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Semana Santa 2011: detalles

José Antonio Martín Pereira | 26 de abril de 2011 a las 11:38

Es evidente que la Semana Santa de Sevilla goza de mayúscula pluralidad, fuente de riqueza subjetiva y aliciente vivo en constante evolución. Los parámetros del ideal se ajustan más a la propia percepción de cada cofrade que a leyes matemáticas de carácter universalista. He ahí una grandeza salpicada eso sí de certezas reales que gustarán en mayor o menor medida en función del prisma donde reflejen, pero existentes. Las circunstancias propiciadas por la lluvia han hecho de ésta una semana atípica en la que nos hemos visto obligados a localizar detalles a marchas forzadas y en cuantiosas ocasiones sobre escenarios bien distintos a los imaginados.

Ya lo citaba ayer, el Miércoles Santo ha encontrado definitivamente su broche dorado en la recogida de la cofradía del Cristo de Burgos. Nada que ver con el incesante murmullo que vela los primeros compases de la hermandad en la calle, la propia noche va haciendo criba hasta seleccionar el público idóneo que acompaña el transitar por el último tramo del recorrido. Tengan en cuenta la amplitud física de la Plaza de San Pedro para comprender el valor que adquiere el silencio al paso de los Titulares. Una delicia que ojala nunca se pierda.

Como placer viene siendo el discurrir de la cofradía de La Paz por los anexos de la Plaza Nueva. Calles con encanto, donde el sol se cuela entre las rendijas de los ventanales, de geranios en los balcones y sabor a barrio infundado en el transitar de cada albo nazareno. La “revirá” del Misterio entre Gamazo y Barcelona no tiene precio.

Y no lo tiene tampoco la clásica banda sonora que la Banda del Sol pone a la Entrada Triunfal de Jesús en la particular Jerusalén de la Plaza del Salvador, o la Hiniesta por Trajano, San Roque en Orfila, Santa Marta o Vera-Cruz en cualquier punto de su itinerario, San Bernardo por el Puente, el Buen Fin en Jesús del Gran Poder o el color cielo de la mirada de la Virgen de Consolación. De Domingo a Miércoles sin pasar por el Martes y apuntando hacia 2012.

Pero la Semana Santa a la que imperativamente condujo el líquido elemento se ha fraguado entre amigos, paraguas y capillas. Amigos con los que compartir pinganillo de radio, merienda, abrazos, tertulia, copitas de manzanilla, programas de mano, alegrías y frustraciones. Paraguas como elementos indispensables del modelito diario, siempre mojados e inoportunos cuando escampaba. Capillas repletas de ilusiones en la tarde del Sábado de Pasión, a rebosar ante el goteo de malogradas decisiones e inmensamente hermosas en medio del acorazado de mantillas de Jueves Santo. La lluvia impuso su crueldad y la ciudad optó por adaptarse antes que por sucumbir.

A todo esto siempre quedarán los niños. Almas dóciles que ven en la estación de penitencia de su hermandad una nueva jornada de patio de colegio. Repartiendo caramelos a sus semejantes, posando en brazos de abuelos y padres henchidos de orgullo, de pantaloncitos cortos y calcetines hasta las rodillas. La Semana Santa es de ellos y la moldean a su entender al sentirse protagonistas. Es por eso que merece la pena seguir, imaginar y desear con ahínco que las buenas intenciones fluctúen correctamente hasta encontrar acomodo en la nueva Cuaresma que aguarda allí donde aún es imposible alcanzar. Imagínenla sin desatender el cúmulo de vivencias que adosaron a su memoria, la espera se hará liviana.

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