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¿Estamos preparados para vender la Cuaresma?

José Antonio Martín Pereira | 20 de febrero de 2014 a las 12:34

Una delegación del Ayuntamiento de Sevilla, encabezada por el concejal de Turismo de Sevilla, Gregorio Serrano, presentaba este pasado miércoles en Madrid la oferta cofradiera y gastronómica de Sevilla en Cuaresma con idea de que ésta sirva como potencial reclamo de visitantes. Una campaña de promoción turística de la Cuaresma elaborada a través de una minuciosa agenda en la que se recopilan todos los actos y cultos, además de la gastronomía típica de la época, y que se distribuirá mediante mupis, redes sociales, folletos y las oficinas españolas de turismo.

Una buena iniciativa, sin precedentes, que sin embargo nos va a dotar, a todos, de cierto grado de responsabilidad, porque la Cuaresma, en cierto modo, es patrimonio de esa Sevilla que conforma su gente. Toca, por tanto, enseñar al visitante las grandezas de un tiempo litúrgico enraizado a través de los siglos. Pero no nos engañemos, ¿estamos preparados para vender la Cuaresma? Las cofradías son un pilar de la sociedad sevillana,de eso no cabe duda,  multitud de iniciativas en lo referente a la caridad y al sostenimiento de la fe avalan la necesidad de mantenerlas vivas, y de entregarlas en plenitud a las generaciones venideras. Sin embargo podría decirse que actualmente no están sanas, sucumben a las heridas del protagonismo, las envidias y la codicia por ascender a través de ellas. Pregunte en cualquier hermandad después de un cabildo de elecciones con dos o más candidaturas y entenderá por dónde van los tiros.

Se entiende, por consiguiente y con el debido respeto, que vender la Cuaresma no es lo mismo que vender la Navidad (que ya se hace, y muy bien). Esto es otra liga, más áspera porque aquí son muchos los equipos y es común que encaren sus partidos por separado (o sino cómo se explica que año tras año se dejen por revisar los problemas de horarios e itinerarios). Y dentro del yo soy más que tú, o del mi hermandad es más que la tuya, lo que se pretende ofertar es una galería de actos y cultos en los cuales ni siquiera sabemos la manera en la que tenemos que comportarnos, por mucho que presumamos de asistir a un porrón. Dígale usted a un visitante que se ha hecho mil kilómetros para estar aquí y al que le cuesta una auténtica pasta hospedarse en un hotel del centro que no se acerque demasiado para tomar una foto que llevarse de recuerdo cuando a su lado hay un pseudo-fotógrafo sevillano que está achuchando la cámara para sacar doscientas instantáneas iguales para poderlas subir a feisbu. Muéstrele que aquí unos señores con costal bajo el brazo se plantan y sacan pancartas, o póngale el pinganillo para que escuche esas nuevas composiciones musicales tan de Atasco en Torneo. Que aquí un capataz es más que el Ministro de Economía y pertenecer a una junta de gobierno te sirve, si así lo buscas, para llevar una inmensa llave colgada del cinturón. Dígale también, no se olvide, que aquí el cartel que anuncia lo que vendrá fue filtrado, añadiéndose a una lista de desvaríos que pesa por extensa.

Optemos pues, por la puesta en valor del patrimonio histórico, probablemente ello nos salve la cara. Eso, o correr un tupido velo a base de incienso de la calle Córdoba y confiar en que la idea, que no es mala, cuente con ese grado de suerte necesario que la lleve a enfilar la rampla del Salvador cuando la Borriquita decida medirnos qué hay de niños en nuestro interior. Pasada la Semana Santa optendremos conclusiones.

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  • El Preste

    Sevilla necesita de este tipo de promociones ya que su mayor potencial es el turismo y dentro de este la Semana Santa y la Feria. Es difícil vender la Feria durante todo el año pero con la Semana Santa sí que se puede tener siempre a gente “enganchada”. Que en el mundo cofrade se hagan cosas mal no tiene nada que ver que esta es una buena iniciativa del Ayuntamiento.