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El hábito nazareno

José Antonio Martín Pereira | 2 de abril de 2020 a las 10:39

Se conoce con el gentilicio de nazarenos a todos los penitentes que forman parte de la estación de penitencia, debido a que es la Hermandad de Jesús Nazareno de Sevilla, el Silencio, la primera que adapta la túnica con reminiscencias medievales que se usaba anteriormente al estilo actual. Dicho estilo será el que posteriormente se exporte a otras muchas localidades.

Vestir la túnica de nazareno por tanto, se envuelve de un rico ceremonial cargado de simbología y cada uno de los elementos que la componen tiene su propio significado.

Si hablamos del capirote, éste era empleado por la Inquisición para que aquellas personas que tenían que cumplir penitencia, sufrieran además de una mortificación física, la vergüenza pública al ser reconocido por todos como pecadores, llevándolo por las calles y plazas que tenía que recorrer, siendo este capirote de gran tamaño y muy vistoso.

También se daba a conocer el pecado que la persona había cometido, a través de un trozo de tela en el que iba escrito y que le colgaba por el pecho y la espalda, llamado sambenito. De ahí proviene el actual escapulario que forma parte de muchas indumentarias.

Otro elemento es el cinturón o fajín de esparto, usado en muchas partes de España para realizar penitencia provocando sufrimiento físico, formado por gruesas cintas o cuerdas de cáñamo o esparto unidas y anudadas a la cintura apretándola moderadamente, vestigio de aquellos hermanos disciplinantes que formaban parte de los cortejos, que con su espalda descubierta se infligían dolor corporal azotándose con flagelos o látigos.

La prenda fundamental de la indumentaria penitencial es la túnica, no siendo ésta más que una sotana que viste al nazareno, al igual que las que llevó Nuestro Señor Jesucristo.

La túnica originariamente estaba realizada con telas de modesta calidad y bajo coste, acentuando así el carácter ascético del ejercicio que se realizaba. Con ella se trataba de hacer a todas las personas iguales por unas horas al año, sin importar su condición social o económica. En un principio eran cortas, no llegaban a cubrir más allá de las rodillas.

Las túnicas tenían una prolongación de tela por su parte posterior conocida por cola, (que simbolizaban nuestros pecados) que se llevaba recogida del brazo y que en momentos concretos del recorrido se dejaba caer al suelo acentuando así el carácter penitencial y de duelo.

Posteriormente por motivos más prácticos se anudará o introducirá por dentro del esparto. También se le daba utilidad como tela empleada para amortajar a los difuntos, siendo enterrado éste con su hábito nazareno, práctica que aún hoy se conserva.

Por su parte el cubrerrostro o morrión cumple la función de mantener el anonimato. Los nazarenos solían realizar su penitencia descalzos, y posteriormente comienzan a usar alpargatas.

Por último, señalar que el atuendo del nazareno no sufre grandes modificaciones, hasta que en 1888 un bordador y dibujante sevillano, Juan Manuel Rodríguez Ojeda, diseña una revolucionaria túnica para la Hermandad de la Macarena. Los elementos de la túnica se van modificando; los altos capirotes se sustituyen por otros más pequeños, la tela de mala calidad pasa a ser de lana pura de oveja merina, cambiando en algunos casos sus colores por otros más vivos.

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Foto: Hermandad del Dulce Nombre

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