Costaleros profesionales

José Antonio Martín Pereira | 23 de julio de 2014 a las 12:39

Las cosas de la Sevilla capirotera. Dimite un grupo de capataces (la familia Ariza en San Esteban) y se arma la de San Quintín. Luego, claro está, nos llevamos las manos a la cabeza porque desde el arzobispado pretendan formar como es debido a futuros miembros de juntas de gobierno en cursos de tres años. Aun así el desaguisado al que ha quedado relegado el orbe de las cofradías sevillanas aparenta difícil solución, y no solo una buena formación encauzará las vías idóneas de futuro. El simple hecho de elevar a portada la renuncia del cuerpo de capataces en una cofradía debería hacernos plantear si la brújula de la coherencia ha perdido definitivamente el rumbo, o es hábito pasajero. Cierto es que pretender limitar el campo de privilegios y adoraciones al sector de las cofradías más protegido en los últimos tiempos no es nada sencillo y precisa de la colaboración de todos. La formación puede servir de impulso, pero igual no sería descabellado volver a las cuadrillas profesionales para arrancar de cuajo las malas hierbas.

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