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La llamada

Ulyfox | 8 de marzo de 2015 a las 13:03

Interior de La Alhóndiga de Bilbao.

Interior de La Alhóndiga de Bilbao.

 

Esta vez no iremos tan lejos, pero iremos. Este viaje que emprenderemos pronto es en realidad una continuación de otro, pertenece a la serie que nos gusta, la de los trayectos que una vez realizados dan ganas de repetirlo, los que te dejan con ganas de más. Es decir, que volvemos a Bilbao, respondiendo a la llamada y cumpliendo el compromiso que sellamos entre txakolís y cervezas hace menos de un año. La cuadrilla de animosos y divertidos que nos acogió con tanto cariño nos comprometió a volver, a realizar la visita a la sidrería de Lazkao, lo que nos quedó por cumplir, y allá que vamos, a cumplir con lo pactado como si nosotros mismos fuéramos vascos. Serán solo algo más que un par de días, apenas nada, quizá, seguro, sólo por el ansia de respirar otro aire, por la necesidad de beber otras aguas y oír otros acentos, estrechar otras manos o juntar otras mejillas. Es decir, la causa de donde nace toda gana de viajar.

En la ría, junto al Casco Viejo y frente al Mercado.

En la ría, junto al Casco Viejo y frente al Mercado.

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Será por apoyarnos en otras barras y subir y bajar otros puertos, pero sobre todo es porque tenemos ganas de verlos, a ellos, a la cuadrilla, un grupo humano tan diverso y divertido, que viene de la misma raíz o si no, debería. Y sí, claro, recorreremos de nuevo las calles viejas y nuevas, antiguas y futuras del Bilbao que nos encantó, a lo mejor buscamos un muelle donde sentarnos o anclamos frente a unos pintxos. El caso es navegar con un refugio seguro siempre al alcance. O no.

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No nos había ocurrido nunca hacer tantos amigos de pronto, en una noche, como nos pasó en la capital vizcaína. Excepto en alguna isla griega. Quién hubiera tal ventura siempre. Personas tan distantes y distintas acercadas por mor de la risa franca. Ya veis, la esquina más luminosa puede aparecer al doblar cualquier calle. Por eso no hay que dejar de andar. Quién es capaz de pronunciar con seguridad la frase ‘como en casa en ningún lado’ sin haber explorado el inmenso poliedro mundial. A veces, sólo con salir a la calle con los ojos abiertos basta.

Un estupendo lugar para comer.

Un estupendo lugar para comer.

Por todo eso, Bilbao otra vez. Y esta vez con dos grandes amigos de lo propio y lo ajeno. Y lo veremos para contarlo, desde las animadas y gastronómicas Siete Calles hasta el Guggenheim.

Las calzadas de Mallona, casco Viejo.

Las calzadas de Mallona, casco Viejo.

En el Portal de Zamudio, centro de las Siete Calles.

En el Portal de Zamudio, centro de las Siete Calles.

Desde el Himalaya

Ulyfox | 23 de agosto de 2012 a las 13:37

 

Es como una postal del más allá, pero es una foto hecha por ellos mismos. La acabo de recibir de viajeros lejanos, desde el Nepal en el que están, impulsados por su afán viajero sin límites, Paco y Paqui. Admiro a estos aventureros del conocimiento, a estas personas que defienden la obviedad de que el mundo es largo y ancho y que, interpretando el lenguaje de Verne, creen que hay que darle la vuelta en 80 años. Ellos representan lo mejor, la gente que viaja, que se mueve, lo contrario del ministro de Turismo, que pide que no salgamos de España, tal vez para que no comparemos. Idiota con un cargo, al ministro Soria, ante la bajada del turismo nacional, pide que no vayamos al extranjero, sin ocurrírsele siquiera pensar que es precisamente el español que solía pasar un mes, luego una quincena y por último una semana en la playa de Levante o de Andalucía, el que ya no tiene para hacer turismo,  ni en España.

Pero los que salen, vuelven con alguna lección aprendida y con una cosa más que no tienen que aprender. La de arriba es una foto, un recuerdo de amigos tan sinceros, tan ocupados en los demás que merecen un descanso en ese otro mundo espiritual y físico del Himalaya. “Hoy a las cinco de la mañana nos hemos levantado para ver salir los Annapurnas entre las nubes”, dicen en su mensaje provocador de envidias y solidaridad placenteras, que me permito compartir sin pedirles permiso.

¡Larga vida y aún más largos viajes! Lo que tendremos que contarnos, en una mesa, a la vuelta.

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