“Jálogüin”

José Antonio Martín Pereira | 31 de octubre de 2011 a las 22:22

Cómo se diría, ¿San “Jálogüin? La impresión relativa a la vorágine borreguil asociada a los días pretéritos es que jornadas como la presente indiscriminadamente actúan de vivo ejemplo en la manifiesta y progresiva pérdida de identidad, porque hasta no hace demasiado tiempo dentro de nuestras fronteras se entendía el Día de los Difuntos como una aceptación, resignada y serena, de la muerte, que ya había visitado a la familia y que inevitablemente lo seguiría haciendo, y ahora no es más que algo que perfectamente encajaría como resumen en la fantochada de «¿truco o trato?».

Sea por lo que fuere, o simplemente como un efecto más de la generalización inevitable, la insistencia de transformar el recuerdo de los que no están por un escenario virtual, representado en la calle o en locales de fiesta, en el que una serie de individuos se disfrazan de brujas, diablesas, esqueletos y chamanes sajones, de calabazas huecas iluminadas con una vela dentro, marca un contexto cada vez más asimilado por los más pequeños. Contrapunto a la historia, ésa que venía, cuando todavía no nos autodefiníamos como sociedad global, de la mano del teatro, con la puesta en escena en estos días de la obra de José Zorrilla, Don Juan Tenorio, orgullo dentro de la tradición hispana.

La cuestión aquí es si verdaderamente los noveles (desde niños hasta adultos) en esto de la maravillosa y excéntrica celebración de Jálogüin, conocen que la poderosa e influenciante práctica que hoy veneran proviene de los druidas (clase social elevada en la sociedad Celta), y de la tradición romana de Pomona, Diosa de los frutos, conmemorada cada primero de noviembre en la denominada Fiesta de las Cosechas. Aunque no sepan, además, que con la llegada del cristianismo se estableció el mismo como Día de Todos los Santos, y el 31 de octubre, la víspera, pasó a denominarse en inglés All Hallow’s Eve, de donde proviene el nombre de Jálogüin.

La cara triste de una sociedad carente de independencia. Absorbida la capacidad de pensar para cientos de miles, el envés guía las directrices de lo que entendemos por normal. Es absurdo pensar que las costumbres constituyen la idiosincrasia solo para un pueblo carca y manido, al menos un servidor pide paso en el grupo de quienes se resisten a verlo desde tal perspectiva, aunque puede que el giro esté a punto de completarse y las nuevas generaciones tengan que reducir su mundo a la imposición de la que es maestra la globalidad del siglo XXI.

Por cierto, que no lo dije… Feliz San Jalogüin, para quien lo celebre.

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  • Ángel Rodríguez

    Qué verdad más grande, como se pierde la identidad después de tantos años de historia.
    No solo es un problema de ” borreguismo “, lo acompaña otro de cultura.
    Un saludo y genial artículo.

  • EAC

    Hola, que tal he creado un nuevo blog cofrade y me gustaria que lo enlazaras en el tuyo. GRACIAS…
    http://lagrimasbajopalio.blogspot.com/

  • Antonio Borrego

    Que verdad mas grande y a lo que hemos llegado, en mi caso otro año mas en el trabajo, ya que es hosteleria, he sufrido varias criticas, por no subirme al carro de esta chabacaneria, de no quererme ir despues de fiestuqui, haciendo el ganso para el deleite de gente sin sesera, pero como bien dices hermano Jose Antonio es lo que nos esta dejando la globalizacion, tradiciones de los “supuestamente” grandes, que para los mas “pequeños”, se queda en tradiciones de borregos para borregos, es decir tradiciones de superpotencias economicas, en paises no tan florecientes, aunque la realidad no sea tan exacta, en las cuales paises mas mequeños o humildes se ven abocados a imposiciones en un mundo netamente comercial y sin sentido espiritual.

  • Moravia

    Ese día me sentí vilipendiado en mis convicciones y violado salvajemente en mis tradiciones, a la vez que traicionado en mis creencias.
    En la puerta de mi piso escuche un timbrazo y a la pregunta de “¿quien es?”, me contestó un corrillo de minibrujas, vampiros en miniatura, diablillos y frankesteines con la maquiavélica cantinela de “Truco o trato”.
    Después de despacharlos con 4 o 5 caramelos que me encontré en los bolsillos de las chaquetas me invadió la trizteza, la impotencia y la pena porque, pobrecillos, ¿que culpa tandrán ellos, si no pasaban ninguno de los 6 años?