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A 100 kilómetros, otra perspectiva

José Antonio Martín Pereira | 10 de enero de 2013 a las 12:16

Mientras en Sevilla seguimos jactándonos de Vía Crucis Magno, en todas las vertientes que acontecen diariamente a la configuración del acto de cara a su desarrollo el próximo 17 de febrero, a menos de 100 kilómetros de distancia en superficie, otra perspectiva innunda la razón de la cúpula eclesial, creando en las últimas semanas innecesarias discrepancias en la relación entre ésta y los cofrades de a pie.

En resumidas cuentas, el Obispado de Huelva ha frenado el proyecto del Consejo de Hermandades de una celebración extraordinaria con ocasión del Año de la Fe, apenas unos días antes de que en el pleno de hermanos mayores (previsto para el próximo lunes 14) se conociera la predisposición a participar de cada hermandad con sus pasos. Mediante un comunicado emitido el pasado día 8, el Obispado de Huelva se adelanta y no autoriza esta procesión, afirmando que «desde hace tiempo y de forma inadecuada en el tiempo litúrgico de Adviento-Navidad viene apareciendo en la prensa y en otros medios de comunicación de Huelva la información sobre un posible Santo Entierro Magno en el Sábado Santo. Una noticia no contrastada, puesto que a este Obispado no ha llegado, oficialmente, ninguna comunicación ni solicitud de aprobación al respecto».

Al hilo de ello, queda claro que la negativa emitida por el Obispado de Huelva se refiere a los medios de comunicación, puesto que oficialmente no habían recibido aún propuesta formal. Se plantea, pues, el por qué de la disparidad tan evidente de criterios en relación a la celebración de actos extraordinarios con motivo del Año de la Fe entre, en este caso la Diócesis de Huelva, y la Archidiócesis sevillana que comanda nuestro arzobispo monseñor Asenjo.

Desde el punto de vista teológico y litúrgico, señala la nota, que el Sábado Santo «es tiempo de silencio celebrativo, de oración y meditación ante el sepulcro del Señor. No cabe, pues, introducir una praxis pastoral de una procesión en este sentido, aunque en algunas parroquias o lugares ya exista por una costumbre no adecuada al sentir litúrgico». En cuanto al plano práctico, incide el comunicado, «la organización de tal procesión magna supondría un verdadero obstáculo para la preparación litúrgica, en las parroquias, de la Vigilia Pascual, que es la celebración clave y central de todo el Año Litúrgico». El último aspecto hace referencia a la crisis económica que vive la sociedad actual: «teniendo en cuenta la situación de austeridad, que exige nuestra realidad social hoy, sería un antitestimonio cristiano realizar nuevos gastos en la puesta en marcha de tal procesión, puesto que serían gastos innecesarios, cuya supresión no afectaría a la manifestación religiosa de la Semana Santa en su forma ordinaria».

En definitiva, más allá de valorar lo sucedido y expuesto en la vecina Diócesis, lo que verdaderamente toma cuerpo es la necesidad de acordar un régimen común en las relaciones Iglesia-hermandades, destinado a evitar enfrentamientos que no benefician a nadie, puesto que ni éste ha sido el primero, ni mucho menos será el último si no se pone remedio. Lo que no se sostiene solo, es una disparidad tan abismal de criterios entorno a temas paralelos.

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