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En un extremo de Roma

Ulyfox | 29 de abril de 2015 a las 13:16

En los jardines de la Villa d'Este romanos.

En los jardines de la Villa Borghese romana.

Por aquel barrio, al norte de Roma, aparentemente alejado está la Villa Borghese, ese gran parque que antes fue jardín privado de una poderosísima familia, como ocurre en tantas otras zonas de la capital italiana, y de toda Italia en general. Nunca habíamos llegado hasta allí, no sé muy bien por qué, en nuestras anteriores visitas. Pero allí estábamos, en nuestro último día de nuestra estancia invernal en la Citá Eterna. Allí, andando por el parque, dirigiéndonos al precioso mirador del Pincio, uno de tantos desde los que suponemos que los grandes ricos de la Roma clásica o renacentista miraban el mundo de la gente inferior y de paso, algo así como sus posesiones terrenales.

La vista es realmente espléndida, y a los pies del Pincio la enorme Piazza del Popolo, lugar de las grandes citas ciudadanas, presidido por el enorme obelisco egipcio, uno de tantos que trajeron los romanos de sus centenarias excursiones a su vasto imperio. A lo lejos, el Vaticano y debajo, como siempre, iglesias y más iglesias, con la hermosa imagen de las dos gemelas de Santa María dei Miracoli y Santa María al Montesanto, genial puerta y remate a la concurrida, comercial y espléndida Via del Corso.

Había mucha gente esa mañana de enero, todavía en plenas fiestas de Año Nuevo. Los cafés rebosaban glamour y dinero. Comenzaban las rebajas además, y los romanos se habían echado a la calle. Al atardecer, prácticamente no se podía andar ni por la calzada. Pero antes, fue agradable observar esta señorial zona, seguramente residencia de gente muy acomodada, quién sabe si alguno de esos aristócratas o grandes burgueses con palacios, con resabios de dolce vita.

Serenidad en una mañana de enero.

Serenidad en una mañana de enero.

 

Vista de la Piazza del Popolo y de Roma, desde el mirador del Pincio.

Vista de la Piazza del Popolo y de Roma, desde el mirador del Pincio.

El precioso mirador del Pincio, desde abajo.

El precioso mirador del Pincio, desde la Piazza del Popolo.

 

Las iglesias gemelas de Santa María dei Miracoli y del Montesanto. en la Piazza del Popolo.

Las iglesias gemelas de Santa María dei Miracoli y del Montesanto. en la Piazza del Popolo.

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La estatua que abandonó su pedestal

Ulyfox | 17 de mayo de 2013 a las 1:43

 
Monumento a Charles Buls en Bruselas.

En la apacible, concurrida y musical plaza del Agora de Bruselas hay una estatua que abandonó su pedestal, se sentó a ras de calle, llamó a su perro, que acudió a mordisquearle como siempre la manga de su chaqueta, y se puso a esperar que miles de personas se sentaran a su lado. Después de que esto hubo sucedido, se quedó para siempre allí, en bronce, el bigote brillante toqueteteado una y otra vez y las manos de dedos largos estirados. Y desde esa sublime decisión, miles de personas se han sentado junto, debajo, encima de la imagen de Charles Buls, que una vez fue alcalde amado de Bruselas y que salvó con su visión enamorada y su firme decisión de burgomaestre las nobles, hermosas fachadas de la Grand Place, impidió su destrucción y ordenó su restauración.

Buls da la espalda a su pedestal.

Y uno, que de vez en cuando sueña, imagina que después de que muriera este sabio que hablaba varios idiomas, entre ellos seguramente el más valioso y difícil, el del pueblo, el artista quiso representarlo así: a la manera de alguien merecedor del mejor pedestal como tantos militares, políticos, banqueros, tiranos, santos, pero que para diferenciarse alcanza su máxima altura a ras de suelo. Alguien más amante del contacto que de la gloria ensalzada, alguien que no quiso ponerse por encima de los demás. O mejor aún: que Charles (o Karel) Buls, una vez inaugurado su monumento, decidiese bajar de esa peana, dejarse de tonterías y bajar al banco, a permitir que al gente le frotara el bigote de bronce, o le abrillantara con su trasero los faldones de la levita.

Gracias a Buls que salvó este conjunto bellísimo de la Grand Place.

Todo esto soñaba yo mientras fotografiaba asombrado este monumento, siempre rodeado, acompañado de gente, en el corazón de Bruselas, justo detrás de la Grand Place, salvada para siempre por el empeño de Buls. Gloria a él. Con o sin pedestal.

Un rincón de la Grand Place.

…y otro rincón.

 

La terraza de uno de los bares más célebres de la Grand Place, Le Roi dÉspagne.