Archivos para el tag ‘niños’

Un largo viaje

Ulyfox | 16 de agosto de 2012 a las 13:38

Tengo parientes en la España de 1939. Para llegar hasta ellos hace falta un largo viaje, y casi no nos están quedando trenes. Qué difícil visitarlos, pero qué fácil resultó el otro día, ante un café, distinguirles la cara como si los estuviera viendo allí mismo, allí delante. Un café compartido con una multitud de primas, hermanas y madre en el sitio más isleño de las cafeterías de San Fernando, en la plaza más isleña, la del Rey, nombre monárquico que alojó recuerdos republicanos en esa mañana cercana.

Recuerdos tristes, muy tristes de tiempos muy duros pero contados entre risas, porque ese grupo de primas, las Muñonas se autodenominan, es así. Salieron evocaciones de madres pundonorosas de la larga posguerra, que respondían con ardides verbales a las preguntas de sus hijos “mamá ¿cuándo vas a poner la comida?” retrasando la respuesta hasta que llegaba la hora de la merienda, y ¡entonces ahí estaba el pan con aceite, lo mejor para merendar! Y el día pasaba en busca siempre de otro mejor.

En aquella mesa de la otra mañana se apareció la terrible historia de tres hermanos, José, Rafael y Antonio, recogidos en el orfanato falangista sin saber que su padre, mi abuelo, había sido fusilado por rojo, los tres sin edad para acordarse de que su madre había fallecido antes en el parto de su hermano más pequeño. Y se relató la transformación milagrosa de esos niños que, ya mayores, eran capaces de cantar con buena voz y de recitar poemas épicos larguísimos a sus familias numerosas, a las que tenían el poder de hacer reír y también llorar con sus gracias y sus dotes de rapsodas sentimentales, ellos genéticamente felices contra todo pronóstico, rodeados de hijos tras crecer sin haber conocido a sus padres, autores propios de su portentoso cambio de destino.

Esos tres niños del 39, mis queridos parientes del pasado, yo creo que son la historia de España. Y a ese tren que va a su memoria ya he subido.

P.S. Naturalmente, la foto no corresponde a los protagonistas de esta historia. Pero las encontraré.

Etiquetas: ,

Un padre quiere llevar a su niña de 7 años a Madrid

Ulyfox | 15 de junio de 2010 a las 1:18

DSC_0446

¿Qué se puede hacer con semejante compañía en semejante capital de España, y en esas fechas calurosas y manchegas? Es la pregunta de mi espontáneo y heterónimo colaborador, además de asiduo y amigo ¿A dónde puedo llevar a mi hija de siete años en Madrid? ¿Con qué se entretiene a un ejemplar que aún no podemos decir que pertenece del todo a la raza humana, a un proyecto de no se sabe qué? Es una llamada de socorro, así que si alguno de vosotros tiene una ocurrencia, aquí está este espacio para exponerla. Me imagino al hombre de los mil motes devanándose el cerebro, el cerebelo y el bulbo raquídeo pensando en que su hija no se aburra, pero tampoco que dé mucho la lata con su aburrimiento, qué puede hacer que no tenga nada que reprocharse en las vacaciones de su heredera.

En mis tiempos de niño era más fácil, al menos para los padres. No había viajes, ni veraneos fuera, en todo caso algún día de playa. Si yo le decía a mi madre que me aburría, ya conocía la respuesta: “Échate en agua”. Qué le iba yo a contar a mi madre. El verano era para aguantar el calor durante el día y jugar a todo lo posible en cuanto llegaba la fresquita en la calle, y hasta las tantas. Eso es hoy inimaginable. Estoy convencido de que mis padres no se planteaban qué tenían que hacer para que mis hermanos y yo no nos aburriéramos. No entraba en sus obligaciones. Éstas empezaban en alimentarnos y vestirnos, y acababan en recogernos de la silla veraniega donde nos habíamos quedado dormidos y, con todo el amor callado, llevarnos en brazos a la cama. Yo me hacía el dormido por tal del abrazo. Ya de muy pequeños, aprendimos así a hacernos querer. Útil enseñanza.

Pero el heterónimo pide ayuda. Yo no la tengo, aunque muchos de los que en su desocupado tiempo leen este blog seguro que pueden aportar. Hace mucho que no voy por Madrid, y nunca con niños. Supongo que hay cientos de parques de diversión, y piscinas, y Warner, y Xanadú. Siempre nos quedará el Retiro y sus paseítos en barca, el Zoo, los Veranos de la Villa para niños. No es que yo no tenga ideas, sino que no tengo niños, y por lo tanto tampoco experiencia. Aunque naturalmente que he tenido infancia, y creo recordar que con todo lo que he contado arriba tenía suficiente. Son otros tiempos, pero si la condición humana no ha cambiado en miles de años, tampoco creo que haya variado mucho en cuarenta y tantos. Una niña, un niño, quieren sobre y por encima de todo, que sus padres le hagan caso, le toquen la barriga de vez en cuando, le repasen el pelo y le digan a dónde y cómo ir, y qué no deben tocar para no quemarse los dedos. En resumen. Y ya es un trabajo eso.

De momento, a echarle un cable al heterónimo, que es amigo y se lo merece.

Etiquetas: ,

P y MJ emprenden un viaje con niños

Ulyfox | 15 de abril de 2010 a las 0:25

Una niña en la playa de Paranga, Mikonos

Una niña en la playa de Paranga, Mikonos

P acaba de tener una niña y MJ está a punto de tener gemelos. Ése sí que es un viaje. Todo bien para la primera, esperemos que igual de bien al menos para la segunda, más nerviosa. Una engordó de manera asombrosa, la otra ha guardado su eterna delgadez de manera milagrosa. La primera es también primeriza, pero parecía haber nacido para esto durante todo su embarazo, lento, digerido, naturalmente cansino, sonreído. En la segunda, ni en la risa han dejado de reír los nervios.

En la misma playa, grupo de niños al atardecer

En la misma playa, grupo de niños al atardecer

Ahora vendrán las frases manidas, aunque dichas con su mijita de razón: olvídate de los viajes, les dirán a los heroicos padres. Siempre, Penélope y yo hemos sostenido la tesis contraria, y siempre nos han replicado que es porque no tenemos hijos. P engendró muy probablemente a su niña en un viaje a Grecia. Y en la Hélade, hemos visto disfrutar a niños como en ningún sitio: en sus viajes en barco, en la playa, comiendo souvlakis, en la playa calmada y sin olas, jugando con los pequeños griegos en la plaza, en la playa dorada al atardecer. Sin peligro, el mar no sube, los padres están a un metro, con la hamaca rozando el agua.

El grupo se dispersa

El grupo se dispersa

Nosotros mismos hicimos uno de nuestros mejores viajes hace casi dos años a Grecia, con unos amigos y su hija de cuatro años, M, dormilona y la que menos come del mundo. Fue delicioso, gozoso, enseñar las islas a alguien tan pequeño y tan insistente en sus juegos, exigente como la vida, que te hacía estar alerta y se te subía a los brazos de un brinco, su cuerpecito tan ligero. Un aliciente más para el viaje, nuevo, un destello naciente en el azul del Egeo. Así. ¡Y buen viaje a las dos madres, acompañadas de los padres!

M y un amigo de su viaje, en la inmensidad azul de la playa de Elafonisi, Creta

M y un amigo de su viaje, en la inmensidad azul de la playa de Elafonisi, Creta