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Donde mueren las reinas

Ulyfox | 28 de enero de 2014 a las 13:40

Rincón de la enorme Plaza Mayor de Medina del Campo.

Rincón de la enorme Plaza Mayor de Medina del Campo.

Podemos discutir la calidad de la serie. Bueno, yo ni puedo discutirla porque no la he visto, sólo algunos capítulos sueltos, ya empezados y no sé si terminamos. Pero que Isabel, sobre la vida de la Reina Católica, ha sido un éxito es innegable. Puedo decir que a mí lo que vi me interesó. Y parece también indudable que ha acrecentado el interés sobre esa figura fundamental de la Historia española, gran hueco en nuestro saber, al menos en el mío. Algunos pueblos de Castilla ya tenían la Ruta de Isabel la Católica, pero ahora, tras la serie, han visto reforzada su oferta isabelina a la par que aumentaba la afluencia de personas. Hace unos días vi en el escaparate de una agencia de viajes un cartel anunciando una oferta para visitar las ciudades de ‘El tiempo entre costuras’, Tánger y Tetuán. Bienvenido sea todo esto si ayuda a saber de nosotros mismos, como país y como personas. Nosotros también, con la excusa de que Pepa está siguiendo la serie, aprovechamos recientemente para visitar (en la mayoría de los casos, revisitar) algunos rincones de esa Castilla histórica que vivió la singular historia de esta Isabel, una región plana, sobria como ella sola, siempre con apariencia de estar envuelta en una capa de polvo histórico y paralizado, y más si el viaje se hace en invierno, su duro invierno.

El patio y la torre del homenaje del castillo de La Mota.

El patio y la torre del homenaje del castillo de La Mota.

 

Por eso estuvimos, como ya os hemos contado, en Tordesillas, y por eso luego paseamos por Medina del Campo, y más tarde por Arévalo y Madrigal de las Altas Torres, nombres en los que se escribió la España de finales del XIV, es decir, todo lo que fue después. Llegamos a Medina desde Tordesillas, más o menos a la hora de comer, con apetito, con mucho apetito. Así que lo primero fue buscar un restaurante, tarea mucho más difícil de lo que podría parecer, ya que en las fechas inmediatamente posteriores a las fechas navideñas está casi todo cerrado. Por fortuna dimos con El Mortero, no barato, pero con un lechazo exquisito y un original y sabroso jamón de buey. Una buena experiencia.

Vista general del castillo.

Vista general del castillo.

 

Tras el rico almuerzo, salimos en busca de las huellas de Isabel, fácilmente rastreables junto al Ayuntamiento, en un rincón de la enorme Plaza Mayor. Esta plaza, abierta y baja, es una evidente muestra de lo que fue Medina durante siglos: la ciudad que albergaba las ferias comerciales más importantes del país. Estaba concebida para albergar grandes mercados. No es especialmente atractiva, teniendo en cuenta las preciosas plazas que hay en Castilla, pero sí responde a su función. Hay que conocer la historia de Medina y pasmarse con su poderío comercial, tan especial y con tantas particularidades que algunas han llegado hasta nuestros días. Aún hoy, los comercios y bancos abren los domingos por la mañana como un privilegio heredado de esa tradición.

Los muros de ladrillo mudéjar del castillo de La Mota.

Los muros de ladrillo mudéjar del castillo de La Mota.

 

Desde casi toda Medina se puede ver el castillo de La Mota, de silueta reconocible en todos los libros de Historia. Está en las afueras, a un corto paseo a pie, y es una mole mudéjar de ladrillo rojo, ancho foso y altas torres, sobre todo la del Homenaje, con casi 40 metros de altura, destruido y reconstruido muchas veces. Un lugar para rememorar historias de ambiciones, caballeros, intrigas nobiliarias y venganzas reales. Su obra de ladrillo y tal vez las numerosas restauraciones dan a esta fortaleza un aire un poco falso, que hubiera desaparecido si su aspecto fuera más ruinoso, más acorde con su historia de bombardeos.

El edificio testamentario de Isabel la Católica.

El edificio testamentario de Isabel la Católica.

 

Pero es en aquel rincón antes nombrado de la Plaza Mayor, en una casa de aspecto exterior insignificante e interior ilustrativo, donde se encuentra lo más significativo de Medina del Campo. Allí murió Isabel la Ctaólica y, más importante aún, dictó su testamento en 1504, es decir, marcó el futuro de España, ya que por él su hija Juana I era reina de Castilla, pero si no podía gobernar se haría cargo de ello su marido Fernando el Católico, rey de Aragón. Y la línea de herencia marcaba que el futuro rey sería Carlos, hijo de Juana y de Felipe el Hermoso, o sea, el que sería conocido por todos nosotros desde niño como Carlos I de España y V de Alemania. Dentro de la modesta casa de ladrillo hay un museo interactivo que cuenta de forma muy didáctica toda la historia. Estupendo para ese turismo de invierno que busca los lugares recogidos, breves y amenos, que abran el espíritu, y alimenten el alma mientras se espera que el cuerpo pida también su ración de hotel cálido y mesón tradicional. Que ese era nuestro ánimo cuando enfilamos al atardecer la carretera camino de Arévalo.

 

 

El pequeño lugar donde se repartió el mundo

Ulyfox | 22 de enero de 2014 a las 13:47

Un ángulo de la Plaza Mayor de Tordesillas.

Un ángulo de la Plaza Mayor de Tordesillas.

Vista de Tordesillas y del puente sobre el río Duero.

Vista de Tordesillas y del puente sobre el río Duero.

 

Ríete tú de la conferencia de Yalta. Hace más de quinientos años, en un pueblo de Castilla, dos reinos se repartieron el mundo futuro. Dos reinos punteros, de los que ahora se llamarían emergentes, entonces mucho más pobres que los comerciantes y burgueses reinos o principados de Italia y Centroeuropa. Portugal y España, que entonces ni siquiera se llamaba así, trazaron una línea en mitad del Océano Atlántico y se dijeron “de aquí pallá lo que yo descubra y conquiste es mío, y de aquí pacá, tuyo”. En pocas y burdas líneas, eso fue el Tratado firmado en Tordesillas (Valladolid) en 1494, poco después de que Colón se topara con América cuando iba en busca de las Indias, y para evitar conflictos entre los dos reinos navegantes. Y básicamente, eso explica también que Portugal se quedara con Brasil y España con el resto del gran continente nuevo. Otra cosa es todo lo que ocurrió luego.

Resto de una fachada mudéjar en convento de Santa Clara.

Resto de una fachada mudéjar en convento de Santa Clara.

Pero entonces era otra cosa. Todo parecía que iba a sonreír a las nuevas potencias. Y se reunieron en lo que hoy se conoce como las Casas del Tratado, convertidas en un museo temático sobre ese acuerdo histórico. Tordesillas, tan pequeña y tan grande por sus resultados, es un típico pueblo castellano, con su Plaza Mayor porticada, sus palacios señoriales y sus calles empedradas. Tiene un hermoso puente medieval sobre el río Duero, que en estos días atrás bajaba caudaloso y marrón, y guarda además en sus orillas un capítulo de los más oscuros de la historia de España del tiempo de los Reyes Católicos: en el convento de Santa Clara, que entonces era palacio real, pasaría años de encierro y prisión la reina Juana I, más conocida por la historia como Juana la Loca, estigmatizada por una supuesta demencia nunca aclarada, y seguramente víctima de mil conspiraciones, intrigas y peleas a muerte por la Corona y el poder. El palacio monasterio es ahora un espectacular compendio de historia del arte y de la política, y en sus rincones escoltados por artesonados espectaculares, bóvedas y arcos árabes destruidos o respetados, sustituidos por el gótico o el herreriano más sobrio, se esconde quizá un tratado de política real, gloriosa y asquerosa a la vez. Quizá el futuro de España se jugó de nuevo allí, entre príncipes flamencos, nobles castellanos y comuneros.

 

Patio del convento de Santa Clara.

Patio del convento de Santa Clara.

 

El palacio convento se puede recorrer con una interesante visita guiada en la que surgen más preguntas que respuestas, y que da ganas de estudiar Historia de España, tan diferente de la que nos contaron en aquellos libros de texto y en aquellas películas idealizadas de Juan de Orduña ¡Qué falta nos hace! Lo malo es que creo que ahora eso sólo se cuenta en series de televisión, con mayor o menor fortuna.

Entrada al convento de Santa Clara.

Entrada al convento de Santa Clara.

Estatua de Juana la Loca ante la iglesia de San Antolín.

Estatua de Juana la Loca ante la iglesia de San Antolín.

Las Casas del Tratado.

Las Casas del Tratado.

 

 

¡Ole tus huevos!

Ulyfox | 22 de enero de 2014 a las 12:37

Huevos fritos con patatas para los tres, y torreznos, chorizo y lomo al centro.

Huevos fritos con patatas para los tres, y torreznos, chorizo y lomo al centro.

 

Los huevos son los de Casa Tino en Valladolid, fritos a la antigua usanza, con su encajito dorado alrededor y todo, acompañados de unas patatas auténticas, limpias, jugosas y crujientes a la vez. Los mencioné en mi anterior entrada, pero cometí el injusto olvido de no poner la foto-evidencia. Tras reparar el fallo, ahí va la muestra de que la capital castellana tiene más de un atractivo para visitarla. Al menos, un par de ellos.

La tradicional fachada de Casa Tino.

La tradicional fachada de Casa Tino.

 

El día en Valladolid se remató con la compañía de Marta y Fernando.

El día en Valladolid se remató con la compañía de Marta y Fernando.

 

Aunque no queremos olvidar tampoco que nuestro principal motivo para acercarnos (en realidad era alejarnos de nuestra ruta) era el de visitar a esos amigos surgidos al calor griego, Marta y Fernando. Dos anfitriones acogedores, amables y amantes de su tierra. Ahí los tenéis, guapos y jóvenes.

Para disfrutarlos con esa carita.

Huevos para disfrutarlos con esa carita.