Mil sitios tan bonitos como Cádiz » Sicilia

Archivos para el tag ‘Sicilia’

La Mafia contra nosotros

Ulyfox | 3 de julio de 2011 a las 22:55

 

Un 'gommista' colaborador reparó el atentado mafioso.

Sí, sí, nos reímos pero quién sabe, tal vez la Mafia nos miró con malos ojos. Si no, no se explica. Alquilamos una ´Fiat Punto en Agrigento para ir a la Scala dei Turchi, una playa famosa por su singular acantilado de piedra blanca, y para el día siguiente desplazarnos hasta Ragusa. El tren entre las dos ciudades tarda demasiado y además te obliga a hacer dos transbordos. Siempre hemos preferido Europcar a otras agencias de alquiler. No sabemos por qué, pero siempre nos ha ido bien. Pero no tenían coches disponibles. Recurrimos a Avis, pues. El caso es que cuando en la temprana mañana del miércoles nos disponíamos a montar en la máchina, apareció con la rueda trasera derecha pinchada. !Fuuuu! ¿Y ahora qué? Habíamos pagado un seguro a todo riesgo y pensamos que nos la vendrían a cambiar, pero más bien no. Daniela, de la oficina, nos dijo que fuéramos a un gommista cercano y que nos reparara la rueda y luego pasáramos al cobro. No fue tan fácil. El gommista soltó varios “mi dispiace per lei” pero se negó a trabajar para la Avis, con una excusa tan peregrina como que luego las empresas de alquiler sólo daban problemas a la hora de cobrar. O algo así. Vueltas y vueltas y cada vez más tarde. Al final, Daniela pidió ayuda a un gentilíssimo caballero para cambiar la rueda y nos aconsejó que fuéramos a un gommista un poco más dispuesto a colaborar. Piazza era nuestro hombre. Dimos con él y resultó efectivamente mucho más amable. Entre comentarios de fútbol (el calcio, la Nazionale spagnola, siempre el Barcelona, Messi, no me gusta Mourinho y esas cosas que les ha dado a los extranjeros por decir…) nos dio una noticia sorprendente: la rueda tenía ¡tres! clavos bien incrustados. Troppo raro! Dijo el propio Piazza. No uno, ni dos ¡tres clavos! Y otra cosa aún más sospechosa: esa misma mañana, en la oficina, un matrimonio de ingleses también estaba comunicando que se les había roto una rueda. ¡Ajá! Estaba claro, la Mafia siciliana, la Cosa Nostra, cuya sede dicen que está ahora en Agrigento, tiene una cuenta pendiente con la Avis. Y nosotros fuimos la cabeza de turco.

Menos mal que nos esperaba Ragusa, la renacida

Pero bueno, con una rueda seminueva, cuarenta euros de menos que no sabemos si recuperaremos, la de repuesto en su sitio de nuevo y el ánimo dispuesto, aunque disgustado por las horas perdidas, partimos hacia Ragusa, derroche de barroco renacido tras un terrible terremoto. Y en el bagaje positivo, algunas palabras más en italiano: la ruoda stava pratticamente in terra, buccata (pinchada), vuotta (vacía), con tre chiove (clavos). Eso sí, anuló nuestra intención de alquilar otra vez un coche en Sicilia, y quizá nunca a Avis. Maldita Mafia. Al menos espero que no fuera nada personal, sino sólo por negocios.

Etiquetas: , ,

Una escalera de espuma para los turcos

Ulyfox | 2 de julio de 2011 a las 15:00

La playa de Scala dei Turchi, cerca de Agrigento

Bastante cerca de Agrigento está el asombro de Scala dei Turchi. Se llega después de un corto pero no muy bonito camino en coche, en el curso del cual se pasa por algún pueblo muy feo e incluso por una refinería de petróleo o fábrica de cemento, es difícil para mí distinguirlas. Es un peaje indeseado, pero merece la pena. Y hay que estar con el ojo preparado, porque es fácil pasar de largo.

En la cumbre de la Scala, mirando al otro lado

Scala dei Turchi es un increíble espolón blanco, como de algodón o espuma de afeitar aplicada a lo bruto sobre el mar Mediterráneo. Era nuestro tercer día en Sicilia, y consideramos que había llegado el momento de nuestro primer baño, un día de relax ante la previsible borrachera de barroco que teníamos por delante. En temporada baja, aún se puede dejar el coche bastante cerca. Luego es cuestión de bajar a la playa y caminar unos diez minutos por la orilla mientras uno se va a acercando a este paraje insólito de roca caliza y arcilla, modelado por qué sé yo qué fuerzas de la naturaleza. Según parece, su nombre (Escalera o Escala de los Turcos) se debe a que era el lugar preferido por los turcos para hacer escala en sus frecuentes incursiones.

A mitad de ascensión, sobre la roca blanca

Se puede subir por la roca, como la auténtica escalera a la que hace alusión su nombre, y todo el mundo lo hace. Nosotros también lo hicimos, con cuidado al principio y luego con toda seguridad, aunque Pepa se quedó abajo. Para ella era más peligroso. Cuando uno asciende, parece como si el terreno se fuera a hundir a cada paso. Pero no. Es blanco y ondulado, pero firme. Es cegador también, por el fuerte reflejo que da la piedra bajo la limpísima luz siciliana. Y es alegre porque es como ir caminando sobre un mundo de solo dos colores: blanco y azul. Y al otro lado del promontorio de falsa espuma, un acantilado con huecos como sofás naturales donde acomodarse a contemplar el extraordinario paisaje. También hay una playa cercana, pero no averigué como bajar.

El mundo en blanco y azul.

Así que la opción fue volver sobre nuestros pasos y acomodarnos en el bien atendido Lido Majata. Ya hablaré en otra ocasión sobre esta institución playera italiana que son los Lidos. Algo así como un chiringuito con todos los servicios, incluidos por supuesto las hamacas y el restaurante. Y ya fue el tiempo para la lectura, la siesta y el intento de baño, porque el agua estaba extrañamente helada: a ver si va a resultar que la Scala dei Turchi está hecha de nieve…

Era nuestro segundo y último día en Agrigento. El siguiente nos reservaba una desagradable sorpresa…

Sicilia griega, Magna Grecia

Ulyfox | 1 de julio de 2011 a las 19:00

El Templo de la Concordia, en el Valle de los Templos de Agrigento

Escribo las crónicas desde el recuerdo cercano. Hemos vuelto hace dos días de Sicilia, aún paladeando los deliciosos antipastos, susurrando la dulce lengua italiana y con los ojos tornados en color azul de tanto mirar ese cielo sin mancha.

La columnata que queda del Templo de Hera, o Juno para los romanos.

Después de una esperanzadora tardenoche en la apasionante Palermo, iniciamos una apresurada salida en tren hacia Agrigento, en la costa sur, en busca del dórico que dejaron los griegos durante los muchos siglos en que esta tierra fue la Magna Grecia, colonizada por los expertos marinos que fueron los helenos. Aquí muchos templos son anteriores o contemporáneos del Partenón, y los hubo más esplendorosos, aunque ahora sólo queden evocadores restos en hermosos lugares como Selinunte, Segesta y la misma Agrigento. En dos horas de puntual tren llegamos a esta ciudad dorada, con un encantador centro medieval, empinado y estrecho y un Valle de los Templos cantado por los escritores románticos, empezando por Goethe.

Ante los restos del Templo de Hércules

El Valle dei Templi está pegado al pueblo, a unos dos kilómetros, y en realidad es una cornisa sobre la que se asientan los restos de hasta siete edificios dedicados a diferentes dioses. Desde la cornisa se tiene una gran vista del mar cercano y una horrorosa panorámica de Agrigento, rodeado de feísimos y altos bloques de pisos que demuestran que desde los griegos hasta aquí más bien hemos retrocedido en cuestión de estética. Se puede ir dando un paseo o en bus, pero nosotros elegimos el taxi por rapidez. Son diez euros hasta la entrada del recinto.

Los templos están en un lugar lleno de árboles y plantas.

Empezamos a impresionarnos con la columnata dorada y perfecta del Templo de Hera, el situado en el lugar más alto, y desde el que se divisa una panorámica del extenso conjunto arqueológico. Le dimos una vuelta por aquí, otra por allá, al sol y a la sombra. El estilo dórico siempre da una sensación de perfección estética, sencilla y grandiosa a la vez. Proporcionados e imponentes, su culmen quizá sea el Partenón, pero estas columnas alineadas en Sicilia producen una emoción más cercana, menos grandilocuente. Si se tiene más sensibilidad que un mosquito o un directivo del FMI, su visión produce un suave y gustoso estremecimiento a la vez que se hincha el pecho.

La torre del Duomo de Agrigento, gótico catalán

Desde Hera, el descenso te lleva en primer lugar al símbolo de este lugar: el mejor conservado, el más fotogénico: el Templo de la Concordia, que se mantuvo en pie gracias a que fue reutilizado como iglesia durante siglos. Y sin embargo, misterios del alma humana, a mí me gustó menos. Se le notan demasiado los arreglos y eso le hace parecer más falso. No será eso, será que nos gusta que a un edificio con dos mil quinientos años se les noten los calendarios. Pero es bellísimo. El resto del recinto digamos que es más prescindible. Ni siquiera nos acercamos a ver (el calor no lo aconsejaba) el barrio helenístico. Teníamos ya bastante emoción en las almas.

Un rincón de Agrigento.

Volvimos en autobús, alejándonos con el retrovisor puesto en las ruinas y lamentando que desde el agradable pueblo ya no se pueda divisar el conjunto, como antaño debía ocurrir, por culpa de esos bloques de pisos. Nos tomamos helado, trepamos hasta el Duomo, bajamos cientos de escalones, nos reparamos con una cerveza, cenamos prontito (trattoria Concordia, recomendabilísima) y nos fuimos a dormir al hotel contratado por dos noches, un bed&breakfast céntrico, limpio y de personal amabílísimo: el Antica Via ( http://www.lanticavia.it/ ). Fue un estupendo comienzo de la gira por la isla.

Esperando a que nos dieran las llaves en el hotel Antica Via de Agrigento

Me quedan tantas…

Ulyfox | 28 de junio de 2011 a las 1:09

 

Tarde de playa en Cefalú, penúltimo día

Estamos acabando nuestros diez días en Sicilia, y nos quedaríamos cortos al definirlos de maravilloso descubrimiento. O seríamos obvios, puesto que miles, millones han cantado las excelencias de esta tierra desde que existe la escritura. Las malas conexiones, y la tremenda cortedad del tiempo en vacaciones en un sitio con tantas cosas que disfrutar, me han impedido escribir más. Pero baste decir que he sacado material para todo un verano de entradas. No quiero hacer aún el resumen. Si me queréis seguir, me quedan tantas…

Etiquetas: ,

Sicilia africana, Palermo

Ulyfox | 28 de junio de 2011 a las 0:40

Grupos de africanos en el barrio de la Albergheria de Palermo

Dicen las guías que Sicilia es muy africana. Entonces, algunos barrios de Palermo parecen, qué sé yo, Nairobi. En nuestro primer día observamos que uno de los barrios más populares de la capital siciliana, la Albergheria, donde se aloja el mercado más auténtico, el de Ballaró, està tomado por los africanos. Encontramos lo que esperábamos: unas calles señoreadas por las familias, ninos correteando y gritando, gente haciendo la parrilla con los pescados en la vía pública, grupos de hombres de tertulia. Pero no con el color que pensábamos, sino negros en vez de blancos, túnicas de colores en lugar de camisetas de tirantes, y extraños dialectos africanos en lugar de las clásicas expresiones italianas. Un continente trasplantado a otro con todas sus esperanzas, supongo, y que ha encontrado en esta inmensa, sucia, destartalada, barroca y apasionante ciudad, el acomodo para sus sueños de mejora. No sabemos cómo se habrá tomado la urbe, luminosa en el cielo y gris en las fachadas, esta convivencia, pero esa tarde todo parecía ir bien, el ambiente era seguro.  Un perro nos siguió un buen tiempo hasta que consiguió que le diéramos un resto de bocadillo. Una familia africana jugaba y regañaba a los niños ante una fachada que reproducía un templo dórico. Nos alegramos por todo eso.

La espectacular fuente en la Piazza Pretoria

Lo que sorprende es tanta basura en las calles palermitanas, quizá no tanto al que ha estado, por ejemplo, en Nápoles. Papeles, latas y botellas en el suelo, en la acera, en la calzada hacen parecer limpia a la más puerca de nuestras ciudades.

La inesperada belleza de la catedral de Palermo

Conviven los desechos con inmensos palacios barrocos a los que se diría que nadie ha dado una mano de pintura desde que le aplicaron la segunda allá por el siglo XVII.

Una de las cuatro esquinas barrocas de Quattro Canti. en el centro de Palermo.

Llega uno a Quattro Canti, una confluencia de calles con cuatro esquinas labradas en esculturas, columnas, fuentes, mensulas, capiteles, adornos de todo tipo, y cada una de las cuatro vías que parten de ella podría batir un récord de inmundicias. Y sin embargo, es bello, sobre todo si una de ellas lleva a la hermosa catedral de estilos mezclados, normando, árabe, gótico catalán…

Un perdido, abandonado y precioso palacio barroco de Palermo

No pudimos ver mucho más de Palermo. Terminamos la jornada cenando en la terraza de la trattoria Primavera, junto a la estatua de Carlos V, unas estupendas albóndigas de sardina con pasas, junto a unos spaghetti con huevas (bottarga) de atún, maravilloso, otros con almejas y un surtido de frituras sicilianas riquísimas, alguna de las cuales diríamos que eran iguales que nuestras nunca bien ponderadas panizas. Es la célebre cocina siciliana, dicen que la mejor de Italia, con todo lo que eso significa.

La cena en la trattoria Primavera, estupenda

Nos quedamos con ganas de Palermo, de vivir sobre todo sus afamados mercados, la Capella Palatina… Un’altra volta, chi lo sà.

Etiquetas: ,

El Padrino, tercera parte

Ulyfox | 22 de junio de 2011 a las 23:53

Ante el cinematográfico Teatro Massimo, no son mafiosos (digo yo) sino los porteros

En la grandiosa escalinata del Teatro Massimo de Palermo, transcurre la última escena de la última parte de El Padrino, esa obra maestra del cine. Allí, un arrepentido Michael Corleone, a punto de dejar sus sucios negocios, observa impotente y aterrado cómo matan a su hija al salir ambos de una función de ópera. Naturalmente, casi lo primero que hemos hecho al llegar a Sicilia (salute!) ha sido dirigir nuestros pasos, en una espléndida tarde de final de primavera, hacia el Teatro Massimo. La fachada, imitando el modelo de los templos corintios, es impresionante, sobre todo por esos escalones que parecen hechos para rodar teatralmente tras recibir un disparo. No había mafiosos ante la escalinata (aunque quién sabe), sino dos solemnes y serios porteros del teatro, elegantemente uniformados. Sin que sepamos por qué, nos emocionó, tal vez por la frase escrita en su frontispicio: “El arte renueva a los pueblos y les revela la vida”.

Ya hemos cumplido nuestro primer objetivo cinéfilo-mitómano en esta isla, dedicado a la Patrulla Cucaracha, por ejemplo. Y a todos los demás amantes del cine, de la vida, del arte, vale.

Sicilia es maravillosa, en lo que hemos visto hasta ahora, y no sé si tendré tiempo para contar tantas cosas, tantas impresiones. Lo intentaremos. Ahora estamos en Ragusa, ooooooh desconocida!!!!

Etiquetas: , , ,

Vísperas de mucho

Ulyfox | 18 de junio de 2011 a las 1:05

Apuramos las últimas horas, antes de salir, casi ya, para Sicilia. Un plan fantástico  a esa isla plagada de nombres sonoros como Palermo, Agrigento, Ragusa, Siracusa, Taormina y Cefalú, que evocan mucho más a Grecia que a Italia. Tierra también de dioses terrenales y barrocos, supongo que de excesos hedonistas. Así se nos representa esta isla cruce de tantas cosas. No hemos leído y oído nada más que cosas buenas de ella. Andamos llenos de esperanzas, hemos vuelto a ver ‘El padrino’. No me canso nunca de ver esta película perfecta. Esperamos comer bien, disfrutar del clima, escarbar nuestra historia en el Valle de los Templos, esperamos tantas cosas como se pueden atisbar al principio de un viaje.

Nos llevamos el netbook, y prometo intentar colgar alguna crónica desde allí mismo, con algunas fotos. Pero si, por cualquier motivo, pongamos el vino, la noche larga, la modorra post comida o la borrachera que nos provoque la belleza no escribo nada, sé que sabréis perdonarme. Compensaré, para los interesados, a la vuelta. El vino sólo podré traérselo a unos pocos. Ci vediamo!

Penélope ha pasado horas perfilando el recorrido, reservando hoteles y vuelos. Por fin vamos a despegar. Hay pocas cosas tan hermosas como un viaje. Ciao a todos. Las próximas noticias, desde la Magna Grecia.

Etiquetas: , ,