La Cuaresma acaricia Sevilla

José Antonio Martín Pereira | 22 de febrero de 2012 a las 10:55

La Cuaresma, del latín quadragésima, «Cuadragésimo día (antes de la pascua)», acaricia el trono que le brindara la Giralda, desde lo más alto de la ciudad, para instaurarse nuevamente como el periodo del tiempo litúrgico destinado a la preparación de la llegada del Misterio Pascual. La puerta a la conversión de la mano del Miércoles de Ceniza, símbolo del número cuarenta en las Sagradas escrituras, que referencia los cuarenta días que duró el diluvio, los mismos que Moisés y Elías permanecieron en la montaña o el propio Jesús en el desierto antes de comenzar su vida pública, los cuarenta años de la marcha del pueblo judío por el desierto, y los 400 que duró la estancia del mismo en territorio egipcio.

A partir de ahora, al pie de un camino que invita a la reflexión, y tomando por testigo la responsabilidad gestada conforme a un pasado labrado en base a multitud de almas anónimas las cuales dedicaron su aliento a cultivar la Fe en Cristo según la Tierra de María Santísima, un cartapacio abre una vez más sus pastas, como viene ocurriendo cada año desde hace siglos, para que multitud de albares láminas vean la luz, ésa que cuyo color es similar al que desemboca sobre el firme de la Bética proveniente de las olivareras campiñas.

Y de aquí al Domingo de Palmas, el blanco se irá poblando de notas y apuntes, encauzado entre lo variopinto de los prismas que conforman la heterogenea Híspalis. Así pues, según el cálamo que se precie será objeto de Silencio, Torrija, San Lorenzo, Armao, Requiem, Calle Cuna, Parasceve, bacalao con tomate, esparto o Margot, de la misma forma que vestirá de ‘korneta‘, Historia de un Profeta, ‘kostal’, ‘Kaminando va por Tientos‘ o ‘izkierdo‘, aunque en esta ocasión, y sin que sirva de precedente, indistintamente los caminos conducirán al mismo eje, ése que delimitará la frontera entre lo humano y lo divino, lo real y lo ilusiorio, toda vez que Jesús, a lomos de un humilde borrico, vuelva a hacer entrada en la Jerusalén sevillana.