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Vicenza, un arquitecto, un teatro

Ulyfox | 21 de enero de 2020 a las 21:18

El magnifico Teatro Olímpico de Vicenza.

El magnifico Teatro Olímpico de Vicenza.

La gente visita Vicenza por un arquitecto. Bueno, también por más cosas, pero sobre todo por Andrea Palladio, uno de los genios del Renacimiento italiano, del esplendor del Cinquecento. O sea, que se no te interesa la arquitectura no vayas a Vicenza. Pero qué digo: es imposible que no te interese la arquitectura de Palladio. El artista nacido al lado, en Padua, inventó un concepto de palacio y, sobre todo, de villa campestre señorial que fue copiado en todo el mundo rico hasta cientos de años después.

La espléndida Piazza dei Signori.

La espléndida Piazza dei Signori.

Y Vicenza, en la región del Véneto, es un derroche de Palladio. Tiene una calle que lleva su nombre, claro, el Corso Palladio, que atraviesa la ciudad antigua y está llena de palacios diseñados por él, como una exposición permanente de su obra, como un catálogo a tamaño natural de asombros, un compendio de columnas, pilastras y ventanas enormes pensados y realizados con un gusto único.

Un lateral de la Piazza dei Signori.

Un lateral de la Piazza dei Signori.

Esa calle, que uno tiene que recorrer mirando forzosamente a uno y otro lado, levantando y bajando la mirada, entrando y saliendo de los patios, va a parar en lo que para mí es una maravilla única, un lugar que por sí solo merece la visita a esta ciudad asombrosa llena de maravillas: el Teatro Olímpico. También está, por supuesto, la Basílica Palladiana, un invento asombroso y bellísimo para envolver con clasicismo renacentista un palacio comunal medieval. Tal vez, dicen los entendidos, lo mejor de este arquitecto, junto con la Villa La Rotonda, en las afueras, que no nos dio tiempo a visitar.

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La Basílica Palladiana, obra cumbre de este arquitecto en Vicenza.

La Basílica Palladiana, obra cumbre de este arquitecto en Vicenza.

Pero el Teatro Olímpico, que una de las últimas realizaciones de Palladio, que no llegó a terminarla, es algo singular, una locura diría yo si no fuera porque es completamente racional y equilibrada: la reproducción de un teatro romano clásico, hecho a base de maderas y estucos imitando mármol, con gradas, columnas y esculturas, y con un decorado hecho enteramente para la ocasión de la representación de Edipo Rey de Sófocles, que figura la antigua ciudad griega de Tebas. Hasta un cielo falso pintado quiere dar la impresión de que es un espacio al aire libre.

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El fabuloso Teatro...

El fabuloso Teatro…

El pequeño auditorio sobrecoge y alegra a la vez, con esa alegría que da la hermosura, un poco a lo mejor la alegría que da compartir especie con esos grandes hombres. Digo yo.

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El palazzo Chiericati, también de Palladio.

El palazzo Chiericati, también de Palladio.

Ese día, fuera de temporada a mediados de noviembre, llovía en Vicenza. No mucho, pero los palacios brillaban menos por la luz gris. Algún rayo de sol salió para iluminar la Basílica, entendida según la dominación que se le daba en tiempos griegos y romanos a los edificios de los regidores y administradores de la ciudad, en una gran plaza casi rectangular. El edificio, que ha conservado la altísima torre medieval, reina imponente en ese espacio.

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Dos rincones de Vicenza.

Tres rincones de Vicenza.

Tres rincones de Vicenza.

Tres rincones de Vicenza.

Sí, sí, pero el Teatro Olímpico…

Hacia Italia

Ulyfox | 20 de noviembre de 2019 a las 13:25

Mosaicos en Rávena.

Mosaicos en Rávena.

No hay que desperdiciar un momento. Nos vamos a Italia. Al norte esta vez. Qué sonoros y evocadores son los nombres de las regiones italianas. Visitaremos parte del Véneto y de la Emilia Romagna. Nos esperan Treviso, que dicen que es una gran desconocida, ya sabéis, esas ciudades con aeropuerto para vuelos baratos que la gente no visita habitualmente. Hermana menor de Venecia, nos espera como una promesa.

Algunos pueblos pequeños de la zona, y paseos por ciudades que son como libros de arte: Vicenza, Padua, Rávena (¡esos mosaicos bizantinos tan largamente vistos desde mi juventud en los libros!) y una escala final en Bolonia para la vuelta.

Nos espera también, suponemos, la sabrosa cocina italiana, sus vinos, la gran belleza de calles, palacios y ambiente.

En fin, os contaremos a la vuelta. Ciao!

Verona y el poder

Ulyfox | 26 de junio de 2013 a las 14:34

La torre dei Lamberti, en la piazza de Le Herbe, centro de Verona.

Verona tiene grandes, enormes palacios. Al menos yo llamo así a esos edificios de fachadas barrocas o góticas, con desaforados portales e impresionantes patios, en los que parece que siempre sobra espacio, como siempre sobró el dinero para construirlos. Hemos querido volver a Verona porque apenas recordábamos, de hace 25 años, el anfiteatro romano conocido como la Arena y el balcón de la supuesta casa de Julieta, la desgraciada amante del desgraciado Romeo. Pero no conocimos o no se buscaron un hueco en nuestra memoria lugares como la encantadora Piazza de le Herbe, aunque los puestos de souvenirs la desmerecen, o la espléndida Piazza dei Signori, ni entonces supimos ver su señorial aspecto, su cuidado urbanismo ni el caudaloso río Adige cruzado por el Ponte di Pietra. Ni hacía este sofocante calor, eso seguro.

Otro rincón de la piazza de Le Herbe.

Ahora hemos vuelto a sorprendernos con el poderío que acumularon esos señores medievales y con su afán por dejar constancia histórica de su poder en iglesias, estatuas y tumbas. Los Scaligeri, más que los Montescos y Capuletos, debían de ser una familia temible, enormemente rica. Se hicieron enterrar sobre unos pilares altos, en plena calle, para que todo el que pasara pudiera contemplar su inmensa riqueza, su gran importancia, y adornaron sus panteones con arcos y filigranas góticas flamígeras. La ostentación sin pudor. A su lado, todos los demás debían parecer simples mortales.

Fuentes y fachadas cubiertas de frescos.

Las principales casas de Verona, que en su tiempo compitió con la misma Roma, están adornadas incluso con frescos en el exterior, aunque en eso las inclemencias climáticas han sido igualitarias y los han estropeado bastante. Cuando hemos estado ahora, la ciudad aparecía próspera y amable, casi inmune a la crisis. Tal vez sea sólo la apariencia que puede apreciar el simple turista de dos días, como nosotros. Nos ha gustado su tranquilidad, su elegancia y el ambiente que se respira en torno a la Arena. De noche, paseando junto al anfiteatro romano, se oye la ópera de su mundialmente famoso Festival. Algunos tomaban vino en bares cercanos donde se podía oír casi como si se estuviera dentro. Las escenografías se amontonan en torno al milenario monumento de granito rosado y ladrillo, una muestra más del inmenso talento constructor de los arquitectos de la antigua Roma. Me parece una idea fantástica combinar la asistencia al festival con una estancia de varios días en los que se puede visitar Venecia, Padua, Rávena…

Una tienda de alimentación, en Cádiz sería un ‘almarsén’.

Dos días en Verona, una passegiatta fantástica a mediados de junio.

Tranquilas ‘osterie’ bajo los soportales.

Los poderosos Scaligeri instalaron sus impresionantes tumbas en plena calle.

La Arena de Verona, las casas del centro histórico…

 

Pepa, ante la Porta Nuova, vestigio de la muralla romana.

El Ponte di Pietra, sobre el caudaloso Adigio.

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