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Se cumple un año

José Antonio Martín Pereira | 18 de septiembre de 2011 a las 13:09

Por entonces mañana de sábado, 18 de septiembre de 2010, de hace justamente un año, la ciudad que consagrara la indescriptible y abrumadora labor que iniciara Santa Ángela de la Cruz, despertaba, con la Esperanza Macarena como testigo, después de una madrugada intensa, con la intención de condecorar, mediante imaginario broche de oro, el regazo de buen hacer que aún a día de hoy pervive. De aquella profunda y memorable jornada de júbilo católico, mucho se escribió y aún podría decirse. Difícil, muy difícil resultaría sintetizar todo lo que aconteciera en un día en el que Sevilla retratara el escudo de su Fe en función de la alegría que desprendiera el propio acontecimiento.

En primer lugar recordar la extraordinaria organización del acto de beatificación de Madre María de la Purísima, prepararada por el Arzobispado de Sevilla. Sencilla y en su justa medida, pese a la voces de quienes hablaron de la estructura simple del altar. ¿Para qué más? Según cifras del CECOP, el estadio de La Cartuja registró una asistencia aproximada de 45.000 personas, si bien la retransmisión pudo seguirse desde cualquier rincón del mundo gracias a la señal emitida por Giralda Tv, hecho digno de elogio.

Importantes fueron además las declaraciones nuestro Pastor, Monseñor Juan José Asenjo, refiriéndose a las Hermanas de la Cruz como aquellas que «con su pobre y tosco sayal, son la admiración de Sevilla y de todas las poblaciones de Andalucía, España, Italia y Argentina donde tienen sus casas porque viven el Evangelio químicamente puro, con toda su belleza y radicalidad». Y nadie se olvida de los dos largos aplausos espontáneos dedicados al Cardenal Amigo, prueba evidente de la huella plasmada por el Arzobispo emérito. Al acto asistieron igualmente los cardenales, Rouco Varela y García Gasco; el prefecto de la Congregación de Santos, Ángelo Amato; el nuncio en España, Renzo Fratini; una treintena de prelados, entre ellos, el nuncio en Rumanía, Javier Lozano, o el obispo de la Diócesis Argentina de Añatuya, Adolfo Armando Uriona, así como entorno a seiscientos sacerdotes.

En cuanto a la nueva beata, para aquellos a los que todavía les resulte ajena, María Isabel Salvat Romero, (Madrid, 1926), significar que dejó a los 18 años su adinerada familia para ingresar en las Hermanas de la Cruz, de las que fue Madre General tres veces a partir de 1977 y hasta su fallecimiento, en 1998. El 5 de noviembre de 1982 fue uno de los días más destacados de su vida pues Juan Pablo II presidió en Sevilla la beatificación de sor Ángela de la Cruz, la fundadora de esta compañía de monjas humildes que hoy suma 53 casas repartidas por España, Italia y Argentina.

La rápida beatificación de Madre María de la Purísima fue posible tras serle atribuida la milagrosa curación de la niñaAna María Rodríguez, natural de La Palma del Condado (Huelva), que nació sin la vena cava inferior y con una cardiopatía congénita en 2001 y quien justamente hace un año recibía su primera comunión en el estadio de La Cartuja entre los aplausos de las decenas de miles de asistentes.

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