Esperanza Macarena

José Antonio Martín Pereira | 12 de abril de 2011 a las 11:06

Tiene Sevilla una Niña de tez morena que quita el “sentío”. Pregonarla, una osadía. Admirarla, sevillanía. Rogarle, necesario. Prendarse, reacción natural ante la delicadeza extrema. Regresar, ineludible. Olvidarla, imposible. Soñarla, deleitoso. La levedad de la llama que encendida alumbraba el anuncio y la llegada de Niño Dios tomaba suficiente fuerza nuevamente al recibir el sombreo de cenizas de viejas palmas sobre la frente, el resto lo puso el tiempo, la eclosión Ella. Porque la Semana Santa son sus ojos, o porque simplemente se resume en Esperanza. Semblante inmaculado, Haz de luz, Gracia sevillana, Clavel albo, Perfume en el ambiente, Sonrisa celestial, Madre soberana, Transmisora de verdad y gozo, Estrella de la Mañana… Spes Nostra.

La cuenta atrás finalizaba en el minucioso instante que su figura era dispuesta para completar la insuperable definición de altar de calle. Desde entonces, la realidad actúa por sí misma trazando sueños, y los sueños horadan su propia barrera aproximando al éxtasis sensorial. Ahora es entrar en la Basílica y hallarla de frente a baja altura, mirarla y sentir escalofríos, observar el brillo que desprende e inmediatamente abrir el corazón pergeñando imperfectas oraciones. Virgen que estás en San Gil, ruega por nosotros.

Se consuma el ciclo. Las Vísperas desvanecieron su apelativo desorientando el epílogo cuaresmal, y la conclusión es Ella. Broche indescifrable, insuperable, humanamente inalcanzable. La Esperanza Macarena aviva una vez más la luz, invitando a los corazones a mantener fidelidad a la Palabra mediante comprometidos testimonios de Fe. No pierdan la referencia…

Macarenapaso2011

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