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La pesadilla de la Merkel

Ulyfox | 7 de junio de 2012 a las 23:44

 

Los jóvenes cretenses bailan en la pesadilla de la Merkel.

 

Resulta difícil de creer que Angela Merkel tenga sueños pesados por una noche en la que se pase con el alcohol, pero alguna vez habrá tenido una pesadilla, supongo. Hoy, en Sitía, una apacible población portuaria y centro de una comarca de sabrosos vinos del nordeste de Creta, hemos vivido lo que la canciller alemana podría soñar en sus peores noches: un pueblo griego que sale a beber y a comer, fuma debajo de los carteles de prohibición, y canta y baila en una taberna hasta que el cuerpo, el mejor baremo humano de la cordura, diga basta.

La lira cretense es un hermoso instrumento, como una viola antigua que se toca apoyándola en el muslo mientras la mano derecha rasga las cuerdas con el arco. Su sonido es quejoso pese a que el ritmo puede sonar alegre. El que la toca suele cantar a la vez unas canciones repetitivas, como una letanía relajante. Los laúdes la acompañan. Esta noche, cuatro jóvenes vestidos de negro bailaban de vez en cuando al son de esta música que parece venir de muy antiguo. Forman un círculo abierto y van dando vueltas. Una vez que se han calentado, el del extremo de la derecha empieza a dar saltos apoyándose en su compañero contiguo, sin soltarse de su mano, que le sirve de apoyo como si fuera una barra, a la vez que se golpea rítmicamente muslos y talones haciendo figuras acrobáticas. Es el viril baile de Creta.

El local, la Taverna Rakadiko (que quiere decir un lugar donde el rakí es el rey)Tzivaeri, estaba llena de gente, de griegos aparentemente despreocupados por el euro, por las elecciones y por la Merkel. Hemos comido cuatro platos abundantes y naturales, una cerveza para calentar, medio litro de vino blanco de la zona, una botellita de rakí, una enorme ración de fruta buenísima, y un yogur con fruta para cada uno, con música y baile en directo. Y todo por 26 euros.

Estos griegos no van a prosperar nunca. Hemos sido felices (aprended la palabra en griego: eutihismenos)

Un cumpleaños familiar improvisado con raki. El chef Stelios y su familia.

 

 

 

Otro ejemplo: ayer fue mi cumpleaños (gracias) Coincidimos en una taverna junto al mar, dónde si no, con una familia que resultó ser la de un cocinero de la isla. Tras decirle una tontería al rubio niño que acompañaba a la pareja (Angelos), entablamos conversación. El chef se llamaba Stelios y le preguntamos a dónde podíamos ir a cenar para celebrar este día tan especial, al menos para mí. Antes de decir nada, llamó al camarero inmediatamente: “Una botellita de raki, que vamos a celebrar el cumpleaños de este compañero (palikari)” ¡Error griego, de nuevo! ¡Tanto celebrar ni tanto celebrar, con lo que debe este pueblo, hombre ya! La Merkel se revolvió de nuevo en su cama, entre sudores. Así no hay forma de que este pueblo salga de su postración. Y sin embargo, parecen felices, lo son seguramente cuando convidan a raki a los desconocidos extranjeros que se esfuerzan en chapurrear la hermosa lengua de Kazantzakis, ese cretense.

Vitamina C (de Creta)

Ulyfox | 20 de septiembre de 2010 a las 23:45

Raki y dulce, cortesía de la casa, en un restaurante de La Canea

Raki y dulce, cortesía de la casa, en un restaurante de La Canea

El raki es un destilado de lo que queda de la uva. Vamos, creo que como el orujo gallego. Pero más dulce, aromatizado con alguna hierba, exquisito, suave, y corre por la isla de Creta como los torrentes cuando llueve. Toda Creta hace raki, todos los cretenses te invitan, en todos los restaurantes te lo ofrecen cuando pides la cuenta: entonces, con el papelito de exiguas cifras (bendición) viene una botellita cursi y empañada por el frío, y un dulce o fruta cortesía de la casa. No se os ocurra pedir postre en Creta. No hace falta. Es exquisito cuando te acompañan el raki gratis con un regalo de yogur griego adornado con gliká tou koutaliou, una especie de fruta confitada en almíbar. El raki y el postre es siempre por cuenta de la casa. Emocionante, amable y extraordinaria costumbre en esta isla de la humanidad.

El estupendo efecto de la vitamina cretens, en la taberna Stochos, de Agia Gallini

El estupendo efecto de la vitamina cretense, en la taberna Stochos, de Agia Gallini

El otro día, en el pueblecito de Agia Gallini, tan olvidable por otras cosas que ya contaré, en la taberna Stochos, de excelsa comida tradicional, la alegre camarera repartía raki a discreción a quienes acababan de comer, al grito de “¡Vitaminas, quién quiere vitaminas!”. Excelente prescripción. Le preguntamos ¿siempre estás tan contenta? “Naturalmente, porque tomo muchas vitaminas”, contestó. Naturalmente.

El colmo de este tipo de ofrenda hospitalaria fue en un bar de carretera, donde paramos a tomar un café helenikó (griego, aunque en realidad es turco, pero no se lo digáis), un simple café para seguir el camino, un café negro, espeso y dulce. Cuando nos íbamos, la dueña nos ordenó en un griego antiguo que pudimos entender, gracias a los dioses: “Kaziste (siéntense) que ahora les traemos un poco de tsikoudia (otro nombre para el raki)”, y el licor vino acompañado de una manzana troceada, pelada y regada discretamente con canela. Tremenda cortesía de la casa. Ha ocurrido alguna vez, pocas, que no nos han puesto raki, y entonces Penélope se decepciona, ella, que no amaba ningún licor. Por eso, entre otras muchas cosas, amamos esta isla, la Creta del Minotauro, de Venecia y de El Greco. Y de nuestra higuera.

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En un lugar de Creta

Ulyfox | 21 de febrero de 2010 a las 14:25

El camarero era muy joven. “Esta taberna la hemos visto en la portada de una revista”, le dije en mi inglés tan malo como el suyo.  O sea, que nos entendimos rápido. “Sí, sí, en la revista ‘Travel’ “, dijo él. No sé si acertó. Era temprano para nosotros españoles, y sólo le pedimos una cerveza (“¿Heineken, Amstel, Mythos?” preguntan siempre en Grecia), que acompañamos con un plato de minúsculas aceitunas, poco más grandes que unos guisantes y sutilmente aliñadas. Las disfrutamos como si fuera caviar iraní, imaginando como debe saber el caviar. La temporada turística en el Este de Creta, mediado septiembre, estaba dando sus estertores, y además el viento golpeaba de manera inmisericorde. Pero había dos parejas de guiris almorzando y mirando el azul y violeta frente a sus ojos, o al revés. Sólo estuvimos una media hora. La taberna solitaria está en la playa de Hionas, y tiene unos pocos apartamentos por si quieres reinar al atardecer. Nosotros, sin embargo, queríamos llegar a Kato Zakros, un lugar sólo creíble cuando llegas. Pero de eso os hablaré otro día.

Taberna en la playa de Hionas, Creta

Si alguno estuviera realmente interesado en visitar Hionas, lo tiene fácil. Sólo requiere tiempo y ganas. Tiene que volar de Madrid a Atenas (en Iberia, pero hay mejores precios en Aegean Airlines fuera de temporada) y luego en la misma compañía o en Olympic de Atenas a Heraklion, capital de Creta; también hay vuelos a Sitia, una ciudad más pequeña pero más cerca de este lugar. En cualquiera de las dos, ya hay que alquilar un coche y recorrer una carretera no siempre en buen estado, digamos una hora y media. ¿Demasiado? Sí, pero una vez que estás en Creta, ¿para qué te vas a perder esta maravilla?. La taberna es familiar, con esa vista la comida debe de ser fabulosa y seguramente te regalarán el postre y el raki, maravillosa costumbre de las tabernas cretenses. No es para ir un fin de semana, es cierto. Pero nadie dijo que el cielo estuviera cerca.