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Un puente para quedarse

Ulyfox | 29 de marzo de 2011 a las 13:37

El puente de Carlos, y al fondo las cuestas de Mala Strana.

El puente de Carlos, y al fondo las cuestas de Mala Strana.

La primera pareja de viajeros que conocimos eran dos hombres. Hace tanto que entonces ni siquiera se les llamaba gays. Fue durante nuestra luna de miel en Cuba, y formaban parte de nuestro grupo. Cuando hablaban parecía que no había sitio en el mundo que no conocieran: toda Europa, China, Filipinas, Vietnam, América… A ellos les escuché decir por primera vez que la ciudad más bonita que habían conocido era Praga. Me sorprendí. A mis 27 años, para mí Praga era sinónimo de ciudad gris de más allá del telón de acero. Pero ellos decían que era la ciudad más bella del mundo, extraordinariamente conservada en su esplendor barroco. Tardamos más de doce años en comprobarlo: sí, es extraordinaria y, desde luego, todo lo contrario del gris.

Estatuas del puente y Mala Strana al fondo

Estatuas del puente y Mala Strana al fondo

Y además Praga pertenece a ese grupo de ciudades con puente famoso. París tiene muchos pero es sobre todo el Pont Neuf, Venecia se llama con el Ponte Rialto, Roma con los romanos que te llevan a la Isola Tiverina, Budapest es el Puente de las Cadenas como Londres se identifica con el Puente de la Torre y Florencia con el Ponte Vecchio. Praga tiene un viaducto de medio kilómetro de largo y 10 metros de ancho, con altos pretiles coronados de decenas de estatuas de santos, que te lleva sobre el Moldava de la Ciudad Vieja medieval a la Ciudad Pequeña o Mala Strana, estallido de barroco, como en tiempos debió ver los paseos de emperadores, nobles y músicos. Es el Puente de Carlos. Y es en sí mismo un camino de vida, una historia, una ciudad.

A un lado la ciudad barroca...

A un lado la ciudad barroca...


... y al otro lado la Ciudad Vieja.

... y al otro lado la Ciudad Vieja.

No es sólo para pasar el río, es para vivirlo. Lo que te espera al otro lado es bellísimo, pero si no quieres elegir entre las dos hermosas partes del casco antiguo, siempre puedes escoger quedarte en medio, ver la gente pasar, observar los espectáculos teatrales improvisados, pararte a escuchar a ese grupo de jazz, comprar una acuarela, sentarte en la baranda a comerte un bocadillo y mirar a un lado la Catedral, las cúpulas, los tejados, los pináculos; o hacia la otra orilla la elevación del Castillo, las cuestas, la iglesia del Niño Jesús de Praga. Estuvimos una tarde entera en el Puente de Carlos. ¡Yo nunca había estado de visita en un puente! Hizo una tarde espléndida, no teníamos prisa. Llegamos hasta la entrada de Mala Strana, miramos los escaparates del ámbar, buscamos el mural de John Lennon, nos sentamos en un café a la orilla del Moldava, casi bajo los arcos de piedra. Y volvimos a cruzar el río en sentido contrario, lentamente, saboreando el tiempo, el placer de manejar el tiempo ¡Ese puente!

Un café a la orilla del Moldava, tarareando las notas de Smetana.

Un café a la orilla del Moldava, tarareando las notas de Smetana.

Es imposible elegir entre un lado y otro de Praga, entre la plaza de la Ciudad Vieja y el Callejón de Oro, entre el centenario Reloj astronómico con sus figuras animadas y el Castillo, entre la Catedral y el Teatro donde Mozart estrenó Don Giovanni cuando sus compatriotas austríacos ya no lo querían. Por eso, quizá no sea mala opción escoger el Puente de Carlos, un lugar en el que, vayas donde vayas, siempre llegas a la belleza. A continuación, una muestra, por si aún no conocéis o no habéis decidido ir a Praga. Recordad a aquellos viajeros de Cuba: es la ciudad más bella del mundo.

Atardecer rosado en la plaza de la Ciudad Vieja.

Atardecer rosado en la plaza de la Ciudad Vieja.


La calle de Carlos lleva desde el puente hasta la plaza de la Ciudad Vieja

La calle de Carlos lleva desde el puente hasta la plaza de la Ciudad Vieja


Un rincón de la bella Mala Strana

Un rincón de la bella Mala Strana

Para un amante de la música, Praga es además la ciudad que siempre amó y fue amada por Mozart. Allí prácticamente se refugió en los años malos y allí estrenó su maravillosa Don Giovanni, en un teatro que aún se conserva, precioso, y en el que asistimos a una función de Las bodas de Fígaro. Quizá por eso se rodó en ella la película Amadeus de Milos Forman. Es una ciudad ideal para escuchar música, en teatros o en la calle, o en el mismo puente de Carlos, y volvemos a él como hay que volver siempre a la capital checa.

Estupenda noche de ópera con Fígaro en el teatro donde Mozart estrenó 'Don Giovanni'

Estupenda noche de ópera con Fígaro en el teatro donde Mozart estrenó 'Don Giovanni'


Músicos en el Castillo, durante el cambio de guardia en Praga.

Músicos en el Castillo, durante el cambio de guardia en Praga.

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