El gusto por Sevilla

José Antonio Martín Pereira | 30 de junio de 2011 a las 12:07

De esas mañanas en las que no se mira ni el parte del tiempo. Lo cierto y verdad es que viene siendo mejor ni hacerlo, a tenor del alarmismo infundado año tras año por los profesionales de la comunicación reconvertidos a pseudo-meteorólogos de me aprendo tres términos y medio y ya me creo en posesión de decirle a usted que no salga a la calle porque el termómetro no bajará de los 40º hasta que el sol no se esconda. Para focalizar miedo sobran horas del día, que aquí ya sabemos será septiembre quien baje a los termómetros de las altas cotas de protagonismo.

Dicho esto pretendía ir por otros derroteros, próximos al gusto y regusto por Sevilla, sea cuando la primavera florece o ahora que el Jardín de Los Leones del Parque de María Luisa no reconoce a las sombras. Ruta por la ciudad, reforzando vínculos, desde la Triana del Zurraque, con límite en la calle Castilla, hasta el mítico ensanche en el que por las tardes sus habitantes volvían de trabajar en las industrias situadas en la antigua Huerta del Barrero, reconvertido en la década de los sesenta por el Ministerio de Vivienda hasta lo que hoy es, un barrio que ha recuperado el esplendor perdido gracias, entre otras cosas, al impulso de la Parroquia de San Julián.

Entremedias, y siempre bajo el refajo proporcionado por la umbría de edificios altos, Cachorro, Estrella, Esperanza de Triana, Montserrat, Museo, Silencio, Gran Poder, Servitas e Hiniesta. Qué privilegio contemplar a la Virgen de las Aguas, o a la de Montserrat, observando el valor de la quietud, soporte a la Fe y amparo de incertidumbres. Ante El Cachorro o en la Basílica donde está Dios Vivo, sobra todo lo que se aleje del sosiego. ¿Y en Triana? Por la calle Pureza parecen no circular abriles, la Esperanza es una mocita de otra época.

Sevilla tiene lo que otras no tienen…

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