No basta con señalar

José Antonio Martín Pereira | 23 de mayo de 2013 a las 12:33

A estas alturas de la película, a nadie se le escapa que las redes sociales se posicionan hoy día como potentes termómetros de opinión, para cualquiera de los temas que se precien. Por consiguiente, el orbe de las cofradías no vive ajeno, y es por ello que resulta relativamente sencillo evaluar parececes a golpe de ratón. La última que se cuece en los últimos tiempos por estos lares tiene que ver con las procesiones extraordinarias que por el Año de la Fe se han celebrado, o aspiran a celebrarse en un horizonte cercano, en el resto de las provincias andaluzas.

La pregunta es bien sencilla: ¿centrar las conmemoraciones del Año de la Fe en sacar las imágenes a la calle?. En Sevilla tuvimos la oportunidad, con el Vía Crucis de la Fe, allá por mediados del pasado mes de febrero, y la perdimos no por la lluvia, que haciendo valer sus caprichos apareció para deshacer el desarrollo del invento, sino por el cúmulo de desaciertos concebido por cada una de las partes en la confección del mismo, esto es Consejo, Palacio, Hermandades y cofrades en general. Aún hoy retumban lamentos. Sin embargo, la demanda por lo extraordinario, en definitiva, lo que reclama es saciar el hambre de pasos con el que los capillitas de turno sobrevuelan durante todo el año la espera. Valgan como ejemplo las procesiones eucarísticas que dan vida a los domingos del presente mes, ajenas a la vorágine frikista de la que ya no escapan ni los actos más íntimos de cuantos desarrollan las cofradías, ni siquiera las tradicionales cruces de mayo, convertidas en buena parte de los casos en auténticos juegos de pasitos para vanagloria de aprendices de costalero bien creciditos. De las charlas formativas, cursillos de preparación y adoraciones al Santísimo, que también están teniendo lugar durante el destacado Año litúrgico que estamos celebrando, poco o nada se habla.

En este sentido, si al hilo de los eventos programados para otras ciudades andaluzas con este motivo, alguien pretende volcar la exclusividad de las culpas sobre la gestión de Palacio en cuanto a lo que pudo ser y no fue, debería mirar primero al espejo en el que asoman las cofradías en la ciudad. Espejo agrietado, en el que reflejan protagonismos, envidías, ansías de poder y una profusa cantidad de faltas de respeto. Quien no lo vea así es porque no quiere verlo. Por ello, en una ciudad que ha permitido desnaturalizar uno de sus principales tesoros, su Semana Santa, y acoge con pleitesía derivaciones irracionales de nuevas modas, no basta con señalar. Lo preciso sería hacer examen de culpas, y poner en pie que a día de hoy, inmersos en la sociedad de la que formamos parte, no es suficiente con mantener el legado histórico-cultural, el futuro está en manos de todos.

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