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La venia…

José Antonio Martín Pereira | 22 de marzo de 2013 a las 11:00

Con el horizonte puesto en la Resurección, la intensidad del tiempo que expira deposita su testigo sobre el marco efímero de la imperfecta plaza donde la primavera asienta. No cuajó aún la blanca tez de los naranjos, y la ceniza ya enfila destino en la virtuosa morfología de ramilletes de palmas recién cortadas. Idealizada senda, final del singular trayecto escrito en la liturgia de lo sempiterno, que terminará por cruzar la estrecha línea que separa al anhelo de esas dos almendras huecas por las que, a partir de ahora, fluirán gran parte de las emociones.

La sosegada transformación ultimó sus flecos y en la Colegial del Divino Salvador ya se dilucida el prólogo que acertará en el reencuentro con la inexactitud de lo que no otorga lugar a mejora. La Gloria agarra, por fin, el aldabón que exhibe robustez colgando del portalón en el que salvaguardan las esencias de aquella Sevilla barroca que cada año se revive a sí misma eternizando cada llamada. Es Viernes de Dolores, y las horas recortan en su encuentro con las blancas capas que inundarán el Porvenir. La sensibilidad, reactivada para la causa, pide la venia a la ciudad de los contrastes, para hacer cumplir el dicho que Joaquín Caro Romero recordara en su Pregón del año 2000: «la vida es una Semana».

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