrumentos más antiguos conservados.

Mosaico y escultura en el Museo.

Mosaico y escultura en el Museo.

Enterramiento, en el Museo.

Enterramiento, en el Museo.

La otra joya se encuentra en un edificio anexo, donde se sitúan los talleres de los restauradores y el almacén del Museo: un maravilloso mosaico que representa el triunfo de Dionisos, y que fue hallado en una villa llamada, por eso mismo, Villa de Dionisos. Existe un precioso vídeo que cuenta sin palabras el traslado y conservación del mosaico al Museo.

Vista general y detalles del gran mosaico de Dionisos.

Vista general y detalles del gran mosaico de Dionisos.

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Teníamos que continuar viaje hacia Salónica, para tomar un avión a nuestro siguiente destino, Lesbos, pero antes tomamos una cerveza en un desierto bar frente al Museo. Allí, los responsables no perdieron la oportunidad de comentar los temas de actualidad con nosotros, mientras la nieta, una expresiva jovencita, no paraba de admirarse por la melena rizada de Penélope y preguntaba una y otra vez si era natural. “Né, né eine fisiká…“, ‘Sí, sí es natural’

Otra etapa nos esperaba…

Héroes y dioses

Ulyfox | 7 de diciembre de 2013 a las 20:08

Interior de la cueva de Melidoni.

Interior de la cueva de Melidoni.

Paisaje desde la cueva de Melidoni, al final del verano.

Paisaje desde la cueva de Melidoni, al final del verano. Al fondo, el Psiloritis.

La que os voy a contar es una de los cientos de historias que en torno al heroísmo se han escrito en Creta. Yo, que creo que la muerte es el final de todo y casi nunca es digna, tiendo a ser de aquellos que piensan que vale más un cobarde vivo que diez valientes muertos. Y nunca me impresionaron, sino que más bien me extrañaron y me produjeron sentimientos contrarios, esas historias que nos contaban en el colegio sobre el valor de los habitantes de Numancia o Sagunto, prefiriendo morir antes que perder la vida, apóstoles de la honra sin barcos o de morir con las botas puestas. No digo que no, sino que tengo muchas dudas. Es este el caso de la triste historia de la cueva de Melidoni, cerca de Rethymnon, junto a la costa norte central de Creta.

Conocida también como Gerontospilios, desde la antigüedad se supone que albergaba el culto a Talos, un gigante de bronce que protegía a la isla de Creta de sus enemigos. Este ser por cuya única vena corría sangre de dioses, era capaz de dar dos veces la vuelta a la isla en sus gigantescas rondas de vigilancia. No terminó bien sus días. La hechicera Medea, que viajaba con los Argonautas cuando estos quisieron arribar a la isla, consiguió dormirlo con engaños y arrancó el clavo que cerraba su vena, lo que hizo que se desangrara, y muriera de manera poco digna. En la cueva se han encontrado multitud de restos arqueológicos, testigos de este culto.

Otra vista de la sala principal de la cueva.

Otra vista de la sala principal de la cueva.

 

Pero un hecho más reciente y no menos sangriento hizo que volviera a convertirse de nuevo en un lugar sagrado para los cretenses. En octubre de 1823, en plena revolución griega contra los ocupantes turcos, 340 mujeres y niños y 30 hombres se refugiaron en la cueva, bastante escondida, huyendo de los soldados otomanos. Naturalmente, éstos no tardaron en dar con ellos, y cercaron el refugio conminando a sus ocupantes a rendirse. El heroísmo, esa espada de doble filo, les llevó a negarse. Y la verdad es que resistieron bien. Todos los intentos de los turcos eran rechazados sistemáticamente. Pero en junio de 1824, el jefe Hussein Beis decidió que ya no aguantaba más, acumuló cantidades ingentes de ramas, telas y todo lo que podía arder en la entrada de la cueva y prendió fuego. Murieron asfixiados todos los resistentes. Hoy, una tumba común con los restos de los héroes y una cruz sobre ella recuerdan ese terrible drama que no concede gloria a ninguno de los protagonistas.

La cueva, que es en sí misma una belleza de formaciones, estalactitas y estalagmitas, se encuentra a más de doscientos metros de altura, y desde su boca se divisa un hermoso y amplia paisaje de olivos y cultivos que se prolonga hasta que comienzan las estribaciones del no menos imponente Monte Psiloritis, o Monte Ida, rodeado también de un aura sagrada milenaria, la misma que impregna a toda la isla.

 

 

Gythion, el nido de amor de Paris y Helena

Ulyfox | 10 de octubre de 2013 a las 0:15

Gythion y su pequeño puerto pesquero.

Gythion y su pequeño puerto pesquero.

Podríamos cometer el error de despreciar Gythion, apenas un pueblo grande y atractivo a la orilla del mar y con un puerto activo, entre las bellezas que encierra Grecia. Pero si no lo cometemos, si somos capaces de pasar dos días en él, descubriremos que es, ante todo, una excelente base para explorar el extraño, seductor y lejano Mani, esa comarca situada en uno de los ‘dedos’ del Peloponeso, hogar de múltiples leyendas de clanes enfrentados y habitantes hoscos en un paisaje duro. Leyendas. De Gythion sale además un ferry tres veces por semana para la costa occidental de Creta, un barco que pasa por las islas de Kythira y Antikythira, de resonantes nombres mitológicos. Y a su alrededor hay hermosas playas de aguas transparentes, como la de Mavrovouni. No despreciemos pues, a Gythion.

Penélope, en una de las terrazas frente al islote de Marathonisi, al fondo.

Penélope, en una de las terrazas frente al islote de Marathonisi, al fondo.

Nosotros llegamos después de un viaje largo por carretera desde la maravilla Monemvasia, atravesando un paisaje bastante menos verde que el Peloponeso que yo recordaba de hace más de 20 años, a veces bordeando el golfo Lacónico, a veces dejando de lado lugares como Esparta o la misteriosa Mystra, antaño visitadas. A Gythion llegamos a mediodía, y encontramos un lugar aparentemente dormido, con un gran paseo frente al mar lleno (pero de verdad) de terrazas vacías a esa hora. Nuestro hotel, el Hotel Gythion, tenía una encargada amabilísima y un aire tan antiguo como el olor. Pero estaba limpio, y nuestra habitación tenía dos ventanas luminosas frente al puerto. Nos alegramos y nos fuimos a reconocer el terreno, descubriendo que el pueblo era como una capital de provincias pequeñita, con sus comercios y sus bares, sus barcas de pesca en el muelle, y su historia homérica.

Ante la ventana del Hotel Gythion, poco antes del paseo mañanero.

Ante la ventana del Hotel Gythion, poco antes del paseo mañanero.

En la taberna del pescado, siempre sobre el mar.

En la taberna del pescado, siempre sobre el mar.

Dicen las crónicas mitológicas, y siempre tenemos que creer estas cosas, que ese islote casi pegado al pueblo, ahí a la vista de cualquier terraza, el hoy llamado Marathonisi es el antes conocido como Cranae, y que allí pasaron su primera noche de amor Paris y Helena, después de que esta abandonara a su marido Menelao en Micenas y antes de partir hacia Troya. Ahora es un apacible parque de pinos y seguro que sigue sirviendo de nido romántico para más de una pareja. Grecia está llena de lugares así, es indispensable llevar una guía sobre mitología e historia.

Dos tertulianas griegas improvisadas.

Dos tertulianas griegas improvisadas.

La mañana se fue acercando a la hora de comer, y eso fue en una taberna junto al mar. Con pescado fresco. En los puertos griegos siempre hay que buscar un pescado muy parecido al mero, de color oscuro y del que lamento profundamente no recordar su nombre. No es bonito de color, pero es una belleza en sabor, y tiene la garantía de que no es de piscifactoría. A la parrilla, acompañado con jorta (hierba silvestre hervida) y ladolémono (aceite y limón) no necesita más guarnición que nuestro rechupetear de dedos. A nuestro lado se sentaron dos mujeres atenienses, y entablaron conversación. Grandes admiradoras y conocedoras de España, conversamos de los nacionalismos catalán y vasco, de Lorca y de Almodóvar, y de Rajoy y Samarás. Sobremesa aderezada con tsipouro, el aguardiente de la zona, frente a los pinos donde Paris y Helena se amaron y dieron causa para una de las guerras más escritas de la historia. Sí, sería un error despreciar Gythion.

La playa de Mavrovouni, muy cerca del pueblo.

La playa de Mavrovouni, muy cerca del pueblo.