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Semana Santa 2011: música y cuadrillas

José Antonio Martín Pereira | 29 de abril de 2011 a las 12:03

En cuanto a música y cuadrillas de costaleros, dentro de lo poco que la climatología dejó ver, suficientes ejemplos como para esbozar una serie de trazos que a grosso modo engloben la Semana Santa reciente. Vaya por delante que aquí para gustos los colores porque, ¿quién o qué establece los límites de los parámetros que acotan la definición de buen gusto? Seguramente nadie, pero si existieran oficializados preceptos La Amargura los cumpliría casi todos. Unanimidad, como de costumbre, entorno a la cofradía de San Juan de la Palma, siempre bordeando la medida de la excelencia.

Juntos o por separado lo cierto es que música procesional y cuadrillas suscitan cada año los más variopintos veredictos. Al respecto de lo primero, la percepción generalizada es la tendencia a la moderación de los extremos en los repertorios. En cuanto a los sones de palio poco que añadir, tal vez porque sean los que conservan una línea menos rimbombante en cuanto a alteraciones. No obstante el capricho por la flauta rociera alimenta su vigencia en momentos puntuales. No es casualidad que lo mejor se escuchara detrás de la Estrella, con “Margot” al paso por la Magdalena, y la Virgen de Consolación de la hermandad de La Sed. Igualmente fino el acompañamiento musical de la Banda de Las Cigarreras tras el palio de la Virgen del Socorro.

En el apartado de las cornetas y tambores, la principal novedad aparecía el Miércoles Santo, con la presencia de la formación musical Esencia tras el Misterio de las Siete Palabras. Estilo clásico y agrado generalizado. Mayores discrepancias sin embargo las que continúa suscitando el repertorio musical de la Presentación al Pueblo tras el Cristo de la Salud de San Bernardo. Binomio clásico-novedoso, exteriorizado sin aparente tacto, que no termina de encajar en el corte de dicho paso. Y si esa situación exhibe componentes de extrañeza, qué decir de la marcha interpretada por la Centuria Macarena a la Virgen de la Palma con motivo del vigésimo aniversario de la escolta al Cristo del Buen Fin, un horror que confiemos descarten repetir.

Pero para controversias las generadas entorno al acompañamiento musical de la cofradía de Jesús Despojado, donde clama con insistencia la necesidad de replantear la idoneidad de ciertas marchas insertas en el repertorio de su paso de Misterio. El “flamenko kofrade” acusa síntomas de desgaste por abuso de estilo. Por lo demás, tónica generalizada en la recuperación de viejos compases. A muy buen nivel La Encarnación el Domingo de Ramos y La Redención el Lunes Santo, e imperturbable el distinguido gusto de la Agrupación Santa María Magdalena de Arahal (una pena disfrutarles solo en La Hiniesta).

En lo que respecta al segundo de los elementos, las cuadrillas de costaleros, evidentes disonancias entre el trabajo milimétrico y los excesos en las formas. La Semana Santa de 2011 ha vuelto constatar exquisiteces en el andar de pasos de Misterio como los de La Amargura o La Paz, inversamente proporcionales a los de Los Panaderos o El Carmen Doloroso (citando únicamente dos). Partiendo de la base del respecto, las escenificaciones del trabajo del costalero deberían circunscribirse, dado que a menudo se olvida que la razón del invento se encuentra por encima del canasto. Obviamente cada cual es libre de expresar su religiosidad como pueda o sepa, aunque legítimo es defender que “no todo vale” en el empeño por compensar el déficit devocional. Al final circunstancias de esta índole son las desencadenantes de “piques” y demás absurdeces que sobran a la hora de alabar a Cristo y su Bendita Madre. En relación a los pasos de palio, y por añadir el punto final, la tendencia versa cerca del escueto movimiento de bambalinas, con lo triste que ello resulta.

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