El Muñidor

Sorpasso cultural

José Antonio Martín Pereira | 31 de octubre de 2021 a las 10:56

La fiesta de Hallowen es ya una realidad indiscutible e irrevocable. Su celebración en España se encuentra totalmente incorporada si bien, como sabemos, es originaria de los Estados Unidos y no propiamente española (de ahí su propio nombre, un extranjerismo inglés). En España, esta festividad coincide con la noche anterior al Día de Todos los Santos, celebrado cada 1 de noviembre, un día dedicado a honrar a nuestros antepasados mediante su paso por el purgatorio, luego de haber superado totalmente este estado de purificación hasta convertirse en almas santas que gozan de la vida eterna en la presencia de Dios.

Sin entrar en sus orígenes, ni tampoco en debates entre paganismo y catolicismo, lo cierto y verdad es que Halloween cada vez se encuentra más vinculado al consumo, cosa fácil en estos tiempos, hasta el punto de haberse ido convirtiendo en una fiesta que consiste en comprar disfraces de duendes, fantasmas, demonios y demás seres que puedan ser terroríficos y pedir dulces y golosinas de casa en casa.

Pero eso no es todo, durante los días previos las calles se llenan de carteles con imágenes de calabazas, esqueletos, calaveras, fantasmas sangrientos, telas de araña… e incluso los centros escolares cambian su imagen habitual y adornan sus aulas con estos elementos permitiendo que los alumnos vayan disfrazados con vestimentas y caretas, cuanto más terroríficas mejor. Algunos ayuntamientos organizan una programación especial que acoge diferentes actividades, desde talleres de maquillaje terrorífico hasta teatralizaciones de lo más pintorescas. Es precisamente ahí donde se observa con claridad el sorpasso cultural que entre todos, como sociedad, hemos permitido sin oponer apenas resistencia, aquello que los antropólogos definen como transmisión cultural.

Podríamos afirmar por tanto que los niños y jóvenes de hoy han nacido con una tradición que compite en importancia con cualquiera de las de mayor arraigo de cuantas se cuentan a lo largo y ancho de nuestra geografía, y la preparan con ilusión durante semanas. Nuestro fracaso identitario queda al descubierto, pues mientras disfrutan de la festividad importada aumentan en su desconocimiento acerca de nuestras tradiciones. De este modo, hemos asimilado la aculturación con el respaldo cómplice de administraciones e instituciones, que ven la oportunidad perfecta para vender discursos de multiculturalidad y formación en valores a la vez que sepultan aquello otro menos rentable, más austero y sustancial como puede ser la celebración el Día de Todos los Santos. Quizás vaya siendo hora de aceptar la realidad…

halloweenFoto: El Universal / AFP

Salir a la periferia

José Antonio Martín Pereira | 24 de octubre de 2021 a las 10:49

El control de la pandemia se hace patente en el creciente número de actos y cultos externos que comienzan a poblar el calendario cofradiero. Se palpan ansias por recuperar el tiempo perdido, tanto que podemos pecar (cosa fácil después de lo que llevamos pasado) de poner el foco en el lugar incorrecto, hasta el punto de que sacar un paso a la calle nos puede llevar a rozar incluso lo vano.

En este sentido, si algo está poniendo de manifiesto el Gran Poder con el traslado del Señor y de la vida y actividad de la Hermandad hasta Tres Barrios, es la necesidad, y yo me atrevería a decir que casi la obligación, de que las cofradías tomen una responsabilidad mayor y, demostrando altura de miras, salgan a la periferia con intención de hacer visible a “los olvidados”, y de paso expongan públicamente toda esa labor silente que realizan en favor de los más necesitados a lo largo del año. Lo extraordinario debería parecerse en gran medida a lo que estamos viviendo durante estos días, y eso es algo que requiere de la implicación y el trabajo de todos los que nos sentimos parte de nuestras cofradías.

Dicho esto, tal vez no sea suficiente visitar la Catedral para celebrar un pontifical o limitarse al culto circunscrito al calor del barrio, quizás debamos utilizar los mayores baluartes de la fe con los que contamos, las Sagradas Imágenes, para presentarnos en aquellos lugares donde otros, incluidas las propias administraciones, no se atreven, demostrando de esta manera al mundo por qué la Iglesia y sus cofradías son importantes para la sociedad actual. Es momento, por tanto, para el peregrinar de las grandes devociones allí donde sea necesario, sin tapujos, pregonando nuestra Verdad, el Evangelio. El Gran Poder nos ha marcado el camino, sigámoslo.

Gran PoderFoto: Mariano Ruesga Osuna / Artesacro

 

Se rompió la baraja

José Antonio Martín Pereira | 17 de octubre de 2021 a las 12:31

Fue el Señor hasta la parroquia de la Blanca Paloma, en los Pajaritos, y lo hizo arrastrando multitudes, despertándonos del mal sueño vivido por la adversidad de la pandemia, hurgando en la conciencia colectiva y poniendo de manifiesto que de esta monumental Sevilla también forman parte los humildes, los olvidados que a menudo solo encuentran consuelo en el seno de la Iglesia.

Se desbordó la emoción, pues la ciudad desde hace siglos entiende la grandeza de Dios de una manera más sencilla, más cercana y más humana. Una vez más queda atrás toda consideración previa, incapaz de ser interpretada por la Teología, la Filosofía o la Historia. El Gran Poder es infinitamente mayor, es una imagen capaz de humanizar la madera, es el mismo Dios hecho carne.

Y como es Dios, su mensaje proclama la esperanza y la salvación allá por donde su presencia alcanza, también en extramuros como sucedió ayer y tendrá continuidad durante las tres próximas semanas. La última vez que cruzó hasta Santa Teresa, estos barrios y la ciudad eran bien distintos. Realmente todos lo somos, no en vano hemos sobrevivido a la pandemia. Ayer volvimos a comprobar que el Todopoderoso nos hace empequeñecer, que ante su presencia no somos nada.

Hoy la ciudad amanece envuelta en crónicas que realzan lo vivido y alimentan la inquietud frente a los días venideros, pero la única certeza se halló en los rostros que contemplaron al Señor, cada cual distinto. Por tanto nadie será capaz de relatar con exactitud la magnitud de un día que quedará marcado para siempre en los anales de la ciudad. Se rompió la baraja, caminó el Señor.

Gran Poder traslado

Foto: Carlos García Lara.

Una Cuaresma distinta, pero igual

José Antonio Martín Pereira | 16 de febrero de 2021 a las 22:36

Se hace presente un tiempo nuevo, el tiempo de conversión que marca la Iglesia para prepararnos a la gran fiesta de la Pascua. En un momento marcado por las circunstancias que nos han tocado vivir, la Cuaresma de este año irremediablemente aspira a ser distinta, si bien su contenido litúrgico no tiene por qué variar.

Cuando comenzó la pandemia, hace más o menos un año, ninguno éramos conscientes de la revolución que iba a suponer el coronavirus para nuestras vidas. Nos parecía algo lejano (en el tiempo y el espacio) y ajeno a lo cotidiano, que es precisamente lo que más echamos de menos. Hoy tal vez, amparados en la difusión de las vacunas, avistamos un futuro distinto al presente, mientras recordamos aquellos momentos que desearíamos estar viviendo y que aún se harán esperar.

Lo cierto es que volveremos a ser testigos de la mutación de la ciudad, experimentaremos la llamada que traerán aquellos signos con los que solemos trazar el camino que desemboca en la jubilosa mañana de un domingo de primavera que nada tiene que ver con el resto de los días del año, y lo haremos tal vez con la esperanza de que todo esto acabe pronto, con la experiencia de la última Semana Santa vivida y por supuesto con el deseo de no conocer ninguna más rodeada por este tipo de eventualidades. Nadie dijo que fuera fácil.

«CONVIÉRTETE Y CREE EN EL EVANGELIO (Mc 1;1,15)»

capirotes

27 de mayo de 1923, el día en el que se inauguró el retablo cerámico del Arco de la Macarena

José Antonio Martín Pereira | 27 de mayo de 2020 a las 19:52

El del Arco de la Macarena fue el último retablo que salió del taller de Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela, premiado en múltiples certámenes y exposiciones de cerámica, como las de Sevilla (1905, 1908 y 1911) y Méjico (1910).

La historia del azulejo que custodia este antiguo acceso que aún se conserva de las murallas de Sevilla se remonta al año 1922. Se trata del cuadro cerámico de la Esperanza que se inaugura el 27 de mayo de 1923 por la infanta María Esperanza de Borbón y fue bendecido por el Cardenal Ilundain.

Se conoce que fue realizado por iniciativa del consejero espiritual de la Hermandad, Sr. Sebastián y Bandarán, que quiso colocarlo en ese lugar porque tradicionalmente todas las puertas y postigos de Sevilla habían sido custodiadas por retablos callejeros de la Virgen.

Para pagar su factura se organizó una suscripción popular, que alcanzó la suma de 1.018 pesetas. Su cocción defectuosa hizo que se retocase al óleo y aparece flanqueado por los escudos de España y Sevilla, a la derecha y los de la Hermandad Macarena, a su izquierda.

El 23 de septiembre de 1995, dentro de los actos conmemorativos del IV Centenario fundacional de la Hermandad de la Macarena, tuvo lugar un Solemne Pontifical con el paso de la Virgen bajo el Arco, oficiado por el Arzobispo de Sevilla Fray Carlos Amigo Vallejo, con asistencia de numerosas personalidades, entre ellas Sus Altezas Reales Pedro de Orleans y Esperanza de Borbón.

arco de la macarenaImagen del día de la inauguración / Hdad. de la Macarena

retabloFoto: Retabloceramico.net

El Misterio que pudo convertirse en tercer paso del Cristo de Burgos

José Antonio Martín Pereira | 26 de mayo de 2020 a las 19:20

Para situarnos hemos de hacer mención al difícil origen de la hermandad del Cristo de Burgos, probablemente asociado a la refundación de algunas antiguas hermandades. Sea como fuere, la cofradía que hoy conocemos realizó su primera Estación de Penitencia en 1889 con un solo paso, entonces como Hermandad del Santo Cristo de Burgos y Madre de Dios de la Palma.

“No es exacta la información de que, de forma accidental en el año 1943 se constata que la Hermandad no posee reglas oficiales; la Hermandad solicita a la Autoridad Eclesiástica nuevas Reglas pero recogiendo la Titularidad de la extinguida Hermandad de las Negaciones y Lágrimas de San Pedro (vulgo antaño de los Estudiantes); se procede de manera urgente, a instancias del entonces Hermano Mayor, Don Francisco Abaurrea y Álvarez Osorio, a la redacción y aprobación por el Cardenal Arzobispo de Sevilla, Don Pedro Segura y Sáenz, quien concede dicho Titulo y, por tanto, otorga a la Hermandad una nueva y, a la vez, añeja antigüedad”.

Entre medias en el año 1932, la corporación de San Pedro encarga al escultor Lorenzo Coullaut-Valera la hechura de un grupo escultórico que representase el momento evangélico de las negaciones del Príncipe de los Apóstoles, para hacer un tercer paso con el misterio.

Coullaut-Valera, formado en los talleres de Susillo y Querol, trabajó sobre todo en obra monumental pública, ubicadas tanto en España como en Hispanoamérica y participó en diversas Exposiciones Nacionales de Bellas Artes y en la Exposición Universal de Barcelona de 1929. Era en aquel entonces un reconocido escultor e ilustrador, y contaba entre sus distinciones con el Premio Nacional de escultura de la Real Academia de San Fernando, obtenido en 1906 por la alegoría La Academia de San Fernando protectora de las Bellas Artes.

Entre las obras de este autor natural de Marchena podríamos señalar el monumento a Bécquer en la Glorieta de Bécquer del Parque de María Luisa, el monumento a la Inmaculada Concepción en la Plaza del Triunfo en Sevilla o los monumentos alegóricos “El Arte” y “El Genio” para la glorieta de Covadonga del Parque de María Luisa de Sevilla.

No obstante el proyecto ideado para la hermandad se frustraría ante el repentino fallecimiento de este gran escultor, y la hermandad finalmente decidió no ejecutarlo. Sería en 1958 cuando el hijo de Lorenzo, Federico Coullaut-Valera, lo reprodujo para la Hermandad del Prendimiento de la localidad de Orihuela (Alicante). Este grupo escultórico está compuesto por siete figuras y un gallo, tallas de tamaño más grande que el natural, en madera de pino policromada y estofada.

Se da la circunstancia de que décadas después la Hermandad del Carmen incorporaría este pasaje evangélico a la Semana Santa de Sevilla, curiosamente en la jornada del Miércoles Santo. La cofradía de Omnium Sanctorum celebra este año 2020 su XXV Aniversario fundacional.

boceto cristo de burgos

Boceto original, Lorenzo Coullaut-Valera (1932)

prendimiento orihuelaMisterio de la Hdad. del Prendimiento de Orihuela, Federico Coullaut-Valera (1958) / Foto: Hdad.

9 de mayo. El día que la Virgen de la Concepción del Silencio procesionó con música

José Antonio Martín Pereira | 9 de mayo de 2020 a las 14:00

El 9 de mayo de 2004 tuvo lugar la procesión extraordinaria de la Virgen de la Concepción de la Hermandad de El Silencio, con motivo del 150 aniversario del Dogma Concepcionista que se celebró con un solemne pontifical en la catedral, presidido por el entonces Arzobispo Carlos Amigo Vallejo.

Abrió el cortejo la Cruz de Guía y participaron las insiginias de carácter inmaculista de la cofradía así como el estandarte de la corporación.

Para tal acontecimiento se procedió al dorado de los remates del palio, que como novedad estuvo acompañado por la Banda de Tejera. La Giralda se engalanó con luminarias azules.

Itinerario

La salida de la procesión tuvo lugar a las 11,30 de la mañana siguiendo el itinerario: El Silencio, Alfonso XII, Plaza del Duque, Campana, O´Donnell, Velázquez, Tetuán, Plaza Nueva, Avenida de la Constitución y Puerta de San Miguel.

El regreso se realizó una vez concluido el solemne pontifical que presidirá en la catedral el cardenal arzobispo de Sevilla. El cortejo abandonó la catedral por Puerta de los Palos, para discurrir por la Plaza Virgen de los Reyes, Plaza del Triunfo (accederá a la zona del monumento), Fray Ceferino González, avenida de la Constitución, Plaza Nueva (por el andán del Ayuntamiento), Tetuán, Velázquez, O´Donnell, Campana, Alfonso XII y El Silencio.

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7 de mayo de 1939. El día en el que el Gran Poder salió por el fin de la Guerra Civil

José Antonio Martín Pereira | 7 de mayo de 2020 a las 19:11

«En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército rojo, han alcanzado las tropas Nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado». Con este escueto texto el cuartel general de Franco anunciaba el final de la Guerra Civil Española.

El conflicto entre republicanos y el bando sublevado se había iniciado tres años antes, el 18 de julio de 1936. Ese año en Sevilla la Semana Santa se había celebrado con todo su esplendor ya que hacía tiempo que a la ciudad había llegado la calma y era considerada como retaguardia.

Se da la circunstancia que en octubre del 37 toma posesión como Arzobispo de Sevilla el Cardenal Pedro Segura (tras el fallecimiento del cardenal Ilundain meses antes), un hombre de recio carácter y temperamento. Rápidamente afirmó sus criterios en lo litúrgico y en lo profano.

El Gobierno de Franco halló en él un aliado perfecto para que a través de la piedad popular reconvirtiera la Sevilla marxista de 1936 en la Sevilla cristiana de la Postguerra. El objetivo en 1939 era recristianizar aquella ciudad de entonces: profusión de cultos, creación de nuevas hermandades y un estricto control de la moral.

Durante el mes de abril, el Jefe del Estado Francisco Franco visitaba Sevilla siendo aclamado por la multitud. Se organiza por entonces la histórica procesión de la Virgen de los Reyes, el 16 de Abril de 1939 con motivo de celebrarse en Sevilla el final de la Guerra Civil.

Poco después, el día 3 de mayo, el Gran Poder haría lo propio y el Señor saldría en procesión extraordinaria por la finalización de la dicha contienda. Se celebró un Triduo Sacro en la Catedral, donde permanecería la imagen del Señor hasta el domingo día 7 de mayo. Lució para la ocasión la túnica de estilo neomudéjar, conocida popularmente como persa, bordada por Rodríguez Ojeda.

El regreso a San Lorenzo dejaría estampas insólitas, de la que existen muy pocos testimonios narrativos pero cuyos retratos, los pocos también que se conservan, evidencian con claridad las intenciones del nuevo poder civil en aquel tiempo.

Salió a plena luz del día por la Puerta de San Miguel, recibido de forma unánime por el pueblo con la variante del saludo romano que adoptarían los regímenes fascistas de la época. Abriendo paso el escuadrón y banda de cornetas de caballería del Cuerpo de la Guardia Civil, precediendo al simpecado de la hermandad y tras él, la Banda del Ayuntamiento de Sevilla. La comitiva se cerraba con una Compañía del Regimiento de Infantería de Granada Nº 6 (posterior Soria 9) que reunía escuadra, banda de cornetas y tambores y la banda militar.

La procesión fue presidida por el general jefe del Ejercito Sur, Gonzalo Queipo de Llano; el general Ignacio de las Llanderas; el coronel del Cuerpo Jurídico y hermano mayor de la Macarena, Francisco Bohórquez; el coronel jefe del Estado Mayor, José Cuesta Monedero y por el propio hermano mayor del Gran Poder, José Mejías y Asensio.

A modo de curiosidad, sería esta la única vez que el Gran Poder había procesionado con música hasta su salida extraordinaria de 2016, con motivo del cierre del Año Jubilar de la Misericordia.

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Cuando el crucificado de la Buena Muerte estuvo en una caseta de Feria

José Antonio Martín Pereira | 25 de abril de 2020 a las 20:12

Las cofradías de Sevilla atesoran historias cargadas de curiosidades. Una de tantas quedó en los anales gracias al presente documento gráfico, que recoge al Cristo de la Buena Muerte de los Estudiantes bajo las lonas de una caseta de Feria.

La citada estampa tuvo lugar en el año 1965, coincidiendo con las Santas Misiones en las que dicha corporación participaría junto al resto de hermandades y asociaciones de fieles de la Archidiócesis. En aquel entonces, la hermandad de los Estudiantes residía en la Anunciación, mientras en la antigua Fábrica de Tabacos lo hacía las Cigarreras.

No obstante algo más de una década antes, en 1950, la Universidad de Sevilla decidió trasladarse desde la calle Laraña a la Fábrica de Tabacos y, con ello, la hermandad acordó también trasladarse con ella el 7 de febrero de aquel año, llevando al Señor en hombros al año siguiente para presidir la inauguración del Rectorado.

Sin embargo el traslado definitivo de la hermandad a su nueva sede no se produjo hasta 1966, concretamente el 26 de noviembre de dicho año, ya que estaba condicionado a la marcha de las Cigarreras de allí y a que debían hacerse obras de ampliación de la capilla del Rectorado. La cofradía de las Cigarreras había permanecido en esta sede desde 1904.

Por ello, como experiencia previa al traslado definitivo, el Cristo de la Buena Muerte participó en las Misiones Generales de 1965, trasladándose a la caseta permanente que el Real Círculo de Labradores tenía montada durante todo el año en la Feria, que por entonces estaba en el Prado de San Sebastián.

Aprovechando la cercanía del mencionado centro misional con la sede de la nueva Universidad, se celebraron actos dentro de la Antigua Fábrica de Tabacos con los estudiantes, presididos por el crucificado de la Buena Muerte, los cuales sirvieron de anticipo al traslado definitivo a la calle San Fernando que se llevaría unos meses más tarde.

Misiones-1965_HDADFoto: hermandad de los Estudiantes

La cofradía de la Cárcel Real

José Antonio Martín Pereira | 23 de abril de 2020 a las 14:03

Los historiadores coinciden en determinar el que el origen de la Semana Santa sevillana guarda relación directa con el nacimiento de las cofradías. Existen, incluso, documentos históricos que demuestran la existencia de cofradías en Sevilla desde el siglo XIII, como agrupaciones de fieles que vivían la religiosidad, de modo discreto, en el interior de templos y conventos.

En este sentido, todo parece indicar que la primera procesión de Semana Santa de Sevilla se inició con el Vía Crucis a la Cruz del Campo, una costumbre que instauró el Marqués de Tarifa, Fadrique Enríquez de Ribera, en 1521 tras su regreso a la ciudad procedente de Jerusalén.

No sería hasta mediados del siglo XVI cuando el Concilio de Trento, ante la incipiente crisis de la Iglesia, recomendó sacar pasos a la calle para llegar a más fieles, momento en el que las hermandades empezaron a portar sus imágenes.

Confluirán desde entonces los grupos de disciplinantes que ya existían previamente, la transformación de muchas hermandades de gloria, gremiales o étnicas en torno a una advocación y la modificación de la tradición medieval de las representaciones con personajes vivos de escenas de la Pasión.

En ese contexto surge una peculiar cofradía de penitencia a fines de siglo en la Cárcel pública de Sevilla, cuya existencia no es del todo considerada por los cronistas oficiales de la Semana Santa, quizás por el reducido entorno en que se desenvolvía.

Dicha organización fue creada por el Padre León, empezando como una hermandad anti-blasfemia y evolucionando hasta convertirse en cofradía de penitentes. El Padre Pedro de León (1544-1632) fue un jesuita de las primeras promociones sevillanas. Ejerció su ministerio en la Cárcel pública de Sevilla desde 1578 hasta 1616, entre otros destinos. Allí asistía a los presos, intercedía por ellos y los confesaba antes de morir.

La Cárcel Real de Sevilla se encontraba en un edificio medieval en la actual calle Sierpes reformado en los siglos XVI, XVII y XVIII y que se mantuvo en uso hasta el siglo XIX. Sus techos albergaron presos ilustres del Siglo de Oro Español, e incluso se dice que allí comenzó Cervantes a gestar su obra insigne, El Quijote.

Al parecer la procesión desfilaba el Viernes Santo por el interior de la misma, con disciplinantes e insignias, como cualquier otra cofradía sevillana; contaba incluso con una pequeña “bolsa de caridad” con la que se libraban algunos presos por deudas.

En su obra ‘Compendio’, el Padre Pedro de León relata algunas experiencias en los ministerios de que usa la Compañía de Jesús. Se cree que debió terminarse de escribir en 1616, cuando el autor contaba 71 años de edad y dejaba el ministerio de la Cárcel de Sevilla para marchar de Rector al Colegio de Cádiz.

En dicha obra el propio pastor ofrece algunos detalles de esta singular procesión: “Procuré con muchas veras estirpar el abuso notable que había en las cárceles de jurar y blasfemar, predicándoles de los males y daños que han venido al mundo por este vicio. Y para más obligarlos, hice una cofradía o congregación del nombre de Jesús contra los juramentos, en la cual se asentaron todos los que actualmente estaban presos entonces, y se iban asentando los que de nuevo entraban y estaban algún tiempo presos; y se avisaban unos a otros cuando se oían jurar, que era una de las reglas de la cofradía, y aprovechaba mucho este cuidado, e hiciéronse algunos años las fiestas con mucha música y muchos señores de los oidores y alcaldes, que se hallaban en ellas; y alguna vez el señor Regente y el Asistente y los treinta de la Congregación que después se instituyó y a la Misa comulgaron estos caballeros y algunos de los presos, cosa que causaba mucha devoción, predicándoles a las Misa algunos de los Nuestros.

Y llegó a tanto su devoción que no se contentaron los presos con que fuese esta cofradía para estorbar pecados, no jurando, sino para hacer penitencia de lo que habían jurado, y el Viernes Santo hacían por dentro de la cárcel su procesión de azotes y sus insignias, como si fuera por las calles y con mucha sangre, y azotábanse con tal denuedo que hasta caían por ahí desmayados. No había quien les quitase las diciplinas de las manos y era tan de ver la procesión, que venían gentes de fuera de la cárcel a verla, y decían que no había ninguna tan devota con sus pasos de la pasión y su estandarte y sus bocinas y muy gran número de disciplinantes, todos presos, y con muy grande concierto, y a la verdad como era dentro de la cárcel parecía que tenía un no sé qué de correspondencia con los azotes, que le habían dado a Nuestro Señor Jesús en la cárcel y prisión.

De lo que sobraba de la cera y del gasto para la fiesta se sacaban presos de deudas o de los que estaban por algunas costas; y todos estos gastos eran de las penas que se les llevaban a los que juraban, y de lo que dentro de la misma cárcel se juntaba de limosna que pedían así los que venían a ver los presos, como de lo que se les pedía a ellos mismos”.

Fuentes:

– “De las cofradías sevillanas en el siglo XVI”, Alberto Pozo Ruiz. Universidad de Sevilla.
– “Pedro de Leon, jesuita del siglo XVI-XVII (1544-1632)”, Universidad de Sevilla.

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