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El mal de Antequera

Ulyfox | 5 de julio de 2021 a las 17:58

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La monumental entrada al dolmen de Menga.

El animado, joven y locuaz guía lo explicó bien mientras esperábamos a la entrada del Dolmen del Romeral, en Antequera. Hablaba de lo que él llamó ‘mal de Antequera’, y al describirlo relató justo lo que yo había sentido unos minutos antes. Al parecer, los visitantes de esta hermosa y monumental población, al poco tiempo de visitar el maravilloso conjunto de los Dólmenes a las afuera y de escuchar la historia de su descubrimiento, empiezan a imaginar que cada colina o pequeña elevación del terreno se podría encontrar uno de estos impresionantes monumentos megalíticos prehistóricos. Y efectivamente: me había ocurrido mientras miraba los dos montículos allá lejos, a los pies de la no menos asombrosa Peña de los Enamorados, que los antequeranos llaman también ‘El Indio’ por semejar su silueta claramente el perfil de un nativo americano acostado. Quién sabe, igual no ando tan descaminado en mi intuición, puesto que al lado se acaba de descubrir otro, aunque este mucho más pequeño que sus hermanos de la zona.

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Tres imágenes del impresionante interior del dolmen de Menga.

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Visitábamos por segunda vez Antequera y este conjunto único de enterramientos prehistóricos, y era normal que yo tuviera, como tantos, esa curiosa inquietud subterránea, después de conocer la historia de los hermanos Viera, que se toparon con el dolmen que ahora lleva su nombre y tal vez fueran los primeros en padecer ese síndrome. Tras el descubrimiento de ese monumento, se imaginaron que un poco más lejos, bajo aquel montecito llamado del Romeral podría aguardar su alumbramiento otro dolmen. Y su intuición no les falló, y después de buscar lo hallaron: allí estaba el dolmen del Romeral, construido con una ingeniosa técnica de bóveda falsa, lasca de piedra sobre lasca de piedra estrechando el espacio, hasta llegar incluso a construir dos cúpulas cerradas con una gran roca plana. Asombroso.

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Entrada al dolmen de Viera.

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Entrada al dolmen del Romeral, y el montículo artificial que lo cubre.

El más apabullante de los tres que componen el conjunto antequerano, por sus dimensiones, es el más antiguo, el dolmen de Menga, que figura en los libros desde hace siglos. Compuesto por un corredor y una sala con paredes y techos construidos con grandes piedras de toneladas de peso, su visita obliga al pasmo mientras se repasa el nombre de sus componentes: ortostatos las paredes clavadas metros bajo tierra, cobijas los techos, pilares que los sustentan. Y admira cómo pudieron hacerlo hombres, mujeres y niños del Neolítico, por mucho que te cuenten las teorías sobre ello los y las magníficas guías del yacimiento.

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En el interior del Romeral.

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La falsa cúpula del dolmen del Romeral.

La visita se hace en un par de horas y es una delicia de información sobre aquella época en la que la Humanidad estaba descubriendo e inventando tantas cosas. El síndrome conocido como ‘el mal de Antequera’ no hace daño y además alimenta la imaginación…

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Alcachofitas de la huerta de Antequera con jamón.

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Surtido de porras.

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Porrilla de garbanzos y espinacas, una de las delicias de Arte de Cozina.

La delicia se prolongó después en Antequera, puesto que la rematamos con un almuerzo fantástico en el establecimiento Arte de Cozina, una comida que resultó también un viaje en el tiempo hacia recetas antiguas, sencillas y sabrosas, elaboradas con esmero y amor por el personal. Una auténtica experiencia de autenticidad y buen servicio. Imposible mejor remate.

Memoria permanente de nosotros

Ulyfox | 27 de febrero de 2011 a las 22:41

Interior del dolmen de Menga.

Interior del dolmen de Menga.

Pues al final, la inmensa silueta de la Peña de los Enamorados de Antequera no era la de un hombre sino la de una mujer. Aunque hay quien la llama también la Cara del Indio o algo así. Bueno, da igual, sigue siendo impresionante en su perfecta semejanza con un perfil humano. Es una mujer, un símbolo sagrado desde la época más antigua: siempre la Diosa Madre, la Diosa Tierra, el eterno femenino. El caso es que lo que nos ha traído a Antequera, como motivo principal, es visitar sus dólmenes, impulsados por los estudios de Penélope, que ha abrazado la fe humanista y se ha matriculado en Historia del Arte en la UNED. Bendita ocurrencia, puesto que era mi asignatura favorita en aquel lejano bachillerato de Letras.

La gran cámara de la cueva de Menga

La gran cámara de la cueva de Menga

 Ya anduvimos recogiendo emociones ancestrales hace unas semanas por Cantabria, en aquella ocasión navegando los siglos del Paleolítico en sus cuevas. Ahora estamos en las sorprendentes estructuras megalíticas de la Edad del Cobre. Los dólmenes de Viera, Menga y El Romeral están pegados a Antequera. Demasiado pegados por desgracia, puesto que se les ha echado encima la avalancha de casas y polígonos industriales, un entorno nada apropiado para este testimonio histórico de nuestros orígenes como seres humanos sociales y constructores. Monumentos hechos hace casi 5.000 años, tras una nave industrial: alguien no ha tenido una feliz idea.

Penélope ante el dolmen de Viera

Penélope ante el dolmen de Viera

Pero aun así, el recorrido por los tres dólmenes es muy interesante. Resultaría más emocionante sin las multitudes del Puente de Andalucía, pero qué le vamos a hacer. Es de suspirar para adentro el contemplar las enormes piedras milenarias trasladadas y levantadas con tanto trabajo como podamos imaginar con nuestra mente de hombres modernos y megatecnológicos. Expoliados, ocultados, habitados, han sobrevivido y cumplido con creces su carácter de monumento, es decir, obra hecha para que dé memoria permanente de algo.

El corredor del dolmen del Romeral. Al fondo, una de las dos cámaras circulares

El corredor del dolmen del Romeral. Al fondo, una de las dos cámaras circulares

Los tres son diferentes, los tres te cuentan historias distintas, los tres alineados conscientemente en dirección a la gran Peña de la Mujer Protectora que reina sobre la fértil vega. El del Romeral tiene un corredor hecho con muros de piedras pequeñas y acabado en dos cámaras con unas impresionantes falsas cúpulas. Es el más moderno, sólo tiene 4.500 años. El de Viera es más simple, con el corredor más estrecho fabricado con grandes piedras, y el de Menga tiene unas dimensiones impresionantes con sus cobijas de decenas de toneladas sobre enormes paredes de piezas gigantes y pétreas y sus tres pilares que no sostienen nada. Un profundo pozo descubierto recientemente le da más misterio al conjunto.

Penélope y la guía María José en la primera cámara circular de El Romeral.

Penélope y la guía María José en la primera cámara circular de El Romeral.

Hacía años que quería visitarlos. Ahora, el deseo está cumplido y cada vez me reconcilio más con nuestro duro pasado de seres humanos buscando sobrevivir en la naturaleza inhóspita, aunque parece ser que en la Vega de Antequera, aquellos hombres encontraron un marco acogedor en el que pudieron desarrollar con un cierto bienestar climático y de alimentación una gran cultura,cuando ya eran como nosotros aunque aún vivían en la noche de los tiempos, en la misteriosa Prehistoria.

La impresionante entrada del dolmen de Menga

La impresionante entrada del dolmen de Menga

La visita, guiada y gratuita, es de lo más recomendable. Más aún si os toca de guía María José, una licenciada en Historia del Arte con una gran capacidad didáctica y sintética. Para ir con niños inquietos con bastante edad como para interesarse y que no hayan alcanzado la adolescencia pasota. El conjunto tiene además un centro de visitantes en el que un sencillo audiovisual enseña cómo aquellos inteligentes, solidarios y voluntariosos antepasados construyeron estos admirables monumentos.

Si queréis más información pinchad en este enlace: http://www.juntadeandalucia.es/averroes/sanfaustino/megalitos/megalitismoandaluz/antequera.htm

Un viaje cortito tan lejos

Ulyfox | 18 de noviembre de 2010 a las 15:11

El moderno edificio del Centro Prehistórico de Benalup

El moderno edificio del Centro Prehistórico de Benalup

Ocurrió este domingo pasado. Nada importante: una cita con amigos. Es decir, casi lo único importante que va quedando ya. Como Penélope, volviendo a nuestros orígenes, está estudiando Historia, disfrutando la Historia quiero decir, me sugirió (sugerente ella) que diéramos una vuelta por el Centro Prehistórico de Benalup, inaugurado hace sólo dos años, y hasta ahora desconocido por nosotros. Tiene horario de museo, así que es la mar de apañado para los fines de semana, días apropiados para unir los placeres de la cultura con los de la mesa. Sólo cierra los lunes.

El didáctico y atractivo interior del Centro

El didáctico y atractivo interior del Centro

Y vaya sorpresa. Se trata de un sitio recomendabilísimo. No es un museo, las piezas que expone son casi todas réplicas, pero tiene un contenido didáctico maravilloso. En un corto y ameno recorrido nos introduce en las vicisitudes y en la vida de nuestros lejanos parientes prehistóricos, su alimentación, sus relaciones, sus poblados, sus penurias. Nos pareció incluso muy apropiado para niños de una cierta edad y con curiosidad. Si no la tienen, instalaciones como ésta pueden despertársela, sin duda. El joven y agradable encargado nos acompañó con una solicitud encomiable, pese a los incomprensibles fallos de alguna maquinaria electrónica, esclava de los defectos en el suministro de electricidad que padece Benalup. Éramos los cinco únicos visitantes. Nos resultó de lo más moderno, y un recurso de aprovechamiento económico y turístico importante para una zona necesitada de atraer visitantes. Y aprendimos algo, ese alimento tan necesario como la comida. Aprendimos que la provincia es una zona importante en yacimientos prehistóricos, y más si le sumamos Málaga, y algo ya sabido: que no nos preocupamos de nuestro patrimonio, y que esfuerzos como el del Centro Prehistórico no valen nada si nosotros, los actuales habitantes de esta tierra tan antigua, nos olvidamos de dónde y de quiénes venimos y no se lo contamos a los que nos seguirán. Éste es el enlace:

http://www.centroprehistoricobenalup.com/

También nos dio hambre, la verdad. Y ya se sabe que esa zona cercana a Medina es especialmente rica en ventas, esos locales tan vernáculos, templos de la comida más tradicional. Así que nos encajamos en la archiconocida y merecidamente famosa Venta el Soldao, justo cuando empezaba a llover. El arroz caldoso con perdiz estaba sencillamente maravilloso, la conversación con los amigos tan agradable y apasionada como siempre, les hicimos saltarse esa dieta que los está dejando tan guapos y a mí tan envidioso. Regresamos a casa justo a tiempo de sacar al perro a pasear y recogernos a pasar la tarde noche lluviosa en el poco frecuentado calor del hogar.

Los efectos audiovisuales son una parte importante en centro.

Los efectos audiovisuales son una parte importante en el centro.

Un domingo perfecto. Un viaje cortito en el espacio, ahí al lado, y tan largo y placentero en el tiempo. Y barato. Nos hizo recordar ese inolvidable recorrido por el valle del Bezére en el Périgord de Francia, la Cuna de la Humanidad, y envidiar lo bien organizado que lo tienen los galos. Animaros.

El Valle del Hombre

Ulyfox | 4 de septiembre de 2010 a las 0:11

A las puertas de la Prehistoria en el Museo de Les Eyzies

A las puertas de la Prehistoria en el Museo de Les Eyzies

Mirábamos el paisaje desde la terraza del magnífico y manejable Museo Nacional de la Prehistoria de Les Eyzies como seguramente lo hizo durante cientos de días desde su abrigo troglodita un ilustre antepasado nuestro, al despertarse o antes de ir a cazar, o a recolectar los primeros frutos cultivados por la humanidad. Estábamos en un sitio llamado Cromagnon, cuya sola pronunciación hace temblar de emoción nuestros genes.

El hombre de Cromagnon, ante su abrigo

El hombre de Cromagnon, ante su abrigo

El Valle del Vezére, patrimonio mundial de la Unesco, es conocido como el Valle del Hombre. Y resulta que en una decena de kilómetros, los que recorre sinuoso el río y que nosotros hicimos en un Alfa Romeo de alquiler, un montón de nombres nos remontan decenas de miles de año por la Historia hasta la Prehistoria: Les Eyzies-Tayac, donde aparecieron los primeros restos de lo que se llamó el hombre de Cromagnon; Moustier, que da nombre al periodo musteriense; el conjunto de la Madeleine, que nombra al Magdaleniense, las cuevas de Lascaux, Roussignac, Cap Blanc, Combarelles, con paredes y techos repletos de pinturas polícromas de bisontes, caballos, ciervos… Y La Roque Saint Christophe, un extraordinario lugar en el que habitaron hombres y mujeres colgados de la pared desde los tiempos de Neandertal hasta el siglo XV, y que ahora es un lugar de lo más didáctico: cofres en las paredes, ganchos para colgar la carne en los techos de piedra, iglesias excavadas en la roca…

En la "calle principal" de La Roque Saint Christophe

En la "calle principal" de La Roque Saint Christophe

Esta vez el viaje resultó largo, aunque duró sólo un día. Fuimos y vinimos por los siglos y por la evolución, en medio de un paisaje frondoso, testimonio de la vida de la Humanidad. Y nos sentimos bien con nuestra especie, pese a todo: no lo hemos hecho tan mal, si tenemos en cuenta de donde venimos y las penalidades que hemos pasado, aunque no hayamos conseguido acabar con ciertos individuos.

El descanso al final del día, en Montignac, que alberga la cueva de Lascaux

El descanso al final del día, en Montignac, que alberga la cueva de Lascaux