La líder de Podemos en Sevilla se topa con la Semana Santa

José Antonio Martín Pereira | 13 de enero de 2015 a las 15:41

Inmersos en plena carrera electoral, y bajo el contexto de un panorama político (el nacional) peligrosamente permisivo, las palabras de la secretaria general de Podemos Sevilla, la hasta ayer semi-desconocida Begoña Gutiérrez, sobre un posible referéndum ciudadano para decidir la continuidad de la Semana Santa en caso de convertirse en la fuerza más votada generó un cisma en las redes sociales de proporciones mayúsculas.

En la entrevista publicada por Juan Miguel Vega para El Mundo, Gutiérrez respondió al hilo de si prohibirá la Semana Santa si gobierna que «en Podemos todo lo decidimos los ciudadanos y las ciudadanas. Si se llegara a plantear esa cuestión, serían ellos quienes lo decidirían». Bien por poner su nombre en el candelero, bien por falta de argumentos de futuro, o seguramente por ambas cosas lo cierto es que las reacciones no se hicieron esperar, y no hablamos de las de la capirotera cofradía que esconde sus opiniones bajo seudónimos en las redes sociales, plagada de frikis y ultras que poco bien hacen a la demostración pública de la fe, sino de otras voces como la del propio alcalde de la ciudad, Juan Ignacio Zoido, el cual exigió respeto «para una celebración popular con cinco siglos de historia».

Al tanto del revuelo, poco más tarde y a través de su cuenta (poco seguida) en Twitter, la líder en Sevilla de esta nueva formación política se vio obligada a matizar sus palabras asegurando que la Semana Santa es «una tradición arraigada que formará siempre parte de nuestra cultura», en un intento por arreglar el desaguisado montado.

Lo cierto es que cuanto más se acercan política y cofradías peor es el resultado, sin embargo eso no quita que de ahí a plantearse la continuidad de la Semana Santa en Sevilla u otras ciudades de las que forma parte de su acervo cultural hay un enorme abismo. Corremos, eso sí, el peligro de que este tipo de mensajes calen sobre una sociedad maleducada culturalmente, y ahí es donde entra en juego el papel que deben jugar las cofradías en la actualidad, cuyas directrices deben ahondar en un profundo clima de unión y respeto. La Semana Santa, en Sevilla, es mucho más de lo que una impresionante instantánea pueda revelar.

Semana Santa Sevilla

Precisamente para comprender mejor qué es o qué significa la Semana Santa de Sevilla acudamos a la literatura clásica, concretamente al primer epígrafe del capítulo sexto de la obra de Antonio Núñez de Herrera Teoría y realidad de la Semana Santa (1934), cuyas reflexiones podrían seguir aplicándose aún hoy día.

DENEGACIÓN Y AUSENCIA DE LA HISTORIA

La Semana Santa no había existido nunca. Es cierto que se celebró otros años. Pero auténtica existencia no tiene hasta este Domingo de Ramos. Las otras Semanas Santas pertenecen a la Historia, es decir, al recuerdo. Y toda memoria se va, desaparece con su caudal de tiempos y acontecimientos, ante el hecho sencillo de salir los nazarenos a la calle. La Semana Santa es incapaz de filosofia y de historia.
En estos días no se razona. Se siente nada más. Se vive y no se recuerda. La Semana Santa no ha existido hasta ahora mismo. Queda lejana toda cuestión previa. Inútil buscarle raíces teológicas o tubérculos históricos. Nace la Semana Santa en sí, para sí y por sí. Es autóctona, autónoma y automática. Nace y crece como una planta. Dura siete días y en este tiempo germina, levanta el tallo, florece, fructifica y grana.
Acaba finalmente cuando el postrer nazareno se descalza las sandalias y las envuelve en el último número de “El Socialista”.
El último nazareno, sí tiene su historia y su filosofía. En pesados artículos doctrinales ha leído algo sobre Hegel. También sabe que existe la interpretación materialista de la Historia. Pero ahora no se trataba de eso. No se trataba de Largo Caballero. Pero, ¡cuidado!, tampoco del Sumo Pontífice. Se trata de la Semana Santa.
La Semana Santa carece de antecedentes filosóficos y políticos. Es decir, no tiene antecedentes penales.
El último nazareno está contento. No siente haberle hecho traición a nadie. Ni siquiera a la Segunda Internacional. Él es, primero, sevillano.
Por lo demás ha cumplido con su deber. En la puerta del Ayuntamiento unos jóvenes tradicionalistas gritaban: ¡Viva la Religión Católica Apostólica Romana! Y él fue uno de los diez mil que pusieron las cosas en su sitio:
— ¡No! ¡Que viva la Semana Santa!
Son dos asuntos, señor. El nazareno envuelve sus sandalias en el último número de “El Socialista”.

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