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El velo cristiano

Ulyfox | 22 de abril de 2010 a las 0:10

Misa en la Iglesia Colgante de El Cairo

Misa en la Iglesia Colgante de El Cairo

No sé por qué quería escribir sobre el caso de la prohibición del velo a una chica musulmana en un colegio de Madrid, si esto es un blog de viajes. Quería decir que me parece una locura que andemos en eso, cuando seguramente a ninguna monja se le impide acudir con el velo a una clase, ya sea a recibirla o a impartirla, en ningún colegio español, religioso, público o concertado. Desde aquí hablamos de sumisión de la mujer dando por supuestas demasiadas cosas. Es precisamente esa muchacha la que está diciendo que se pone el velo libremente, pero claro, no le otorgamos la capacidad de decidir, tenemos que dar por hecho que lo hace coaccionada, porque es musulmana, y ya se sabe que los moros… Justo lo que no diríamos de una monja.

Pero esto es un blog de viajes, y quería ilustrar esto con alguna foto de mujeres en un país musulmán. Y buscando, me encuentro con esa imagen de arriba. No la recordaba. Es un país  musulmán, podría parecer una mezquita, pero no: es una iglesia preciosa, la de la Virgen María en El Cairo, más conocida como Iglesia Colgante porque está edificada sobre una puerta de la antigua muralla romana. En pleno barrio copto (los cristianos egipcios) de El Cairo, cuando la visitamos se estaba celebrando una misa. Las mujeres, cristianas naturalmente, iban con velo, exactamente como en España y en todos los países católicos hasta mediados los 60. Yo tengo bastante edad como para haber acompañado a mi madre a misa, ella con su velo negro de tul cogido con agujetas. ¿De dónde si no viene la más llamativa mantilla?

Viajar tiene estas cosas buenas. Si no aprendes, por lo menos comprendes, y si no, te preguntas cosas. O las preguntas a otros. Mujeres, hombres, Ramadán, ayuno, niños, conversación, paseo, ojos abiertos, que te hacen replantearte tantas cosas, esa costumbre tan sana y revitalizante. Que no acabe el debate civilizado, y que no se lapide a nadie. No es mucho exigir. Andamos con estereotipos: velo=mujer sometida. A lo mejor no es siempre así. Por ejemplo: escote amplio=mujer objeto. Otro: traje chaqueta cara=mujer ejecutiva. Más: chaqueta de estampados brillantes=ministra o consejera socialista.

A lo mejor deberíamos dejar, millones de años después, de juzgar a Eva por la forma en que va vestida. A todas. Y ya puestos, ahí va otra foto, exterior de la enigmática Iglesia Colgante.

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Amal, trabajadora y musulmana en El Cairo

Ulyfox | 7 de marzo de 2010 a las 13:43

amalamal zoser

 

Se llama Amal y tiene al menos un amigo en Cádiz. Trabaja de guía para españoles en El Cairo, y fue la nuestra hace dos años por pirámides, mastabas, mercados e iglesias de la tumultuosa, aparentemente ingobernable, capital de Egipto. En la Ciudadela cairota, empezada a construir por el gran Saladino, se encuentra la Mezquita de Mehmet Ali, también conocida como la Mezquita de Alabastro. Allí, Penélope tiró de su bendita indiscreción para preguntarle a Amal sobre su condición de mujer en un país musulmán, insoportable a nuestros ojos occidentales. La guía tapaba su corpulenta anatomía de arriba a abajo, dejando sólo a la vista su rostro y sus manos. Dijo que a ella no le molestaba ir tan vestida en medio del sofocante septiembre egipcio; que las mujeres no deben exponer claramente sus atractivos físicos; que son las bellezas del alma las que importan y las que deben tener en cuenta los hombres, fácilmente excitables por otros medios. Me pareció sincera en sus ideas, compatibles en muchos puntos con los discursos más progresistas sobre la condición femenina, si las oyes bien.

Nuestra visita coincidió con el Ramadán. Amal no tomaba ni agua desde que salía el sol hasta que se ponía, pese a que el calor le hacía constantemente secarse el sudor de la frente y a que su trabajo consistía en hablar, y hablar. Rechazaba nuestros ofrecimientos en la explanada de Gizeh, y también frente a la pirámide escalonada, obra del gran Imhotep. Se limitaba a buscar la escasa sombra mientras nosotros desafiábamos el calor para acercarnos al primer monumento en piedra de la historia (un escalofrío de 4.660 años nos contemplaba), levantado para acoger los restos del faraón Zoser. En el restaurante con privilegiada terraza frente a la Esfinge, se apartó bajo una sombrilla a rezar sus oraciones mientras hacíamos lo posible por acabar el copioso almuerzo, y en un popular local cerca del Museo Egipcio se sentó en una mesa cercana a esperar que acabáramos. ¿Cómo aguantas? le preguntamos. “Por fe, hacemos esto por fe, nadie nos obliga, y además es bueno para el cuerpo, porque se depura” contestaba en su magnífico español.

Y sonreía mucho.